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Historia 54988 — capítulo 8

Capìtulo VIII

Bestiario

Draco se despegó de la pared y caminó hacia ella. Los latidos de la castaña se aceleraron a un ritmo inverosímil, pero no se movió, temiendo enfadarlo más de lo que ya estaba. Él se sentó a su lado, mirándola profundamente. Con su voz fría le habló de forma tranquila, pausada; y eso la asustó más.

-Intenté hacer de ti una excepción, tratarte de forma privilegiada sobre las demás esclavas. Pero tú lo único que haces es desobedecerme e irritarme.- le dijo, y con su mano derecha rozó la mejilla de Hermione.

Al principio ella tembló, creyendo que iba a lastimarla como antes. Sin embargo, pronto notó que no era eso lo que él estaba haciendo; el rubio acariciaba su mejilla corriendo hasta su cuello, como si estuviera tocando a una de sus mascotas. Hermione temblaba, ya no de miedo, sino por algo más grande que no sabía qué era. A pesar de estarla acariciando, ella pudo ver en sus ojos grises un intenso odio. Todas las acciones en él eran contradictorias; a veces creía que iba a lastimarla, pero no lo hacía. ¿Era acaso que se equivocaba viendo sentimientos oscuros en sus ojos? No, había algo negro en aquellos ojos claros, algo que la hacía sentirse amenazada a tiempo completo.

Draco continuó.

-He sido más que condescendiente contigo Niobe, algo que no he hecho con ninguna de mis esclavas. Si fueras otra, ya estarías muerta; o en la sala de torturas. Y sin embargo, tú estás aquí, viva, en mi cama….

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, y una cayó por la comisura de su ojo. Era tan desdichada¿por qué tenía que ser así¿por qué?

-No llores.- le ordenó con frialdad el rubio. Su mirada se secó aún más, de tal manera que la castaña automáticamente se prohibió a sí misma seguir llorando. Tenía miedo de lo que él pudiera hacerle si ella continuaba haciéndolo. - De ahora en adelante vas a aprender a no llorar.

-¿Vas a castigarme?- le preguntó ella repentinamente, casi en una súplica. Sus ojos marrones estaban fijos en los de él.

-Dame una buena razón para no hacerlo.- le dijo Draco, y sus ojos grises fueron iluminados por algo potente que la hizo temblar por completo.

¿Una buena razón¿Qué tal la de que ella era un ser humano! Pero eso no funcionaría con él; para los mortífagos ella era menos que un insecto. ¿Qué podía decirle? Tendría que ser rápida, si es que pretendía escapar de esa. Hermione humedeció sus labios y cerró sus ojos por unos breves instantes, no pudo ver la sonrisa tétrica que se dibujaba en el rostro de su enemigo.

-Haré lo que quieras que haga, lo que sea: es todo lo que puedo ofrecer.

Un fuego interno invadió el pecho de Draco al escuchar aquellas palabras. No podía creer lo placentero que estaba resultando todo aquello.

-Lo que sea? Estás prometiendo mucho.- le dijo con una voz suave, casi seductora.

-Lo sé.- respondió ella, abriendo sus ojos marrones y clavándolos en él.

Hermione lo miró suplicante. No podría soportar más dolor. Pero entonces dos imágenes volvieron a su mente: Brena y la esclava desmayada. No pudo contenerse, tenía que preguntar por ellas.

-¿Brena¿Está bien¿Y la esclava que se desmayó¿Cómo están ellas?

Draco sonrió secamente.

  • Me sorprendes; te estoy dando la oportunidad de liberarte del castigo y tú preguntas por dos esclavas que hicieron lo mismo que tú…desobedecer.- dijo con frialdad, mas manteniendo aquella tranquilidad que tanto asustaba a Hermione. - No puedo ser condescendiente con tantas esclavas, solo contigo. Así que está en tus manos, o ellas sufren el castigo, o lo sufres tú.

Repentinamente el miedo se desvaneció del cuerpo de la castaña. Sus ojos se llenaron de lágrimas pero no soltó ninguna.

-Castígame entonces, pero que ellas estén bien.- dijo y cerró los ojos volteando la cabeza, esperando en cualquier momento aquella terrible mordida.

Pero aquello no sucedió. Después de unos minutos ella abrió los ojos nuevamente, y volteó mirando a Draco, quien la miraba fijamente, sin hacer nada contra ella.

-No sé si eres una filántropa, o extremadamente tonta.- le dijo él esbozando una sonrisa irónica.- No voy a castigarte, ni a ellas, por esta única vez; pero voy a tomar tu palabra. Harás todo lo que yo quiera de ahora en adelante, sin preguntar por qué, sin cuestionar mis métodos. Debes prometerme que de ahora en adelante vas a obedecerme ciegamente. Quiero poder confiar en ti, pero tú no estás poniendo de tu parte.

-Puedes confiar en mí, jamás he hecho nada en contra de ti. Hasta ahora, he hecho lo que me has pedido, sin preguntar por qué, sin pensarlo dos veces..Lo de ésta tarde, fue un impulso, una debilidad. Estaban entrenando bajo la lluvia helada, era inhumano.

-Y quién te dijo que nosotros, los mortífagos, tenemos algo de humanos.- dijo Draco con seriedad..

Él volvió a acariciar su piel. Era extremadamente suave, tersa, la más delicada piel que sus manos hubieran tocado jamás. Ninguna de las mujeres que habían pasado por sus manos eran tan deleitablemente suaves. Cada vez que la tocaba, una corriente eléctrica encendía su cuerpo, y no podía hacer más que seguir tocándola; porque lo disfrutaba. Se decía a sí mismo que le gustaba acariciarla porque sentía su posesión sobre ella. La sentía suya, allí encadenada, como un objeto que tenía tatuado su apellido. Sí, ella era su objeto; su más preciado objeto. La obsesión crecía aún con más fuerza.

-Te prometo que no volverá a ocurrir..- pronunció ella con suavidad. - Yo hice una promesa, y voy a cumplirla. Voy a obedecerte siempre, siempre..

Aquellas palabras encendieron con más fuerza el sentimiento que crecía en el pecho del rubio.

-Lo harás, porque eres mía.

-Lo soy.- dijo ella.

-Y yo también cumpliré. Tengo noticias para ti, Niobe..

Hermione se emocionó notablemente ¿Acaso había averiguado algo de su pasado? Cualquier leve pista, cualquiera sería suficiente para hacer que la esperanza volviera a ella.

Draco disfrutó de verla, tan inocentemente, esperar por una noticia real que no llegaría. Tan estúpida, ella creía que él iba a revelarle algo de su pasado, cuando su meta era alejarla de todo aquello que alguna vez la hicieron Hermione Granger.

-Parece que en tu vida anterior, tenías un hermano.- le mintió. - Estoy investigando sobre él, según mis contactos, fue vendido a otra familia pura. Si sigues cumpliendo con lo que debes cumplir, tal vez consiga liberarlo, y ponerlo bajo mi protección.

Varias lágrimas de esperanza corrieron por las mejillas encendidas de Hermione. Tenía una familia, alguien que la quería; y aunque no lo recordaba, el simple hecho de saberlo le daba razones para seguir viviendo. Miró a Draco con gratitud infinita, y él pudo notarlo. Mas su expresión seguía siendo fría, seca.

-Harías eso? Lo liberarías? Lo protegerías?- dijo ella inocentemente.

-Yo cumplo con mi palabra Niobe.- dijo venenosamente. - Si digo que lo haré, es porque lo haré. Pero tú debes también satisfacerme..

-Haré lo que sea. Lo que sea.

-Bien entonces.- dijo Draco sonriendo. - Te soltaré e irás a descansar. Te quiero con energías mañana por la mañana. Tú y Brena me acompañarán.

-¿A dónde?- preguntó Hermione mientras él la soltaba de las cadenas.

Pero después de que él le respondió, por alguna extraña razón, deseó no haber preguntado.

-Al bosque.

Ginny exprimió su cabello dejando que el agua cayera sobre la tierra. La noche estaba terriblemente oscura, y la lluvia parecía tomar más intensidad a medida que las horas pasaban. Habían caminado durante horas buscando refugio, todos estaban totalmente empapados y tiritando por el frío hasta que Harry logró ver un árbol con un agujero bastante grande. Los seis amigos entraron en él como si fuera una cueva, y en realidad bien lo parecía. Definitivamente los árboles de Tirania eran los más grandes en el mundo mágico. Ron encendió una fogata en el centro, y aunque se mantení bastante débil, conseguía mantenerlos tibios.

-¿Qué tan lejos estamos de Halt Mich?- preguntó Ron a George.

El pelirrojo retiró algunos cabellos de su frente y sus ojos almendra recorrieron el mapa.

-Según mis cálculos a un día más de caminata. Suponiendo que no nos detengamos.

-Hasta ahora hemos tenido suerte.- dijo Fred. - Nada inusual ha sucedido en el bosque.

-No creo que hayamos tenido suerte..- dijo Harry fijando sus ojos verdes en el pelirrojo. - Creo que tenemos que tener más cuidado que nunca. El hecho de que no hayamos encontrado hasta ahora interrupciones es bastante sospechoso.

-Harry tiene razón.- dijo Ginny, pero automáticamente se sonrojó y bajó la mirada. Lo había dicho sin darse cuenta de lo que salía de sus labios así que continuó tratando de no mirar al moreno. - Mejor será que intentemos dormir para levantarnos temprano mañana.

Todos estuvieron de acuerdo y se recostaron como pudieron, apoyados en las paredes del gran tronco. Luna estaba empapada e intentó dormir. Justo cuando estaba a punto de conseguirlo la voz de Ron le susurró en el oído.

-Luna, quiero saber qué está pasando..

La rubia entendió las palabras, pero el sueño la venció y quedó profundamente dormida.

La luz del alba roció su frescura sobre el rostro porcelánico de Luna. Sus ojos azules se abrieron antes que los de nadie, y pudo ver que el diluvio había terminado. Una sonrisa infantil se dibujó en su rostro. Su primer impulso fue despertar a todos, pero los vio tan tiernamente dormidos, que decidió que una media hora más de sueño no les caería mal. Pasó su suave mano por la frente de Ron, apartando algunos mechones pelirrojos, y luego se levantó silenciosamente. Cuando salió del tronco los cuervos cantaron y volaron de algunas ramas a otras. Era como si la sola presencia de Luna los espantara. La rubia respiró estirando su brazos y sonriendo mientras algunos rayos de luz caían sobre sus facciones.

No podía sospechar siquiera lo cerca que estaba del peligro.

Luna vivía en un estado de elevación mental, por eso no estaba en su naturaleza sentir miedo sino a la maldad misma. Inocentemente decidió caminar por los alrededores del bosque, para así estirar sus piernas. Algunas hojas caídas volaban a su paso, o se pegaban en los bordes de su vestido blanco. La ligera brisa de Tirania rozaba sus mejillas y les daba una tonalidad rosa. Humedeció sus labios e inmediatamente, tras escuchar el llanto de un joven, se escondió tras un roble. Lentamente, asomó sus ojos azules para observar lo que estaba unos metros de ella.

La escena la conmovió.

Un joven de cabello negro y piel blanca sollozaba sentado en una piedra. Sus manos cubrían su rostro, pero Luna podría bien decir que tenía que tener su misma edad, o quizás unos pocos años más. Cargaba una camisa blanca y una capa morada, su pantalón era negro, al igual que sus botas. Parecía sufrir un gran dolor, y Luna, quien por naturaleza no podía soportar presencia del dolor ajeno, poco a poco fue saliendo de su escondite, caminando hacia aquel hombre.

-Perdón¿puedo ayudarle?- preguntó la rubia parando a unos pasos de él.

El joven retiró las manos de su rostro, y unos ojos negros profundos se clavaron en los de ella. La miró fijamente a los ojos, y como lleno de un sentimiento se levantó y caminó hacia ella.

-Bella..- dijo con una voz suave y seductora.

Luna no comprendió hasta que vio al jóven caer al suelo como desmayado. Ella quiso acercarse para ayudarlo, pero entonces vio cómo se retorcía en el piso, gimiendo, sacando gritos que se convirtieron en los rujidos de una bestia.

-No…- susurró Luna tapándose la boca mientras veía cómo los huesos de aquel hombre se ensanchaban, estirándole la piel, y cómo pelos comenzaban a crecer de cada poro de su cuerpo. Su boca fue cambiada por un hocico mosntruoso, y sus manos por garras enormes y espeluznantes. Un último rujido espantó a todos los cuervos que volaron asustados. Luna retrocedió tapándose los oídos y tropezó con una piedra, cayendo para atrás.

La bestia respiraba con sonidos espantosos, y de sus afilados dientes caían hilos de saliva. Se volteó para ver a Luna, quien se arrastraba lentamente de espaldas, intentando a lejarse de él.

-¡No he dicho que te puedes ir bella! Voy a castigarte…por haberme tenido esperándote tanto tiempo!- gruñó la bestia acercándose peligrosamente hacia la rubia, mostrando sus gigantescos colmillos.

Luna recordó lo que Ginny le había contado del bosque, y del uso que daba de cuentos de hadas para transformarlos en finales sangrientos y sumamente peligrosos. Aquel no podía ser otro cuento que La bella y la bestia…, ella era la bella, y él, lamentablemente, la bestia.

-No soy bella, te estás equivocando de personaje..- dijo Luna arrastrándose hacia atrás.

-¡No te atrevas a alejarte!.- gruñó con tanta fuerza, que ella tuvo que taparse los oídos nuevamente.- ¿Acaso no leíste el cuento, en el que para vivir feliz para siempre era necesario besar a una bestia¿Acaso no conoces este cuento, en el que todo lo que quiero es justamente lo que jamás tendré?

La bestia paró de caminar hacia ella bruscamente cuando, contra todas sus suposiciones, Luna dejó de retroceder. Con sus manos blancas y pequeñas se apoyó hasta ponerse de rodillas, y con sus ojos azules fijos en los negros de la bestia, estiró su mano porcelánica sin temor, hasta acariciar aquel rostro temible. La bestia no de movía, solo recibía las caricias que seguramente, jamás había recibido antes. Los ojos puros de Luna se llenaron de lágrimas de compasión mientras lo miraba fijamente.

-Lo siento, no soy bella..no soy a quien buscas.- dijo susurrándole.

-¡Aléjate de ella!- gritó Ginny mientras soltaba una de las flechas de su arco con tanta potencia, que le dio en la espalda a la bestia.

Un gruñido terrible golpeó al bosque mientras la bestia empujaba a Luna y la obligaba a caer al suelo.

-No!- gritó la rubia cuando vio al monstruoso animal correr hacia su amiga aún con la flecha incrustada en su espalda. Ginny consiguió esquivar el ataque de sus garras, y entonces se escuchó una voz a lo lejos lanzar un hechizo.

-Crucio!- gritó Harry mientras la bestia se quejaba de dolor y se arrancaba la flecha de la espalda.

Los ojos de la fiera se fijaron por última vez en los de Luna, y salió corriendo lejos de ellos, dejando solo sus enormes huellas en la tierra.

-Estás bien!- dijo George corriendo hacia su hermana.

-Sí, no me hizo nada.- respondió Ginny.

-Luna en qué diablos estabas pensado cuando decidiste salir sin compañía!- exclamó Fred caminando hacia ella.

-Lo siento..- dijo ella levantándose del suelo. - Pero no era tan peligroso como parecía.

Ron entró en cólera.

-Luna esa bestia casi te mata! Creo que no te has dado cuenta de lo peligroso que es éste lugar!

-De hecho, yo creo que es la única que se ha dado cuenta de lo peligroso que es el bosque.- dijo Harry mientras caminaba. - Tiene razón, esto no fue tan peligroso. Habrá cosas mucho peores.

Fred movió la cabeza de un lado al otro.

-Genial, lo único que nos faltaba: una bestia obsesionada con Luna.

Hermione despertó al sentir un soplido en su rostro. Abrió los ojos y vio a Brena frente a ella, sacudiéndola.

-Levántate ya! Debes hacerlo! Draco nos está esperando!- dijo la morena llena de vitalidad.

-¿Estás bien¿No te han hecho daño?- preguntó Hermione incorporándose y restregándose los ojos.

-Estoy bien! Pero no lo estarás tú si no te vistes ahora mismo!

Hermione se levantó y caminó hacia el baño para colocarse el kimono.

-No puedo entenderlo aún, creí que ambas íbamos a ser enviadas a la sala de torturas después de lo sucedido.- dijo Brena mirándose al espejo que había en el tocador del cuarto. - Contra todo lo esperado, estamos vivas, sin un rasguño, y Draco Malfoy actúa como si nada hubiera sucedido..No lo comprendo.

-Tal vez no es tan despiadado después de todo.- dijo la castaña saliendo del baño y cepillándose el cabello. - Tengo que admitir que yo también esperé lo peor, pero no fue así. Me prometió no hacerte daño, ni siquiera castigarte, y está averiguando sobre mi pasado.

Brena fijó sus ojos celestes en Hermione.

-Niobe, hay veces que en verdad pienso que tu olvidas quién es Draco Malfoy, y eso me preocupa.

-Es que él conmigo es diferente! No puedo evitar sentir gratitud..

-Es eso precisamente lo que me angustia! Que sea tan diferente contigo! Draco jamás habría perdonado lo sucedido a otra esclava, pero como eres tú, lo hizo ¿No te parece extraño que tenga tantas atenciones contigo?

Hermione bajó la mirada colocando el cepillo en el tocador.

-Sí, creo que es muy extraño.

-Qué te pidió a cambio de liberarnos?- preguntó Brena con inquietud.

-A cambio tengo que hacer todo lo que quiera que haga.- dijo Hermione casi inocentemente.

-No me gusta nada esto..- dijo Brena. - Eso de que debes hacer todo lo que te pida..

Ambas salieron del cuarto y entonces Brena fue la primera en detenerse bruscamente. Hermione chocó con la espalda de su amiga al intentar avanzar, y luego notó lo que la había parado. Draco se encontraba apoyado en la pared del corredor, justo a fuera del cuarto. Sus ojos fríos pasaron de Brena a Hermione, y se quedaron clavados en ella con tanta intensidad que provocaron que se sonrojara de tal manera, que no pudo evitar bajar la mirada.

-Señor..- dijo Brena bajando la cabeza en señal de respeto.

-Brena, contigo no he hablado, pero supongo que Niobe te explicará lo que discutimos ayer. No quiero que vuelvas a desobedecerme, lo esperaba de ella, pero no de ti. No perdono dos veces, la próxima no seré indulgente.- dijo Draco fijando su mirada glacial en Brena. - Tu sabes bien que no lo seré.

Brena asintió en señal de comprensión.

Draco caminó a lo largo del pasillo y ambas amigas lo siguieron de cerca.

Bajaron las escaleras siguiendo los pasos del rubio. Hermione estaba perdida en sus pensamientos, en su vida pasada, en aquella que no recordaba. ¿Acaso se estaba volviendo fría, pensó mientras bajaba las escaleras de mármol negro. Había herido a Saskia sin remordimiento alguno, solo para complacer las órdenes de Draco Malfoy. Ella sabía que tenía motivos, que debía obedecerlo porque era la única forma de establecer esa conexión que tanto deseaba con su pasado. Y sin embargo.. ¿hasta qué punto era capaz de llegar con tal de recuperar su memoria?

Hasta adonde tenga que llegar, se dijo.

Hermione nunca había salido del castillo, mucho menos por la puerta principal. Tras cruzar la enorme estancia de la sala, las puertas negras de la entrada se abrieron y ella pudo observar el exterior. Frente a ella había una gran muralla que los separaba del bosque, una fuente con dragones y demonios esculpidos, y un camino que daba a la gran puerta que les permitiría salir de las murallas que los resguardaban.

Draco se montó en un caballo negro que uno de los sirvientes sostenía. Brena tomó el blanco de la izquierda sin pronunciar palabra. El rubio fijó su mirada en Hermione.

-Toma el de mi derecha.- dijo mientras se colocaba la capucha negra de mortífago que cubría su cabeza, dejando su rostro en las sombras, y haciendo que sus ojos brillaran esplendorosos en esa misma oscuridad. Unos guantes negros cubrían sus manos, manos que le señalaban el caballo blanco que se encontraba a unos metros.

Un sirviente se acercó a Hermione y le entregó su espada samurai, después caminó hacia Brena y le proporcionó sus cadenas.

La castaña avanzó hasta estar cerca del animal. Como lo sospechaba, los caballos eran pura sangre e indomables; si quería subirse a él, tendría que ganarse su permiso.

Draco la observó en silencio. Brena pareció preocuparse.

-Señor no creo que ella sepa cómo..

-Que aprenda.- dijo él con seguridad. Sus ojos glaciales se fijaron en la castaña. Durante años había sido la mejor alumna de Hogwarts, la más astuta e inteligente. Que ahora lo probara.

Hermione estiró su mano levemente hacia el potro. El caballo relinchó y levantó sus patas delanteras del suelo unos centímetros. Ella vaciló, pero no se detuvo. Tragó saliva, y clavando sus ojos grandes y marrones en los de la yegua acercó su mano lentamente.

-Vamos pequeña, no voy a lastimarte. Yo soy como tú, también soy domada.- le dijo en un susurro. Y aquello pareció calmarla. El caballo no podía comprender nada de lo que Hermione le decía, pero el sonido de su voz femenina la volvió dócil.

La castaña colocó su mano en la cabeza de la yegua y la acarició con gentileza. Sus ojos marrones brillaron y una sonrisa pura se dibujó en su rostro. Draco se estremeció; hasta entonces no la había visto sonreir.

No supo si eso le desagradó o por el contrario, le agradó demasiado. Por eso haló las riendas de su caballo negro haciéndolo relinchar y levantar sus patas delanteras en el aire, agitándolas.

-Ya súbete, no hay tiempo que perder.- le dijo friamente y cabalgó hacia la puerta.

Hermione se montó en la yegua y junto a Brena se encaminaron a la puerta de la muralla, que ahora se encontraba abierta.

Una gran espesura se abrió ante sus ojos.

Draco estaba al frente, y sin voltear para mirarlas les ordenó:

-Colóquense las máscaras.

Brena sacó del bolsillo de su kimono un antifaz blanco y se lo colocó. Hermione metió la mano en el suyo, rogando porque estuviera allí la mascarilla. Sus dedos finos acariciaron el material del antifaz. Lo sacó y se lo puso al igual que Brena.

El sonido de los cuervos que se posaban en los grandes robles de la entrada, a una gran profundidad, le dijeron que estaba frente al bosque de Tirania. Draco siguió como si nada, y Brena la miró antes se seguirlo.

-Cuando entremos, debes galopar con fuerza. Solo no pierdas de vista a Draco.

-Está bien.- dijo la castaña.

Draco volteó ligeramente y las miró a ambas con frialdad. Las dos bajaron la mirada. Luego volvió a mirar al frente, y alzando las riendas, el caballo negro galopó con fuerza al interior. Brena y Hermione hicieron lo mismo, esquivando árboles y ramas angostas.

Cabalgaron con extrema rapidez, y Hermione no comprendió cuál era la prisa hasta que vio las siluetas de cosas monstruosas a su alrededor quedar atrás mientras avanzaba. Esas figuras le eran bastante conocidas. A un lado vio un río oscuro con un hombre en una barca, y entonces supo qué era lo que estaban cruzando con tanta prisa.

El infierno pensó.

Caronte, aquel que llevaba las almas en pena a lo largo de un río quedó atrás. Claro, aquel era el infierno de La divina comedia. Recordó haber leído el libro en algún momento de su existencia. Pronto las siluetas y las sombras desaparecieron, y el bosque se convirtió en lo que era: un bosque. Draco paró bruscamente frente a un gran árbol. Una mujer de cabellos largos y verdes con piel morena y ojos verdes claros se encontraba frente al roble. Brena miró a Hermione.

Es una Driada, una ninfa de los árboles. Ella fue capturada por los Malfoy y con su ayuda nos puede transportar a cualquier parte en cuestión de segundos.- le explicó Brena.

-Cállense.- ordenó Draco al oírlas susurrar. - A Hogsmade.- le dijo a la Driada.

La bella mujera tocó el árbol con sus manos, y éstas se hundieron en él. Un gran agujero se abrió en el tronco, lo suficientemente grande como para que Draco entrara. El rubio bajó de su caballo y penetró en el roble. Brena hizo lo mismo. Hermione bajó de su caballo y antes de seguir a su amiga miró a la Driada, que la observaba con algo tétrico en su rostro, y aún así, hermoso.

La castaña entró, y la oscuridad se apoderó de su alrededor.

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