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Historia 56386 — capítulo 1

Iba por el bosque absorto de lo que sucede en el mundo moderno, su entorno la naturaleza,  bellos paisajes  y sobre todo la leña que viene de sus cortes finos y bien cortados de un gran árbol sea viejo o joven, su gran trabajo ser leñador honrado, y cansado que al final del día se gana el producto para poder comer y mantenerse en vida a el y su familia, vendiendo la madera a las madererias, o a las poblaciones para hacer fuego en sus chimeneas o ya sea también para fogatas de campistas que recorren esas tierras, sus tierras.

Cualquier sea el motivo, todos los días tiene trabajo, Arturo Zarza motivado por los pasos de su viejo padre, a pesar de sus exelentes estudios el prefiero lo más rudo, la calma que le  brinda ese bosque y su pueblo, su familia que no es muy grande prefiere ese entorno que la gran ciudad vecina, donde lo mejor son las grandes y pequeñas familias que por las noches van al parque en el  pequeño centro y beben horchatas, jamaica y comen golosinas y palomitas, uno que otro paletero, heladero y dinamicas entre los pueblerinos.

Pero de regreso al día donde Arturo Zarza va buscando en su bosque, el nuevo árbol que piensa sacrificar para poder crear objetos inanimados que le dan vida a un hogar o el calor de las llamas que le dan calefacción a los espacios cerrados con frialdad, no se percato que hay algo distinto, su bella naturaleza ha desaparecido.

-¿Qué ha pasado? ¿Donde están mis grande árboles? ¿Donde están mis cedros? ¿Y mis pinos? - Entre la confusión y la agonia que sentia vio un destello, algo proximo a el. Un impacto en su cabeza, lo hiso rodar sobre la yerba, fue algo que lo golpeo a una velocidad indefinida.

-Ouch ¿qué fue eso? ¿quién esta ahi?

Y desde ese angulo en que estaba, vio con más claridez, sus árboles no habían desaparecido, seguian ahi, pero ya alguién los habia leñado, y no con una hacha o alguna cierra, habian sido destrozados por una bestia, yacian sobre la bondadosa hiedra, precipitado se incorporo y busco a su atacante, aquel que habia hecho esa salvajez a sus preciosos arboles, pero aún no perdia esperanzas, aún le servian para leña en fogatas o chimeneas. No encontro nada, ninguna presencia.

-¿Donde estás? sal ahora mismo- Ningún miedo mostraba Arturo, siempre fue un hombre de mucho valor, su padre lo envio a la militar, fue a guerras, aprendio carpinteria y de todo lo demás, pero no solo fue un guerrero, fue el que construia las bases, los amplios terrenos de combate, que miedo le va a tener a un cobarde que no muestra su rostro, cuando habia peleado con tantos soldados encapuchados y con armas en brazos y manos.

Un crujido, volteo hacia donde provenia aquel ruido, silencioso y cauteloso, el individuo entre dos árboles que aún estaban de pie, se asomo aquel, un ser peludo, no sabía si era una chamarra o quiza era su gran cabello, pero de pies a cabeza tenia mucho pelo. Vio su aproximación, un andar encorbado, un rugir y una respiración acelerada, sobre sus dos extremidades inferiores que parecian patas con unas grandes garras peinaba el camino, podando las ramas y pastizal que se le atravesaban.

-¿Qué demonio eres?- se cuestiono Zarza