De santos y rosarios — capítulo 4
La mujer miraba a Snape con preocupación, mientras él se limpiaba las manos con un pañuelo. Un cura no podía golpear a alguien. Mucho menos pelear en una iglesia. Eso no estaba permitido. Severus en cambio, parecía feliz con lo que acababa de hacer y no necesitaba escudarse con ninguna ley de la mujer. Ningún hombre debía tocar el rostro de una mujer. Ninguna parte de su cuerpo de hecho. Ella le sostuvo un brazo, antes de que él decidiera volver a golpearlo ya que daba signos de querer levantarse e insistir. Lo miró negativamente y el hombre apenas podía parpadear para responder con una mirada.
— Señor Severus, no debió hacer eso. Quién sabe lo que dirán de usted en el consejo tutelar. Sabe muy bien que apenas acaba de llegar y eso le dará mala fama. No quisiera que por mi culpa, tuviera que irse...
— Ningún hombre debe golpear a una mujer, por más mal que haya hecho. Una mujer es algo sagrado y tipos como este infeliz, lo entienden es a golpes. Como siempre.
Samantha lo miró con un suspiro y entendió que Severus no era un hueso fácil de roer. Era un cura de armas tomar y no le temía a nada de lo que la vida le pusiera en frente. Aunque podía perder su trabajo por eso.
Pero parecía tan calmado con eso. Su marido al final logró pararse y llevándose la mano a la boca para limpiarse la sangre, lo miró con rabia y trastabilló ligeramente. Samantha tembló, pero Severus había cerrado su brazo sobre el suyo, como si se tratara de una pinza.
— Ya va a ver... lo denunciaré con la policía por pendenciero. Y por llevarse a mi mujer.
— Dios sabe que eso no es cierto, así que no me preocupa.
— Irá preso, se lo aseguro.
Samantha volvió a temblar y Severus se rió en su rostro. Tomó su crucifijo y se lo quitó del cuello. Tomó ambas manos de aquel hombre, mientras él forcejeaba y lo ató allí. El hombre trataba de desatarse, pero era inútil.
— No te pediré que reces, por que terminarás blasfemando contra dios... pero este será tu castigo por golpear a una mujer— dijo, atándolo fuertemente y con un gran nudo.— ahora ve a la comisaría y explícales por qué estás atado.
Lo miró irse y continuó sonriendo con malicia. La mujer a su lado, sabía que eso era problema para él. Lo despedirían rápidamente y Albus se decepcionaría de inmediato. Aunque quizá Albus ya sabía cómo era él en sus modos y sus temas. Porque de no saberlo, no lo habría recomendado. ¿O acaso desconocía que el cura Snape, solía hacer ese tipo de actos. No estaba segura de ello, pero no quería enterarse de que aquel que le había salvado, iría preso.
Además, solo él podía haber hecho lo que hizo. Luego de amarrarle las manos, le había dado una patada en el trasero y lo había echado a andar por la iglesia hasta que se había ido.
Ningún cura que conocía, haría semejante cosa. Todos seguramente, saldrían ofendidos de ver aquello. Qué particular era ese hombre.
Una persona cualquiera, hecha cura. Eso parecía.
— Le recomiendo que se quede aquí— dijo, montándose en uno de los asientos de madera y mirando hacia el techo. Con el estruendo, algunas imágenes religiosas se habían desbalanceado y se dedicó a acomodarlas.— no le convendría salir de aquí, con su marido en esas condiciones. Necesita descansar, así que puede irse a la habitación.
— Vendrán por usted.
— Ya mañana sabremos eso.
Al amanecer, evidentemente ya el marido de aquella mujer, había conseguido una orden para entrar en la iglesia y llevárselo detenido. Severus se sentó en la comisaría, junto a Samantha... la nueva "conocida", que tenía en ese pueblo.
— Sí, le propiné un par de golpes en defensa de esta mujer. Mírela como la ha dejado toda marcada, creo que es justo y necesario. Dios no suele decir que seamos violentos, pero lo justo es lo justo.
Precisamente eso, era lo que no tenía que decir sobre el asunto. Porque la condena podía ser mucho peor de lo que ya parecía.
— Lo ató de manos y lo pateó hasta la salida de la iglesia.
— Sí, lo hice.
— Y lo golpeó, cuando el señor iba por su esposa.
— ¿Señor? ¿Cómo osa decir semejante disparate? ¿Qué señor le pega así a una mujer?
— ¡Inaceptable! Y en vísperas de la visita del obispo. ¡Inaceptable!