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Historia 57018 — capítulo 1
-Eres la chica más guapa con la que he estado nunca- dice el chico que yace a mi lado. Sí, él también es atractivo. Y mucho. Pelo rubio revuelto, ojos oscuros, cuerpo escultural. Vamos, prácticamente igual que el resto de tíos con los que me he acostado. Y, también, un idiota. No lo he probado, pero es bastante probable que ante un tablero de ajedrez me preguntara que dónde lleva las pilas. Como todos los demás. Sus únicos intereses parecen ser el deporte, las chicas guapas y el sexo. Intentar tener una conversación con ellos que fuera más allá de quién ganó la última carrera de cualquier cosa es como hablarle a una pared. A estas alturas, más de una vez me he preguntado que por qué salgo con ellos si ninguno consigue mantener mi interés más de una semana. Bien, hay dos razones, la primera es que me hacen pasar buenos ratos, hablando en el sentido carnal de la expresión. Y la segunda es que tener éxito entre los hombres es exactamente lo que se supone que una chica normal, joven y tan guapa como yo debe hacer. O, al menos, eso es lo que les parece normal a la gente entre la que nací y entre la que he crecido. En pocas y simples palabras, ser una zorra es lo más típico, aunque, por supuesto, ya habrá tiempo después para sentar la cabeza y casarse. Y ya está, según ellos, no me queda otro futuro. Pues ojalá supieran que ya empiezo a hartarme de hacer lo que se espera que cualquier chica haría. Por una vez me gustaría conocer a alguien decente que no fuera todo músculo y con quien se pudiera hablar de cosas interesantes. Tristemente, al menos a mi alrededor no hay ese tipo de gente, o si los hay, se esconden. A veces pienso que los tíos que merecen la pena deben pensar que soy inalcanzable por mi cara bonita y por mi historial de ligues sin cerebro. Sí, definitivamente me estoy hartando, pero aún no lo suficiente como para dejar de ponerme la máscara de una de mis mejores sonrisas y mentirle al chico de cuyo nombre ni siquiera me acuerdo diciendo que él también me gusta. En este momento me odio a mí misma por estar cansada de la situación pero no ser capaz de mandarlo todo a la mierda. Mientras le doy otro beso que no significa nada, pienso que ya llegará el momento…