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Historia 56658 — capítulo 12
La hierba parecía brillar bajo el resplandor de la luna llena.
El Lago parecía un espejo, y ella se reflejaba en él con toda claridad.
El roble en el que estábamos apoyados parecía llevar allí más que el propio Castillo, y sus hojas nos ofrecían un cálido escondite.
Observábamos la luna acurrucados en uno junto al otro, apenas teníamos conocimiento de que otros seres habitaban el planeta.
Sólo existíamos él y yo.
Nosotros.
-Draco
-¿Sí?- contestó, girando la cabeza.
-Quiero que tengas esto.
Puse en su mano el colgante que tan especial era para mí, aquel que representaba a un león y una serpiente entrelazados.
-¿Qué es?
-Es un colgante. Me lo regaló mi abuela cuando era pequeña, y siempre que lo llevo puesto, me pasan cosas maravillosas.
-¿Cómo por ejemplo?
-Como por ejemplo tú.
Sonrió.
-Nos representa a nosotros, ¿no?
-¿Eh?
-Digo, nos representa a nosotros. La leona y la serpiente.
-Oh…Vaya, nunca me había fijado.- contesté, con una tímida sonrisa.
-¿Sabes por qué es eso?- dijo, poniéndose el colgante.
-¿Por qué?
-Porque siempre hemos estado destinados el uno alotro. ¿No te das cuenta? Gryffindor y Slytherin. León y serpiente. Tú y yo.
Me sorprendió su sagacidad; ni siquiera yo me había dado cuenta de ese detalle.
¿Sería cierto?
Tal vez sí…
Al fin y al cabo; tal vez nuestro encuentro en Madame Malkin'sno fuese casualidad, ni tampoco que ese colgante me perteneciese…
-¿No crees?
-¿Qué?- volví la cabeza bruscamente- Oh, bueno…Draco, ya sabes que no creo mucho en el destino, y eso, pero… Podría ser.
-Oh, vamos.
-Draco, no hay nada fijo en este mundo. Puede que exista una especie de…lazo mágico que nos una. Pero si yo no hubiese ido aquella tarde a Madame Malkin's… ¿Te hubieses fijado en mí?
-Claro que sí, Herms.
-Ya, bueno, pero no creo que todo hubiese sido de la misma manera. Auqnue he de reconocer que, casualidad o destino…Conocerte ha sido, sin la menor duda, lo mejor que me ha pasado en la vida.
Recibí como toda respuesta un suave beso, y caí de espalda por la fuerza que empleó Draco.
-¡Draco!- dije, levantándome a la vez que ambos reíamos- ¿Qué te pasa?
-A mí nada, cielo.
-¿Entonces?
-Es sólo que me encantas.
-Eres tonto…- bromeé, esbozando una sonrisa.- ¿Por qué te quiero tanto?
-Tú sabrás.
Ambos sonreímos, y le pregunté:
-¿Qué hora es?
-Creo que las dos y algo.
-¡Señor! Vámonos ya.
-Un poco más…
-Draco, ¡nos levantamos a las siete! Venga, volvamos.
-Está bien… Pero prométeme que haremos esto de vez en cuando.
-Bueno…Vale.
Draco me besó.
-Y ahora, volvamos al Castillo.
Volvimos a nuestras respectivas Salas Comunes.
Agotada, me eché sobre la cama, pensando que ojalá esa noche no acabase nunca, nunca, nunca…