Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Te vi venir · de

Te vi venir — capítulo 39

38º

Pvo. Rebe

Pasé mis brazos por su cintura y le abracé con fuerza.

-Gracias-le dije, él se separó de mí y me dio un beso en la frente.- No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí.

-Te lo mereces-contestó Ales-. Ahora ve con tu prometido, o el vuelo despegará sin vosotros.

Le sonreí, el besé en la mejilla y el susurré: "Volveremos a vernos". Llegué hasta Bruno y entrelacé mis dedos con los suyos, y juntos subimos al avión, que no tardó en despegar. Cuando llevábamos media hora de vuelo y la charla se hacía amena entre besos y sonrisas de enamorados, una pregunta asaltó mi mente.

-Sigo sin saber cómo diste con mi paradero.

-Lo cierto es que antes di con el de Alessandro, y no podía encontrarte a ti si antes no hablaba con él.

-¿Qué hablasteis?

-Pues verás…

# Flash Back #

Toqué la puerta, con los nervios a flor de piel. Pensaba y repensaba que quizás fueras tu la que me abrieses la puerta, pero no, él fue quien lo hizo. Su rostro reflejaba mucha sorpresa, y me invitó a pasar.

-¿Qué te trae a un lugar tan lejos de tu casa?-me preguntó.

-Creo que tú sabes qué me trae aquí.-Él asintió lentamente, y yo proseguí.- He venido a buscarla. O al menos, a intentar que todo lo que nos ha sucedido se quede en nada.

Nos quedamos en silencio, él se levantó, desapareció por el pasillo y reapareció para tenderme una especie de tarjeta. Allí ponía la dirección de la academia. Yo el miré interrogante.

-La quiero, la quiero con todo mi corazón, pero conmigo ella no sería feliz. Ella sigue amándote, el amor no se va de un día para otro. Ve a buscarla y no pierdas esta oportunidad. Pero eso sí… Cuídala, Bruno, esa mujer vale oro.

# Fin Flash Back #

>>y luego me ayudó a prepararlo todo para pedirte que te casaras conmigo.

Conforme con la explicación, me recosté en el asiento y sonreí a la ventanilla, donde Japón ya se había perdido de vista. Mi corazón estaba lleno de gratitud hacia Ales, porque gracias a él, ahora iba casarme con el amor de mi vida.

•••••••••••

El taxi paró justo delante de esa mansión donde había pasado tantos momentos en un año. Porque hoy hacía exactamente un año desde que pisé por primera vez estas baldosas. Y ahora lo hacía con una vida totalmente cambiada, y lo que aun faltaba por modificar.

-¡He vuelto!-vociferó Bruno, y se escucharon pasos provenientes de todos los lugares de la casa.- ¡Pero no solo!-continuó, entonces asomaron varias cabezas por la escalera, distinguí a Aaron, la señora Evangeline, Leila, Bernard y Aly, y por el pasillo de servicio salieron Carla, Issa y Selene. Bruno me puso delante de él y pasó sus brazos por mi cintura--. ¡Sino con la mujer que amo!

Al momento estuvieron todos ante nosotros, mirándonos con grandes sonrisas. Me sorprendió ver a Aly con unos vaqueros, un jersey y bailarinas, y no con el uniforme. Ella se acercó, Bruno se hizo a un lado para abrazar a Aaron, mientras Aly me apretaba entre sus brazos y me achuchaba como si fuera un oso de peluche.

-¡Has vuelto!-decía entre beso y beso en la mejilla.

-Y es para quedarme-le dije sonriendo ampliamente.

Luego saludé a los demás miembros de la familia, todos me recibieron calurosamente. Lo mismo hizo Issa y las demás chicas. Bruno volvió a mi lado para darme la mano y anunciar nuestro compromiso. Todos rompieron en aplausos y felicitaciones. Mi amiga estaba contentísima, y yo no cabía en mí de gozo. Bruno se encargó de subir mis maletas a su habitación, la que ocuparía a partir de ahora como su novia y futura esposa. Y me enteré minutos después de que con Aly había sucedido lo mismo: Aaron había dicho a todo el mundo que estaban juntos y que se amaban, y nadie puso objeción sino que se alegraron como lo hacían por mí.

Así pues, el personal de la casa contaba con dos bajas y Aaron y Bruno se pusieron en marcha para encontrar a más gente sin hacer caso a las negativas que les dábamos Aly y yo. Pero ellos no querían que sus novias movieran un dedo. El mismo día de nuestra llegada fuimos a mi casa, y mi madre se alegró mucho de volver a verme, al igual que mis hermanos y mi tía, que definitivamente se iba a mudar a nuestra casa porque en el trabajo la habían trasladado a Roma. Mi hermana Carol casi monta una fiesta al saber que iba a casarme, y me pidió el favor de que la dejase llevar los anillos. Fue Bruno quien le dijo que sí, y la chiquilla se puso sumamente contenta.

Mi novio se ganó el corazón de mi hermano pequeño, mi tía y mi madre en seguida. Y ya con el consentimiento de todos empezamos a planear la boda. Al me siguiente, cuando quedaban dos semanas para que llegase el día de mi enlace con Bruno, nos encontrábamos desayunando. Él estaba leyendo el periódico en el momento en que vi la foto de una cara conocida.

-Déjame ver eso-le pedí, él eme lo pasó.- ¿No te suena esta cara?-primero no la reconoció, pero luego cayó en la misma cuenta que yo.

-No puede ser-decía con los ojos fuera de órbita.

Pasé el periódico a los demás y ellos quedaron igual de asombrados, pero ni Aaron ni yo lo estábamos tanto. Él me había contado el trato que había hecho con Marian mees atrás y yo le agradecí que nunca le contase nada. Y es que en la noticia del periódico, en primera plana, decía que habían capturado por fin a la asesina del gran magnate ruso que había muerto hacía ocho años, y que esa asesina no era otra que Marian Giovanelly. Allí decía que ella había negado toda acusación en su contra y que una tal Regina Belmont Guirréz era una testigo ocular que declaró en su contra. Por esta acusación, Marian Giovanelly quedaba condenada a una pena de prisión de cincuenta años. No podía decir que me alegraba, porque que le encierren en la cárcel no se lo desearía ni a mi peor enemiga que era Marian, pero se lo tenía merecido. Si había matado a un hombre podría asesinar a alguien en cualquier momento. Sea como fuere… Ella ahora estaba fuera de nuestras vidas, y nosotros seguiríamos adelante con todo.

Días después, Aly me pidió que fuera a la habitación que ahora ocupaba con Aaron. Él y Bruno estaban en el trabajo, y yo me preocupé y me asusté cuando me pidió que fuera allí. Lo que me enseñó en el baño fue un test de embarazo. La miré con los ojos y la boca abiertos de par en par.

-Me lo acabo de hacer, pero tenía sospechas desde hacía unas semanas, porque al regla tendría que haberme llegado el mes pasado, pero no me llegó ni en ese ni en este. Tengo dos meses de retraso.

-Rosa-dije con dificultad-. ¿Qué significa eso?

-Que si este test no está mal… Yo seré madre, Aaron padre, tu tía y Bruno tío-me contestó, y pude ver cómo poco a poco, una sonrisa se extendía en su rostro.

Yo la abracé con fuerza. A las tres horas, los hombres de la casa llegaron, y yo y Bruno estábamos en el salón cuando escuchamos el grito proveniente de la planta superior.

-¡VOY A SER PADRE!-se escuchaba innumerables veces mientras se reía, incrédulo y a la vez feliz.

•••••••••••

Tenía un nudo de nervios en la boca del estómago, mientras observaba con alternancia mi imagen ante el espejo de cuerpo entero que habían puesto en el pasillo, y echaba un vistazo asomando los ojos por las cortinas de color claro que adornaban ese día la casa. Escuché una voz tras de mí, y descubrí a Aaron, vestido con un traje negro, de camisa azul clara con una corbata del mismo color pero más oscura. Iba muy guapo. -Estás hermosa-me dijo con una sonrisa, acercándose a mí.

-¿Tú crees?-le contesté observando mi reflejo en el espejo.

-Por supuesto… Rebe, quería pedirte un favor-me dijo.

-Adelante, lo que quieras-le contesté.

Entonces me lo contó en voz baja, y yo con una sonrisa muy entusiasta asentí, me deseó suerte y se fue escaleras abajo. A los pocos minutos, subió mi madre, ataviada con un vestido que se ajustaba a sus caderas y su torso, remarcando su figura. En la parte del pecho el vestido era color crema con un lazo justo en medio, y de ahí para abajo, caía hasta el suelo en negro y liso. Tenía el cabello castaño suelto y en ondas alrededor de su tez morena. Nunca había visto a mi madre tan guapa. Al verme se llevó las manos a la boca y vi cómo se le ponían los ojos llorosos. -No mamá-le dije-. No llores que me vas a hacer llorar a mí.

-Está bien hija, pero es que estás… increíble…

Me di la vuelta y me miré por enésima vez ene o espejo. Mi vestido de novia era de un blanco perlado. El escote en forma de corazón y bajo el busto unos detalles en plateado. Ajustado hasta la cintura y un poco más abajo, luego caía voluminoso y amplio hacia los lados y hacia atrás. La cola era larguísima, decorada con varios detalles en su extensión, y el velo caía a rastras ene l suelo sobre ella. Mi cabello estaba recogido en un peinado bastante elaborado, mi piel estaba lisa y suave, mis ojos y mis labios apenas maquillados por colores mates. Mis zapatos eran de la misma tela del vestido, con unos lazos por la parte de atrás y varias piedritas plateadas. Mi madre me hizo entrega de lo de siempre: algo viejo; unos pendientes de plata que ella llevaba siempre consigo porque mi abuela se los dio. Algo nuevo; la liga que me subió hasta el muslo. Y algo azul; una pulsera de plata con zafiros que me recordaban a los ojos de Bruno incrustados en ella.

-Ya es la hora-me dijo, y los nervios se instalaron de nuevo en mi estómago.

-Ay mamá, estoy nerviosa…

-Tú solo piensa que abajo, en ese jardín, se encuentra el amor de tu vida… y verás que se te pasa-me aconsejó, me besó en la frente y me ayudó a bajar la escalera.

(Ambiente ->   )

Las puertas que llevaban al jardín trasero de la casa se encontraban en la biblioteca, y yo misma había querido que la boda fuera en ese precioso lugar rodeado de árboles en flor y el aire fresco de la naturaleza. Cerré por un segundo los ojos, y los abrí al escuchar la música que salía del piano que estaba tocando la abuela Evangeline. Ella, que iba muy coqueta y bien vestida, me guiñó un ojo y me dedicó una amplia sonrisa. Un poco más allá vi a mis damas de honor: Aly y Leila. Ambas al lado de sus novios y con unas amplias sonrisas. Llevaban unos vestidos marrones a juego, el de Aly, de corte imperio y hasta el suelo. Mi mejor amiga se había puesto una flor en el cabello, y se lo había dejado suelto en ondas muy marcadas y hacia atrás. Leila lo llevaba corto, hasta las rodillas, con el pelo en una coleta que se llevaba a un lado y totalmente lisa.

Vi a mis hermanos, los dos muy guapos, y Carol sosteniendo el cojín con los anillos. Los señores Sánchez, que habían venido expresamente para la boda de su hijo, Alessandro, incluso la hermana de Marian que ahora se llevaba muy bien con Leila. Amigos, compañeros… Todos estaban ahí para ver cómo la felicidad llegaba a nosotros. Y luego estaba él. La razón por la cual llevaba este vestido, por la cual vivía ahora, por la cual estaba caminando sobre una alfombra blanca, por la cual mi madre me llevaba del brazo hacia su encuentro. Bruno vestía con un traje de novio gris, corbata del mismo color pero un poco más clara, zapatos blancos y una amplia y contenta sonrisa en su rostro.

El camino al pequeño altar al ritmo de la música se me hacía cada vez más lento. Porque lo que yo quería era llegar hasta él y fundirnos en un abrazo, solaparme a su cuerpo y no soltarlo jamás. Y finalmente, estuvo ante mí. Mi madre cogió su mano, y puso la mía encima.

-Prométeme que la harás feliz.

-Tu hija se merece eso y más, Maica-le contestó él.

Y me cogió de la mano para girarnos al altar, donde el cura empezaba a hablar sobre el enlace que íbamos a hacer. Yo no podía dejar de mirarle de reojo, sonriendo a veces disimuladamente. Y él hacía lo mismo. Luego llegó el momento de los votos, y mi hermana se acercó con los anillos. Él alargó la mano, cogió el mío y luego lo posicionó en el borde del dedo correspondiente mientras observaba mis ojos con intensidad, cargados de felicidad.

-Rebeca Torres… Esto empezó hace más de un año, y me enamoré de ti la primera vez que te vi venir, cuando éramos dos desconocidos. Y mientras el tiempo pasaba, yo no me daba cuenta de que este sentimiento crecía y crecía. Hasta que un día, no pude más y tuve que confesártelo. Ahora no me arrepiento de cada paso que he dado en este tiempo, porque todo me ha llevado a amarte con locura… Eres mi vida, Rebeca-terminó, introduciendo el anillo en mi dedo. Sentí mis labios temblar de la emoción. Cogí su anillo e hice lo mismo. Los ojitos de mi hermana brillaban.

-Bruno Sánchez… Empezaste siendo mi jefe… Y mira cómo hemos acabado-sonreí-. Y de no ser porque mi amiga Aly me convenció para venir a trabajar aquí, jamás te hubiera conocido, no hubiéramos pasado por todo lo que nos ocurrió, no hubiéramos tenido tantos momentos para recordar. Porque yo también me enamoré de ti cuando te vi venir a mi vida. Ese momento en que clavaste tu mirada en mí aun está en mi mente, y nunca olvidaré que si ahora soy feliz es gracias a ti. Te amo.- Y le puse el anillo.

Y de la mano, nos volvimos al altar.

-Si no hay nadie en contra de este matrimonio, que me parece que no…-dijo el cura con ojos alegres bajo sus gafas-. Podemos seguir. Bruno Sánchez… ¿Aceptas como esposa a Rebeca Torres, para amarla, respetarla, y cuidarla todos los días de su vida, y hasta que la muerte os separe?

-Acepto-dijo él mirándome.

-Rebeca Torres… ¿Aceptas a Bruno Sánchez como esposo, para amarlo, apoyarlo y cuidarlo todos los días de su vida, y hasta que la muerte os separe?

-Claro que sí-susurré a punto de llorar.

-Entonces yo os declaro…

-Espere, padre-interrumpió una voz que yo sabía que íbamos a escuchar.

-Dime hijo-contestó el padre muy extrañado.

Aaron se acercó al altar, y se puso al lado de mí.

-Creo que aun falta una pareja por casar-entonces se giró y miró a Aly, que no se daba cuenta de nada. Aaron se acercó a ella, se arrodilló y la miró a los ojos.- Aliana Longman… Sé que es un poco tarde pero… ¿quieres casarte conmigo?

Ella alucinaba, pero susurró un "Sí" muy emocionado. Se levantó y se pusieron a mi lado, Bruno me miraba confuso y a la vez contento. Yo el susurré un "Luego te explico" y él asintió. El cura dio paso a los votos de mis amigos.

-Aliana Longman-dijo Aaron, mirándola a los ojos, entonces apareció mi hermano con un cojín y dos anillos sobre él. Aaron se agachó y cogió uno-. Tú me has enseñado el verdadero significado de la palabra amar. Me has ayudado a salir de ese agujero negro en el que estaba hundido, y has sacado a la luz la buena persona que hay en mí. Y encima ahora, vas a darme lo más maravilloso que un hombre puede imaginar, porque me regalas tu amor… y también un hijo. Te amo y siempre te amaré.

Ella cogió el anillo de Aaron, y le miró con lágrimas a punto de salir de sus ojos.

-Aaron Sánchez, aunque esto no me lo esperaba y no sé muy bien qué decir… Te agradezco todo. Te agradezco que seas como eres conmigo. Que me hayas abierto tu corazón, ahora también agradezco al destino por hacer que nos hayamos encontrado tantas veces fuera de la mansión, porque gracias a esos momentos ahora somos lo que somos, y como fruto del amor que te tengo… Ahora crece alguien muy especial en mi interior. Te amo con toda mi alma.

El cura repitió las frases que antes nos había preguntado a Brunoy a mí, y cuando ambos afirmaron, él prosiguió.

-Y ahora, yo os declaro a todos… Marido y mujer… Podéis besar a la novia.

Bruno me miró, yo le miré, se acercó a mis labios y los unió con los suyos. Pasé mis brazos pro su cuello, y él los suyos por mi cintura, me cogió en vuelo y escuchábamos el flash de muchas cámaras mientras la burbuja que nos encerraba y alejaba de todo y todos se hacía cada vez más grande.

•••••••••••••

En el banquete de bodas que se celebraba al lado de la piscina, donde también habían puesto bocinas para la música y una pista de baile, la gente hablaba, se movía de aquí para allá, comía y se divertía. Yo me escapé un momento de la fiesta con Aly para cambiarme a un vestido más movible. Este también era blanco, con un escote palabra de honor que tenía un pequeño pico con adornos plateados. Por delante corto y por detrás largo pero sin llegar al suelo. Me puse unos zapatos abiertos de tacón plateados y me solté el pelo, que cayó rizado por toda mi espalda.

En cuanto llegué a la fiesta, Bruno me sacó a bailar. Se había despojado de la chaqueta y ahora llevaba el chaleco gris y la camisa blanca. Habían puesto una salsa muy rítmica, y la gente nos hizo paso para vernos bailar. Y mientras los flashes iban de aquí para allá nosotros nos divertíamos. **(Ambiente -> http://www.youtube.com/watch?v=IL2_X71dv-c&feature=player_embedded )**La canción cambió a una lenta, y él me acercó a su cuerpo. La reconocí en seguida; era la que me había cantado para pedirme matrimonio, cuando me había ido a buscar a Japón. Los demás estaban en silencio mientras nos veían bailar, y seguro que mi madre estaba llorando a mares. Desde que llegamos de Japón Bruno había hecho saber a todo el mundo su pasión por la música y a su familia le pareció estupendo. Ahora, mientras nos balanceábamos y escuchábamos su voz, él mencionó mi nombre completo. -Rebeca Torres de Sánchez… -Suena perfecto-le contesté. Más parejas se nos fueron uniendo, los primeros fueron Aaron y Aly que se sonreían como si vieran lo más preciado de sus vidas ante ellos. Y así era. Cuando la pista estuvo llena, Bruno dejó de bailar y me cogió de la mano, jalándome hacia algún lugar. Yo me dejé guiar por él, y acabamos yendo hacia ese lugar que nos pertenecía a los dos. Ese rincón precioso y alejado del mundo. Me soltó y yo me desabroché los zapatos, quedándome descalza para poder caminar perfectamente sobre el piso de madera del embarcadero. Llegué a su altura, él miraba la luna, llena e imponente, preciosa como la primera vez que la vimos juntos. Entrelacé mis dedos con los suyos, y quedamos de frente, con nuestras manos dadas. La suave brisa del lago nos llegaba a ambos y alborotaba mi cabello. -Estabas preciosa con ese vestido de novia. -¿Y este no te gusta? -A mí me gusta todo lo que te pongas, porque la que me gusta eres tú-me contestó, y yo sonreí suavemente, observándole. -Tienes unos ojos impresionantes…-pasé mis dedos por su sien-. Me encandilaron cuando te vi en ese despacho y ahora no puedo mirar el cielo sin pensar en ti. Me soltó las manos y me acercó a él por la cintura, mientras que con la mano libre acariciaba con delicadeza mi mejilla. Como si yo fuese una muñeca de porcelana y pudiera romperme en cualquier momento. Porque a su lado me sentía insignificante y él me trataba como si fuera lo más valioso. -Prométeme que estaremos siempre juntos-me dijo.- Que habrá muchos más momentos que recordar, que hasta la muerte estarás a mi lado. -¿Sólo hasta la muerte?-inquirí-. Porque yo quiero estar contigo mucho más. -No me separaré de ti, te perseguiré hasta la otra vida si es necesario-yo me reí. -Tonto. -Sí, soy un tonto enamorado. En ese momento unió sus labios a los míos. Un beso lento, luego nuestras lenguas empezaron a jugar mientras yo me llenaba de emociones que hicieron que derramase una lágrima de felicidad por mis ojos. Él me la secó con su pulgar, y seguimos el beso. Y muchos más le siguieron, porque este era el comienzo de nuestra vida juntos y los habría, habría innumerables momentos llenos de felicidad, noches de amor, pasión desenfrenada, sonrisas, tristezas… Como en todo matrimonio. Yo lo amaba, y él me amaba a mí. ¿Qué más podía pedir? Ahora todo era perfecto. -Porque desde que te vi venir, me enamoré de ti-susurramos a la vez, con las frentes juntas y las manos unidas.-Per tutta l'eternità (Para toda la eternidad)