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Historia 54988 — capítulo 2

Capítulo II

Probando el infierno

Ron tumbó la puerta del sótano mientras sus ojos se llenaban de gruesas lágrimas. Luna lanzó un grito mientras se dejaba caer al suelo, sollozando. Todos se habían ido; los comerciantes los habían encontrado. Harry permanecía en silencio, con una expresión imperturbable mas con una mirada sombría, como de quien de tanto recibir golpes en la vida sentía que nada más podía herirlo. Sus ojos verdes recorrieron el lugar, observando los objetos regados de las personas que se habían mantenido allí escondidas durante todo ese tiempo. Las paredes estaban manchadas de sangre, sangre de impuros tratando de huir de un destino fatal.

-No es justo! No es justo!.- exclamaba Luna mientras dejaba que su cabello rubio casi plateado se esparciera por el suelo. - No lo puedo soportar más…no creo poder...

-Tenemos que poder.- sentenció Harry. - Hermione es fuerte, sé que soportará hasta que la encontremos.

Ron estalló.

-Maldita sea Harry! Cuándo es que la vamos a encontrar! Ah! Dime! Dime! Y mientras tanto qué! Tendrá que sufrir como una esclava! - dijo mientras las lágrimas salían rabiosas del rostro del pelirrojo. - No debieron haberla encontrado! No debieron!

-No pudieron hacerlo solos.- dijo Harry inexpresivamente. - Alguien tuvo que informarles que estábamos escondiendo mestizos aquí.

Luna pareció horrorizarse. Repentinamente dejó de llorar y se incorporó con el rostro húmedo, sin despegar sus ojos azules eléctricos de Harry.

-Dices que entre nosotros hay un traidor?- dijo ella casi sin voz

-No hay otra respuesta.- afirmó él. - No fui yo, no fue Ron, no fue Ginny, y definitivamente no fuiste tú…pero alguien más de nuestra confianza nos ha delatado.

Ron lanzó golpes furiosos a la pared.

-¿Quién pudo haber sido capaz de algo así?- dijo Luna horrorizada, como si una acción tan vil como aquella fuera inentendible para su razonamiento leal.

-Voy a averiguarlo….y cuando lo haga, sea quien sea va a desear no haber nacido.- murmuró Ron apoyado en la pared.

-Esto tiene que permanecer en silencio. No podemos comentar con nadie más acerca de nuestras sospechas. Sea quien sea el traidor, no puede saber que sospechamos de su existencia.- dijo Harry mientras se arrodillaba y tomaba un oso de peluche manchado de sangre. - Espero que estén todos vivos.

Luna secó las lágrimas de su rostro y fijó sus ojos en Ron.

-Debo ir a ver a Ginny.- dijo con tono definitivo.

-Está en el regimiento, sabes que no puede recibir muchas visitas.

-Alguien debe avisarle lo de Hermione.- dijo Harry. - Es mejor que sea Luna quien lo haga.

Hermione abrió los ojos lentamente. Todo estaba borroso, ninguna forma se hacía presente ante ella. Un dolor profundo en su cabeza la exaltó, y entonces escuchó una voz. -Tranquila, tranquila. - dijo la voz de una mujer.

Hermione vio cómo todo comenzaba a tomar formas correctas y reales. Pronto vio un rostro joven, como de unos 15 años. Quien le hablaba vestía harapos y su cabello castaño largo estaba enmarañado. Su rostro, aunque muy bello, se encontraba sucio; solo sus ojos de almendra parecían brillar.

-¿En dónde estoy?- preguntó Hermione. Y entonces notó que su voz sonaba débil y tétrica.

-Estás en una mazmorra. Has estado inconciente durante tres días. A mí me trajeron junto a ti. Nos compró ésta familia.

Hermione estiró sus brazos para poder sentir el frío piso bajo ella. Miró a su alrededor; aquel lugar estaba hecho completamente de piedra, y casi ningún rayo de luz lograba penetrar aquellas gélidas paredes. Con horror vio al fondo de la mazmorra un sin número de jaulas, todas vacías. Sus ojos se fijaron en la joven que estaba arrodillada frente a ella. Sus manos y sus pies estaban atados con grilletes. Se apresuró a ver los suyos, y notó que también estaba encadenada.

-Mi nombre es Elisa¿cuál es el tuyo?

Hermione no pudo responder. La puerta de hierro de la mazmorra sonó fuertemente mientras se abría y dejaba entrar a dos hombres vestidos en harapos y muy desaliñados. Sin embargo, ninguno de ellos llevaban grilletes. Sus ojos se fijaron en las dos.

-Levántense! Ya!- gritó uno de ellos mientras tomaba a Hermione y la impulsaba hacia arriba.

Hermione sintió cómo todo dentro de su cabeza de revolvía, y le era terriblemente doloroso. Aquel hombre la conducía fuera de la mazmorra, halándola por las cadenas de su grillete. Elisa iba atrás, quejándose a viva voz por el maltrato.

-Lo siento, aquí las cosas son así.- le dijo el hombre a Elisa.

-Tú eres uno de nosotros! Eres un mestizo! Por qué nos tratas así!

-Pronto vas a entender cómo funcionan las cosas en la casa de los Malfoy.

Hermione sintió un escalofrío al escuchar aquel apellido y su cabeza dio aún más vueltas. Creyó que iba a desmayarse.

Pronto se vio en una amplia sala de servicios. La cocina quedaba a unos metros de donde ella se encontraba, una lavandería por la izquierda, un planchado por la derecha; aquel lugar parecía interminable. Muchas personas, hombres y mujeres, trabajaban con harapos e igual de maltratados que los otros. Unos hombres calvos, vestidos de negro y con una varita en la mano parecían controlarlos. Uno de ellos se acercó.

-¿Son las nuevas?

-Sí señor.- dijo el hombre con tono dócil.

El hombre calvo dio media vuelta y desapareció por unos minutos. Hermione se dejó caer pero el chico que la había llevado hasta allí la atrapó antes de que golpeara el piso.

-Mantente firme. - le dijo. - Si te ven débil te mandarán nuevamente a la mazmorra y se olvidarán de ti. Posiblemente mueras allí a dentro.

La puerta se abrió y una figura imponente se hizo notar. Hermione fijó sus ojos marrones en aquel cabello rubio y en esas facciones finas. Los ojos grises de aquel hombre se habían fijado en ella y no pudo más que sentir temor. Una sonrisa casi macabra se dibujó en aquel bello rostro de príncipe.

-Siempre soñé con este instante.- dijo él con una voz suave y decidida a la vez. El rubio caminó hacia la castaña y halándola del cabello la obligó a levantar la mirada hacia él. - ¿Lista para provar el infierno?

Las piernas de Hermione temblaron mientras lágrimas de dolor caían por sus mejillas. Aquellos ojos grises la estaban matando, y no entendía por qué. El dolor se estaba apoderando de ella, y creía ser incapaz de soportarlo ni un sengundo más.

-¿Qué estoy haciendo aquí! Qué es todo esto! Quién eres tú!- estalló finalmente dejando a todos perplejos; especialmente a Draco.

La expresión del rostro de su agresor cambió por completo. Draco soltó una bofetada sobre ella que la hizo caer al suelo. Todos los esclavos presentes se taparon las bocas para no quejarse. Hacerlo habría sido fatal para ellos.

Hermione alcanzó a sentarse y sentió cómo sangre salía de la comisura de sus labios. Sus ojos marrones volvieron rabiosos al rubio, que la miraba no menos furioso.

-Hacerte la estúpida no te va a servir de nada asquerosa sangre sucia! Has caído en mis manos, tus amigos no podrán salvarte, y voy a encargarme de que desde hoy, desees no haber nacido nunca.- dijo lleno de ira. Sus ojos grises la penetraban completamente; él quería que ella sintiera todo el odio que le tenía.

Hermione pareció perder la mirada en un vacío por un instante.

-Amigos….- murmuró sosteniéndose la cabeza con fuerza. - ¿Quién eres¿Qué quieres de mí!

Draco pareció asombrado nuevamente. Su expresión era como la de alguien que había acabado de recibir uno de los insultos más grandes de su vida. De repente, como si una luz hubiera iluminado su conciencia, pareció comprenderlo todo. Sus ojos grises tomaron otra expresión sin dejar de observar a la mujer que quizás, más odiaba en ese entonces.

-En verdad no tienes la menor idea de quién soy, no es así?- dijo repentinamente, mientras una nueva sonrisa frívola se dibujaba en su rostro. - Cuál es tu nombre? - le preguntó ya seguro de la respuesta que ella le daría.

Hermione no respondió durante mucho tiempo, parecía hundida en un terrible mar de confusión y horror. Casi sin voz respondió minutos después:

  • No….no lo recuerdo.

Debido a la catástrofe mundial en el mundo mágico, criaturas sobrenaturales habían decido salir de sus escondites para atormentar la vida ya atormentada de los magos y brujas. Por ello se habían creado regimientos, lugares en donde tanto hombres como mujeres jóvenes se enlistaban para entrenar y convertirse en cazadores de la Orden. Ginny Weasley se había enlistado en cuanto comenzó la captura de mestizos. Es la única forma en la cual puedo ayudar a mi comunidad.- le dijo a su familia. Molly lloró, Arthurd se pasó la mano por la cabeza, y sus hermanos lanzaron maldiciones al sentir que la persecusión iba a cambiarlo todo. Fred y George terminaron enlistándose también, y actualmente ya eran enviados a misiones. Ginny seguía en entrenamiento constante, en donde el uso de su varita era casi inútil. Las nuevas criaturas que aparecían solo podían ser eliminadas con métodos mágicos más extremos. Ginny se estaba concentrando en el manejo del arco mágico, su arma predilecta. Fue una mañana durante el entrenamiento cuando la General del regimiento femenino se acercó a las cazadoras. Todas se pararon haciendo señal de reverencia.

-En nombre de la sangrada Orden de Merlín, cazadora número 288, Ginevra Weasly, dar un paso al frente.

Ginny dio un paso delante de sus compañeras.

-Ir a la sala de recepciones. Tiene visita.

Luna la vio entrar y una sonrisa triste se dibujó en su rostro. Sus ojos azules se fijaron en los miel de ella, intensos como el fuego. Su cabello color sangre caía largo hasta llegar a su cintura. Se alegró mucho de verla, y no dejó de sorprenderse en la belleza que su amiga había adquirido.

-Ginny..

-Luna…

Juntaron sus manos y se abrazaron con fuerza, como si en cualquier momento alguna de las dos pudiera morir repentinamente atacada.

-Me alegra tanto verte sana.

-A mí también, ya necesitaba ver un rostro amigable.- respondió Ginny.

-Cuánto te falta para que te asignen misiones? Cuando lo hagan ya no tendrás restringidas las visitas y podré venir cuantas veces quiera, y tú salir.

-No lo sé, me esfuerzo para ello. ¿Cómo están los demás?

-El rostro de Luna se ensombrecío.

-Ginny, de eso he venido a hablarte.

-Sus manos se separaron repentinamente, y Ginny pareció llenarse de miedo. Temía que le dijera que alguien había muerto, temía que le dijera que alguna desgracia más allá de su control los había alcanzado.

Primero que nada, necesito que me escuches atentamente.- dijo Luna casi susurrando. - Y que cuando te diga lo que te voy a decir, no expreses dolor ni siquiera en tu rostro. Si quieres podrás hacerlo cuando me vaya, encerrada en un sitio en donde nadie te vea. Nadie puede sospechar que algo nos aflige.

La tensión en el cuerpo de Ginny se volvía más fuerte, pero lo resistía. Luna humedeció sus labios.

-Sospechamos que hay un traidor cerca de nosotros, por eso necesitamos extrema cautela. Debe ser alguien que nos observa, que sabe todo de nosotros y que seguramente cuenta con nuestra confianza. Por ello Ginny, de ahora en adelante los secretos que guardemos se mantendrán entre el grupo extrictamente cerrado. No importa si existe alguien más en quien confíes hasta el punto extremo de dar tu vida. En estos terribles tiempos solo podemos confiar en nosotros mismos. - Luna paró durante unos breves segundos y miró fijamente a Ginny, como si quisiera transmitirle fuerzas. - Los comerciantes han encontrado a Hermione y a los demás. Lo hemos visto hace tres días. Pensábamos llevarles comida cuando encontramos todo revuelto, las puertas forzadas, y sangre en las paredes. Se los llevaron, y seguramente ya deben haber sido vendidos a familias puras. Estamos buscándola, haciendo todo lo posible para encontrarla. Ahora, solo podemos tener fe.

Luna no dejaba de mirar a Ginny, y repentinamente había tomado su mano nuevamente, apretándola contra la suya. La mirada de la pelirroja parecía perdida; su rostro, inexpresivo tal y como lo pidió Luna, sin embargo parecía más pálido de lo normal. El intenso fuego de su mirada se había apagado de repente, y Luna sabía que dentro del alma de su amiga una bomba había explotado, y que seguramente se sentía en agonía al no poder demostrar su frustración y su dolor.

-Te quiero Ginny, tenemos que estar unidos y transmitirnos fuerza. Somos fuertes, sé que lo somos. Sé que Hermione lo es…- los ojos de Luna se llenaron de lágrimas. - Vamos a salir de ésta…vamos a salir todos juntos.

Ginny no dijo nada. Dio media vuelta sin despedirse de su amiga, y regresó a las prácticas. Esa mañana practicó con todas sus fuerzas, y nadie pudo quejarse de su rectitud y perfecto desempeño. Cuando fue a bañarse, se derrumbó en el suelo, sollozando mientras mordía su propia mano intentando no gritar. El dolor la consumía. Sangre comenzaba a brotar de su mano mientras ella enterraba con más fuerza los dientes sobre su piel.

Aquel día Ginny Weasly fue promovida a un nuevo nivel. Pronto le asignarían misiones.

Hermione había comenzado a trabajar el mismo día en el que la sacaron de la mazmorra. Estaba confundida, terriblemente perturbada. No era tonta, sabía que se había golpeado fuertemente la cabeza y que seguramente eso le había hecho perder la memoria. Intentaba, hacía todo el esfuerzo posible para recordar algo de su vida, pero nada volvía a su mente. Lo único que parecía tener claro era que era una mestiza, que había sido vendida a una familia de mortífagos, y que probablemente estaría condenada a ser una esclava por el resto de sus días. Físicamente y mentalmente estaba agotada. Había trabajado todo el día, en la cocina, la lavandería y ahora le tocaba limpiar la casa. A los esclavos no se les permitía usar magia, todo era hecho a mano. La situación era inhumana, pero ella no tenía ni siquiera voz para quejarse. Estaba aturdida, ya no sabía ni quién era. Además, quería hacer todo para pasar desapercibida; así no la llevarían donde aquel glacial rubio. Sentía una gran aversión hacia él. Según se había enterado su nombre era Draco Malfoy, y era el hijo del dueño del castillo. Esa mañana, después de haberla golpeado y haberle dicho cosas que ella no entendió, se había ido sin pronunciar palabra. Tendría que buscar la forma de salir de aquel terrible lugar. Fuera como fuera.

Tal vez mi familia me está buscando, si es que tengo una familia… pensó mientras era guiada por una esclava que parecía tener mucho tiempo trabajando en aquel castillo. Junto a Elisa, subieron unas interminables escaleras, saliendo del área de los esclavos. Hermione se impactó al ver que había llegado a las salas y recepciones del castillo; que resplandecían en belleza y lujos. Nada iguales a las partes subterráneas.

  • Presten atención; la comida es solo una vez al día, y es en la noche para ustedes, cuando hayan terminado de trabajar. El castillo es ilimitadamente grande, así que no se los mostraré todo el día de hoy. Este es el piso en donde se atienden a las visitas, el segundo es de las esclavas guerreras, y el tercero, el de las torres, es de los amos. No hay elfos domésticos, nosotros nos encargamos del aseo de la casa permanentemente. Está prohibido subir a los pisos superiores al menos que se les haya ordenado hacerlo. Si hacen todo lo que se les pide, y se portan sumisas, tal vez nunca tengan que conocer la sala de torturas.

La piel de Elisa de crispó al escuchar la última frase. Había tenido la falsa esperanza de que aquella familia no tuviera una sala de torturas para esclavos. Por supuesto, había sido bastante ingenuo de su parte creer que así sería.

Caminaron durante varias horas, conociendo solo aquel piso. Hermione no podía imaginarse cuán grande era aquel lugar.

-Tú estabas inconciente cuando nos trajeron, pero yo no.- dijo Elisa casi en susurro mientras avanzaban. - Nos llevaron atravesando un bosque, creo que lo conozco. Es el bosque de Tirania, el más peligroso y grande del mundo mágico. Pude ver cuando llegamos. Estamos en un castillo enorme, con una muralla que lo separa del bosque. Creo que los Malfoy viven aquí para asegurarse que sus esclavos no escapen. Dudo mucho que alguien pueda atravesar ese bosque y vivir para contarlo.

Sin embargo, la atención de Hermione había pasado através de los cristales que daban a un enorme jardín. Allí, mujeres practicaban con armas bastante extrañas, y algunas lo hacían sin armas, moviéndose metódicamente.

-Ellas deben ser las personas con más suerte en este mundo.- dijo Elisa.

-Quiénes son?

-Son mestizas, esclavas.- dijo mientras fijaba sus ojos almendrados en ella. - Los Malfoy eligen a algunos de sus esclavos, siempre mujeres, y las hechizan con un encantamiento para que pierdan la memoria. Ninguna de las personas que ves al frente de ti recuerdan su vida pasada, solo que son esclavas, y que están a la orden de los mortífagos de esta casa.

-Y por qué los Malfoy hacen esto?- preguntó Hermione sintiendo un escalofrío cuando pronunciaba ese apellido. No podía ni sospechar que estaba en la casa de su peor enemigo, y que éste disfrutaba sabiéndolo.

-Porque los usan como guerreros. Los mortífagos atacan, y los magos no tienen remordimientos asesinándolos, ya ni siquiera está prohibido usar el avedra kadevra para con ellos; pero si los mortífagos atacan con mestizos bajo el hechizo de oblivate, los magos y brujas son incapaces de responder a los ataques, peor si son mujeres. Nadie se atreve en estos tiempos a herir a un mestizo, nadie excepto los mismos mortífagos.

Hermione se horrorizó.

-Quieres decir que los usan como un arma?

-Claro, es una estrategia. Digo que tienen suerte porque ellos tienen una mejor vida que nosotros, los esclavos que recordamos absolutamente todo. Ellos no viven en los pisos subterráneos, lo hacen en el segundo piso. Lo tienen todo, solo tienen que obedecer y mientras lo hagan su vida no será tan mala.

-No creo que estar en esas condiciones sea tener mucha suerte.- dijo Hermione.

Elisa tomó la mano de la castaña mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Mira, no sé quién eres pero tienes suerte de haberte golpeado esa cabeza y de no recordar absolutamente nada. Cuando a mí me encontraron, los comerciantes mataron a mis padres enfrente de mí y se llevaron a mi hermano enfermo. Me separaron de él, y me metieron en una jaula para animales. No tienes idea lo que yo daría por no recordar.

Hermione sintió un profundo dolor por aquella chica. Quiso poder hacer algo por ella, pero sabía que eso le era imposible. Ni siquiera sabía qué hacer por ella misma.