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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 37

1975

Estaba enojada. Dentro de pocos días perdería el apellido, y por más que se concentrase en ver el lado positivo, no lograba desprenderse del desprecio que sentía por Rodolphus. No concebía que en menos de una semana su apellido cambiase a Lestrange. No quería que la gente la conociese por ser la esposa de un Mortífago. Su obsesión por el tema llegaba a límites insospechados, ya no pensaba en nada más.

Caminaba por el Londres Muggle, buscando a un Traidor a la Sangre que había decidido unir su estirpe a la raza inferior. Dobló por una calle y luego por otra. Se perdió en el laberinto y volvió a hallar su rumbo. Deseaba con creces encontrar su víctima para torturarla. Quería soltar toda la frustración acumulada. Dobló nuevamente una esquina.

-Valla valla, ¿Quién tenemos aquí? Si no es más que una mocosa…

La desagradable voz la hizo girarse con la varita en alto, y antes de que cualquiera reaccionase ya habían lanzado ambos magos su hechizo.

-Hoy toca noche de luna llena, Bella -dijo el mago, pronunciando con placer el nombre.

-Creo haberte dicho que nadie me llama así, lobito.

Nuevamente los hechizos se cruzaron. En medio del aire rojizo, las dos figuras se movían sincronizadas en una mortífera danza.

-Eres solo una mujer, hasta el Señor Tenebroso lo sabe.

-Puedo ser una mujer, pero sin duda soy mejor que un monstruo que no sabe hacer magia.

-Cuida tu lengua.

Esta vez, el crucio de Black alcanzó su objetivo. Rió de felicidad, de locura y de poder. Sus venas se llenaron nuevamente de energía, de maldad, de un éxtasis que solo le producían los gritos de su enemigo.

-Ya no soy la niña indefensa que alguna vez violaste, Greyback. Las cosas han cambiado bastante, y dentro de poco seré yo, y no tú, la que ingresará a las filas de mi Señor.

Los ojos cafés se abrieron de sorpresa, mientras se retorcía en la sucia calle. Evidentemente, no sabía nada de aquello.

-Debo irme. Tengo una última misión antes de mi boda.

-Así que te casas… los rumores se confirman: necesitas que un niño entre para poder colarte por su grieta…

-No me tientes.

Al parecer, su misión ya no tenía tanta importancia. El sol bajaba lentamente, segundo a segundo. En pocos minutos, ya no sería divisable y la bruja no parecía darse cuenta.

-Diffindo.

La sangre manó de su mejilla. Nada importante. Podía ser profunda, pero estaba acostumbrada a heridas peores. Atacó con más saña esta vez.

-Incendio.

El fuego envolvió por unos segundos al licántropo. La batalla parecía inclinarse lentamente a favor de Black. Nadie podía contra su locura.

-Deja de jugar, Greyback…  ¿o no puedes más?

-Sí puedo.

-Demuéstralo.

El sol terminó por hundirse, y la luna, blanca, grande y brillante, se dejó ver al otro extremo del horizonte. El hombre sonrió, antes de desplomarse mientras su cuerpo convulsionaba producto del cambio.

-Petríficus Totales.

Antes que fuese demasiado tarde, la bruja rebuscó entre su túnica. Allí estaba, un pequeño frasco con un líquido negro en su interior.

-¿Lo recuerdas? Oh, espera… tú nunca conseguiste que funcionara. No eres nada. Pero tranquilo, te permitiré probar un par de gotas. Con eso es suficiente. ¿Lo vez? ¿Lo sientes? Solo es el comienzo…

Disfrutó un par de segundos de su rostro de horror, mientras la pócima bajaba lentamente por su garganta. Pero no tenía tiempo. Un Traidor a la Sangre lo esperaba.