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Historia 57018 — capítulo 2

Son las ocho de la mañana de un lunes cualquiera, hoy he llegado pronto al instituto y aún falta media hora para que empiecen las clases. No tengo nada que hacer, así que me dirijo a mi aula en un estado de zombi medio dormida, cosa habitual en un lunes después de haber pasado el fin de semana de fiesta. Otra cosa de la que me estoy cansando, en cuanto una se abstiene de ir a una fiesta los que se supone que son amigos te miran raro o piensan que te pasa algo. Pero no voy a permitirme estar de mal humor ya desde el principio de la semana, así que desecho esos pensamientos y sigo distraídamente hasta mi pupitre. Me llevo una gran sorpresa al ver encima de mi silla un pequeño sobrecito con mi nombre escrito en una caligrafía muy elegante que no me suena de nada. Como aún no hay en la clase ningún compañero cansino que vaya a venir a curiosear, me siento tranquilamente y abro el sobre. Dentro hay un pliego de papel envejecido que sólo contiene unas pocas frases en la misma caligrafía elegante de antes, pero esas pocas líneas me descolocan por completo. Dicen así:

"Mi querida Ángela, tú aún no me conoces, pero yo he llegado a adorarte en la distancia. Espero que algún día podamos llegar a vernos, mas no es aún el momento, aunque cada minuto que paso sin estar a tu lado es un minuto desperdiciado en mi vida. Sé que al principio te molestará un poco el que te diga que no intentes responder a mis notas, mas luego lo encontrarás una especie de juego misterioso y divertido. Como ves, te conozco, y espero que a través de mis misivas me acabes conociendo tú a mí. Se despide el que espera acabar siendo merecedor de tu amor."

Varios pensamientos cruzan mi mente tras leer la nota. Me pregunto si será una broma de mal gusto o si en realidad tendré una especie de admirador secreto. También me sorprende bastante que alguien pueda conocerme tan bien como para saber qué pienso exactamente sobre lo de no responder a las notas. Incluso siento una ligera desazón por el hecho de que alguien parezca conocerme tan bien sin saber yo quién es. Pero, por encima de todo eso, me doy cuenta de que esas pocas líneas, extrañamente, me han alegrado la mañana, porque me gustan todos los detalles de la nota, desde el papel que parece envejecido y la elegante caligrafía hasta el tono, digamos, "caballeroso" de la carta. Y, por qué no decirlo, me encanta que alguien me haya escrito unas frases de enamorado como éstas, y a la vez con ese aire de misterio. Es prácticamente seguro que ninguno de los tíos con los que he estado sería capaz de algo así... Aunque también he de reconocer que, por mucho que me guste la nota, en el fondo de mi mente queda la sensación de que casi me asusta un poco que alguien haya podido acertar tanto con todos sus pequeños detalles, además de con el momento justo en el que hacérmela llegar, justo cuando pienso en que me gustaría conocer a un tío diferente a todos los otros. Pero no dejo que todas esas pequeñas cosas me chafen la sorpresa y me digo a mí misma que lo mejor será esperar a ver si descubro algo más sobre el autor de unas líneas que para mí han sido tan desconcertantes.