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Historia 56658 — capítulo 15
Los minutos pasaban lentamente.
Ni siquiera me había movido del sitio desde el que había visto a Draco irse.
¿Por qué?
En mi cabeza rondaban aquellas dos palabras.
¿Siempre tenía que ser tan escrupulosa en todo?
¡Siempre buscándole la lógica a todo!
¿Acaso no podía aceptar que me amara, fuese o no fuese nacida de muggle?
No podía simplemente aceptar ese hecho; no podía simplemente pensar en él y en mí, en nosotros.
Volví a llorar, volví a meterme en el retrete más cercano; como una cobarde estúpida.
Me maldije durante largo rato.
No me perdonaría; eso lo sabía.
Había osado gritarle que me odiaba; que me odiaba por mi origen muggle.
Había sido tan… Estúpida.
Idiota…
Un sonido parecido al de los pasos de un gigante me sobresaltó; dejando volar mis pensamientos a otra parte.
"Estarán subiendo a las salas comunes.", pensé, "Será mejor que me lave y suba yo también."
Me dirigí al espejo.
Y esta vez no vi el reflejo de Draco; oh, no.
Me giré, y confirmé que un gigantesco trol se erguía ante mis pies.
Le miré de arriba abajo; no podía ser más repugnante: verdoso, con verrugas incontables, y únicamente cubierto por un chaleco y un taparrabos completamente mugrientos.
Portaba una especie de garrote que parecía potencialmente peligroso…
Despacio, comencé a caminar hacia atrás, pero el trol me seguía.
Estaba completamente segura de que estaba acabada; al día siguiente, alguna alumna encontraría mi cuerpo inerte sobre las baldosas blancas…
Entonces hoy una voz.
-¡Hermione, aguanta!
Harry Potter y Ron Weasley estaban en la puerta de los baños.
El trol giró la cabeza, y yo; presa del pánico, me encerré tras la primera puerta que vi; la de uno de los retretes.
Pero, obviamente, la cosa no funcionó.
El trol lanzó su garrote contra las estructuras de madera, así que rápidamente me eché al suelo; tras lo cual fui "asaltada" por una avalancha de escombros.
Cuidadosa, asomé la cabeza entre ellos; y observé, un tanto incrédula, como Harry y Ron trataban de acabar con el trol a base de tirarle los restos de madera.
Estaba claro que no iban precisamente a matarle, pero supuse que serviría para distraerle, así que traté de cambiar mi posición; pero la criatura me vio.
Volvió a lanzar su garrote contra mí, pero yo tuve más reflejos; y conseguí apartarme unos milímetros a tiempo.
Harry trató de arremeter contra el trol por detrás, y saltó hacia él, tratando de detener su cabeza.
El trol, tratando de descubrir que era lo que tenía sobre los hombros, sacudió la cabeza hasta que Harry, en pleno forcejeo, clavó su varita en la fosa nasal de la asquerosa criatura.
Los tres pusimos cara de asco.
Al fin, el trol tomó a Harry por la túnica, y comenzó a tratar de golpearle.
-¡Ron!- gritó, tratando a la vez de esquivar el garrote- ¡Haz algo! ¡Pero rápido!
Cuando alzó la varita; susurré, bajo los lavabos destrozados, las mismas palabras que rondaban en la cabeza de Ron:
-Agitar y golpear.
-Wingardium leviosa.
Las palabras resonaron, claras y perfectas, en toda la sala.
El trol observó confuso como su garrote comenzaba a levitar en el aire.
Con un delicado movimiento de varita, Ron hizo que golpeara a la verdosa criatura, que soltó a Harry.
Justo cuando este se hubo apartado lo suficiente, el trol cayó, realizando un sonido tan estruendoso que, según adiviné, se escuchó en todo Hogwarts.
-¿Está… muerto?- pregunté, saliendo de mi escondite.
-Sólo inconsciente.- apuntó Harry, mirando su varita.- Aaag, mocos de trol…
Oímos unos apresurados pasos yendo hacía allí.
La profesora Mcgonagall, acompañada de Snape y de Quirrel, hizo su aparición.
-¡Ya me estáis explicando lo que ha pasado aquí!- exclamó, entre jadeos.
-Verá, profesora, la verdad es que…
-He sido yo, profesora Mcgonagall.
Mcgonagall me miró, con una mezcla de incredulidad y decepción, profunda decepción.
-Señorita Granger…- fue lo único que salió de su boca, en un tono de sorpresa y súplica que me obligo a bajar la cabeza para no mirarla a los ojos.
-He leído mucho sobre los trols, así que pensé que tenía capacidad para vencerle. Pero no fue así.- aseguré, bajo las miradas sorprendidas de mis salvadores- Si no fuera por Ron y Harry, a estas horas estaría muerta.
Se lo debía.
Ellos me habían salvado la vida, no iba a dejar que les echaran la culpa.
Mientras, la profesora Mcgonagall me observaba, triste.
-Estoy muy decepcionada con usted, señorita Granger.- dijo finalmente- Su comportamiento ha sido totalmente responsable. Le serán sustraídos cinco puntos a Gryffindor por su acción. Y en cuanto a vosotros dos- continuó, mirando a Ron y a Harry- , habéis tenido una suerte inmensa. No muchos alumnos de primero se enfrentan a un trol y viven para contarlo. Se os recompensará con cinco puntos para Gryffindor. A cada uno.
Los tres suspiramos aliviados, y la profesora continuó:
-Por estricta suerte inmerecida.
Dio media vuelta y comenzó a caminar con firmes pasos.
-B-bueno, vámonos de aquí.- dijo el profesor Quirrel, apartándonos del trol- P-podría despertar.
El profesor Snape nos acompaño en silencio hasta la Sala Común.
-¿Por qué lo has hecho?- me preguntó Ron, una vez dentro.
-¿Por qué vinisteis a ayudarme?- dije yo como toda respuesta, justo antes de retirarme a mi dormitorio.
-Lo que te decía yo.- oí comentar a Ron desde las escaleras- Chiflada perdida.