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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 23
1965
Cissy se encontraba recostada en su pieza. La verdad es que no tenía ganas de aguantar a los mellizos Lestrange o aburrirse frente a sus babeantes primos. De acuerdo, Sirius ya tenía cinco años, pero seguía siendo aburrido en extremo.
La verdad, es que añoraba conocer primos más... maduros. ¿Era eso tanto pedir? Solo quería entretenerse día tras día, y no sentirse encerrada en la Mansión Black. Estaban los Longbottom, los Crouch, los Potter... pero no, "esos" habían perdido el apellido Black, y si bien cada tanto se juntaban, ya pertenecían a "otra rama". Y tampoco es que pudiese relacionarse con esas ratas muggles que correteaban por ahí.
Desde que Drómeda y Lucius se había ido a Hogwarts, se había quedado definitivamente sola. Solo faltaba un año para que ella también ingresara, y los días se le hacían eternos. Entre habitaciones vacías repletas de cuadros y muebles carísimos, su única entretención había sido espiar a sus padres y molestar a los Lestrange... Comenzaba a entender a Bella cuando le decía lo entretenido que era hacerlos llorar.
Bella... su querida hermana. ¿Por qué la había abandonado? Ella siempre le había sido fiel, la seguía a todas partes y hacía cualquier cosa que le pedía... ¿Por qué ya no le escribía cartas? Y luego, cuando por fin volvía de Hogwarts, no dejaba de refuñar y poner cara de hastiada. ¿Tan aburrida era la vida que ella llevaba? ¿Qué pasó con los juegos que antes tanto las divertía? ¿Ya no tenía ningún interés en practicar con ella nuevos hechizos? ¿De mostrarle a dominar su magia? ¿Qué había cambiado en el corazón de su hermana?
Y luego estaban sus padres. Hace ya tiempo que se había acostumbrado a llamarlos por sus nombres. La verdad es que no comprendía qué era lo que tanto los inquietaba, pero esto era la causa de que ya no la mimaran, ni le prestasen atención. Ahora bien podría haber pasado por un elfo doméstico si no fuese por la ropa que lucía.
-¡Cissy! ¿Cómo estás? -Rabastan entró sin permiso en su habitación, inconsiente de que esto no era buena idea.
-Mira, no estoy de humor...
-Bueno, no es para tanto... solo quería decirte que Cygnus te manda esta carta de parte de Bella...
Y en un segundo la carta estaba abierta en las manos de la rubia. La pulcra caligrafía, pequeña y esbelta, de su hermana resaltaba sobre el pálido pergamino. La tinta era verde oscuro, y el papel emanaba un ligero aroma a moho.
Narcissa:
Antes que nada, asegúrate de que nadie más lea la carta.
Te escribo por que necesito tu ayuda. Como bien sabes, Cygnus y Druella están preocupados por algo, y ya se lo que es. Es un mago, uno muy poderoso. Aún nadie sabe nada de él, pero sé que su nombre es Lord Voldemort. Nunca repitas su nombre, y quema la carta después de haberla leído. Debes llamarlo Señor Tenebroso, porque espero que algún día te unas a él. Yo ya lo decidí: En cuanto termine séptimo me uniré a sus filas. No me importa ser mujer. Tendrá que valorarme. Va a valorarme.
Su grupo de seguidores se llaman Mortífagos. Reverencia a todo aquel que los reverencie. Todo esto lo sé por un primo de Druella, un Rosier. No me acuerdo el nombre, pero se juntan regularmente y si aprendes a verlo te resultará una fuente de información muy útil. Y es exactamente esto lo que te pido, que vigiles a Druella y Rosier y me informes de cada junta, de cada palabra que digan y de cualquier gesto que pueda significar algo. Yo estoy en Hogwarts, y necesito mantenerme al día.
Lo harás ¿Verdad? Por tu hermana, por Bella...
Responde lo antes posible. Solo un "Sí" o un "No". Quema la carta, no dejes letra alguna a ojos indeseados.
Black
Cissy no lo dudó. Concentrándose, quemó el pergamino de la misma forma en que su hermana le había enseñado el año pasado, y luego garabateó una nota de regreso. Aquella tarde despachó a Lestrange sin miramentos, mientras la lechuza Black volaba sobre los cielos en busca de la destinataria de la concisa carta. En su pico, llevaba bien sujeto el trozo de amarillento pergamino, que con rápida caligrafía llevaba escrito un seguro "Sí".