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Historia 54988 — capítulo 6
Capítulo VI
La marca del Dragón
-El desayuno está servido!- gritó Molly mientras Luna terminaba de poner el último plato.
Fred y George bajaron primero, casi lanzándose por los pasamanos de las escaleras. Ginny bajó con elegancia cepillándose su cabello sangre y Ron al último, colocándose la capa.
-Y papá?- preguntó Fred.
-Se fue al ministerio temprano. Percy también.
Ron se sentó y observó a Luna; el cambio lo impactó. El rosa en sus mejillas había vuelto, sus labios estaban más rosados que nunca y sus ojos azules irradiaban algo magnífico. Su cabello rubio brillaba largo y suelto. Parecía como si jamás en la vida se hubiera sentido mal.
En cuanto Molly salió de la cocina Fred y George miraron a Luna.
-Ya te contó Ron?- preguntó George.
-Contarme qué?- dijo Luna sin entender nada.
-Ya lo haré yo mientras nos alistamos. Saldremos esta misma noche no es así?- dijo Ginny levantándose. - Hay mucho qué hacer.
La pelirroja tomó del brazo a Luna y se la llevó.
-Vaya! Se te da bien el uso de la espada no es así?- dijo Brena mientras agitaba sus cadenas. Hermione sonrió levemente.
-Creo que he hecho esto en mi pasado. Lo siento en mí, no hay otra explicación de que se me haga tan fácil.
-Es bastante probable.- dijo Brena haciendo volar sus cadenas en círculos alrededor de ella.
Se habían levantado temprano como siempre, y se encontraban entrenando junto a las demás. Hermione permanecía pensativa mientras movía su espada con una técnica casi profesional.
-Estás pensativa.- comentó Brena.
-No vas a creer lo que me sucedió a noche.- dijo Hermione pero pronto se vio interrumpida por una voz que se dirigió hacia ella.
-Así que tú eres la nueva.- dijo una mujer que poseía una espada como arma, al igual que ella. Sus ojos eran verdes y su cabello rubio y lacio tan solo le llegaba a la altura de los hombros.
-Déjala Saskia.- dijo Brena interponiéndose. - Ya sé lo que pretendes y no es justo.
Saskia sonrió.
-Por qué no dejas que lo decida ella?- dijo señalando a Hermione.
Niobe miró a su alrededor; todas las guerreras habían dejado de entrenar para observar la situación.
-Tú eres Saskia.- dijo Hermione fijando sus ojos marrones en ella. - Mucho gusto.
Saskia rió sonoramente.
-Así que eres educada, Niobe. Ese es tu nombre no es cierto?..Como sea, usualmente reto a algunas de las nuevas guerreras a que se batan a duelo conmigo. He decidido que será divertido hacerlo con alguien que ha escogido mi misma arma…
Brena empujó a Saskia.
-Ella recién entró ayer! Acaso eres tan cobarde que te quieres batir a duelo con alguien que recién empieza? Por qué no me lo pides a mí!
Pero Hermione pudo su mano en el hombro de Brena haciendo que se calmara. Sus ojos marrones permanecían serenos, y pronto, dando unos pequeños pasos hacia delante, se vio frente a Saskia.
-Si quieres pelear, peliemos.- dijo Niobe mirándola fijamente. - Pero debes recordar que si te venzo, automáticamente asumiré tu posición y tú descenderás.
Saskia rió con fuerza.
-Sí, claro que lo sé; pero eso no va a suceder ni en tus mejores sueños.
Draco se encontraba en la biblioteca leyendo varias cartas que había recibido de mortífagos. Ya todo estaba preparado para que la revolución de las bestias se llevara a cabo. Sin embargo, entre tantos papeles, su mente se encontraba desconcentrada. Golpeó la mesa con fuerza y se recostó en el espaldar de la silla. Sus ojos quedaron fijos en el techo; brillantes, oscuros. ¿Cómo le estaría yendo a la sangre sucia en aquel momento¿Estaría entrenando con fuerza para convertirse en una de sus guerreras? En aquel momento, no había nada que deseara más que tenerla para él. Desde que Hermione Granger había sido comprada y vivía dentro de las mismas paredes que él, se había convertido en una obsesión. No podía pasar un solo segundo sin que él pensara en ella. Por supuesto, eso se debía al odio que sentía hacia la castaña; la detestaba de tal manera que conseguía volverse loco cada vez que la tenía cerca. Aquel sentimiento lo estaba perturbando; quería acabar con ella de una vez y terminar con el martirio que estaba sufriendo. Respiró profundamente. ¿Y si las cosas no salían como él las planeaba¿Y si Hermione no conseguía derrotar a Saskia? -Maldita sangre sucia.- soltó en voz alta.
Si no conseguía hacerlo no podría ser su guerrera; y por más que le costase reconocerlo, deseaba tenerla cerca, lo más cerca que pudiera de él. Solo así podría transformarla en una asesina, y ponerla en contra de sus amigos. Solo así tendría el arma perfecta.
Con un movimiento brusco se levantó de la silla y salió de la biblioteca. Tendría que encargarse personalmente de que Hermione venciera a Saskia a como diera lugar. Aún estaba de principiante, para llegar a luchar contra Saskia le faltaba derrotar a otras primero.
Lo que no sabía era que la batalla se había adelantado.
Draco Malfoy salió al jardín y se quedó estático frente a la escena que tenía en frente. Todas las guerreras se encontraban en filas observando en el centro, a Saskia y a Hermione dispuestas a batirse a duelo. La castaña se encontraba en el extremo de la izquierda, y la rubia en el extremo de la derecha.
El entrenador corrió directamente a donde se encontraba Draco.
-Señor.
-Me puedes explicar qué está pasando!- dijo extremadamente irritado. Sin duda alguna aquello lo arruinaría todo.
-Saskia retó a duelo a Niobe, y ella aceptó.
Draco se mantuvo en silencio. Cruzado de brazos desde las sombras observaba la escena. De repente, la situación no le pareció tan terrible. Saskia sin duda alguna vencería a Hermione, y él quería estar presente cuando aquella espada atravesara el pequeño cuerpo de la virginal castaña. Quería verla en el suelo, retorciéndose de dolor. Quizás le diría después al entrenador que se demorara un poco en curar las heridas de su cuerpo, solo para verla sufrir. ¿Por qué no? Su rostro permanecía inexpresivo, lleno de odio. Tal vez así conseguiría apaciguar sus ansias de verla agonizar, y al menos por unos instantes quitarse de encima el peso de su obsesión. Ya después vería cómo hacerla su guerrera. Por ahora, nadie podría quitarle el placer de verla al borde de la muerte.
-Lista?- preguntó Saskia del otro extremo, sosteniendo su espada en forma horizontal encima de su cabeza.
-Siempre lo he estado.- respondió Hermione, sosteniendo su espada verticalmente frente a su rostro.
Saskia esbozó una media sonrisa. Niobe le parecía enigmática, y estaba en lo cierto. Su rostro poseía facciones finas, nada llamativas, pero sus ojos eran excesivamente bellos; grandes y marrones. Eran sus ojos, los que más la intrigaban. En su mirada, había algo infantil, y sin embargo, también había algo oscuro. Allí paradas en posición de duelo, mirándose dijamente, Saskia pudo ver cómo la oscuridad crecía hasta el punto de cubrir todo lo infantil había antes. Solo entonces temió, pero solo un poco.
-Sabes, esto va a ser corto.- dijo Saskia. - Voy a correr hacia ti, y voy a herirte. Vas a caer, y la batalla habrá terminado. Será cuestión de segundos.
Hermione esbozó una sonrisa infantil que petrificó a Saskia; definitivamente, aquel gesto no congeniaba con su mirada oscura.
-No voy a perder.- dijo Hermione en voz alta.
Entonces Saskia corrió cortando la distancia, y Hermione hizo lo mismo. Se encontraban tan lejos la una de la otra que ambas corrieron por unos segundos hasta alcanzarse. Las pupilas de Draco se dilataron, las miradas de los presentes se llenaron de emoción. Pronto, Saskia y Hermione hubieron levantado sus espadas y se cruzaron consiguiendo que la castaña terminara en el lado derecho, y la rubia en el izquierdo. El público contuvo la respiración.
Ambas contrincantes estaban dándose la espalda la una a la otra. Se habían cruzado solamente, pero todos habían visto cómo ambas habían levantado sus espadas y lanzado un golpe. Pasaban los segundos, y ninguna de las dos se movía. Nadie podía decir quién había herido a quién. Hermione mirada al frente con su espada en forma horizontal frente a ella, mientras que Saskia hacía lo mismo del otro lado, pero con la espada en forma vertical. Aquello no duró mucho. Los ojos de Saskia se llenaron de lágrimas y tambaleó. Un grito ahogado por parte de las guerreras se soltó al notar lo que les parecía asombroso. Draco Malfoy dejó su inexpresividad y descruzó sus brazos para mirar con sorpresa a Saskia sostenerse el abdomen y caer al suelo en un charco de sangre. Solo hasta entonces, las nubes se disiparon y unos pocos rayos de luz dieron contra la espada de Hermione que, horizontal frente a ella, se mantenía embarrada de sangre.
-No puede ser…- dijo Brena casi en un susurro y sin poder respirar.
Saskia lloraba a gritos en el suelo desangrándose. El entrenador corrió hacia ella y con un hechizo curó sus heridas y limpió la sangre del césped. Pero aún nadie se atrevía a moverse.
Draco no podía creer lo que estaba viendo. Contra toda suposición, Hermione había ganado la batalla contra su mejor guerrera. Sus ojos grises estaban clavados en ella, sin aún poder comprender lo que sucedía. Allí estaba, parada con su kimono manchado por pequeñas gotitas de sangre. Su cabello castaño ondulado bailaba con el viento mientras que su rostro permanecía sereno, calmado. Dejó correr la manga larga de su Kimono contra la espada, limpiando la sangre de ésta. Por unos breves momentos vio oscuridad en la mirada de la castaña, pero pronto ésta se desvaneció y ocupó su lugar esa inocencia casi infantil que la caracterizaba.
Hermione miró a su alrededor y sus mejillas se encendieron. No supo por qué se sonrojó, tal vez por todas aquellas miradas sobre ella. Parecía una niña, pero trató de ocultarlo lo mejor que pudo; al menos hasta que sus ojos se chocaron con los de hielo a lo lejos. Hermione lo vio, en la entrada, mirándola fríamente. El rubio dio media vuelta haciendo volar su capa negra e ingresó a la casa sin decir nada. Y ella sintió un extraño vacío.
Draco estaba furioso. Entró haciendo sonar la puerta y caminó por el pasillo hasta llegar a la sala. Allí se topó con dos esclavas limpiando y un sirviente vigilándolas. Sus ojos grises estaban llenos de ira, y no pudieron hacer otra cosa que descargarse con lo primero que tenía en frente. Si no podía lastimar a la sangre sucia por ahora, lo haría con las demás de su misma especie.
-A ellas dos, las quiero en la sala de torturas. Permanentemente.- le dijo al sirviente. Las dos muchachas sollozaron tapándose las bocas para no hacer ruido y al menos, salvar lo que les quedaba de sus tristes vidas.
Entró a la biblioteca y lanzó la puerta al cerrarla. ¡Se le había escapado de las manos¡Se le había escapado nuevamente! La muy estúpida, asquerosa, sangre sucia. Los deseos que rugían dentro de su pecho eran insoportables; necesitaba hacerle daño, lo necesitaba tanto como el aire para respirar. No podría soportar todo aquello durante más tiempo. Tenía que encontrar fuerzas de alguna forma, algo que aplacara por completo el intenso deseo que tenía por herirla. Al menos para estar tranquilo, para no pensar en ello todo el tiempo.
La puerta se abrió dejando entrar al entrenador.
-Señor, Niobe a ganado la batalla. Sustituirá a Saskia. ¿Le hará usted la marca?
Draco fijó sus ojos en el sirviente.
-Sí, llévala a mi habitación.
Harry estaba ansioso. Eran ya más de las doce de la mañana y aún no llegaban. Se paseó por el monte caminando en círculos. ¿Y si no llegaban¿Y si se habían arrepentido de venir a la misión? No, eso era poco probable. Pero definitivamente sí deseaba que al último momento Ginny hubiera reconsiderado su petición, y le hiciera el inmenso favor de no meterse en lo que no le importaba. Si ella iba, solo resultaría una distracción para él de su objetivo principal; y ahora muchas vidas pendían de un hilo, entre ellas la de Hermione. -Hermione…resiste.- dijo para sí.
Entonces sus ojos verdes los divisaron.
Ron, Luna, Ginny, Fred y George subían la colina con sus mochilas. Harry se subió la capucha negra de modo que subriera su cabello negro azabache y dejara su rostro en las sombras. El viento hacía que el cabello dorado de Luna volara al igual que su vestido blanco. Ginny cargaba con su arco, y su cabello sangre también bailaba con la brisa. Fred y George cargaban con sus dagas, cada una con un poder especial, y fueron los primeros en alcanzar a Harry.
-Perdona el retraso, pero tuvimos que esperar a que mamá saliera.- dijo George fijando sus ojos miel en Harry.
-No importa.- respondió él, y sus ojos verdes se chocaron con los caramelo de Ginny. Mas pronto cortó el contacto. Quería olvidarse que ella estaba allí.
-Listo. Hagamos esto de una buena vez.- dijo Ron caminando hacia el traslador, que era una lata de jugo que yacía en el monte.
Todos se acercaron, y entonces notaron que Luna no lo había hecho. Se voltearon para verla allí, parada, con sus ojos azules fijos en el cielo. Su vestido blanco volaba, y su cabello parecía de oro puro bajo el resplandor del sol. Su piel nunca había estado tan gloriosamente blanca como aquel día. En ese momento todos notaron lo que Ron había notado en la mañana: había algo distinto en Luna.
-Looney tiempo de partir!- dijo Fred sonriendo. - Llamando a Looney a la tierra, me escuchas?
Pero Luna no dejó de mirar el cielo, solo sonrió y dijo:
-Qué pureza. Va a llover.
-Luna, estamos en verano.- dijo Ginny.
-Aquí no, en Tirania.- dijo Luna por fin fijando los ojos en sus amigos. - Va a ser un diluvio mortal.
George rió con un tono burlesco.
-Sí Luna, y cuando lleguen tus amigos los extraterrestres les diré que los quisiste buscar. Ahora ven, ven.
Luna no dejó su sonrisa y caminó inocentemente hacia el círculo que sus amigos estaban haciendo.
-A la cuenta de tres.- dijo Ron.
-1
-2
-3…
Y pronto desaparecieron de la ciudad.
Brena caminaba de un lado a otro en el extremo más lejano del jardín. Hermione la observaba sin pronunciar palabra. -Eres una genia sabes?- le dijo a Hermione. - Insuperable, una genia!
-No fue para tanto..- dijo la castaña sonrrojándose.
-Para tanto? Fue para mucho! Increíble!.- dijo Brena casi saltando de la emoción.
Un sirviente se acercó a ambas y mirando despectivamente a Brena se dirigió a Hermione.
-Acompáñeme, son órdenes del joven Malfoy.- y con esto se dio la vuelta y caminó hacia la entrada de la casa.
Brena le dirigió una mirada intriga y Hermione se la respondió de la misma manera. Inmediatamente corrió para no perder de vista al sirviente.
Lo siguió subiendo las escaleras hasta el segundo piso, y sin embargo no se detuvo. Siguió por las escaleras que guiaban al tercero.
Hermione paró bruscamente. El sirviente se volteó para verla.
-Dije que me siguieras, eres tonta o qué?
La castaña titubeó.
-No me es permitido subir..- dijo casi en un susurro.
-Son órdenes del joven Malfoy! Si él quiere que las reglas se rompan, entonces se romperán! Ahora sígueme!
Hermione no tuvo más opción que continuar el trayecto. Al fondo del corredor pudo ver las gárgolas de diablos y la puerta que daba a la habitación en donde Judith descansaba. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero increíblemente la sensación de que la llamaban y el olor no aparecieron. Ya más confiada, avanzó por el corredor hasta otra puerta bastante familiar. El sirviente se la abrió haciéndola pasar y luego la cerró tras de ella.
El corazón de Hermione latía con fuerza. ¿Qué estaba haciendo ella en la habitación de Draco? Sí, la noche anterior había estado, pero solo por una equivocación. ¿Para qué la hacía llamar y volver allí nuevamente? No tuvo mucho tiempo de pensar pues divisó al rubio junto a la ventana. Con sus manos en ambos bolsillos de su capa y sus ojos grises clavándose en ella. Algunos mechones rubios caían por su frente.
-Venciste a Saskia- dijo él con un tono indiferente. Su mirada la recorrió de arriba abajo, y ella volvió a sentirse desnuda. - Me impresionas.
Hermione bajó la mirada. Por alguna razón se sentía mal sosteniendo la del rubio, y lo que menos quería ahora era sonrojarse. Se mantuvo allí, en silencio. Estaba nerviosa, aunque no sabía exactamente por qué.
-Acércate.- le ordenó el rubio.
La castaña levantó la cabeza repentinamente y fijó sus ojos inquisitivos en él. No se movió de donde estaba. Draco sonrió frívolamente; ella parecía un animal asustado. Sus ojos marrones eran los de una niña, y a la vez, había algo de misterio en ellos.
-Entonces, sí me temes después de todo.- dijo él satisfecho. Ella pudo notar esa satisfacción.
Hermione caminó decididamente y quedó a un metro de distancia del rubio. Draco levantó una ceja, sorprendido. Se incorporó, pues antes había estado apoyado en la pared, mirándola fijamente a los ojos.
-Acércate más.
-No creo que sea necesario.
-Eso lo decido yo.
Ante ésta última palabra, Draco tomó una expresión severa. Hermione supo que no le convenía desafiarlo, mucho menos molestarlo, así que se acercó hasta quedar a un paso de distancia.
Draco sintió cómo todos sus instintos masculinos gritaban en su interior. Allí, estaba, tan indefensa ante él. Ella, la maldita gryffindoriana; la siempre amiga de Potter y Weasley; la sabelotodo; la preferida de los profesores; la que se paseaba por Hogwarts y lo miraba con aires de superioridad; la que lo había golpeado; la asquerosa sangre sucia. Podía sentir su respiración a esa distancia, su aroma femenino mezclado con las gotas de sangre que tenía aún en su kimono lo estaban enloqueciendo. Un solo movimiento de su mano, y podría matarla. Sería tan fácil acabar con su pequeña e indefensa vida. Y el deseo regresó a él con una fuerza sobrenatural que lo empujaba al abismo.
Hermione permanecía quieta, serena, con sus grandes ojos marrones fijos en los de él. Al principio, había sentido el frío que aquella mirada le transmitía desde tan cerca. Pero después, un miedo terrible creció en su pecho. Esos ojos tenían algo horrible, no sabía qué era, pero se sentía en peligro. Quiso retroceder, pero cuando planeaba hacerlo Draco colocó la mano en su cuello.
No fue un acto violento, tal vez por eso Hermione no se movió. Draco dejó correr sus dedos por la piel de la castaña, y pudo sentir cómo ella temblaba. Aquel simple contacto lo estaba matando; qué fácil sería solo apretar y ahorcarla. La piel de Hermione era tan tibia que podía sentir cómo sus dedos fríos se descongelaban. Las mejillas de la castaña se encendieron nuevamente, y ésta vez con intensidad casi indecorosa. Luchando contra sus deseos, Draco la soltó y caminó unos metros lejos de ella, luego se volteó y la miró.
-Quítate el kimono.
Las mejillas de Hermione, que habían empezado a recobrar su tonalidad natural cuando él la soltó, volvieron a encenderse mientras que sus ojos marrones se fijaron en los de él.
-No.- alcanzó a decir
-Tienes que hacerlo, debo marcarte en la espalda.
Hermione lo miró inquisitivamente.
-Para qué?
-Eres mía ahora, al igual que Brena. Voy a tatuarte un dragón.
Hermione pareció confundida. No dijo nada durante algunos segundos, pero después consiguió mirarlo directamente a los ojos.
-No tengo que quitármelo todo verdad? Solo hasta descubrir mi espalda.
-Sí, es allí en donde voy a tatuártelo.- dijo Draco enfriando aún más su mirada.- Ahora, si no quieres hacerlo, mis sirvientes lo harán. Quise ser yo quien te lo tatuara para hacer que fuera menos pesado para ti, pero ya que parece incomodarte entonces que otros lo hagan por mí.
-No!.- exclamó Hermione, aterrada ante la idea de que los sirvientes la vieran aunque sea un poco descubierta. - Lo haré…
Hermione se volteó y enroscó su cabello con una liga para que éste no cubriera su espalda. Abriéndolo por delante, sus hombros lentamente se fueron descubriendo al igual que el resto de su espalda. Se detuvo en donde debía, y con ambos brazos se abrazó por delante para cubrir sus pechos. Aunque en realidad sabía que Draco no podía ver más que su espalda, ya que estaba detrás de ella, sus mejillas se encendieron nuevamente. Estaba avergonzada, pero trató de ocultarlo. Sin duda alguna estaba feliz de que él no pudiera ver su rostro en esos momentos.
Draco paseó su mirada por aquella piel crema, grabando en su memoria cada curva que poseía. Sí, definitivamente era una mujer; y la odiaba aún más por serlo. Sacó su varita del bolsillo. Solo tenía que hechar la maldición y matarla, pero bien sabía que no le convenía hacerlo. Ya tendría tiempo para destruirla, ahora era un arma necesaria. Trató de controlar la intensidad de su odio, y apuntó a su espalda.
-Va a dolerte.- le advirtió con sequedad.
Hermione se abrazó con fuerta y cerró los ojos.
Draco lanzó el hechizo.
La castaña contuvo el primer grito, pero pronto dejó salir algunos más. El rubio movía su varita dibujando al dragón mientras tinta negra salía de la punta de ésta. Hermione sentía como sí miles de agujas se clavaran en su piel, y la sensación no le agradaba en lo absoluto. Dejó salir un último grito y Draco terminó. Ella no se movió por unos instantes. Su respiración estaba agitada, y todo su cuerpo temblaba.
-Cúbrete.- le ordenó el rubio.
Hermione se subió el kimono, colocándoselo de forma normal. Se soltó el cabello dejando que cayera como un manto sobre su espalda. Entonces un intenso dolor de esparció por su espalda. Hermione gritó con fuerza mientras caía al suelo. Aquello había sido como una mordida. El dolor había sido terrible.
-Eso te sucederá si me haces enojar, lo que espero no suceda nunca.- dijo Draco caminando hacia ella.- Solo tengo que pensar en el dragón, y él te morderá.
Draco extendió su mano para que ella se levantara, pero Hermione lo hizo sola, sin tocarlo.
-Tenemos que cambiar esa actitud que tienes.- dijo él reprochándole con la mirada. - Actúas como si fuera a lastimarte, lo que no pretendo hacer.
-¿No?- dijo ella. - Y ¿qué fue lo que hiciste hace un momento entonces?
-Eso fue una prueba. Necesitabas saber lo que podía sucederte en caso de que decidas traicionarme.- le dijo friamente. Sus ojos estaban penetrándola con fuerza.
-No te he dado ninguna razón para que creas que puedo traiconarte.- le respondió Hermione. - Me pediste que derrotara a Saskia, y lo hice. Dije que obedecería cada una de tus órdenes sin importar cuáles fueran. Hicimos un trato, y yo no rompo promesas.
Draco caminó hacia ella, nuevamente quedando a solo un paso de distancia.
-Soy un mortífago, ¿cómo puedes creer en mi palabra?
Hermione no despegó sus ojos de los de él.
-Porque no tengo nada más en qué creer.
Draco la miró con la misma frialdad acostumbrada y caminó hacia la ventana.
-Ya puedes irte.- le dijo. Y ella caminó hacia la puerta, pero la voz del rubio volvió a sonar y la detuvo. - De ahora en adelante entrenarás como Brena, solo en las mañanas. En la tarde, te quiero aquí.
-Perdón?- dijo Hermione sin entender lo que había escuchado.
-De ahora en adelante vas a permanecer a mi lado todo el tiempo posible. Te quedó claro?
Hermione asintió tímidamente y salió.