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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 22
1964 -¡Black! El grito produjo que dos cabezas se levantasen. Sin embargo, los ojos cafés rápidamente volvieron a lo que hacían. Aún no se acostumbraba a que ella "no era Black", pero su hermana sí. Realmente, se había ganado más de un lío con Bell... es decir, Black, por llamarla por su apodo, o por responder cuando alguien mencionaba su apellido. -Yo llegué primero, y soy más importante. Aquí uno se distingue en dos grupos: los que llaman por su apellido y los que llaman por su apodo. El apodo es una muestra de debilidad. El apellido muestra el orgullo- le había dicho Be... Black, en una ocasión. A eso se le sumaron algunos hechizos que no había visto en su vida que dolieron como los mil demonios. ¿Desde cuando su hermana sabía todo eso? Sus padres jamás la habían castigado con semejante magia, pero su querida hermanita los ocupaba como algo diario. ¿Qué había pasado con la Bella que conocía? La respuesta era clara: se había convertido en Black. Y no es que antes se hubieran llevado bien (todo lo contrario), pero desde que entró a Hogwarts la muchacha que conocía había mutado en un 100% y su poca humanidad había desaparecido. -No, no ha desaparecido -pensó Drómeda- simplemente se ha sacado la máscara. ¿Cómo había sido tan ilusa? Hace dos años hasta la había abrazado... hoy no soportaba siquiera mirarla. Dos cursos. Esa era la única diferencia entre ambas. Pero era una brecha enorme. Cuando se subió al Expreso hace un par de meses, casi saltaba de emoción. Las historias que su hermana le contaba sobre la majestuosidad Slytherin habían sido destrozadas en el momento mismo en que se sentó en la mesa de las serpientes. Si ser la hermana de Black te daba algún status, definitivamente ese era el de escoria de elfo doméstico. Su querida y adorada hermanita se había encargado de hacerle la vida imposible con mucha eficacia. Y sus padres no sabían nada. Y sus padres seguirían sin saber nada. Porque no iba a desafiar a su hermana por nada del mundo. Cygnus y Druella podían castigar a Black, pero aquello solo empeoraría su estancia en Hogwarts. No, mejor aguantar en silencio. Y no era que Bell... Black la intimidara. Era cosa de ser lo suficientemente inteligente. -Lo encontr... -el chico que buscaba a Black se interrumpió cuando vio que no estaban solos- Ven, Black, te lo mostraré Y entonces salieron ambos. Cuando quedó sola, Drómeda por fin se dio la libertad de fruncir el ceño. Algo buscaba su hermana, pero no sabía qué era. Algo la había mantenido en vilo, inquieta. Y al parecer, ese algo lo habían encontrado. Pero ¿Qué era? Resignada, se dirigió a su cuarto a descansar. Mañana sería otro día, y pasado otro más, y pasaría una semana y seguirían siendo días distintos y aún así no entendería a la chica que le llevaba dos años de ventaja. En su cuarto, se acomodó entre las sábanas verde oscuro y se dejó arrastrar al mundo de los sueños. Su mundo nocturno ya no era de ponis y arcoíris, pero seguía siendo su refugio. Al adormecerse, surgieron las habituales imágenes de lo que sucedió aquél día, retazos de conversación, referencias de algo que habrá leído y poco a poco los hechos comenzaron a volverse más abstractos. Entre ellos, apareció un rostro rubio de mirada amable. Algo en su subconsciente, le dijo que debía despertarse, que debía luchar por mantener aquella imagen viva, de memorizarla y no dejarse llevar al mundo que luego borraría aquellos cálidos ojos de su memoria. Pero ya era demasiado tarde, y por más que trató de luchar y aferrarse a aquel rostro, la imagen se desvaneció como el humo, dejando solo tras si aquella sensación de bienestar y seguridad que estaba segura de haber experimentado antes...
-Aquí está -murmuró la serpiente. A su lado, Black miraba con escepticismo el tapiz de Barnabás el Chiflado, quien se empeñaba en enseñar ballet a unos trolls aún más estúpidos que él. Sin embargo, casi no se aguantó la sorpresa cuando una puerta apareció de la nada, luego de que el chico terminase el tercer recorrido frente a la antes desnuda pared. -Te presento la.. -Si, ya se, la famosa Sala de los Menesteres -le cortó Black al tiempo que entraba. Dentro había un salón amplio, repleto de estanterías con toda clase de ingredientes y libros para pociones. También, en un armario, habían todos los calderos e instrumentos imaginables. Con un asentimiento de cabeza, la chica despidió a la serpiente y cuando este se dio vuelta, lanzó su "obliviate" que tan bien le salía. Lo cual era lógico, por que no quería que nadie, nadie, nadie supiese de aquella particular sala y lo que haría en ella. Ya una vez casi la mataron por confiar sus planes. No volvería a cometer el mismo error. Ahora que lo pensaba, el Slytherin ese sí le había servido de mucho, porque sin él no habría sabido de aquella dichosa pócima, ni obtenido el maldito libro. Una vez sola, se concentró en la sala y decidió probarla. -Necesito cuerno de Graphorn pulverizado -dijo, y su mirada se centró en un frasco morado. Efectivamente, allí se encontraba el ingrediente. Fascinada, siguió pidiendo y recolectado hasta tener todo lo que necesitaba. Nuevamente, comenzó a preparar la poción que ya se sabía de memoria. No entendía el por qué no funcionaba aún. Estaba segura de que seguía al pie de la letra las instrucciones, y su última esperanza era que los ingredientes que guardaba el profesor Slughorn estuviesen viejos. Era por esto que había estado buscando la Sala de los Menesteres, porque si en ella no hallaba ingredientes frescos era que no existían. Estuvo trabajando hasta bien entrada la noche, y luego simplemente se quedó dormida en el sillón que se transformó en cama. En sus sueños, volvía a ver una y otra vez esos ojos que la habían tratado de asesinar. Las pesadillas no habían desaparecido en más de medio año, y cada noche escuchaba una y otra vez aquella risa maniática. Cuando despertó al día siguiente, descubrió con pesar de que la sala no podía aparecer comida y se resignó a encaminarse al gran comedor. Por más que le preguntaron donde pasó la noche, no dijo nada a nadie. A partir de ese día, se volvió en ella rutina el invertir sus horas libres en la misteriosa sala, y rara vez se la vio en la sala común -mucho menos en su cuarto- o deambulando por cualquier pasillo del colegio. Casi siempre terminaba durmiendo entre sus pociones y su actitud huraña atrajo demasiada atención. -Bellatrix, necesito hablar contigo -le dijo un día el profesor Slughorn y la llevó a su despacho- ¿Qué es lo que sucede? Últimamente te noto distinta, distante. -No es nada, profesor Pero no por nada Slughorn era el jefe de casa, y aquella mentira no se la tragó. Siguió insistiendo hasta que la chica por fin perdió la paciencia, y allí se puso verdaderamente fea la situación. -¡Usted no tiene derecho a meterse en mi vida! -Bella... -¡Se pasa el día entero espiándome y cree que no me doy cuenta! -Escucha, no es lo que... -¡No me venga con cuentos! ¡Lo se perfectamente! -Mira, no es necesario... -¡Todos ustedes, todos los profesores del maldito colegio, me estudian como un animal de circo! -Si te calmas te puedo... -¡No! ¿Es que no entiende? ¡Estoy harta de que me miren como si fuese a salirme un cuerno de la frente en cualquier momento! -Oye, nosotros no... -¡Y lo niegan! -en este punto, Black ya estaba totalmente fuera de si- si mi padre se enterara, ya vería lo que lo haría, todos ustedes... -Te calmas de una buena vez. Mira, tu te estás inventando... -¡No me invento nada! -gritó histérica- ¡Son ustedes! ¡Es este maldito colegio! ¡Son los estúpidos "magos" que no hacen más que molestar! -Suficiente. Veinte puntos menos a Slytherin por tu comportamiento... Y esta fue la gota que rebalsó el vaso. Toda la frustración acumulada desde el año pasado por la pócima fallida, la indignación y humillación ante la serpiente de ojos cafés, la presión de su familia, la sobreprotección de todos hacia ella luego del incidente, la rabia contra el personal incompetente, la envidia frente a Sirius por ganar kilómetros de territorio por decir pío, la desconfianza a sus compañeros... todo eso acumulado más el simple hecho de que su propio jefe de casa le descontara puntos. Explotó. Simplemente, explotó. Horas después, escondida en algún rincón del colegio, se preguntaría como rayos había sucedido. Pero en aquel momento nada importaba salvo desahogarse. Simplemente el aire se volvió denso y comenzó a vibrar a una frecuencia baja y potente, que zumbaba en los oídos y hacía que el suelo se moviese. Desorientado, el inútil profesor miró a su alrededor sin comprender, hasta que una explosión lo lanzó contra la pared y lo dejase sin sentido. Black no paró. Simplemente comenzó a gritar, a temblar desenfrenadamente y a hacer que las cosas a su alrededor volasen en espirales y chocasen entre ellas. No necesitaba varita para aquello. Hogwarts era especialista en hacer los magos dependientes de aquel palo, pero su furia era tan inmensa que desbordaba por cualquier lado. Y entonces, tan repentinamente como comenzó, todo acabó. El ataque de adrenalina cesó en un instante, dejando tras si una chica aturdida. Los pasos apresurados que se acercaban le devolvieron la lucidez, y tras desmemorizar a la bola de carne desmallada en un rincón se dispuso a escapar por los pasillos del colegio. -Esto es el fin -pensaba angustiada- he atacado a un profesor. Esto es el fin, he atacado a un profesor. Esto es el fin... Y luego apareció el tapiz. No hubo necesidad de cruzar tres veces frente al mago chiflado y sus trolls para que apareciese la puerta, y apenas entró todo quedó a oscuras y se oyó el sonido de la puerta al cerrarse. Por primera vez desde que tenía memoria, dejó que su angustia escapara en forma de un llanto desesperado. No un llanto para molestar de noche, ni un llanto para conseguir lo que quería. No, este era el primer llanto verdadero del que tenía memoria. Las lágrimas soltadas durante su tortura no valían. ¿Cuánto tiempo permaneció allí? ¿Recobraría el profesor la memoria? ¿Descubrirían que había sido ella? ¿Alguien la habría oído gritar en el despacho? ¿La habrían visto escapar? ¿Relacionarían su ausencia con el incidente? ¿Qué dirían sus padres? ¿Y sus compañeros? Drómeda sospechaba, eso seguro. ¿Sería su hermana la que la delatase? ¿Quién más podría ver la verdad? ¿La expulsarían de Hogwarts? ¿Qué haría entonces? Las preguntas no dejaban de zumbar en su mente. Las imágenes de ella saliendo del castillo llevando sus maletas la atormentaba. Al final, se quedó dormida en aquella sala oscura, atormentada por sus miedos.
*Hola!**Bueno, aquí vengo con otro cap "largo" para los que me extrañaban demasiado...**Preg: ¿Prefieren muchos caps cortos o uno "largo" cada tanto?**Y preg 2: ¿Qué les parece que este fic se divida en dos partes, 1) Black en su infancia y en Hogwarts y 2) Black-Lestrange después de Hogwarts y Mortífaga? Es que estoy viendo que el fic se está alargando bastante...*Cap dedicado a lilian_LuNiiTa ... Felicidades y gracias por comentar!También quiero agradecer a Bella Riddle , sofi cullen , karencita901118 , marianacati , LilyEvansGinny , Dkatus_Lovegood (Bienvenido! me alegra que te hayas unido a Potterfics ;D), luloca , dramione95 y Dangelin ... no pueden imaginar lo importantes que son para mi snifRecomendación del día (si, nueva sección en mis comentarios...):Hoy les presento"Negro" ( http://potterfics.com/historias/60699 ) . El fic es una serie de viñetas que relata la historia de la familia Black desde sus orígenes, con caps rápidos de leer y divertidos.Autora:NiesuguiProceso: en curso.Advertencias/Recomendaciones: Leer con el árbol genealógico en mano. También publicado en FF.net (solo para que no piensen que hay plagio ;D)Saludos1PD: No, no he olvidado leer "Huellas" ni "Terminó la guerra... ¿Pero qué pasó con Harry y los demás?" ni "Harry Potter y el Hacedor de Sueños" ni muchos otros que sigo... pero denme tiempo por favor T_T