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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 1
Jack observaba las estrellas de Limbhad apesadumbrado y, por momentos, su rostro se tornaba más serio. Se sentía traicionado… traicionado por aquellos que consideraba de plena confianza. Tenía la sensación de que le habían clavado un puñal en la espalda. Seguía sin poder creer que se lo pagasen de esa forma tras haber luchado contra los sheks, la tiranía de Ashran el Nigromante y los Seis, aquellos dioses que destruían todo a su paso. No podía creerlo y de haber sido así, de nuevo, las cosas le parecían demasiado irreales.
Suspiró al oír a Eva llorar de nuevo; daba la sensación de que no quería estar con Victoria. Jack había intentado cogerla, pero la niña se removía frenéticamente nada más tocarla; se le había ocurrido que quizá quería estar con Christian, aunque aún no conociese a su padre biológico. Caminó hasta el piso inferior. A la cocina, donde Victoria estaba usando sus poderes de unicornio que parecían calmar a su hija poco a poco.
—Tenemos que volver, no podemos quedarnos aquí para siempre. —Victoria miró a Jack —. Eva y Erik merecen una vida normal, sin contratiempos… solo quiero que tengan una vida en la que no tengan que luchar en algo que no es suyo, como nosotros tuvimos que hacer tiempo atrás. —Parecía agotada y se sentía derrotada, todavía le agradecía a Shail que les hubiera avisado antes de que ellos llegaran a buscar a Eva. Miró a la pequeña que ahora dormía entre sus brazos; sonrió levemente y volvió a mirar a Jack.
—Iré a por Erik. —susurró para no despertar a la niña.
Fue a su antigua habitación. En su cama dormía un niño de dos años, rubio y de ojos marrones, que también estaba cansado. Nunca había cruzado un portal y al parecer había sido demasiado para él, por lo que Jack le dejó su cama para que descansase. Se acercó a él y lo contempló unos instantes antes de despertarlo.
—Arriba pequeñajo. Nos tenemos que ir. —Erik se cambió de posición mirando hacia la pared, indicando que no quería ser molestado—. Pequeño dragón, despierta. —Jack había descubierto tiempo atrás que si lo llamaba dragón tenía más probabilidades de conseguir que se despertase. Parecía que esa palabra era la clave para que se moviera.
Erik se levantó de mala gana y refunfuñando salió de la habitación cogido de la mano de su padre.
Jack y un soñoliento Erik subieron a la biblioteca. Allí Victoria les esperaba con Eva dormida entre sus brazos. Al joven se le hacía un poco difícil comprender que ese bebé fuera la causa de su huida; ni siquiera sabían si sus hijos adquirirían las esencias de dragón, shek o unicornio.
Con ayuda de Alma los cuatro se marcharon a la Tierra. A la mansión D'Ascoli, la casa de Victoria. Puede que en Limbhad estuviesen completamente seguros, ante todo Eva, y Alma no dejara pasar a los que tuvieran malas intenciones. La pareja sentía que tenía una obligación: volver a su verdadero hogar, aquel en el que se criaron. La Tierra.
Ya en la mansión, todo estaba oscuro y polvoriento por el paso de los años; tendrían que hacer una gran limpieza por toda la casa. Victoria sintió una gran nostalgia y a la vez, tristeza al recordar a su abuela adoptiva Allegra. Subieron al piso de arriba a descansar y Victoria no pudo evitar soltar unas lágrimas al volver a pisa aquella casa…
Tenían tiempo para ir a Nueva York y Jack no quería perderse la reacción del shek cuando viera a Eva. Christian debía conocer a su hija.
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- *El joven shek observaba a la Nueva York que se extendía ante él. Empezaba a amanecer y la ciudad se preparaba para otra jornada, la gente iba de un lado a otro como cualquier día normal. La ciudad siempre estaba en marcha.
Christian frunció el ceño pues sintió que Victoria ya no estaba en Idhún, sino más cerca… en la Tierra, a través de Shiskatchegg.
"¿Por qué no está en Idhún?" se preguntó mirando al gentío caminar sin parar, se producían atascos y se notaba que cada día era igual en ese mundo. Algo que a Christian le aburría. No ocurrían cosas verdaderamente interesantes que pudieran atraer a un shek. Aquel mundo era aburrido, no como Idhún, que había cosas más interesantes.
Horas después ya estaba anocheciendo y Christian deambulaba por las calles, pero dejó de ir sin rumbo fijo para volver a su piso. Donde ahora se encontraban Jack y Victoria.
Nada más abrir la puerta de su ushak Jack se adelantó un paso de donde estaba—. Hola, serpiente— saludó con tono burlón.
—Dragón —contestó nada sorprendido; su instinto le había advertido de que había un dragón cerca—. Hola, pequeño. Espero que te hayas portado bien. —Le revolvió el pelo a Erik, que no pudo reprimir una mueca de disgusto, pero sonrió enseguida; le había echado de menos. Christian también sonrió.
Se acercó a Victoria mirándola fijamente a los ojos.
—Te he echado de menos— susurró ella y le besó tiernamente después de meses de separación.
—Yo a ti también— dijo separándose. — ¿Por qué estáis aquí y no en Idhún?
—Bueno… tuvimos un pequeño percance— habló Jack arrastrando las palabras y se encogió de hombros.
—Tuvimos que huir —dijo rápidamente la joven cogiendo un bulto entre mantas, y al hablar de nuevo la miró—, por… ella.
— ¿Ella? —preguntó extrañado el shek acercándose a Victoria. Había sentido cuatro presencias, pero no le había dado importancia hasta ahora, seguramente el bebé era de Jack. Él era quien pasaba más tiempo con Victoria. Fijó sus ojos azules en un bebé que se encontraba durmiendo tranquilamente—. Es preciosa.
—Se llama Eva Lune. Ten, cógela.
—No, será mejor que no— la rechazó al recordar aquella vez que cogió a Erik por primera vez y se puso a llorar.
Victoria sonrió—. Eva es diferente. —Le tendió el bebé y Christian la cogió tras dudar unos instantes.
Eva abrió los ojos de golpe cuando sintió que su verdadero padre la cogía. Sus ojos se posaron en los de él. El shek se quedó perplejo al ver sus ojos en los de ella, quien lo miraba con curiosidad e inteligencia impropia de un bebé.
—Tiene los ojos azules—murmuró con voz ahogada y sin apartar la vista de aquellos ojos azules dijo—; es… es…
—Tu hija. —Completó Vic observando llena de felicidad la escena. Él la miró, su rostro era inexpresivo como siempre, pero sus eran tan brillantes que casi se echa a llorar emocionada.
Jack los observaba enternecido. Contento de que estuviesen de nuevo todos juntos. Jamás imaginó ver al shek con esa expresión, lo que le sorprendió gratamente. "Seguro que las cosas irán a mejor de ahora en adelante" Se dijo a sí mismo con Erik dormido en sus brazos.
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- *Mientras tanto, en otra parte de Nueva York, una mujer miraba la puesta de sol desde una azotea.
—¿Qué pasa? —preguntó un hombre acercándose a la mujer asiática.
—Que la hora está cerca. Esa niña tiene un gran poder a pesar de ser solo un bebé. Cuando crezca será la persona más poderosa que habrá en la historia de Idhún. Tendremos que despertar a la bestia. —contestó sonriendo y con una mirada suspicaz a un edificio que estaba a unas manzanas de su posición.
—Bien. Regresemos, pues, con los demás sheks, Shizuko.
Este es mi primer fic y espero que sea de vuestro agrado. Cualquier crítica constructiva es bien recibida ^^Muchos besos,Annie