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Historia 56658 — capítulo 10
-Lo siento.
Draco se sentó junto a mí, y comenzó a hablarme:
-Hermione… Dios, ¿por dónde empezar? Me cuesta mucho decir esto… Y aún más admitirlo… Te quiero.
Dejé de respirar por unos segundos. Lo había soñado o…¿Había dicho lo que había dicho?
-Lo más probable es que ahora me odies, por cómo me he comportado estos días, pero… Hermione, me han educado para que odie a la gente como tú. Siempre he pensado que los nacidos de muggleserais incultos, mala gente… Pero tú eres… Diferente. No tengo ni idea de si los demás son como yo pienso, pero está claro que tú eres distinta. Sabes mucho más que muchos magos adultos que he conocido, eres buena, simpática… Y he de reconocer que la chica más guapa que hay, y habrá. Así que te pido que, aunque ya no quieras que salgamos, por lo menos seamos amigos. Al fin y al cabo, ¿no eran Gryffindor y Slytherin los mejores amigos?
Me quedé quieta. Hacía unos minutos, me había llamado sangre sucia, me había dicho que jamás saldría conmigo, me había dicho que le daba igual.
Pero acababa de firmar su declaración de amor.
-¿E-en serio piensas eso?
Mis llorosos e hinchados ojos miraron a los suyos.
-Sí. ¿Podrás perdonarme?- dijo, tomando mi rostro entre sus pálidasy suaves manos.
-¡Oh, Draco!
Le rodeé con mis brazos durante casi un minuto, y luego le besé con más pasión de la que imaginaba que podían emanar mis labios.
-¿Qué pasa?- le dije cuando, tras terminar mi beso, me miró con los ojos como platos.
-N-nada… Simplemente que… ¿Aún me quieres?
-Mmm…No sé… ¿A ti que te parece?
Reí, y él me siguió.
-Hermione, ¿te puedo pedir una cosa?
-Lo que quieras.- respondí, con una sonrisa.
-¿Te importaría que llevásemos esto…? Bueno… ¿En secreto?
-No.- respondí, tras dudar un momento.- ¿Pero por qué, si se puede saber?
-Bueno… Digamos que, si mi familia se llegase a enterar…
-Entiendo. En secreto, pues.
-Gracias.
-No hay por qué darlas.
Sonreí, y le di un beso.
-Si me disculpas, tengo que hacer los deberes de Transformaciones.
-Claro, eeh… ¿Cariño?
-Gracias, mi amor.- respondí, divertida, y le di otro beso.
Cuando entré en el Castillo, tuve que emplear toda mi fuerza de voluntad para no ponerme a cantar y a bailar; y para no abrazar a todo aquel al que se pusiese delante.
Tanto profesores como alumnos parecían notar algo extraño en mí, aunque, sinceramente, no me importaba.
Draco y yo estábamos juntos, y eso era lo único que tenía cabida en mi mente.