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Historia 55111 — capítulo 2
Azkaban
Ficha confidencial de recluso. Máximo secreto.
Número de preso: 4815162342
Nombre completo: Áspid Serps Hatred
Fecha de nacimiento: 28-2-1987
Familia: Padres fallecidos en su juventud. Única familia conocida: Boa Víperos, nombre de soltera Boa Hatred. Hermana mayor.
Perfil psicológico: Individuo muy inteligente, de sangre fría y extremadamente ambicioso. Incapaz de diferenciar claramente entre el bien y el mal. Serias dificultades para sentir empatía.
Crímenes: Asesinato con predeterminación de Sybill Trelawney, personal docente de Hogwarts. Intento de conspiración contra Hogwarts y contra el Ministerio de Magia. Innumerables intentos de asesinato durante tal conspiración, afortunadamente sin más víctimas mortales. Incitación al ataque de acromántulas, clasificadas como XXXXX, que provocaron conflictos muy graves en Hogwarts por parte de las mismas. Compinchado con Enebo Stix ,también cumpliendo condena, y Craig Marduck, fallecido recientemente.
Arresto: Criminal capturado gracias a D. Tyler Leonard Fox en el seno de Hogwarts. Tal mago fue condecorado por parte del ministerio.
Ubicación: Celda de máxima seguridad, en régimen de aislamiento.
Condena: 40 años, de los cuales ha cumplido 2.
Observaciones: Mago muy capaz con un poder considerable (leer informe del preso para más información sobre la fuente de su poder). Se recomienda encarecidamente mantenerlo aislado y en vigilancia constante. Bajo ningún concepto se le puede facilitar una varita.
Informe del preso nº 4815162342 a cargo del sanador especializado en psiquiatría Elliot Freud, a disposición de todo el personal de Azkaban que vaya a tratar en cualquier momento con el susodicho recluso:
Muchas sesiones me han hecho falta para elaborar un informe sobre Áspid Hatred. Nada de lo aprendido durante mis años de sanador psiquiátrico, basados en la experiencia y ajustar el perfil del paciente a unos patrones predeterminados, me ha servido. Eso ha sido por una sencilla razón, nunca en mis largos años de profesional me he encontrado un sujeto tan inclasificable como el señor Hatred. Profesionalmente siento una poderosa fascinación hacia él, pues su psique es completamente diferente a la de los muchos otros reclusos de la prisión.
Lo primero que debo mencionar es su falta total de empatía o sentimiento de culpa por sus acciones. Es cierto que esto se da en muchos de los otros presos que he tratado en Azkaban, pero aquellos se escudaban en unos factores tales como considerar inferiores a sus victimas (mortifagos u otros fanáticos extremistas de la pureza de sangre), o en no asimilar la gravedad de sus actos, como les sucede a los trastornados mentales. Por el contrario, el paciente que me ocupa no tiene ningún reparo en reconocer que lo hizo simple y llanamente porque le convenía y, con sus mismas palabras: "Yo no me escudo en unos factores morales para justificarme. Hice lo que hice porque me convenía en ese momento y lo volvería a hacer si el éxito estuviera garantizado". Como el lector puede observar, la falta total de unos valores morales, la excesiva ambición y la inteligencia fría y metódica del sujeto lo hacen completamente diferente de los demás reclusos que se encuentran en el centro.
Recomiendo a todo aquel que tenga que tener un trato con él que no se confíe al relacionarse con el Señor Hatred. La inmensa mayoría de las veces se relacionará como una persona normal, actuará como tal incluso para hacer olvidar a sus vigilantes que está preso y en realidad no es su amigo, sino un sujeto realmente peligroso. Las posibilidades de que intente una fuga son altas, pero es muy improbable saber cuando intentará llevarla a cabo, su forma de ser y actuar tanto en la cárcel como durante el tiempo que cometió los actos por los que está encarcelado nos demuestra que puede estar mucho tiempo planeando una acción antes de llevarla a cabo.
En mis conversaciones con el señor Hatred poco pude sacar, al menos al principio. Parecía divertirse jugando conmigo y dandome respuestas inconexas a preguntas simples. Mi sensación es que todo aquello se lo tomaba como un juego. No obstante, su actitud cambiaba al mencionar al único familiar vivo que tenía, su hermana. Parecía que el único atisbo de humanidad se albergaba en sus sentimientos fraternales hacia ella, según me reconoció mas tarde era la única persona por la que sentía un mínimo de afecto, pues las únicas personas a las que podía considerar amigos los había perdido en los actos que lo habían llevado a Azkaban. En ese momento me sugerí si esa deshumanización no sería fruto de la falta de relaciones humanas, así que le pregunté con nula esperanza si conservaba algún amigo al otro lado de los muros, y para mi sorpresa su respuesta fue afirmativa y me mencionó a Tyler Fox, para mi total consternación, acto seguido Áspid Hatred echó a reir, mientras yo me lamentaba de que intentara volver a tomarme el pelo.
Por suerte, el régimen carcelario hizo, a lo largo de los meses, mella en él. La falta de comunicación con otros individuos a excepción de mí y de las eventuales visitas de su hermana Boa Viperos despertaron un poco de anhelo por conversaciones más sinceras por parte del paciente. Todo ello jugó a mi favor para elaborar este perfil psicológico. Gracias a ello Áspid me habló de como anhelaba el poder que ya tenía, pero que no podía usar sin varita. Aproveché ese momento para que me hablara de su plan para obtener el poder que en parte había conseguido, y para mi total sorpresa accedió. El paciente me habló de como investigó durante largo tiempo a Wotan, leyendo y releyendo libros antiguos y de como, después de muchos obstáculos, creó un encantamiento para poder robárselo en el momento oportuno. El paciente parecía sonriente al oír hablar lo que para sí mismo era un perfecto plan. Reconozco que me sorprendí al enterarme de como un chico, que por entonces contaba con dieciséis o diecisiete años, había creado un complejo encantamiento para robar el poder a uno de los seres más poderosos que han existido, pero mi sorpresa fue todavía mayúscula cuando me contó todos los preparativos que dispuso, incluida la muerte de una docente o la negociación con las horripilantes acromántulas para aliarse con ellas. Pese a lo raro que pueda sonar y a lo fuera de lugar que pueda estar, tengo que resaltar que el señor Hatred es un negociador nato, capacitado para sacar provecho de cualquier situación que se pueda dar. Pero la sorpresa más mayúscula de todas me la llevé cuando dije que suponía que debería olvidarse de todo aquello, pues en la situación actual era imposible que todo aquello sucediera. Su respuesta fue muy perturbadora: Señor Freud, sabe tan bien como yo que voy a conseguir ese poder. Entonces todos ustedes lo lamentarán.