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Te vi venir — capítulo 40
Epílogo
-Uno, dos, tres, cuatro… Uno, dos, tres y cuatro-contaba ella en voz baja y repitiendo esos pasos ante el espejo del estudio de baile, que ocupaba una pared al completo.- Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho.
Y vio cómo él se apoyaba en la puerta, con su característica sonrisa y mirándola embobado. Y es que cuanto más la miraba, más cuenta se daba que la amaba con toda su alma.
-Amor-le dijo, ella se giró, repitiendo los pasos mientras se acercaba a su marido. Cuando llegó a su altura le cogió del bordillo del pantalón y lo acercó a ella. Sus labios se unieron en un beso dulce y tierno, y muy a su pesar tuvieron que separarse-. Ya es la hora.
-Estoy nerviosísima…-dijo ella.
-No puedes estarlo, habéis ensayado todos estupendamente y va a salir de maravilla.
-Eso espero…-comentó mientras dados de la mano legaban hasta la parte trasera del escenario, donde los nervios y la impaciencia se palpaban en el ambiente.
La mujer se puso ante el espejo y se arregló la espesa melena morena por enésima vez, y justo al lado una rubia se retocaba el maquillaje y supervisaba que su indumentaria y la de todos sus alumnos estuviera perfecta. Más allá, otros profesores de canto y baile ayudaban a entonar y afinar las voces de sus aprendices, y ante este panorama, Rebeca sonrió con sumo orgullo. El presentador los anunció, y fueron saliendo grupo por grupo. Bruno estaba a su lado observando también a los pequeños actuar y recordando momentos.(Ambiente -> )Sí, eran Rebeca y Bruno Sánchez, los mismos que hacía diez años exactamente ese día se habían casado. Después de la luna de miel que pasaron en Acapulco tuvieron que volver a Italia. Y mientras el niño de Aliana se desarrollaba en su interior y su tripa crecía y crecía, y Rebeca descubría que estaba esperando un hijo de Bruno, ambas amigas hablaban de su sueño; de poder formar parte de algo que tuviese que ver con el mundo del espectáculo, su pasión. En cuanto plantearon esto a sus esposos ellos se pusieron manos a la obra e invirtieron mucho dinero para construir un estudio de danza en Roma. El proyecto salió adelante exitosamente, y ahora las mujeres de 33 años en que se habían convertido Aliana y Rebeca eran las directoras y profesoras más aclamadas de Roma. Enseñaban a niños y adultos, a todo aquel que sintiera aprecio por el baile, el canto y todo lo que tuviese que ver con artes escénicas. El espectáculo de hoy era sumamente importante, pues si todo salía bien y a los socios de Alessandro les gustaban las actuaciones podrían sasar fuera del país la academia. Leila y Bernard llevaban dos años de casados, ella ahora tenía 28 y él 29. Leila volvió a su carrera de modelo, después de su anorexia se recuperó del todo y volvió con una mentalidad totalmente distinta. Esta fortaleza le sirvió de mucho y ahora era una modelo muy solicitada por muchas marcas. Pero hacía cinco meses había tenido que detener su trabajo porque había descubierto que esperaba un niño de su esposo. La madre y la tía de Rebeca encontraron al final su media naranja en un ejecutivo y un profesor de la academia, respectivamente. Y los que antes eran los niños hermanos de Rebeca, ahora se habían convertido en adolescentes y estaban allí para apoyar a su hermana mayor. No habían vuelto a saber de Marian, y ni falta que les hacía, ahora todos eran felices. Sí, también Christina Giovanelly. Ella se había convertido en una gran amiga de Leila y tenía un bebé de un año con su novio Marco, también había planes para una próxima boda. Rebe dio a luz a dos gemelos, Ryan y Daniel, que ahora tenían justamente 10 años, uno era rubio y otro moreno, pero ambos con los ojos castaños de su madre. Muy guapos, se notaba de quienes eran hijos. Y después estaba la niña, Sofía, que ahora tenía 7 años y tenía el cabello rubio y los ojos azules, muy parecida a su padre. Rebeca y Bruno adoraban a sus hijos. Luego estaba Aly, que había tenido un niño muy guapo llamado Jules. Era todo un hombrecito de 11 años, ojos miel como su madre y cabello oscuro como su padre. Había sacado mucha elegancia y eso a Aaron le encantaba. Y después estaban las gemelas, Sally y Mia, rubias de pelo rizado con los ojitos de su padre. Eran muy traviesas, apenas se las podía distinguir y siempre jugaban a intercambiarse. Pero eran la alegría de la casa. Todos los niños lo eran. Las niñas quisieron aprender ballet, y Jules pronto se unió a su padre para observar cómo iba eso de las empresas. Y la abuela Evangeline, con 76 años y fresca como una rosa, rodeada de seis críos que eran sus bisnietos y con mucha felicidad los cuidaba, les contaba cuentos, cantaba con ellos en el piano… La actuación acabó, Rebeca felicitó a sus alumnos por lo bien que lo habían hecho, y cuando estaba abrazando a sus hijos, uno de los socios de Alessandro y él mismo llegaron. -Rebe, ¿Podemos hablar contigo?-dijo su amigo. -Por supuesto-dijo ella. Entonces le comunicaron que sí, que les había encantado y que iban a empezar por poner una escuela de artes escénicas en Tokio, y ya se vería dónde más. Rebeca estaba muy agradecida, y en cuanto se fueron, la familia Sánchez volvió a su casa. Encendieron música y festejaron el éxito, pero no solo eso, sino también todos los momentos que habían vivido hasta ahora. Diez años amplios, que habían transcurrido rápidos y felices para todos. Bruno hizo que Rebeca se levantase de la silla y bailase con él. Aly y Aaron les imitaron, y Leila sonreía contenta a Bernard mientras este le daba un beso en la abultada barriga. Los niños miraron a sus padres, sonriendo e hipnotizados por lo bien que se veían juntos. Y es que a pesar de los años, ellos se querían como si fuera el primer día. La química y la complicidad se reflejaban en sus miradas. Ella se acercó a él para susurrarle algo al oído que le hizo sonreír ampliamente. -Hemos pasado por todos los momentos que querías. -No, quedan muchos aun-dijo él-. Recuerda que nos queda mucha vida por delante, y aunque ya este viejito, espero que no me dejes de lado. -Ni lo pienses, tu nunca pierdes el encanto, es más… Lo ganas-y le guiñó un ojo justo antes de que él la hiciese girar. Las risas cantarinas de los niños se escucharon, y Bruno emocionado empezó a cantar esa canción. Y así siguieron los días. Felices, contentos, todos momentos que empezaron el día en que nuestros protagonistas se vieron, cuando Rebeca y Bruno se miraron el uno al otro por primera vez. Y estoy segura de que si ellos tuvieran que elegir… No cambiarían nada de lo que tienen. Esos momentos les pertenecían, y los llevarían dentro de ellos por toda la eternidad.