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Historia 56658 — capítulo 14
-¡Hermione! ¡Hermione!
Parvati Patil golpeaba incesante la puerta del retrete.
-¡Hermione, sal de ahí!
Silencio.
-¡Hermione! ¡Venga, no seas tonta! ¿Por qué no hablas con nosotras? ¡Seguro que podemos arreglarlo, para eso están las amigas!
Una sonrisa irónica se esbozó entre las lágrimas.
¿Amigas?
Sí, claro…
Las amigas te llaman amargada a tus espaldas; y luego te ofrecen la mejor de las sonrisas.
Las amigas difunden los rumores más duros sobre ti, y luego blasfeman contra ese supuesto "desconocido" que los ha extendido…
"Eso son las amigas, ¿verdad, Parvati?", pensé, deseando tener la fuerza suficiente para gritárselo a la cara; decirle que no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de que estaba allí por mera curiosidad.
Pero no podía.
No lo sabía exactamente, pero estaba segura de que varias horas habían pasado desde que oyera las palabras de Ron Weasley y corriera desesperadamente al baño de las chicas para descargar toda mi tristeza e impotencia en infinitas lágrimas.
-Parvati, déjala…- dijo Padma, la gemela de Parvati.
-Bueno…- Está bien. Pero-añadió en voz baja, pensando que no la oía- vamos ahora mismo a contarlo a la Sala Común de Gryffindor.
Las oí alejarse y, cuando me aseguré de que no me oían, salí del retrete y me dirigí al lavabo.
Tomé un poco de agua, y comencé a lavarme la cara, aunque las lágrimas seguían cayendo por ella.
-¿Te vas a pasar el día así?
Cuando alcé la vista, vi a un chico rubio de ojos grises reflejado en el espejo, a mi lado.
-Responde.
-¿A qué?
-A mí pregunta.
-Pues… No.
-Pues casi lo has hecho. Hermione, no sé si te has dado cuenta, pero ya es la hora de la cena.
¿Era tan tarde?
-¿Vas a venir?
-N..No.-balbuceé, negándome a mirarle.
Hubo un silencio incómodo; ninguno nos atrevíamos a mirarnos a la cara…
-¡Oh, Draco!
Me arrojé a sus brazos, y comencé a llorar lo más fuerte que podía.
-L-lo siento tanto…-repetía.
-Shh, shh, tranquila…
Pasó un tiempo antes de que pudiera alzar la cabeza:
-Draco, lo siento tanto, me he centrado demasiado en los exámenes, y…Y…
-No pasa nada, Hermione… Es lo que debías hacer, y ya está. Y ahora cuéntame-dijo, con un tono comprensivo- ¿Qué te ha pasado?
Le expliqué lenta y detalladamente todos mis sentimientos, y los hechos que habían acontecido horas antes.
Él me escuchaba con atención.
Incómoda, noté como cuando mencionaba a Weasley, en su cara aparecía una ligera mueca de desprecio.
"Ahora.", pensé- "Ahora es el momento, Hermione. Vamos, así sabrás su versión de la historia…"
Llevaba días planteándome hablar con él sobre ese asunto, casi desde que me dijo que era "diferente" del resto de muggles…
-Y…Bueno, eso es todo hasta el momento, luego llegaste tú…Oye… ¿Por qué..?- tragué- ¿Por qué has hecho una mueca cuando he mencionado a Ron?
El semblante de Draco empalideció de pronto.
-¿A qué viene eso?- dijo, con el tono frío que utilizó aquella tarde en la biblioteca.
-Pues… Bueno, he oído… He oído que…
-¿Qué?
-Que detestas a todos aquellos que tiene alguna relación con muggles.
Un silencio bastante más incómodo que el anterior invadió la sala.
-Sigo sin entender a que viene…- continuó, retirando la vista.
-Pues… Draco, yo soy hija de muggles.
-¿No me digas?
-No me vengas con sarcasmos. En serio, Draco. No puedo vivir con esta duda. ¿Odias…?-volví a tragar saliva; lo que me disponía a decir era muy duro- ¿Odias a los muggles?
Silencio.
Mi respuesta no adquiría más que silencio…
Los nervios empezaban a aflorar...
-Draco, contéstame.
-Tú eres diferente, Hermione…
-Draco.
-Está bien. Odio a los muggles. Me parecen criaturas detestables. ¿Eso es lo que querías oír?
-O sea… Que es verdad-dije, con el tono más tranquilo que podía, aunque, aún así, se me notaba demasiado-, odias a la gente… Como yo.
-¡No! Tú no eres muggle…
-Sí lo soy, Draco. La magia no tiene nada que ver. Y estoy orgullosa de ello.
-Oh, vamos, Hermione… Tú no tienes nada que ver con los muggles. Eres mucho más inteligente y…
-Mis padres son muy inteligentes. Y son muggles.
-Pero no son nada comparados contigo. Ellos jamás podrían aprender lo que tú aprendes; jamás tendrían conciencia de cosas que para ti se ven a simple vista.- replicó Draco, alzando ligeramente la voz.
-Sí lo son comparados conmigo, Draco. Son dos de las personas más inteligentes que he conocido. Si no fuera por ellos, no estaría aquí. Si no fuera por ellos; por la educación que me han dado, no creo que fuese como soy.- contesté, alzando la voz un tono más que él.
-Hermione…
-¿Sí?
-Sabes que tengo razón.
-No tienes razón.- espeté, alzando la voz aún más; esta vez en tono de disputa.
-Sí la tengo. Hermione, no puedes seguir así, no puedes seguir relacionándote con esa gente.
-¿A sí? ¿Y qué quieres? ¿Qué deje solos a mis padres y me vaya por ahí, a vivir la vida? ¿Eso es lo que quieres?
-¡No! ¡Quiero que…! ¡Dios, por qué has tenido que preguntarme eso? ¡Estábamos perfectamente, hasta que empezaste con preguntitas estúpidas!
-¡No son preguntitas estúpidas! ¡Se trata simplemente de si me odias por ser de sangre *muggle,*y está claro que sí!- grité, con lágrimas de rabia brotando de mis ojos marrones.
Draco hizo silencio.
-¿Eso es lo que piensas? ¿Qué te odio? ¿Qué te odio, Hermione Granger? ¿El único ser al que he amado en mi corta vida… piensa que le odio?
Me miró con dureza; una dureza que nunca hubiese imaginado encontrar en un ser humano.
-Adiós, Hermione Granger. Adiós.
Abandonó el baño en silencio.