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Historia 54988 — capítulo 9

Capítulo IX

Inocencia cruel

Hermione se vio pronto en un lugar que, a pesar de estar casi desierto, se le hacía bastante familiar. Había calles, tiendas, letreros..pero las pocas personas que transitaban permanecían en silencio, y cuando vieron la presencia de Draco, cubierto con la capa de un mortífago, se alejaron casi corriendo. El rubio se volteó y mirando fijamente a Niobe habló.

-No quiero que te separes de mí ni un instante¿entendiste?

-Sí.- respondió la castaña.

Draco avanzó por la calle. Brena miró a su amiga y en un susurro le dijo:

-Qué protector..

Ambas caminaron, siguiéndolo. Hermione vio algunos cuerpos en el suelo, gente asesinada seguramente por mortíos. Sin embargo, guardó la repulsión que sentía y permaneció fría. Tal vez sí estaba aprendiendo a ser insensible después de todo.

Es necesario para sobrevivir.. pensó mientras avanzaba.

Algunas personas miraban a Brena y a Hermione por los cristales de las ventanas, y parecían verlas con lástima. Sabían que eran esclavas bajo el hechizo de obliviate, y habrían dado cualquier cosa por poder identificar sus rostros. Sin embargo, el antifaz las volvía irreconocibles, ni aunque sus propios progenitores pasaran ante ellas las reconocerían.

Draco se desvió por un callejón. Ambas los siguieron de cerca, pero pronto se detuvieron ante una señal de su parte. El rubio se pegó a la pared y las obligó a hacerlo. Algo le impedía voltear en aquella esquina.

Draco había alcanzado a ver antes de voltear a Molly, Arthurd y Percy Weasley por el callejón diagonal. No podía ni iba a permitir que Hermione estuviera siquiera cerca de ellos. Con mano derecha agarró a Hermione por la muñeca, asegurándose de que ella estuviera ahí, con él, y no con ellos. Sus ojos grises se llenaron de odio mientras escuchaba las voces de aquella familia que tanto detestaba.

-Los estúpidos de Fred y George…lo habría esperado de ellos, pero no de Ron.- comentó Percy. - Siempre fue más inteligente que ellos..

-Ya basta Percy! Buscar culpables no va a solucionar nada.- dijo Arthurd. Su voz sonaba exhausta. - Ya reporté su desaparición al Ministerio.

-Están solos Arthurd! Solos en ese bosque maldito! Quién sabe si volveré a ver a mis hijos! Mi Ginny, oh mi pequeña!- sollozaba Molly inconsolablemente.

Ya váyanse, asquerosos pobretones, pensaba Draco con ansiedad tras el muro. No se percataba de lo mucho que apretaba la muñeca de Hermione.

-Lo peor de todo esto no es que hayan entrado a Tirania en busca de quién sabe qué! Sino que se llevaron a dos mujeres con ellos. Ginny, aunque recibió preparación sigue siendo una mocosa.- dijo Percy colérico. - Y Luna, por favor! Está en cualquier parte menos en el planeta tierra. Han llegado demasiado lejos. Todo por culpa de Potter.

-¡No lo culpes a él!- dijo Molly furiosa. - ¡No te atrevas a ponerte nuevamente en su contra!

-No puedo creer que aún después de todo sigas defendiéndolo.- dijo el pelirrojo. - Es él quien tiene la culpa de todas las desgracias de nuestra familia. Ron no debió juntarse jamás con él. Cuando estuve en Hogwarts debí haberlo impedido..

Draco notó que las voces comenzaban a desvanecerse hasta desaparecer. Lentamente soltó la muñeca de Hermione y asomó sus ojos grises para ver nuevamente el callejón desierto.

-Por fin.- dijo como para sí mismo.

Brena miró de reojo a Hermione, quien le devolvió la mirada de desconcierto total. No tuvieron tiempo de pensar más; Draco comenzó a caminar nuevamente y con bastante rapidez, dejándolas atrás.

-Ya no puedo más..- dijo Fred apoyándose en una roca. - Descansemos aunque sea dos segundos. Ron se sentó cerca de un árbol y sacó su varita.

-Quieren comer algo?

-No, suficiente con el desayuno que apareciste.- dijo George cruzándose de brazos. - Saben, esta es la pérdida de un tiempo precioso..

-Hemos caminado sin parar ni un solo segundo George, ya cállate.- dijo Fred tomando aire.

-Como quieras!- le respondió George molesto y cerrando el mapa.

Harry permanecía callado, apoyado en un árbol, con sus ojos fijos en la nada. Ginny intentaba no mirarlo. Desde el incidente con la bestia aquella mañana, el moreno no había hecho otra cosa que mirarla con reproche. Sí, la había salvado, pero eso no significaba que ella no pudiera cuidarse sola. Ginny sabía lo que estaba pasando por la cabeza egocéntrica de Harry en esos instantes, la miraba con reproche porque su propia profecía se estaba haciendo realidad: Ginny estaba siendo una distracción. La bestia había estado a punto de herirla, y él no tenía tiempo como para cuidarla. Existían cosas más importantes, cosas que no podían posponerse. Por eso la pelirroja evitaba esa mirada, y la evitaba porque en el fondo le dolía todo lo que viniera de él.

Harry, por el contrario, sentía que la ira lo carcomía lentamente cada vez que estaba cerca de ella. No porque la odiara, sino por el contrario: por aquella inmensa pasión que crecía dentro de él, y que lo desviaban de su objetivo principal. Ginny tenía que entender que lo de ellos era imposible, que él debía sacrificar lo que sentían para mantenerla a ella alejada de toda la oscuridad de su vida. No podía hacer otra cosa que canalizar su rabia en la pelirroja, pues ella no parecía querer entender. Él la necesitaba lejos, y ella, sabiendo que era así, había ido al bosque. Eso lo enojaba terriblemente, y habría querido gritar por la ira en ese mismo instante. Sin embargo ya estaba acostumbrado a consumir su propio fuego, sus propios sentimientos. Sentía que se estaba ahogando, pero quizás, solo quizás, eso era lo mejor.

Ginny caminó hacia unos arbustos. Parecía inhalar con fuerza, como absorviendo el aroma de algo. Miró a su alrededor, arriba, abajo, y luego a sus amigos. Sus ojos miel se clavaron en ellos y no dijo nada sino después de unos segundos.

-No huelen eso?

Todos comenzaron a inhalar, pero ninguno pareció sorprenderse.

-No.- respondió George. - Tal vez es un truco del bosque.

-O se está volviendo loca.- dijo Fred entornando los ojos.

Luna, por el contrario, permanecía con sus ojos azules eléctricos fijos en los arbustos que estaban detrás de su amiga. Ginny lo notó y la miró confundida.

-Pasa algo Luna? Tú también el hueles?

-Aléjate de ese arbusto.- dijo Luna suavemente. Su rostro estaba sereno, como si nada estuviera sucediendo en realidad.

-¿Por qué?- preguntó Ginny aturdida.

-Porque detrás de ellos hay cadáveres.

La respuesta de Luna fue tan perturbadora que Fred cayó de la roca en la cual había estado sentado. Ron y Harry se alejaron de los árboles en los que habían estado apoyados y miraron a la rubia. George caminó hacia Luna sin poder creer aún que aquellas palabras tan macabras hubieran salido de aquellos labios con tanta tranquilidad. Tomó su brazo derecho con algo de fuerza sin darse cuenta de ello y la reprendió con la mirada.

-Luna tienes alguna idea de lo que estás diciendo!- dijo George con un tono de voz bastante severo.

-Suéltala!- dijo Ron mirando a su hermano bastante molesto.

George la soltó notando lo que había hecho.

-Perdóname.- le dijo avergonzado a Luna.

-¡Se está volviendo loca¡Loca!.- dijo Fred levantándose del suelo. - A ella sí le está afectando el bosque.

-A quién no!- dijo Ginny mirando friamente a su hermano.

-Ya cállense.- dijo Harry, y todos se mantuvieron en silencio, mirándolo a él. - Si crees que Luna está loca Fred, entonces por qué no vas a ver qué hay detrás de los arbustos y salimos de dudas?

El gemelo vaciló. Su rostro había tomado una tonalidad bastante pálida y sus ojos pupilas se dilataron. Se pasó la mano por la cabeza y lanzó un quejito de rabia mientras se apoyaba en un árbol. Harry se mantuvo inexpresivo.

-Lo suponía, no vas a hacerlo.- dijo el moreno mientras sus ojos verdes brillaban con intensidad. - Creo que ya todos nos hemos dado cuenta que Luna tiene facultades especiales en este bosque, para ver y sentir cosas que nosotros no percibimos. Cómo y por qué las tiene, eso no lo sabemos y dudo que ella lo sepa. Podemos desesperarnos y asustarnos ante lo que no comprendemos, o aprovechar que tenemos a alguien que sabe cosas que nosotros desconocemos para avanzar y sobrevivir en este maldito bosque.

Todos se mantuvieron en silencio durante varios minutos. Luna entornó los ojos y caminó bruscamente hasta el arbusto.

-Véanlo ustedes mismos!- dijo y con una mano apartó la maleza antes de que alguien pudiera detenerla.

La imagen que se apareció ante ellos fue repugnante. Ante ellos estaba una carnicería humana, y pequeños duendes recogiendo los fragmentos podridos de quienes alguna vez estuvieron vivos. El escenario estaba lleno de moscas, y el olor a putrefacción comenzó a espanderse en el preciso instante en el que Luna apartó la maleza.

-Oh Merlín…- dijo Fred dándose la vuelta para vomitar cerca de un árbol.

Ginny se tapó la nariz y la boca al igual que los demás, que parecían tener el estómago más fuerte que el de Fred. Luna sonrió satisfecha, Ron la miró espantado.

-¿Cómo puedes sonreir en un momento como éste?- le dijo molesto.

El rostro de Luna se ensombreció.

-Perdón.- dijo casi en un susurro, y bajó la mirada.

-Desde cuándo los duendes se alimentan de restos humanos?- preguntó Ginny asqueada.

-Aquí todo es posible.- dijo George mientras se apartaba y caminaba lejos de allí. - Sigamos. La próxima vez yo escogeré el lugar en el cual paremos a descansar.

Draco entró a un especie de bar completamente vacío a excepción por la presencia de otros mortíos y alguno que otro borracho en la esquina. Brena dejó salir un leve grito al ver al cantinero muerto en el suelo, pero no dejó que ello la perturbara. Draco se sentó en la mesa en la cual los otros mortífagos se encontraban. Brena se quedó parada a su lado izquierdo, y Hermione a su derecho. El rubio retiró su capucha, y varios cabellos cayeron por su rostro angelical. Sus facciones eran tan finas y frías; sus ojos tan implacables. Hermione se vio hipnotizada mirándolo, sintiéndose incapaz de comprender cómo un ser tan perfecto podía ser un asesino. ¿Cuàntas vidas se habìan ido gracias a aquellas manos pálidas que ahora se cubrían bajo aquellos guantes de cuero negro? -Era necesario traer a tus esclavas?- preguntó un mortío bastante jóven también. - Me da asco su sola presencia.

-Pues tendrás que tragártela.- dijo Draco con frivolidad. - Habla de una buena vez, no tengo tiempo.

El mortío dio una mirada despectiva Brena y a Hermione.

-El señor oscuro quiere verte.- dijo con seriedad.

-Pues tendrá que esperar.- contestó agresivamente el rubio.

Hermione tembló. ¿Hasta qué punto podía llegar Draco con su arrogancia¿Era acaso tan petulante como para ni siquiera ceder ante su amo?

El mortío también pareció palidecer ante la respuesta de Draco. Otro mortífago intervino.

-Vas a enojarlo. No abuses de la preferencia que tiene contigo.

-Poco me importa su preferencia.- respondió Draco. - Él y yo hicimos un trato; yo me unía a los mortífagos porque ambos buscábamos el mismo fin: poder, y eliminar a los sangre sucia. Pero si me unía, no iba a ser uno de sus tantos lamebotas.

-En fin.- dijo otro mortífago. - Cuando decidas hablar con él, nos avisas. Por ahora, te toca convencer a los licántropos que se unan a la revolución. Será fácil, solo háblales del bosque y el festín de sangre que le vamos a ofrecer con los impuros.

La respiración de Hermione se hizo pesada. ¿Acaso iban a sacrificar a todos los impuros para alimentar al bosque¿Eso la incluía a ella? Y entonces, increíblemente, se dio cuenta de algo terrible: ya no le importaba su vida. Si moría en ese mismo momento, no le importaría en lo más mínimo. ¿Acaso era tan infeliz que ya ni ganas de vivir tenía?

Si recordara, entonces tendría razones para existir pensó.

  • Me encargaré de los licántropos.- dijo Draco. - Y de los elfos oscuros también.

  • Ya te enteraste lo de tu prima, Malina.

  • Siempre lo supe.- dijo con arrogancia. - Solo que en mi familia todos son lo suficientemente estúpidos como para no darse cuenta de las cosas más obvias.

  • No sé cómo puedes llevar esas cosas repugnantes a cuestas.- dijo un mortío mirando a Brena y a Hermione.

Un borracho en una esquina derramó algunas botellas que se quebraron en el suelo interrumpiendo la conversación. Draco fijó los ojos en aquel anciano decrépito, y luego posó sus ojos de puñales en Brena.

-Mátalo.- le ordenó.

Brena no dudó ni un instante, pero Hermione pudo ver que mientras caminaba hacia el anciano, una lágrima corría por su mejilla. La morena sacó su cadena con púas y con un solo movimiento lo destrozó. Hermione solo pudo ver la sangre chispear contra las paredes y esparcirse en el suelo. Brena limpió la cadena con la manga de su Kimono blanco.

Draco fijó sus ojos grises en los mortífagos que estaban en la mesa con una fría sonrisa en sus labios.

-Por eso cargo a cosas repugnantes.

Draco salió del bar y caminó por varios callejones hasta llegar al punto de partida. Hermione y Brena lo seguían siempre de cerca, y ésta vez sin decir nada. Al llegar al mismo lugar por donde habían entrado, aparecieron nuevamente en el interior del viejo tronco. Brena salió, y Hermione estuvo a punto de seguirla, pero entonces sintió una mano que rodeó su cintura y la pegó contra las paredes del interior del tronco. El lugar era oscuro, pero los ojos grises de Draco brillaban muy cerca de ella, y podía sentir su aliento embriagador mezclandose con su propia respiración. Draco la pegó con más fuerza contra el tronco, y ella soltó un ligero gemido.

-Lo que hizo Brena hoy, lo tendrás que hacer tú algún día.- le dijo, y aunque ella ya no intentaba moverse, apretó más sus manos contra su cintura.

-Ya sé eso.- dijo Hermione con voz débil. No sabía por qué, pero tanta cercanía la ponía demasiado nerviosa.

Draco permanecía frío.

-Bien.

Con esto la soltó y salió del tronco. Hermione caminó lentamente hacia fuera. La Driada permanecía apoyada en el árbol, y no dijo nada cuando los vio salir. Brena le lanzó una mirada de curiosidad y temor a Hermione, pero tampoco se dijeron nada.

Draco se montó en su caballo negro y galopó por un lugar diferente al cual habían atravesado antes. Hermione miró preocupada a Brena, y ella entendió de inmediato.

-No te preocupes, es que el bosque a veces cambia los caminos para confundirnos. Draco sabe lo que hace, estaremos en el castillo antes de lo que esperas.

-Él parece saber todo sobre las cosas macabras y oscuras.- dijo Hermione mientras galopaba al lado de Brena.

-No tienes ni idea..- completó.

Siguieron a Draco muy de cerca, pero ya no iban con rapidez. Poco a poco el rubio iba descendiendo la velocidad, hasta que de repente se detuvo con brusquedad. Brena haló las riendas para que su caballo se detuviera a tiempo. Hermione hizo lo mismo y el caballo blanco elevó sus patas en el aire. Draco se mantuvo en silencio y sin moverse, sus ojos grises recorrían los alrededores, sin mirar a sus esclavas. Aún dándoles la espalda, habló con voz gélida.

-No estamos solos.

Hermione sintió su corazón palpitar con fuerza incontenible. ¿Cómo era posible que él lo hubiera percibido con tanta facilidad¿Era acaso que el mal solo podía ser sentido por aquellos que pertenecían a su misma especie¿Era por eso que el bien siempre era corrompido? Porque no podía sentir llegar a su enemigo…

Unas ramas se quebraron haciendo un sonido fuerte.

Era la señal.

Brena cabalgó al frente de su amo, Draco, y sacando su cadena estuvo pendiente a cualquier movimiento. Fue entonces cuando Hermione recordó que era guerrera de los Malfoy, y que su deber era protegerlo como pudiera. Colocándose atrás del rubio sacó su espada y comenzó a inspeccionar alrededor. Tenía que descubrir qué era lo que estaba escondiéndose en el bosque, debía hacerlo porque había jurado servicio a Draco, y él sí estaba cumpliendo su parte al ayudarla a recordar.

Sin embargo, Draco parecía cualquier cosa menos asustado. ¿Cuán frío podía llegar a ser? Sus ojos grises permanecían tranquilos, con una paz casi demoniaca. Sus facciones mantenían la misma inexpresividad de siempre, y había oscuridad en ellas. A Hermione se le erizó la piel cualo lo vio sacar lentamente su varita. Sí, después de todo le temía.

Entonces pudo percibir a su lado izquierdo un movimiento. Antes de que ni ella misma comprendiera qué sucedía había sacado una de sus dagas y la había lanzado directamente, sin siquiera ver bien qué era, al tronco de donde había provenido el movimiento. Draco y Brena se voltearon, y vieron a una mujer con cientos de cabezas atrapada con la daga en el árbol, sangrando.

-Qué rápida.- dijo Brena sonriéndole.

Pero la mirada furiosa de Draco borró su sonrisa y la obligó a bajar la cabeza. El rubio miró a Hermione clavando sus ojos en ella y con impaciencia habló:

-En dónde aprendiste eso?- le dijo con sequedad.

-No lo sé…creí que era mala con las dagas.- respondió ella bajando la mirada.

Draco no dijo nada más. Sentía una ira interna y debía descargarla con alguien, así que le lanzó a la Hidra de Lerna el Avedra Kadevra. No sabía por qué, pero el hecho de que Hermione Granger hubiera podido atrapar más rápido que él a aquella criatura del bosque lo enfurecía.

Quizás era porque en el fondo, aún seguía compitiendo con ella.

Siempre, cada año de su adolescencia, y ahora juventud, Hermione Granger le había restregado en la cara su supuesta perfección. La asquerosa sangre sucia a quien él tanto despreciaba, no cometía ni un minísculo error en su estúpida y patética existencia. Creyó que el tenerla en sus manos sería suficiente para aplacar su ira, pero no era así, y ahora comprendía por qué: era porque a pesar de su inferioridad, era insoportablemente perfecta en cada una de sus acciones, para compensar la imperfección de su sangre. Lo enfurecía aún más el hecho de que fuera tan excelente en todas las áreas de desempeño: inclusive siendo su guerrera y esclava, era perfecta. En ese momento se sintió notablemente irritado, y trató de no mirarla, de no dirigirle la palabra siquiera; porque tenía miedo de perder el control y torturarla en ese mismo lugar.

-¿Qué era eso?- preguntó Hermione mirando el cadáver de la mujer de cientos de cabezas.

-Es una Hidra de Lerna.- respondió Brena.- No me preguntes cómo lo sé, seguramente en mi vida pasada conocí a una.

Draco siguió sin mirarlas, y ellas galoparon cerca de él, pero manteniendo la distancia debida.

-Mataste a alguien.- dijo Hermione repentinamente, en voz muy baja.

Brena no miró a la castaña, mantenía su vista al frente.

-Sí, eso es lo que somos ahora Niobe: asesinas.

Hermione no dijo nada el resto del camino, y también ignoró esa pequeña vocecita infantil que escuchó en los matorrales y repetía contínuamente:

"1,2,3…juguemos en el bosque.."

George caminaba al frente con Fred, siguiendo la brújula y el mapa mágico. Harry iba detrás de ellos, y a unos metros Ginny. Ron iba al lado de Luna, siendo ellos los últimos. La luz de la tarde cada vez era más débil, algunas sombras se comenzaban a formar por las figuras del bosque. Nadie había pronunciado palabra desde el incidente con los duendes, y tal vez era mejor que así fuera. Ron volteó y pudo ver una lágrima correr por el rostro de Luna.

No supo por qué, pero eso lo hizo sentirse vulnerable.

-Pasa algo?- le preguntó.

-Me siento terrible.- respondió ella con voz suave.

-Te duele algo?

-El alma.

Ron fijó sus ojos miel en ella, sin entender el lenguaje que utilizaba para expresarse. Las mejillas blancas de Luna estaban encendidas, rosadas, mientras algunas lágrimas corrían por ellas, bañándolas de amargura.

-Por qué te duele el alma?- le preguntó el pelirrojo, sintiéndose algo estúpido por repetir aquellas palabras que para él no tenían sentido.

-Es que pesa tanto Ron, pesa tanto.- le dijo casi en un susurro. - Pero eso no es lo principal, yo puedo cargar el nuevo peso que tengo encima. Es que tenías razón allá cuando nos detuvimos. Soy un ser insensible¿cómo pude sonreir mientras estaban todos esos cadáveres en el suelo?

Y Ron comprendió de inmediato.

  • Luna, yo estaba alterado, no debí haberte reprendido de esa forma.- le dijo sonriéndole. - Fue una estupidez, no te sientas mal por eso.

  • No fue algo estúpido.- dijo ella. - Soy frívola.

  • Luna, no hay forma en que tú puedas ser frívola. Eres el ser más inocente de la tierra, y a veces es esa misma inocencia la que no te deja ver algunas situaciones.

Luna se secó las lágrimas pero su expresión no cambió. Fijó sus ojos azules en los del pelirrojo.

-Yo sé que es inocencia, y ésta crece cada vez más; es eso lo que hace de mi alma tan pesada. Pero Ron, la inocencia puede llegar a ser más peligrosa que el odio, y por qué no, que el mal mismo.

Ron la miró inquisitivamente.

-Luna¿qué pasó ese día en la orden?

Luna bajó la mirada unos instantes y luego la volvió a subir para mirar directamente al pelirrojo.

-Ese día pusieron el peso sobre mi alma.

Ron quiso decir algo, pero entonces vio cómo George, Fred, Harry y Ginny se detenían repentiamente frente a una muralla de piedras blancas, un poco cubiertas por plantas trepadoras. Se quedaron allí, mirando la grandeza de las paredes. Una sonrisa se dibujó en el rostro de George.

-Amigos, hemos llegado a Halt Mich, ciudad de magos y brujas medievales.

Hermione abrió la puerta del cuarto de Draco y entró. Respiró aliviada cuando vio la habitación vacía. No entendía bien por qué el rubio le había ordenado pasar las tardes en su cuarto, pero suponía que era para mantenerla vigilada con facilidad. La castaña humedeció sus labios y recorrió el lugar con la mirada. No sabía por qué todo aquello que rodeaba al rubio la embelesaba de alguna extraña manera. Caminando por el sitio, pasó sus manos por los bordes de la cama, acariciando la seda. Llegó a un aparador, en donde descansaban algunos objetos y posiones. Pasó su mano derecha también por ellos, y luego se concentró en uno de los cajones. Volteó para comprobar que estaba sola, y luego lo abrió. Con la curiosidad de una niña sacó una caja de madera con serpientes tatuadas. Acarició con sus dedos la tapa, y luego la abrió con delicadeza. En ella habían algunos recortes del Diario el Profeta, todos sobre ataque mortíos. Hubo uno en especial que llamó su atención, pues tenía en la portada a una mujer sumamente hermosa. Su cabello era rubio, casi plateado, lacio con leves bucles al final, su piel extremadamente blanca, y con facciones angelicales le recordaron a las de Draco. Sus labios estaban pintados de carmín, y contrastaba con su piel y su vestido negro. Fue entonces cuando vio que su nombre era "Narcisa Malfoy", bajo el título de: "Otra víctima del bosque de Tirania"

-Es su madre..- dijo casi en un susurro.

Pero no pudo pensar en inguna otra cosa. Pues sintió una mano agarrándola por el brazo con brusquedad y lanzándola al otro lado de la habitación. Hermione tuvo que hacer esfuerzos para no caer, y se sostuvo a la pared golpeándose un poco. Cuando miró al frente deseó no haberlo hecho, pues la ira de los ojos grises de Draco era tan grande como jamás la había visto. Su cuerpo tembló, y sus ojos se llenaron de lágrimas mucho antes de que los gritos estallaran por la habitación. Solo él tenía la capacidad de hacerla sentir así con una sola mirada.

-Nunca, me oíste? Nunca te atrevas a tocar mis cosas!- gritó Draco con furia lanzando la caja con los recortes al suelo.

Hermione se pegó a la pared y cerró los ojos con fuerza por el ruido que hizo la caja al caer.

-Perdón! No pensé…- dijo ella temblando.

Draco caminó hacia ella y la acorraló en la pared. Sus manos atraparon el cuello de la castaña, aún con los guantes negros puestos, y ella soltó un gemido mientras gruesas lágrimas corrían por las comisuras de esos ojos.

-No te atrevas a seguir llorando, te lo he prohibido ya.- dijo con voz tétrica, que solo consiguió alterar más a la castaña. - Que pares ya!

-No puedo..- dijo ella sollozando. Se sentía tan estúpida. Sus pequeñas manos estaban aferradas a las de él, mientras Draco sostenía su cuello con fuerza, pero sin apretar aún.

El rubio se pegó a ella, y Hermione soltó un leve grito. Sus narices se rozaban, y el aliento que salía de su boca se mezclaba con el de ella. Hermione podía sentir los mechones rubios que caían de su frente rozar la suya.

-Eres mía, y harás lo que yo quiera que hagas. Quiero que de ahora en adelante aprendas lo que es obediencia, y obedecerme en éste instante es dejar de llorar como un estúpido animal asustado. Tus lágrimas me fastidian, y van a desaparecer porque así lo he decidido.- Draco apretó el cuello de Hermione levemente, y ella soltó un quejido. - El llanto es de los débiles, y ninguna de mis guerreras va a ser débil. Lo sangre sucia no puedo quitártelo, pero sí la debilidad y el miedo. Así que para de una buena vez!

Hermione quería parar, en verdad quería hacerlo, pero las lágrimas seguían fluyendo y no podía hacer nada para detenerlo. El hecho de que aquellos ojos grises estuvieran tan cerca de ella, y que su cuerpo estuviera atrapado en el de él solo empeoraba las cosas. Desde su llegada a aquel lugar, en muy pocas ocasiones había llorado, mostrando una gran frialdad; pero ella no era de piedra¿cómo esperaba él que lo fuera?

Draco la soltó con brusquedad, dejándola caer al suelo. El rubio no se quitó la capa, ni los guantes; solo caminó hacia una silla tapizada en la cual se sentó y con ojos frívolos la miró secamente.

-Precisamente por esto te quiero cerca Niobe; para enseñarte lo que debes aprender para seguir a mi lado. Nada es gratis, y ahora vas a aprender tu primera lección: ser fuerte.- dijo mientras ella lo miraba sollozando en el suelo. - Esto va a dolerte, pero solo así podré enseñarte. Lo haremos hasta que de tus ojos no salga ni una sola lágrima, así que dependerá de ti.

Hermione no entendía lo que él estaba diciendo hasta que lo vio sacar su varita. Trató de levantarse y correr hacia la puerta, pero el hechizo crucio llegó antes de que pudiera siquiera moverse.

Un grito de dolor se esparció por el lugar. Hermione se retorció por el piso, mientras lágrimas corrían por sus mejillas rosadas. Draco la observaba inexpresivamente, no entendiendo por qué ya no sentía placer al verla sufrir. No sentía nada en su interior, absolutamente nada. Sin embargo se sentía con el repentino deber de hacerle ver la realidad, y esa era que el mundo solo era para los fuertes. Ella y su inocencia casi infantil…eso debía desaparecer. Él se iba a encargar de moldearla, de convertirla en un ser fuerte que trabajara bajo sus órdenes. Ella tenía que aprender, a cualquier costo. Y de paso, pagar por haberse atrevido a tocar sus cosas. Él iba a cambiarla para siempre.

Fueron cinco cruciatus, uno tras otro, en los que Hermione había deseado morir. Sin embargo, pronto una oscuridad comenzó a emanar de su cuerpo, la misma que la había acompañado cuando derrotó a Saskia. Su mirada se nubló, y las lágrimas dejaron de salir. Draco lo notó inmediatamente, y retiró el hechizo.

Hermione se mantuvo inmóvil en el suelo, con los ojos cerrados y respirando agitadamente por el dolor que aún sentía en su cuerpo. No quería moverse, no quería hacer absolutamente nada. Todo su cuerpo temblaba, pero ya ninguna lágrima salía de sus ojos. El rubio caminó hacia ella y al llegar, se arrodilló a su lado, acariciando la mejilla de Hermione con sus manos ahora desnudas. Ella abrió los ojos, y éstos se chocaron con los gélidos de Draco.

-Has aprendido una lección importante.- le dijo. - Considéralo como un favor. Y ahora yo tengo una buena noticia para ti: tu nombre era Adriana, Adriana Miller.

Hermione se quedó en silencio. Aquel nombre no le sonaba para nada, y tampoco lo sentía suyo. Había pensado estúpidamente que cuando descubriera su nombre, éste la haría sentir diferente. Pero no había sido así.

Draco la tomó en sus brazos y la cargó, colocándola en su cama. Caminó hacia su aparador, tomando una poción en un frasco de serpiente.

Tómate esto y el dolor se irá.- le dijo dejándosela en la mesita de al lado. - Te quedarás dormida por unas horas, cuando te levantes podrás irte a tu habitación.

Y con esto se fue.

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y a todos los que leen entre sombras :D

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