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Historia 56658 — capítulo 9
Como siempre, la sección de Historia de la Magia estaba vacía.
Constaba de tres filas, y estaba situada fuera del ángulo de visión de la señora Binns; lo que la hacía especialmente tentadorapara aquellas parejas que querían dar rienda a suelta a su pasión tras un tiempo de estudio.
Sonreí, pensando en la ironía del asunto.
No venía precisamente a "dar rienda suelta mi pasión", al menos aquel día.
Mis pensamientos se disiparon cuando él asomó la cabeza.
-Quiero una explicación.
Me miro con rostro sorprendido.
-¿Sobre qué?
-¿Sobre qué? Pues sobre- dije, cerrando los puños y bajando el volumen- lo que pasó ayer a estas horas.
-¿Lo de la Lechucería?- preguntó, sonrojándose ligeramente y bajando la mirada.
-No sé, ¿a ti que te parece?- contesté, con sarcasmo.
-Bueno pues… Creo que puedes sacar tus propias conclusiones, Granger.
-Mmmm… ¿Y porque no me dices las conclusiones que se supone que debo sacar, Malfoy?
-Que me…Me…-le costó enormemente admitirlo, pero al fin tuvo el suficiente valor- Me gustas.
Aunque de algún modo me lo esperaba, no pude menos que quedarme en blanco durante unos segundos.
-Tú a mi también.
Las primeras palabras que mi mente había procesado y emitido nos dejaron estupefactos a ambos.
Al fin habíamos confesado nuestros respectivos sentimientos…
-Ah. En ese caso…
-¿Qué?
-Que en ese caso, vale.
Le mire con escepticismo.
-¿Vale? ¿Sólo vas a decir eso?
-Eeh…¿Debería decir otra cosa?
-Bueno, supongo que el hecho de que…-tragué-De que nuestros sentimientos sean mutuos debería afectarte…
Lágrimas de frustración e impotencia esperaban en mis húmedos ojos su oportunidad para caer…
-¿En serio creer que voy a estar con una Gryffindor sangre sucia?
Perdí la ardua batalla, y las agridulces lágrimas volvieron a surcar mis mejillas.
Podría ser una Gryffindor, podría pertenecer a la casa de los leones, podría ser la más inteligente de mi generación…
Pero lo único en lo que pensé fue en salir corriendo.
Corrí, corrí y corrí, hasta llegar al Círculo de Piedra.
Allí, me senté, y, apoyada en la piedra más alta, puse la cabeza entre las rodillas y comencé a llorar.
Pero entonces, vi una silueta que venía corriendo hacia mí…