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Historia 56658 — capítulo 8

-¡Herms! ¡¿Qué te pasa?! ¡Ayer te estuve esperando durante DOS horas!

-Lo siento, Sue, es que... Estuve leyendo…Historia de la Magia…

¿Historia de la Magia?

Ni mucho menos…

Había pasado las últimas horas llorando a mares en mi cama, algo que Susan debió notar; tal vez por mis ojos rojos, tal vez por mi túnica empapada de lágrimas (ni siquiera había tenido tiempo de cambiarme).

-¿Qué te ha pasado?

-Nada…

-Hermione.- dijo, con un tono que no admitía réplica.

-Bueno…Es que…No…

Las lágrimas volvieron a surcar mis mejillas, y mi boca comenzó emitir unos sonoros sollozos.

Susan me abrazó:

-Sssh, tranquila… No pasa nada… Ya, ya…

Mi mejor amiga me llevó hasta la Sala Común de Hufflepuff, cerca de las cocinas.

Allí, más tranquila y serena, le expliqué todo lo acontecido la tarde anterior, y mis sentimientos hacia Draco.

-Dios, Sue, ¿qué hago?

-Ufff… Herms… Esto que te ha pasado es muy complicado… Además, yo no tengo mucha experiencia en estos temas…

-Más que yo seguro.

-Oh, bueno… Empecemos por lo esencial; ¿a ti te gusta?

-Bueno… Sí, Draco Malfoy me gusta, y bastante…- dije, admitiéndolo por fin ante alguien que no fuese yo.

-Debo suponer que a él le gustas, si no, no te hubiera besado, así que… ¿Por qué crees tú que ha huido de esa manera?

-No lo sé, supongo que se avergüenza de sus sentimientos por mí, y por eso se ha acobardado…- contesté, enjuagándome las lágrimas.

-¿Pero por qué iba a avergonzarse?

-¡Por Dios, Susan! ¡Soy de origen muggle! ¡Y su familia detesta a los de mi condición! ¡Y además, para más inri, soy deGryffindor, pertenecemos a casas enemigas! ¡No puede ser peor!

-Bueno, Hermione, no te alarmes tanto… Él puede pensar de forma distinta que el resto, y no tenéis porque odiaros aunque ambos pertenezcáis a casas enemigas.

-Sue, ¡no lo entiendes! Él me odia, lo sé. La primera vez que le vi, en Madame Malkin's, me trató cordialmente; hasta que se enteró de mi apellido *muggle.*Y además, ya viste como habló de Ron Weasley.

-Bueno… Tal vez tengas razón.- dijo- Pero si te odiara, no te hubiera besado.

-Lo sé. Pero Sue, en serio, ¿qué hago?

-Bueno, lo más adecuado sería que le buscases y tratases de hablar con él en privado, así te podría dar una explicación.

-¿Sí? Uhm… Sí, tal vez sea lo mejor. Hablando se entiende a la gente, ¿no es verdad? Gracias, Susan.

-De nada.- contestó, sonriendo y abrazándome- ¿Por qué no pruebas ahora? Según creo, los Gryffindor tenéis clase de Pociones con Slytherin.

-Si… Será mejor que me de prisa si no quiero llegar tarde.- contesté, levantándome del cómodo sillón amarillo y negro de la Sala Común- ¡Gracias otra vez!

-¡Ya me contarás como te ha ido!- respondió, subiendo al dormitorio.

-Caput Draconis.

-Adelante.

El retrato de la Señora Gorda se abrió, dando paso a la magnífica Sala Común de Gryffindor.

Estaba completamente decorada con los colores de la casa (rojo y oro); y era presidida por una enorme chimenea de ladrillos.

Subí a la habitación de las chicas, cogí mis cosas de Pociones, y bajé corriendo a las mazmorras.

Mis prisas no resultaron demasiado necesarias, ya que, como comprobaría más adelante, siempre era la primera en aparecer en la oscura y húmeda clase.

-Buenos días, profesor Snape.

-¿No llega usted un poco pronto, señorita Granger?- dijo un hombre alto, de pelo grasiento y nariz ganchuda desde el fondo de la clase.

-Eeh… Bueno, pensé que…

-La próxima vez no piense tanto y llegue a la hora.

Me senté en la primera fila, algo contrariada por los bruscos modales de Snape.

Los Slytherin no tardaron en llegar, pero, sin embargo, a ellos no les dirigió una palabra.

Supongo que el hecho de que Snape fuese el jefe de su casa ayudaba…

Y, con los Slytherin, él.

Como siempre, escoltado por sus orondos secuaces, Crabbe y Goyle.

Se situaron cerca de mí, en la segunda o tercera línea de pupitres.

Mientras los demás llegaban, tomé un trozo de pergamino y comencé a escribir:

5 Biblioteca; Sección de Historia de la Magia.

Por favor.

Hermione Jane Granger

La clase pasó sin nada demasiado reseñable, excepto el hecho de que el profesor Snape favorecía notablemente a los de su casa.

Al fin, llegó el desenlace de la hora.

-Podéis iros.

Rápidamente, recogí mis libros y, de la manera más indiferente y sigilosa que pude, alcancé la mesa de Draco, donde recogía sus libros mientras charlaba con Goyle.

Tal como había hecho él unas horas antes, le di un codazo voluntario.

-¡Eh, Granger!

Una voz detuvo mis apresurados pasos.

-¿Se puede saber qué te pasa?- dijo Crabbe- ¿Por qué golpeas de esa manera a Draco?

-No…

-Déjala, Crabbe.

Su susurrante voz me heló la sangre.

-Pero…

-He dicho que la dejes. Ha sido un accidente, nada más.

Me miró, y alzó las cejas.

Vaya, respuesta afirmativa.

Sin decir palabra, volví a la Torre de Gryffindor y me preparé para la siguiente clase; Defensa Contra las Artes Oscuras, con el profesor Quirrel; clase compartida con Hufflepuff.

-¿Qué tal ha ido?

Una impaciente Sue esperaba en el pupitre de la segunda fila.

-Bien.- contesté, soltando mis pesados libros sobre la mesa- Esta tarde a las cinco saldremos de dudas.

-¡Sí!- exclamó, provocando el sobresalto de media clase.- A propósito, ¿recuerdas lo que te tenía que contar?

-Eeeh… Sí, algo relacionado con Snape, ¿no?

-Exacto. Bueno, pues… ¿Conoces a la profesora Sinistra, la de Astronomía?

-Eh, sí, ¿esa bruja alta vestida de azul marino?

-Esa es. Bueno, pues, según cuentan en la Sala Común, ¡estaba enamorada de Snape! ¿Te lo puedes creer? ¿Cómo alguien en su sano juicio puede enamorarse de ese?

-Bueno, Sue, hay gente para todo…- dije, apartando la vista. Desde siempre había detestado los cotilleos…- Además, eso no nos importa.

-Ya, bueno, pero, ¿sabes lo peor? ¡Dicen que él la corresponde!

-Bueno, al fin de al cabo, es mejor para los dos. Me alegro por ellos.

-¡Herms! ¿Sabes que eres muy rara?

-¿Por qué, porque no me gustan los cotilleos?

-Sí.

-¡Hija de mi vida, no a todo el mundo le gustan!

Susan estalló en carcajadas:

-¿Qué?- pregunté.

-Es que… ¡Ja, ja, ja! ¡Te pareces TANTO a mi madre cuando se enfada!

Emití una ligera risa, y a continuación, el profesor Quirrel entró en el aula.

Tras una hora de tartamudeos, vampiros y collares de ajo, Susan y yo nos separamos: una la Sala Común de Hufflepuff, otra a la Torre de Gryffindor.

Herbología, Vuelo, Transformaciones, Encantamientos…

El resto de clases pasaron con lentitud a través de la nublada mañana de Septiembre.

Y, una vez más, llegó la hora de la verdad…