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← un poco mas... · de

un poco mas... — capítulo 8

Unida a las letras de su pasión que devoran el alma del lector, así escribo yo, como esperando con ansias la resurrección de nuestro gran temor…

Mi vida con las letras comienza desde hace ya 5 años y medio atrás, y comencé a inundarme en el mundo maravilloso de la literatura a mis escasos 12 años de edad casi 13, mi ilusión por la vida iba creciendo como crecemos los adolescentes, mis pasos se aceleraban como caminando hacia un rumbo fijo, y mis manos tímidas tocaban la tela del viento, para abrir la cortina hacia la tranquilidad de los versos, mi pasión por las letras no comenzó en un de repente, mi pasión por las letras comenzó, cuando me hirieron por temor, sí, por temor a equivocarse conmigo.

No recuerdo con exactitud la fecha y mucho menos la hora en el que las letras se apoderaron de mi, solo se, que desde el momento en que las conocí, me fascine con sus versos y estrofas llenas de fantasía y realidad.

Una tarde, mientras pensaba en nada, yo simplemente comencé a escribir una carta, una carta que por cierto, nunca fue entregada, en donde exponía mis sentimientos a la primera persona que misteriosa me pareció y a quien por cierto jamás volví a ver.

Era una persona, de una esencia tan profunda, que logró hacerme sonreír con tan solo una mirada, su presencia era, era tranquilizante, indescriptible, era placentera tal vez.

La carta que escribí era algo más que una carta, era un poema de dolor, de angustia, de desesperación, era increíble no sentía el tiempo que transcurría mientras escribía sobre esa blanca hoja de papel, no murmuraba, no pensaba nada de lo que escribía y sin embargo me sentía realmente complacida con ese hecho.

Tiempo después, un mes tal vez, simplemente olvidé lo bien que me sentí escribiendo aquella vez, y mientras miraba hacia la ventana desde mi salón de escuela, observaba la sencillez de las cosas y me impresionaba por ello, de repente, comenzaron a rodar en mi cabeza, pequeñas frases de la carta, fragmentos pequeños, los fragmentos que mas amaba, y recordé entonces, lo bien que me sentí mientras las escribía, entonces, sonreí y de nuevo comencé a escribir, lamento decir que no escribía para nadie en esa ocasión, escribía para mí misma, escribía para sentirme mejor.

Desde entonces no he dejado de hacerlo, siempre están pasando ideas por mi cabeza, todo el tiempo pienso en despertar para escribir de nuevo, siempre una simple palabra me empuja para desarrollar un escrito más.

Yo no sé si esto algún día va a terminar, solo se, que por ahora son las letras las únicas que me consuelan ya.

Descubrí con el tiempo que escribir me hacía olvidar las cosas, los malos momentos por ejemplo, o simplemente me relajaba el cuerpo, llegué a utilizarlas para mí misma como un arma anti heridas, si, así es, anti heridas porque sabía que en cualquier momento, si deseaba olvidar un mal rato, solo debía escribir y así todo olvidaría, anti herida, porque simplemente tome las letras como un escape, como un borrador de mi vida, en donde me permitía hacer lo que más me gustaba hacer, mirarme sonreír.