← Historia 54988 · de
Historia 54988 — capítulo 5
Capítulo V
Judith
El entrenador guió a Hermione a través del campo. Ella observaba todo con algo de timidez, sobre todo las distintas armas que las guerreras poseían.
Por supuesto, no les dejan usar varitas pues podrían usar magia para tratar de escapar. pensó ella mientras avanzaba.
El entrenador se detuvo frente a una joven que Hermione calculó tendría mas o menos su misma edad. La chica entrenaba con cadenas largas de las cuales salían gruesas púas. Su cabello era negro y lacio; largo hasta pasar un poco de su cintura. Su piel era extremadamente blanca, como la leche. Y sus ojos eran azules brillantes, todo en ella parecía perfecto.
-Brena enséñale en dónde guardamos las armas y haz que escoja una.- ordenó el entrenador.
-Sí señor.- dijo Brena inclinándose y mirándolo desaparecer. Luego miró a Hermione. - Mucho gusto, mi nombre es Brena.
-Niobe.- dijo Hermione respondiendo a la sonrisa que aquella chica le ofrecía. Ella era una de las guerreras de Draco. Sin embargo, y lo recordaba bien, era a Saskia a la que debía eliminar.
-Pareces agradable.- dijo Brena. - No todas aquí suelen serlo.
-¿En serio?- dijo Hermione mirando a las demás. - No lo son?
-No, al menos no conmigo.
Brena guió a Hermione a un pequeño cubículo en donde cientos de armas colgaban de las paredes. Los ojos azules de Brena recorrieron el lugar y luego se posaron en la castaña.
-Tienes unos ojos impresionantes.- dijo Brena repentinamente.
-Son marrones, no hay nada de impactantes en ellos.- agregó ella.
-No, es la forma, y son grandes. Hay algo en ellos..solo que no sé qué es.
Hermione caminó por el lugar, observando todo tipo de armas, hasta que hubo una que llamó su atención. Una espada samurai de fina plata y forjada en hierro y acero puro aparecía frente a ella con un equipo de pequeñas dagas.
-Quiero esta.- dijo tomándola.
-Bien, ya que eres nueva te va a tocar empezar por lo más bajo. Pero si aprendes rápido conseguirás ascender.
Hermione clavó sus ojos en Brena.
-¿Qué tal te llevas con Saskia?- le preguntó en un tono casi inocente.
Brena entornó los ojos.
-Nada bien.
-¿Te gustaría que la reemplace?
Brena se mantuvo en silencio, no porque no supiera qué responderle, sino porque la pregunta la había sorprendido.
-Sí, por supuesto..- le respondió finalmente, mas bastante confundida.
-Pues bien. Lo haré.
Cuando Draco entró a la biblioteca encontró a Pansy sentada encima de su escritorio. Sus finas piernas quedaban al descurbierto por la capa negra y esbozó una sonrisa cuando el joven rubio ingresó. Jack Spencer y Blaise Zabini se encontraban en los sillones; ambos parecían contentos. -Miren nada más a quién tenemos el honor! Draco Malfoy! El mortífago más ocupado de Londres..- dijo Jack levatándose y haciendo algunos gestos con sus manos. Sus ojos verdes opacos quedaban al descubierto bajo los mechones de su cabello castaño. - Tan ocupado que no se ha dejado ver en mucho tiempo!
Draco caminó hacia su escritorio manteniendo la inexpresividad de su rostro.
-He estado ocupado.- respondió con frivolidad.
-Claro, ya sabemos sobre tu nueva…adquisición.- completó Zabini. - Es el destino no crees? La Granger..en tu casa, sirviéndote. Ni en tus mejores sueños lo habrías imaginado no es así Malfoy?
-Como sea.- dijo Draco, aunque sabía que lo que le decían era cierto, y cada segundo que pasaba sabiendo que ella estaba tan cerca lo perturbaba.
Pansy se bajó del escritorio.
-Vinieron porque te traen noticias. Tu padre ya debe saberlo pero está de viaje.- dijo la morena.
-Tu prima va a venir a pasar una temporada aquí en el castillo.- dijo Jack. - órdenes de Voldemort.
-Malina?- dijo Draco fijando sus ojos grises en Pansy.
-Sí. Tenías razón después de todo..- dijo la morena. - Su sangre es completamente la de una elfa oscura. Es la princesa.
Draco se mantuvo en silencio. Siempre lo supo, aquello era evidente.
Jack se acercó a Pansy y le hizo señas para que la acompañara a buscar a un sirviente. Ella lo hizo saliendo con él y dejando solos a Draco y a Zabini.
-Cuándo te casas con Pansy?- le preguntó sentándose.
-Cuando quiera. - respondió secamente el rubio.
Zabini se mantuvo en silencio unos momentos, sin despegar los ojos de los de Draco.
-Cómo es que puedes permanecer allí sentado sabiendo que tienes en tus manos a la sangre sucia Gryffindoriana?- le dijo finalmente.
Draco lo perforó con su mirada.
-Ese no es tu problema.
-Yo ya la habría matado.
-Hay cosas que me interesan más de ella.
Zabini sonrió.
-Malfoy, dime la verdad, qué es lo que quieres de Granger?
Draco no se demoró mucho en responder.
-Todo.
Ginny caminaba por las calles de Hogsmade en camino hacia la madriguera. Había pasado algún tiempo desde que había visto a sus padres y a sus otros hermanos. Se acomó el arco que le colgaba de la espalda y las flechas mágicas. Algunos copos de nieve cayeron en su rostro pero pronto se desvanecieron. Su cabello color sangre caía en tiernas ondulaciones mientras cruzaba la esquina. No pudo evitar dejar salir un grito cuando encontró el cadáver de una niña sobre el suelo. Al lado de ella colgaba un pergamino en el que se leía: "Aquí yace otra sangre sucia". -Malditos desgraciados!- exclamó mientras lágrimas de ira escapaban de sus ojos.
Se inclinó y acarició los cabellos casi anaranjados de la pequeña. Al verla allí tendida, solo pudo pensar en Hermione. Tenía que creer que aún estaba viva; tenía que creer que estaba bien.
-Duerme pequeñita; al menos tú ya te liberaste de todo este infierno.- le susurró dándole una última caricia. Se levantó y siguió caminando, pero no pudo avanzar mucho ya que una mano la agarró del brazo y la obligó a pegarse contra la pared.
Ginny quiso gritar como primer impulso, pero la misma mano tapó sus labios y de repente vio unos ojos verdes brillar debajo de una capucha negra. Su respiración se tranquilizó: ella jamás podría confundir aquella mirada.
-Soy yo...- le dijo Harry lentamente sacando su mano de la boca de Ginny, mas no apartándose de ella o dejándola separarse de la pared.
-Lo sé.- dijo la pelirroja fijando sus ojos miel en él. Se sentía estúpida, su corazón latía demasiado rápido al estar tan cerca de él y no podía evitarlo. Mucho menos ocultarlo.
-Tenemos que hablar.- le dijo él secamente mientras se separaba de ella y caminaba a través del callejón. Al ver que Ginny no lo seguía se volteó y la miró directamente. - Camina.
La pelirroja reaccionó y lo siguió, sin entender muy bien lo que estaba sucediendo.
Zabini sacó un cigarrillo y lo encendió. Un olor a menta se esparció por la biblioteca. Sus ojos oscuros estaban fijos en Draco. -Todo?- continuó Blaise. - Qué es todo para ti Malfoy.
-Destruirla. Es mía después de todo.- le respondió el rubio.
Jack y Pansy regresaron con el un sirviente. Éste hizo una reverencia ante la presencia de su amo.
-Señor Malfoy.- dijo el sirviente. - Me necesitaba?
-Sí.- dijo el rubio. - Ya liberaste a la sangre sucia?
-No señor, supuse que era preferible esperar su confirmación.
-Hiciste bien.- dijo Draco mientras se levantaba y caminaba hacia la ventana. Al mirar a través de ella pudo observar el bosque. - Suéltala como te dije.
-Qué!- dijo Pansy molesta. - Entiendo que debes manipular a la Granger pero soltar a una impura es una debilidad!
-No he terminado.- dijo Draco fijando sus ojos fríos en Pansy, y ella entendió que debía callarse. Luego los fijó en su sirviente.- Le dije a Granger que la solaría, y yo cumplo con mi palabra. Claro que, nunca le dije en dónde la soltaría…
Todos los presentes sonrieron esperando las órdenes finales de Draco.
-Entonces en dónde la soltamos señor?- preguntó el sirviente.
-Hasta Pansy se congeló cuando escuchó a su novio pronunciar aquellas palabras.
-En el bosque.
Ginny entró a lo que parecía un bar. Era mucho menos acogedor que el Caldero Chorreante, pero había menos gente. Harry se sentó en una mesa y ella lo siguió sentándose frente a él. Sus ojos miel lo miraban inquisitivamente. Quería entenderlo, pero hace mucho tiempo que ya eso se le hacía imposible. Harry se quitó la capucha dejando que algunos mechones de su cabello negro azabache cayeran por su frente. Sus ojos verdes intensos la penetraban y ella no pudo evitar volver a sentir todo su cuerpo temblar. ¿Cómo era que él podía hacerle todo eso con solo mirarla? Le dolía tanto.
-Qué es lo que sucede?- dijo Ginny casi en un susurro.
-No vas a ir con nosotros.- dijo con sequedad. - Te quedarás aquí.
Ginny se quedó en silencio por unos segundos, miles de ideas cruzaban por su mente pero pronto comprendió que hablaba del viaje al interior del bosque de Tirania.
-Esa no es tu decisión.- le dijo finalmente algo confundida. - Quiero ir e iré.
-Si vas no te lo perdonaré nunca.- dijo Harry clavando su mirada en ella.
Ginny intentó controlarse. Aún no podía entender absolutamente nada. Ella no podía comprender nada de lo que Harry hacía desde la muerte de Dumbledore. Terminó con ella, la alejó de su vida por completo, casi no le dirigía la palabra y ahora pretendía manipularla. Entendía que Harry sufría, que había pasado por demasiadas cosas y que eso lo había convertido en alguien frío y distante; pero eso no iba a detenerla. Ella tenía que involucrarse, ser parte de la solución de todo aquello. Hermione también era su amiga, y ella quería que la guerra terminara; que los mestizos fueran liberados.
-Tengo que ir. - dijo Ginny tratando de contener las lágrimas al recordar todos sus motivos para involucrarse. - Lo siento.
-Si lo haces te odiaré para siempre Ginny.- la amenazó mientras sus ojos verdes se inundaban de ira.
-¿Por qué no quieres que vaya? Es que acaso crees que no tengo derecho a luchar por aquellos que me importan? Crees que podría seguir aquí, viendo cadáveres en las esquinas y preguntándome si Hermione está bien? Crees que puedo vivir levantándome todas las mañanas pendiente de que el diario el profeta ponga en sus listas de muertos a algún conocido mío?
-Haz lo que quieras.- dijo levantándose bruscamente y saliendo.
Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas.
-Te amo Harry.- susurró para sí.
Luna entró a la madriguera silenciosamente. Ya era muy tarde, y no quería despertar a nadie. Además, se sentía muy débil Tenía que descansar como se lo había dicho Dumbledore. Miró sus manos solo con la luz que penetraba por las ventanas. Todo su cuerpo ya no era el mismo. Sin embargo, no estaba en la naturaleza de Luna el tener miedo de los cambios, no porque fuera excesivamente valiente, sino porque la inocencia que poseía le daba fuerzas para creer que lo malo algún día tendría fin. Se sentía bien al saber que ella era un elemento clave para restaurar la paz. Se sacó los zapatos y con sus pies porcelánicos pisó el primer escalón. Entonces la luz de la sala se encendió y ella saltó hacia atrás, viendo a Ron apoyado contra la pared.
-¿En dónde estabas?- le preguntó sin moverse de su sitio y mirándola con seriedad.
Luna sonrió levemente humedeciendo sus labios rosa. Sus ojos, grandes y azules, bailaron por la sala como si estuvieran inspeccionando que nadie más estuviera por ahí.
-Eres tú el único despierto? Ya es muy tarde deberías ir a dormir.- le dijo Luna dulcemente, preocupada por Ron. Había estado viviendo en la madriguera desde hacía ya algunos meses, y para compensar todo lo que los Weasley habían hecho por ella se preocupaba de cada miembro e intentaba ayudar a Molly en las labores domésticas.
-Luna, respóndeme.- le ordenó el pelirrojo. - Ya estaría dormido de no ser que me quedé esperándote así que espero me expliques por qué llegas tan tarde.
-Estuve haciendo algunas diligencias en la Orden.
-Creí que habías renunciado.- dijo Ron mirándola inquisitivamente.
-Sí pero al parecer no querían aceptar mi renuncia, pero ya solucioné todo.- dijo Luna sonriendo y acercándose al pelirrojo. - Pero ahora estoy muy cansada y quiero dormir. Mañana me cuentas lo que sucedió en la reunión con Fred y George si?
Ron no le creyó ni una palabra. Eran más de las doce de la noche; no podía haber estado tanto tiempo solucionando ese problema. Sin embargo dejó de hacer preguntas, pues había algo que le importaba mucho más.
Te ves pálida, te sientes bien?- dijo repentinamente acercándose y posando su mano sobre la frente de Luna. No tenía fiebre.
-Sí, estoy bien. No te preocupes solo necesito descansar. Mañana estaré bien, lo prometo.- le dijo.
Pero segundos después tambaleó como si fuera a caerse y sus labios, siempre rosados, ahora estaban pálidos como toda su piel. Ron la sujetó y la miró con curiosidad insistente. Luna le sonrió.
-Puedes creerlo? Solo un día agitado y ya me tambaleo. Qué débil que soy! Pero mañana seré fuerte, sí, mañana..- dijo casi como para sí misma.
-Te llevaré a tu cuarto.- dijo Ron mientras se inclinaba y la cargaba en sus brazos. - Dudo que puedas subir las escaleras en estas condiciones.
Cuando llegaron la habitación de la rubia, ella ya había quedado dormida en sus brazos. Ron la acostó, le quitó los zapatos, y la cubrió con la sábana. Antes de irse depositó un beso en la frente de Luna, pero en lugar de sentir el calor de su piel se chocó con un frío que casi congeló sus labios.
Tal vez ella tiene razón y mañana estará mejor, pensó Ron. Y salió cerrando la puerta tras de sí.
La noche llegó con rapidez en el castillo Malfoy. Hermione había entrenado exhaustivamente todo el día, y se sentía bastante orgullosa de lo que había conseguido. Solo siendo su primer día había derrotado a una de las esclavas que llevaban semanas entrenando. El uso de la espada se le daba muy bien, la puntería con las dagas habría que perfeccionarla, pero eso no importaba ya. Tenía que alcanzar su meta y derrotar a Saskia para ocupar su puesto. Hermione le debía cosas importantes a Draco, y pensaba retribuirle tal y como se lo prometió. Se dio un baño y cuando salió encontró una bandeja con comida sobre su cama. Se lanzó a ella para comer, viendo cómo gotas de lluvia caían sobre los cristales de las grandes ventanas.
-Qué horrible es no recordar.. pensó bajando la mirada con tristeza. Entonces la puerta de su cuarto se abrió dejando entrar a una bella joven de cabellos negros y piel de porcelana.
- Vine a comer contigo.- dijo Brena entrando con su bandeja. - Es terrible comer sola.
Hermione le sonrió.
-Adivina a quién vi por los corredores.- dijo Brena mientras mordía una manzana.
-A quién?- preguntó la castaña esparciendo su kimono por la cama.
-A Draco Malfoy.- dijo Brena humedeciendo sus labios rojos. - Es muy extraño verlo pasearse por el piso de las guerreras; es más, nunca lo he visto por aquí. Me pareció que observaba la puerta de tu cuarto…
Hermione se quedó pensativa durante algunos segundos.
-En serio nunca viene para acá?- dijo mirando a Brena.- No habla con las guerreras?
Brena rió como si Hermione acabara de decir una broma.
-Él jamás nos dirige la palabra al menos que sea necesario. Ya sabes, porque somos mestizas. Todos los de esta familia son funestos, sus amistades, etc. Ni siquiera sé si Brena es mi verdadero nombre.
-Tú tampoco recuerdas nada..- dijo Hermione. Aunque en su mente se preguntaba por qué Draco era tan frío con las demás y con ella en cambio, se mostraba dispuesto a ayudarla.
-Obliviate.- dijo Brena. - Niobe, tú perdiste la memoria naturalmente no es así?
-Sí.- dijo Hermione
-Sabes quién es una verdadera pesadilla?- dijo Brena casi susurrando. - La novia de Draco, Pansy.
Hermione sintió como si aquel nombre no se le hiciera desconocido, pero ignoró aquel sentimiento.
-Tiene novia?
-Sí, y es una antipática no la soporto. Pero es de sangre pura, así que tengo que tolerar sus insultos. - le dijo mientras mordía nuevamente la manzana. - Me alegra que estés aquí, es difícil no tener con quién hablar.
Draco arrancó la blusa de Pansy y la dejó caer al suelo. Sus manos la recorrieron casi con violencia. Ella lo notó en sus besos desesperados y en la fuerza que ejercía cuando la tocaba. Bruscamente lo paró, aunque en el fondo de su ser no quería hacerlo; algo le estaba pasando. -Draco!- exclamó poniendo sus manos sobre el pecho desnudo del rubio. - Basta.
El rubio golpeó con uno de sus puños la cama, aún estando encima de Pansy. Ella fijó sus ojos oscuros en los de él.
-Qué es lo que te pasa?
-Nada.- dijo él con sequedad mientras se levantaba y abotonaba su camisa. - Ándate no estoy de humor.
-No me iré hasta que me digas qué es lo que tienes!- dijo Pansy resuelta. - Es por la sangre sucia no es así? Estás muy extraño desde que la compraste.
Draco la miró fríamente.
-La odio. Sabes cuánto esfuerzo tengo que hacer para no correr en este mismo instante y matarla con mis propias manos? No es justo que la tenga tan cerca..hasta puedo sentir su asqueroso aroma. Es demasiada tentación y no lo soporto.
-Tienes que aprender a lidiar con ello.
-Lo sé. Ahora vete.
Pansy se vistió y salió como él se lo ordenó. Draco se sentó al borde de la ventana y se quedó pensando en ella, en la sangre sucia.
Era ya muy tarde. Los relámpagos caían y hacían temblar los cristales de las ventanas. Hermione estaba sumergida en un profundo sueño, pero repentinamente algo la obligó a despertar. -Qué es eso? pensó escuchando los latidos de su propio corazón. Un olor extraño pero embriagador la había envuelto. Pero¿de dónde provenía?
Se levantó lentamente, y sus pies descalzos tocaron el frío mármol negro. Caminó hasta la puerta arrastrando la cola de su larga bata blanca para dormir. Sus ojos marrones se asomaron por el corredor oscuro.
El olor se intensificaba.
Hermione salió de su cuarto y cerró la puerta tras de sí. La curiosidad que sentía era más fuerte que su miedo. Además, había algo que la estaba llamando. Sentía cómo sus pies se congelaban por el frío del piso, y los relámpagos iluminaban el pasillo mientras avanzaba hasta el final, y entonces vio las escaleras que subían.
"Está terminantemente prohibido subir al tercer piso", recordó que el sirviente le había dicho. Sin embargo, ella no podía resistirse.
Qué gran error.
Al llegar al piso superior el sonido de los latidos de su corazón se incrementaron. Entonces siguió el olor, que cada vez se había más fuerte. Caminó por varios minutos, hasta llegar al final del corredor. Una puerta gran puerta negra se encontraba semiabierta. Dos gárgolas de diablos se encontraban a los lados de éstas. En cualquier otro momento se habría sentido intimidada por ellas, pero en ese momento no. Hermione empujó la puerta lentamente, asomando su mirada en el interior.
Lo que vio la sorprendió enormemente.
Frente a ella tenía una gran habitación, quizás el doble del tamaño de la suya. En una gran cama una mujer permanecía atada con grilletes y cadenas. Hermione no pensó, solo seguía aquello que la llamaba. Entró.
Los relámpagos caían con fuerza. Se acercó lentamente para poder ver bien a aquella mujer. Las sábanas de la cama eran blancas de seda y brillantes, y su vestido también lo era, tanto así que se confundía con todo lo demás. La piel de aquella mujer era extremadamente blanca, y las venas se dibujaban claramente en su piel. Su cabello era de oro, rubio y brillante, se esparcía por las sábanas. Una cruz de metal colgaba de su cuello, y una corona con rosas blancas permanecía en su cabeza.
La mujer abrió los ojos.
Hermione quiso retroceder, pero algo se lo impedía. Miró directamente a los ojos a aquel ser, y notó que su iris era completamente gris. La mujer se sentó en la cama, y las cadenas se chocaron unas con otras. Repentinamente, sin que Hermione lograra entender qué estaba sucediendo, cayó en la cama, como si sus fuerzas se hubieran desvanecido por completo. La mujer se acercó a ella, y tomó su muñeca.
-Adiós y hasta siempre..- le dijo casi en un susurro. Y entonces abrió su boca mostrando unos colmillos enormemente largos.
-Expelliarmus!- gritó Draco desde la puerta. La vampireza voló hasta donde las cadenas le permitieron y chocó contra la pared para caer nuevamente a la cama.
Hermione recuperó su voluntad y se levantó espantada. Draco caminó enfadado hasta ella y la sacudió de hombros.
-Cómo se te ocurre subir! Está prohido! Qué no te lo explicaron o fuiste demasiado estúpida como para comprenderlo?
Lágrimas habían comenzado a correr por las mejillas de la castaña. Se sentía aterrada. Draco volteó la mirada rabioso y del brazo la sacó por la fuerza.
Cerró la puerta y la encantó con un hechizo. No soltó a Hermione, la arrastró tomando con fuerza su brazo hasta su habitación en las torres. Ella seguía llorando.
Draco la soltó bruscamente una vez adentro de su cuarto y cerró la puerta. Sus ojos grises la miraron con furia. Hermione lo miró sollozando.
-Perdóname, perdóname no quise..
-Pero lo hiciste! Nunca debí haberte sacado de las mazmorras! Ni soltar a Elisa!.- gritó histérico mientras caminaba por la habitación. - Dijiste que obedecerías!
-No quise! No quise!- repitió ella sosteniéndose la cabeza. - Ese olor me despertó, y algo me llamaba con fuerza..y después mi corazón, que latía con ritmos acelerados…no sabía lo que hacía! Qué estúpida!
Draco paró repentinamente. Las palabras de la castaña lo habían sorprendido. Sus ojos permanecían fijos en ella, mirándola con detenimiento. Su cabello castaño caía largo hasta su cintura, en ondulaciones constantes. Se sintió algo estúpido por no haberse dado cuenta antes de lo que sucedía.
Hermione quitó sus manos de su rostro, dejando ver sus mejillas rosadas y sus ojos cubiertos por lágrimas. No entendía por qué él había dejado de gritarle. Pero se sintió avergonzada por cómo la estaba mirando. Era como si pudiera ver a través de ella.
Draco caminó hacia ella y paró a unos pasos de distancia. Sus ojos grises seguían clavados en su cuerpo, congelándola.
-Dices que un olor extraño te levantó. Cómo era.?.- le preguntó con sequedad.
-Era como….rosas blancas creo.- dijo ella deteniéndose a pensar a qué se asemejaba el olor.
Draco se pasó una mano por su cabello rubio sin despegar sus ojos de ella.
-Tienes razón no fue tu culpa.
Hermione se sorprendió ante aquello. Draco caminó hacia la ventana y se sentó en el borde de ésta.
-Ya puedes irte. No volverá a sucederte lo mismo.
-Pero..no entiendo..- dijo ella.
Draco volteó y la miró de arriba a bajo. Nuevamente se sintió desnuda.
-Eres virgen, eso es todo.
Las mejillas de Hermione se encendieron escandalosamente y bajó la mirada. Draco seguía observándola y notó cuán perturbada estaba debido a aquel comentario. Parecía un niña sonrojándose. Pansy nunca lo hacía; para él era extraño aquel gesto. Aquella mestiza que se encontraba frente a él era la misma a la que siempre odió en sus años de colegio, y no comprendía cómo solo ahora notaba que había algo infantil en su mirada y en sus gestos. Tal vez solo lo había notado porque se enteró que era virgen, y que aún no podía ser una mujer. Hasta entonces no había notado que las sangre sucias también eran mujeres.
-Judith es mi hermana. La convirtieron en una vampireza contra su voluntad. Los vampiros se alimentan de cualquiera, pero solo convierten a otros en vampiros dándoles la vida eterna cuando son virgenes. Si eres virgen y hay un vampiro cerca, sentirás la atracción de inmediato. Y como ya debes saber, las rosas son el órgano femenino de la planta, y son un símbolo de el órgano femenino de una mujer. Rosas blancas significan pureza, virginidad. Eso fue lo que oliste.- le dijo algo malhumorado. - Ahora vete.
Hermione seguía avergonzada pero consiguió levantar la mirada.
-Cómo sé que no sucederá nuevamente?- preguntó casi en un susurro.
-No sucederá. Me encargaré de ello.
La castaña dio media vuelta y caminó hasta la puerta, antes de irse volteó un momento.
-Gracias por salvarme, por lo de Elisa, y por lo de averiguar quién soy.- dijo sintiendo que cada vez le debía más a aquel ser que parecía un témpano de hielo. Lamentablemente ella ya no lo veía con desagrado, es más, sentía que era como un protector. Qué equivocada estaba.
-No me lo agradezcas, todo tiene un precio.- dijo el rubio fijando sus ojos grises en ella.
Esa noche Hermione casi no pudo dormir.
para que sepan actualizo todos los viernes o sabados
nos vemos la proxima semana...