← Historia 5674 · de
Historia 5674 — capítulo 2
Muerte Dormida
Por J. L. Matthews. Traducción de Estela R. G.
Capítulo Dos: el Callejón Diagon
Una semana después, la señora Tyler guiaba a las dos niñas por Charing Cross, Londres.
-
¿Dónde vamos? - preguntó Luella excitadamente.
-
Espera y verás - respondió la señora Tyler enigmáticamente.
Deanna entrecerró los ojos.
- Vamos al callejón Diagon. Es la central mágica, donde todo el mundo consigue sus útiles de magia. Ahora estamos cerca de allí; mamá me ha llevado un montón de veces.
La señora Tyler se había parado fuera de un bar con aspecto medieval llamado "el Caldero Chorreante".
- Aquí dentro, niñas - dijo mientras se metía en el interior.
Luella parecía dudar sobre si entrar o no en el bar, pero la señora Tyler y Deanna parecían lo suficientemente seguras como para que las siguiera al interior. Lo que la esperaba dentro era increíble. Parecía un antiguo bar de pueblo, con mesitas de madera por todas partes, asientos de cuero, adornos pasados de moda y barriles sobre la barra, donde se servían varios tipos de cerveza y bebida. Por lo pronto, todo normal. Lo que era diferente, de todas maneras, era la clientela. Luella suponía que los bares estaban llenos de hombres viejos fumando en pipa, bebiendo cerveza. Y así ocurría en éste. Sin embargo, los viejos no solían llevar túnicas salpicadas de estrellas y sombreros puntiagudos, y Luella estaba segura de que el humo de las pipas no tenía que ser verde. Comparada con algunos de esos individuos, la señora Tyler tenía un aspecto casi normal. Al menos ella se había molestado en ponerse un largo abrigo muggle para ocultar sus ropas. Deanna no parecía extrañada por todo eso y escogió un asiento junto a la ventana. Su amiga la acompañó.
-
¿Qué es este lugar? - susurró Luella, encantada.
-
El Caldero Chorreante - contestó Deanna también en un susurro -. Un bar mágico. Tenemos permiso para estar aquí dentro, la comunidad mágica tiene una actitud bastante relajada a la hora de estas licencias. De todas maneras, los policías muggles no pueden ni siquiera ver este bar. Así que estamos a salvo.
Luella sacó su "Guía para alumnos de origen muggle" de Hogwarts y la lista del equipo que había llegado el día anterior.
- Me pregunto si veremos a alguno de los profesores aquí - preguntó, hojeando las páginas. De pronto dejó caer el folleto con un chillido, haciendo que la mitad del bar se girara a mirarla, antes de apartar la vista murmurando cosas como "Niños" o "Muggles maleducados" -. ¡Las fotos! ¡Se... se están moviendo!
Deanna soltó una risita.
- Por supuesto que se mueven. Todas las fotografías mágicas lo hacen. Acostúmbrate, niña.
En ese momento llegó la señora Tyler con una gran caña de cerveza y dos pequeñas.
- Aquí tenéis, chicas. Una cerveza de mantequilla para mí, dos medios para vosotras. Bebedlo, es la versión diluida.
Luella probó la suya. El sabor era increíble; el líquido dorado y burbujeante explotó sobre sus papilas gustativas como un cometa a través de un cielo medieval. No se parecía a nada que hubiera probado anteriormente.
- ¡Esto es maravilloso! - dijo entrecortadamente - ¡Está tan bueno...! ¡Muchísimas gracias, señora Tyler!
La señora Tyler movió la mano quitándole importancia.
- No pienses en ello, querida mía. Estarás agradecida de haber tomado esa bebida antes de que comencemos. Por lo que me han dicho, la compra para Hogwarts es una experiencia muy cansina. Estoy muy agradecida de que sólo lo tenga que hacer una vez. El año que viene tendréis que comprar muchas cosas menos, además de que por entonces ya podréis venir solas, espero. ¿Qué es lo que tienes ahí, Luella? - la señora Tyler indicó la guía de Hogwarts y Luella se lo enseñó - ¿Una "Guía para alumnos de origen muggle"? No sabía que existiera. Aunque claro, supongo que muchos la necesitarán, si no tienen padres magos que les digan las cosas - la señora Tyler lo hojeó perezosamente.
Deanna decidió intervenir.
- Estamos intentando ver si nos encontramos a algunos de los profesores por aquí.
La señora Tyler miró en la sección adecuada.
- Lo dudo mucho, creo que evitan el callejón Diagon en esta época del año. No creo que se quieran arriesgar a encontrarse con alguno de sus alumnos. Aunque nunca sabes. ¡Ah, veo que el profesor Dumbledore es todavía director! Le recuerdo de mis días escolares. Es un mago muy viejo y poderoso, sí.
Las chicas miraron por encima de su hombro para ver a un mago anciano y sonriente que se parecía exactamente al Merlín del libro "Historias del Rey Arturo" de Luella.
-
Es un hombre muy agradable, Albus Dumbledore. Bueno con sus alumnos. Podéis fiaros de él, y si alguna vez tenéis algún problema, será capaz de ayudaros. Es muy fácil acercarse a él. Además, era la única persona a la que Voldemort temía.
-
¿Voldemort? - preguntó Luella, curiosa.
-
El mejor mago tenebroso de este siglo - susurró Deanna -. De todas maneras, murió en 1981, así que no es para preocuparse.
-
Desapareció, Deanna - corrigió la señora Tyler -. Un día volverá, así que necesitamos estar vigilantes. Y todavía tiene aliados ahí fuera - un extraño brillo relució en sus ojos en ese punto, pero momentos después, la señora Tyler era toda sonrisas de nuevo -. Ah quién más tenemos por aquí... ah, sí. Profesora Minerva McGonagall. Subdirectora, jefa de la Casa Gryffindor, profesora de Transfiguración, Animaga Registrada. Tened cuidado con ella, es muy estricta. De todas maneras, manteneos en su lado bueno y estaréis bien. No es innecesariamente cruel.
Luella no se sintió demasiado aliviada. La profesora McGonagall, por alguna razón, la estaba mirando de una manera muy severa.
-
Profesora Delphinia Sprout, jefa de la Casa Hufflepuff, profesora de Herbología - la profesora Sprout parecía buena, de una manera redondita y maternal -. Está bien, es muy paciente, especialmente con los de primer año. Simplemente no hagáis daño a ninguna de las plantas. Luego está el profesor George Flitwick, profesor de Encantamientos, jefe de la Casa Ravenclaw. ¿Todavía está enseñando? Buen Dios. Un poco excitable, pero de todas maneras, es un buen profesor - es profesor Flitwick las estaba saludando desde la foto, lo que, combinado con su pequeña estatura, le hacían parecer a todas luces como un colegial de edad prematura.
-
Ahora veamos quién es el jefe de Slytherin. No puede ser todavía Lycanthra Lestrange, nos se quedó demasiado después de que Voldemort se desvaneciera. Nunca me gustó.
La señora Tyler giró la página frunciendo el ceño mientras Deanna murmuraba algo al oído de Luella.
- Mamá estaba en Slytherin, por eso lo quiere saber.
La señora Tyler miró hacia el jefe de Slytherin y soltó una breve exclamación. Deanna y Luella también miraron; devolviéndoles la mirada había un hombre muy pálido con cabellos oscuros y grasientos y una nariz ligeramente ganchuda. Pero el rasgo más destacable de todos eran sus ojos, marrones oscuros, fríos y llenos de rabia. Su expresión decía bastante claramente 'Será mejor que seas lo bastante buena como para impresionarme'. Luella se estremeció, aunque Deanna no pareció impresionada.
- Oh, genial, justo lo que necesito. Un jefe de Casa con actitud problemática - dijo con superioridad -. De todas maneras, ¿quién es este idiota?
La señora Tyler se recobró, aunque todavía parecía visiblemente asombrada.
- Su nombre es Severus Snape, es un viejo compañero mío de colegio. Perdimos el contacto durante los Problemas; no tenía ni idea de que estuviera enseñando.
Era el turno de Deanna para estar sorprendida.
-
¿Le conoces? ¿Cómo es?
-
¿Da tanto miedo como parece? - preguntó Luella nerviosamente.
La señora Tyler sonrió de una manera bastante extraña.
-
Sí, sin duda. Sufrió más que la mayoría durante ese tiempo. Perdió a alguien a quien quería profundamente a manos de Voldemort, y, según creo, sufrió unas cuantas cosas más. Y Severus no es de los que perdonan fácilmente. Podríais tener algunas lecciones interesantes allí. Y un tiempo generalmente interesante si acabáis en Slytherin. De todas maneras, él y yo siempre estuvimos en buenos términos en el colegio. Yo fui una de las pocas personas que se tomaron la molestia de ser amables con él. Y ya que estamos, eso es algo que siempre se debe hacer. Mostrad amistad a todos vuestros conocidos, si alguna vez tienen la oportunidad de vengarse de la sociedad, pueden recordar tu amabilidad y devolverte el favor. De todas maneras, si me recuerda con amistad, vuestro tiempo allí puede estar bien. No es cruel por naturaleza, pero es un hombre muy orgulloso y le resulta muy difícil perdonar, así que no querréis estar en su lado malo. Siente que el mundo siempre le ha tratado mal, y tiene un odio permanente contra él. Tú eres mi hija, Deanna, así que estará mejor dispuesto hacia ti. Y tú, Luella, puedes beneficiarte con la asociación. También os irá mejor si acabáis en Slytherin, siempre ha sido bastante parcial. Y veo que enseña Pociones. Sorprendente. Siempre pensé que Defensa Contra las Artes Oscuras estaba más cerca de su línea de experiencia.
-
Ooh, ¿quién enseña eso? - dijo Deanna excitadamente - Realmente estoy esperando eso, necesito hacerlo bien si quiero ser Auror.
La señora Tyler lo buscó, aunque Luella se dio cuenta de que todavía tenía a Snape en la mente. ¿Quién era Snape, realmente? ¿Y qué le había pasado durante los Problemas? Todo tipo de preguntas para ser contestadas. Quizás debería preguntárselo a Deanna más tarde.
- Ah, aquí está. Profesor Samael Quirrell. Vaya, parece joven. No puede haber salido del colegio hace tanto.
El profesor Quirrell estaba sonriendo, con la cara fresca y alegre, pero nervioso al mismo tiempo. Quizás era por tener al profesor Snape en la página contraria. Luella podía ver bastante bien cómo es podía poner nervioso a cualquiera.
La señora Tyler cerró el folleto y se lo devolvió a Luella.
- Bueno, creo que podemos echarle un vistazo más tarde. Tenemos todo el tiempo del mundo entre ahora y el uno de septiembre, después de todo. De todas maneras, necesitamos conseguir vuestras cosas del colegio hoy mismo, y hay mucho que comprar. ¡Vamos!
Dejaron los vasos vacíos sobre la mesa y abandonaron el bar por la puerta trasera, encontrándose en un pequeño corredor, vacío excepto por un par de contenedores. La señora Tyler caminó hacia la pared más alejada y sacó su varita mágica.
- Ahora mirad con cuidado, vosotras dos. Así es como se entra en el callejón Diagon: tercer ladrillo hacia arriba, segundo a la izquierda. Dadle tres veces con vuestra varita y decid "¡Alohomora!".
La pared tembló y se desvaneció, dejando una puerta en forma de arco detrás y dando hacia una calle llena de gente que únicamente podía ser el callejón Diagon. La señora Tyler se deslizó a través de él, seguida rápidamente por las dos niñas.
La primera parada era el banco mágico, Gringotts. Luella sacó el dinero que sus padres le habían dado y se lo cambiaron por Galeones, Sickles y Knuts, las monedas utilizadas en el mundo mágico para comprar cosas. Luego tuvo que recorrer en un carro los corredores bajo tierra de Gringotts hasta la cámara de los Tyler, donde la señora Tyler llenó sus monederos con los montones de monedas que había. Claramente la señora Tyler no había exagerado cuando dijo que provenía de una antigua familia mágica, pensó Luella.
Lo siguiente era una visita a la tienda de túnicas de Madame Malkin, donde se encontraron con una sorpresa. Una imponente bruja alrededor de los treinta y cinco años estaba acompañando a una joven brujita que miraba por la ventana. Por el pálido cabello y por la piel, y las pequeñas, delicadas y puntiagudas facciones que compartían, estaba claro que eran madre e hija.
La señora Tyler se adelantó.
- ¿Puede ser...? - dijo - ¡Mel! ¡Qué bien verte aquí!
La bruja más mayor dio media vuelta. Parecía bastante desconfiada, pero al ver a la señora Tyler sus rasgos se relajaron.
-
¡Caitlin, querida, me había olvidado de que tú también necesitabas las cosas de Hogwarts! Deanna, hola. Has crecido mucho, ¿eh? La última vez que te vi eras sólo una niña pequeña, y ahora mírate. Vas a empezar Hogwarts. ¿Y quién es ésta? - añadió, volviéndose hacia Luella.
-
Luella Martin, una bruja de origen muggle y amiga de Deanna. Luella, ésta es mi antigua amiga del colegio y actual jefa en el trabajo, Melissa Lovegood, madrina de Deanna y directora del departamento de Erradicación de Artes Oscuras. Ése es nuestro equivalente de fuerza policial y servicio secreto. Las llevo a las dos a comprar las cosas de Hogwarts, Mel. Veo que estás aquí en la misma misión.
La señora Tyler indicó a la hija de la señora Lovegood, quien se estaba girando hacia ellas. Era una niña muy guapa, con el mismo cabello rubio y pálido que su madre recogido en coletas de caballo y brillantes ojos azules. Bastante delgada y nerviosa, con la cara pálida y llena de pecas, se puso colorada al ser mencionada.
-
Sí, Marlene también va a empezar Hogwarts este año. Crecen muy rápido, ¿verdad? - la señora Lovegood suspiró con nostalgia - Caitlin, querida, ¿por qué no dejamos sus túnicas en las responsables manos de Madame Malkin mientras nosotras llenamos sus mochilas?
-
Excelente idea, Mel. De acuerdo, vosotras dos. Dadme vuestras listas, y Luella, necesitaré algo de dinero para tus libros. Gracias, querida. Deanna, aquí hay algo de dinero para tu uniforme. Vale, nos encontraremos en Flourish & Blott's más tarde, Deanna sabe dónde está, ¿no? ¡Portaos bien!
Y con esto, las dos mujeres se marcharon dejando a las tres jóvenes brujas mirándose entre ellas.
- Bien - dijo Deanna fríamente al cabo de un rato -, ¿entramos?
Madame Malkin las mantuvo de pie sobre tres taburetes mientras las medía y Marlie trataba desesperadamente de mantener una conversación.
-
Así que Deanna, ¿tu madre conoció a la mía en el colegio? Entonces supongo que ambas estaban en Slytherin - dijo nerviosamente Marlene.
-
Supongo - contestó Deanna secamente.
Luella sintió que la situación se estaba volviendo incontrolable. En un vano intento de romper la tensión decidió hablar sobre las Casas.
- Así que, Marlene, ¿qué sabes sobre cómo acabamos en las Casas? Los prospectos dicen que está basado en cualidades personales.
Marlene pareció animarse un poco. Éste era, obviamente, un tema sobre el que sabía algo.
- Bueno, hay cuatro Casas, llamadas como los magos que fundaron Hogwarts: Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Los Fundadores escogían a los estudiantes para sus clases basándose en las cualidades que más apreciaban, y eso ha dado lugar al actual sistema de Casas. Gryffindor prefería a estúpidos problemáticos, Ravenclaw a los empollones, Hufflepuff a los del tipo aburrido y Slytherin a la gente interesante y con talento.
Deanna soltó un arrogante bufido.
- No hace falta ser adivino para saber dónde están tus preferencias.
Marlene pareció ligeramente insultada.
- No hay nada malo en tener una preferencia por la casa en la que quieras estar. Mamá me lo ha contado todo sobre las Casas y creo que Slytherin es la mejor. Además, creo que tu madre también era slytherin.
Deanna no replicó y se limitó a gruñir. Luella miró a Deanna. ¿A qué demonios estaba jugando? Marlene no había dicho nada malo. De acuerdo, los comentarios sobre que Slytherin fuera la única Casa que valiera la pena podían ser un poco ofensivos, pero tampoco era que Deanna no hubiera dicho nunca nada parecido. Sólo el otro día Deanna había estado hablando de la casa Slytherin y de todo lo que quería formar parte de ella. Así que ¿por qué era tan desagradable con Marlene?
- Entonces, ¿por qué te gusta Slytherin? ¿Qué tiene que sea tan bueno? Perdóname, pero soy de origen muggle y no sé estas cosas - sonrió Luella, intentando desesperadamente caldear un poco la atmósfera.
Marlene se lanzó inmediatamente en el asunto.
-
Bueno, mi madre era una de ellos, y mi hermano Mike también. Son muy buenos, han ganado la Copa de Quidditch y la Copa de la Casa durante los últimos cinco años. Sobretodo por eso quiero entrar allí, son los mejores en quidditch y yo siempre he querido ser buscadora profesional.
-
¿Quidditch? ¿Buscadora? - Luella parecía confundida.
-
Oh, por su puesto, tú no lo puedes saber, ¿no? - Marlene sonrió mientras toda su timidez se evaporaba - El quidditch es el deporte del mundo mágico. Jugamos sobre escobas voladoras, en dos equipos de siete jugadores cada uno. Hay tres aros en cada uno de los dos extremos del campo, a cincuenta pies del suelo. La idea general es que cada equipo tiene que lanzar una de las pelotas, la llamada quaffle, a través de los aros del otro equipo. Consigues diez puntos cada vez que marcas. Ése es el trabajo de los cazadores, cada equipo tiene tres. Cada equipo tiene también un guardián, que vuela frente a sus aros y tiene que evitar que la quaffle pase a través de ellos.
Luella, un tanto confundida, intentó comprender el proceso que acababa de oír.
-
Vale, así que hay tres cazadores que intentan lanzar la quaffle a través de los aros de gol del otro equipo, mientras el guardián contrario trata de evitarlo. Bastante sencillo. Bien, así que eso son cuatro. ¿Qué hacen los otros tres de cada equipo?
-
Bueno, dos de ellos son los golpeadores, que van volando con bates en las manos. Su trabajo es proteger a su equipo de dos pelotas más que van volando por ahí, que se llaman bludgers y lo que hacen es intentar tirar a los jugadores de sus escobas. Los golpeadores tienen que apartar las bludgers de su equipo y lanzarlas hacia el otro equipo.
A estas alturas Luella parecía bastante confundida.
- ¿Así que también hay dos pelotas llamadas bludgers volando por ahí y los golpeadores tienen que apartarlas de su equipo?
Marlene asintió.
-
Correcto, Luego tienes al jugador más importante de todos, el buscador. Ésa es la posición en la que yo quiero jugar.
-
¿Y qué hace el buscador?
-
Bueno, el buscador tiene que buscar la pelota número cuatro, la snitch dorada, una bola pequeña, dorada y con alas que vuela muy rápido. El buscador tiene que encontrarla y capturarla lo más rápido que pueda. Capturar la snitch da a tu equipo 150 puntos, y como también indica el final del juego, quienquiera que consiga la snitch usualmente gana el juego para su equipo. Los buscadores suelen ser normalmente pequeños y ligeros, por lo que tendré el físico adecuado.
Deanna lanzó otro bufido, pero no dijo nada. Luella la miró pensativamente. A estas alturas, Madame Malkin había acabado con ellas, y sus túnicas estaban listas, así que las recogieron y las pagaron, dirigiéndose hacia Flourish & Blott's. Luella dejó que Marlene se les adelantara para poder hablar a solas con Deanna.
- ¿Qué diablos te pasa? - le preguntó - Has sido positivamente maleducada con la pobre niña. Ella sólo quería ser amable, y te has portado horriblemente. ¿Qué te pasa?
Deanna tragó.
-
No lo sé. Es que parece tan creída... "Los slytherins son maravillosos, quiero ser una de ellos! ¡Voy a ser la mejor buscadora que Slytherin haya tenido jamás!" ¡Y tú! ¡Haciéndole la pelota!
-
Yo no le estaba haciendo la pelota. Sólo estaba siendo curiosa y tratando de averiguar cosas sobre el mundo mágico. ¡Tú puedes saberlo todo sobre el sistema de las Casas y el quidditch, pero yo no, y me gustaría descubrirlo! Y sobre lo que ha dicho de la Casa Slytherin... Tú misma dijiste exactamente lo mismo sólo el otro día, sobre que toda tu familia estuvo en Slytherin y que querías estar allí, sobre por qué creías que era la mejor Casa de todas. ¡Y no lo niegues!
-
Vale, vale - dijo Deanna algo menos malhumorada -. Tiene razón, supongo. Pero no voy a convertirme en su mejor amiga sólo porque nuestras madres fueran viejas compañeras de colegio. Simplemente no. No voy a ir por ahí con ella sólo para que la tía Mel y mamá puedan decirse la una a la otra lo maravilloso es que sus hijas también sean tan amigas.
-
¡No tienes que ser su mejor amiga! Sólo sé educada con ella. ¿Qué pasa si acabáis las dos en Slytherin? Tendréis que compartir vuestro dormitorio, ir a clases juntas y, si termina en el equipo de quidditch, tendrás que animarla. Así que es por tu bien por lo que no deberías tratarla mal. ¿Recuerdas lo que dijo tu madre? Sé amable con todo el mundo. Un día pueden tener la ocasión de devolverte el favor. No puedes permitir que te dejen de lado sólo porque nunca pusiste ningún empeño en intentarlo.
Deanna sólo murmuró algo. De todas maneras, las palabras de Luella parecían haber hecho mella en ella, porque después de eso Deanna pareció más educada. Sin embargo, no evitó que se comprara un chivatoscopio de bolsillo en "Objetos para Aurores Burke & O'Reilly".
La señora Lovegood y la señora Tyler estaban esperando fuera con tres bolsas llenas de libros entre ellas. También habían comprado el equipamiento básico para pociones, que estaba empaquetado en tres largas bolsas.
- ¿Listas? - preguntó la señora Tyler - Mejor que ahora compremos vuestros animales, antes de entrar en Ollivander's a por vuestras varitas. Ya tenemos vuestros libros y el resto del equipo. Si quisierais llevar ésto, mientras nosotras llevamos los libros...
Hicieron el cambio de bolsas y las cinco fueron directamente a la tienda de animales mágicos.
Dentro había una enorme variedad de criaturas. Además de la usual selección de lechuzas, gatos, sapos y ratas, había ardillas, peces, pájaros de extraño aspecto tropical, tortugas y algunas criaturas muy extrañas con dos cabezas que Luella nunca había visto antes. Antes de que pudiera preguntar qué eran se encontró en una sección marcada como "Animales de Hogwarts".
- Aquí estamos - anunció la señora Lovegood -. Podéis escoger un gato, un sapo o una lechuza. Marlene, ven conmigo, dime qué te gustaría.
Deanna y Luella fueron a echar una ojeada por la tienda mientras Marlene era arrastrada por su madre. La señora Tyler las seguía muy de cerca para aconsejarlas.
- No os molestéis con los sapos, no han estado de moda durante años. Todo lo que parecen saber hacer es perderse. Las lechuzas son buenas compañeras, muy útiles para mandar y recibir cartas, aunque Hogwarts tiene sus propias lechuzas para uso de los estudiantes. De todas maneras, si queréis un animal con poderes mágicos, comprad un gato. Son con mucho los más intuitivos.
Deanna miró hacia las lechuzas.
- Bien. Me gusta esa lechuza parda de ahí. Es mona.
Luella se apartó de la conversación mientras miraba hacia los gatos. Uno en particular llamó su atención, un gato negro con una fina cadena plateada alrededor de su cuello que miraba hacia ella. Luella abrió la jaula y lo sacó.
- Hola, tú. ¿Te apetece ser el gato de una bruja? - le murmuró.
El gato ronroneó y se acurrucó contra ella, mientras la bruja de detrás del mostrador la llamaba.
- ¿Estás pensando en comprar esa gata?
Luella se acercó al mostrador con la gata todavía en brazos.
-
¿Cómo se llama?
-
Su nombre es Sootica. Tuyo por cuatro galeones.
Luella la miró.
- Sootica. Sooty cat. Sooty cat-Sootica - la chica le rascó por debajo de la cadena y Sootica parpadeó lentamente mientras ronroneaba -. Me la quedo.
Pagó el dinero y Sootica fue instalado con seguridad en una cesta para gatos. Luella fue a buscar a Deanna, y la vio acariciando una pequeña lechuza marrón y negra que descansaba sobre su hombro.
Deanna sonrió.
- Te presento a Spooky. Es precioso, ¿eh?
Luella tuvo que admitir que era adorable, mientras Marlene se les unía acariciando a un gato lleno de pelo y con ojos verdes.
-
¿Es ésa tu lechuza, Deanna? ¡Es preciosa! ¡Monísima!
-
Se llama Spooky - dijo Deanna. Todavía era un poco cortante, pero Luella se dio cuenta de que estaba haciendo un esfuerzo.
-
Es encantador - dijo Marlene, entusiasmada.
-
¿Quién es el gato? - preguntó Luella.
-
¿Éste? - dijo Marlene - Se llama Emperador Nieve. Nieve.
Nieve ronroneó y Deanna no pudo evitar burlarse.
- ¿Emperador Nieve? ¿Quién diablos eligió ese nombre?
Marlene se encogió de hombros.
- El criador de gatos, supongo. Son un grupo curioso, mi tía Narcisa lo es. De todas maneras, nunca he hablado con ella, mamá y ella no se llevan bien. Si no, hubiese tenido uno de los suyos. Pero creo que Nieve le pega. ¿O no, Nevadito?
Deanna entrecerró los ojos.
-
Venga, vamos a pagar por ellos y a buscar a mamá. ¿Cómo se llama el tuyo, Lu?
-
Sootica. Sooty.
-
Es bonito. Al menos es un gato adecuado para una bruja. Un buen nombre. Me gusta.
Deanna siguió a Marlene hacia la caja para pagar a Spooky mientras la señora Tyler se les acercaba.
-
¿Todo listo?
-
Casi. Deanna se va a comprar una lechuza. Yo tengo a Sooty aquí. Marlene ha conseguido alguna bola de pelo blanca.
La señora Tyler bajó la vista para mirar a Spooky.
- Aaah, qué bonito. Te has comprado un gato perfecto. Es inteligente. Ah, Deanna, estás lista - dijo, levantándose, mientras Deanna se acercaba con Spooky en una jaula -. Hora de marcharnos. Ya basta de tonterías, es hora de la prueba más importante - añadió mirando por la ventana hacia la tienda de varitas mágicas Ollivander -. Es hora de conseguir vuestras varitas.
La tienda de Ollivander era un lugar pequeño desde el exterior, pero una vez dentro, las pilas de cajas estaban por todas partes y lo hacían parecer más grande. El señor Ollivander, un hombre pequeño y delgado, alzó la mirada según entraban.
- Bienvenidas, queridas señoras. Melissa Harker, ahora Lovegood, y Caitlin Tyler. Recuerdo cuando vinieron a comprar sus varitas como si fuera ayer. La suya, señorita Tyler, era de manzano y pelo de unicornio. Dieciocho centímetros, flexible. Buena para trabajos con Encantamientos. Y la suya, señora Lovegood, era de roble con nervios de corazón de dragón. Excepcionalmente buena en duelos y trabajo anti Artes Oscuras. Catorce centímetros, rígida. Y éstas deben ser sus hijas. Van a comenzar Hogwarts, por lo que veo.
Luella y Marlene estaban asustadas de él y retrocedieron un poco. Incluso Deanna, normalmente tan extrovertida, parecía un poco nerviosa.
La señora Lovegood se volvió a las tres chicas.
- ¿Bien? ¿Marlene?
Marlene se adelantó nerviosamente. El señor Ollivander la midió, pareció pensativo y desapareció en la habitación trasera, volviendo con los brazos cargados de cajas. Marlene probó cada varita, pero no ocurrió nada, y el señor Ollivander, sin preocuparse, le sacó algunas más. Marlene, cada vez más ansiosa, las probó todas hasta que, para su alivio, una emitió un rayo de pálidas luces azules, que se convirtieron en una lechuza blanca. La lechuza miró alrededor, ululó suavemente y echó a volar. Marlene agarró la varita más fuertemente, suspirando de alegría.
El señor Ollivander pareció complacido.
- Catorce centímetros, elástica, nogal con pelos de la cola de un unicornio. Excelente para Transfiguración. Seis galeones, por favor.
La señora Lovegood pagó, con aspecto de estar contenta con su hija. El señor Ollivander se giró hacia la señora Tyler.
- ¿Desearía algo, señorita Tyler?
La señora Tyler pareció un poco molesta de que su estado soltero fuera anunciado a toda la tienda. Deanna pareció avergonzada. Luella estaba sorprendida. Sabía que el padre de Deanna había muerto antes de que la niña naciera, y que la señora Tyler nunca hablaba de él, pero que nunca se hubiera casado con la madre de Deanna era una novedad para ella.
- Quiero varitas para mi hija Deanna y su amiga Luella Martin - dijo con frialdad la señora Tyler -. ¿Deanna?
Deanna se adelantó, temblando de rabia. El señor Ollivander la midió sin decir palabra y fue a buscar varitas para que las probara. Esta vez no pareció durar demasiado. Alrededor de la quinta varita, Deanna consiguió que un rayo de fuego rojo y blanco saliera de ella y chamuscara las cejas del señor Ollivander.
- Dieciocho centímetros, fuerte, fresno, pluma de la cola de un fénix. Otra varita buena para un auror-en-espera. Lo hará bien con ella, señorita Tyler. Y ahora para usted, señorita Martin.
Luella se adelantó, intentando tragar. Aquí estaba su primer intento de magia real, la prueba de si era realmente una bruja o no. No pudo evitar sentirse un poco nerviosa. Después de todo, tanto Marlene como Deanna tenían madres brujas. Por supuesto que podían hacer magia. Pero ella sólo era la hija de una cuidadora de niños y un contable. ¿Qué pasaba si probaba todas las varitas de la tienda y no sucedía nada? ¿Declararía el señor Ollivander que allí había algún tipo de error y que después de todo ella no era ninguna bruja? La posibilidad de terminar de nuevo en el instituto local mientras Deanna aprendía a convertir a la gente en rana no parecía prometedora.
Aprensivamente, esperó mientras el señor Ollivander la medía y le traía algunas varitas para que las probara. Temblando, cogió la primera que le ofreció (veinte centímetros, flexible, olmo), y la movió. Nada. Probó otra. Otra vez nada. Ésto duró por lo que pareció horas. Luella empezó a sentir miedo. Tenía razón, después de todo no era ninguna bruja, ninguna de esas varitas le iría bien. Fue entonces cuando el señor Ollivander le tendió una que parecía un poco diferente de las demás. Era más cálida, más poderosa al tacto. Luella sintió una descarga de energía recorriendo su espalda mientras la cogía. Un sentimiento de confianza tomó posesión de ella y, casi dándolo por hecho, movió la varita.
Una serpiente dorada con ojos verdes, hecha de chispas y niebla, salió del final de la varita y se arrastró hacia el señor Ollivander antes de desaparecer de nuevo. Luella sintió el poder y la adrenalina en su sangre. Todavía estaba temblando, pero ya no albergaba ninguna duda sobre su estatus como bruja. De hecho, ahora estaba bastante asustada por el poder. Se giró a mirar a los otros: Deanna se había quedado con la boca abierta. Marlene parecía francamente aterrada. La señora Tyler parecía atontada. Y la señora Lovegood daba la impresión de estar examinándola cuidadosamente.
El señor Ollivander fue el primero en hablar.
-
Una pieza de magia muy efectista, si puedo decirlo. Creo que hará grandes cosas con esa varita, señorita Martin. Veinticuatro centímetros, poco flexible, madera de palisandro. Contiene nervios de corazón de dragón.
-
Lo que a mí me gustaría saber - interrumpió la señora Lovegood - es cómo fue capaz de conjurar el emblema de la Casa Slytherin - tenía aspecto de estar bastante intrigada.
La señora Tyler se lanzó a la acción.
- ¿Acaso importa? Nosotras mismas somos slytherins, no es como si hubiera conjurado la Marca Tenebrosa o algo así. Evidentemente se ha acordado de haber visto el escudo de Slytherin en las guías de Hogwarts, y su subconsciente está expresando su preferencia por esa Casa. ¡Honestamente, Melissa, tienes una mente demasiado propensa a la sospecha! Sólo es una niña de origen muggle de once años, no es que vaya a ser la próxima Lord Voldemort o algo.
Marlene gritó a la mención del nombre, y el señor Ollivander se estremeció. La señora Lovegood no reaccionó, sino que se limitó a replicar.
- Tener una mente demasiado propensa a la sospecha es lo que me ha convertido en Jefa del Departamento. E incluso Quien-tú-sabes tuvo once años una vez. Y yo no he olvidado las leyendas de nuestra Casa, a pesar de que tú ya lo hayas hecho. Y también te agradecería que no mencionaras su nombre enfrente de mi hija - la señora Lovegood recogió todas sus bolsas -. Tengo que ir a buscar a mi hijo, que también está comprando sus cosas para el colegio. Te veré en el trabajo el lunes. Vamos, Marlene.
Y salió de la tienda, con Marlene siguiéndola rápidamente de cerca mientras dirigía una mirada asustada a Luella.
El señor Ollivander tosió en el silencio.
- Eso hacen doce galeones por la de fresno y nueve por la de palisandro, por favor.
La señora Tyler pagó rápidamente y arrastró a las niñas fuera de la tienda.