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Historia 57018 — capítulo 4

La semana ha pasado sin nada que destacar. La verdad, estaba deseando que llegara el viernes de la fiesta. No es que lo diga explícitamente en la nota, pero yo supongo que con lo de "y yo me encargaré de que este desconocido lo sea un poco menos" se refiere a que va a estar allí, y he de reconocer que tengo ganas de verle y saber de una vez quién es. Si lo pienso, me parece casi increíble que alguien haya podido captar tanto mi interés a través de unas simples notas. En fin, mejor no pensar mucho en eso, que tengo cosas más urgentes que hacer. Como por ejemplo, arreglarme para la fiesta, que empieza en dos horas. Al final me decido por un vestido blanco con mucho vuelo. Todo el mundo dice que me sienta muy bien el blanco, y si ya sabemos quién va a estar por allí, pues no estará mal darle una buena impresión. Lo reconozco, a veces soy un poco superficial. Mientras me ducho, me visto, me peino y me maquillo ligeramente pasan casi las dos horas, así que cojo un pequeño bolso de fiesta también blanco, meto llaves, móvil y poco más (ya se sabe que estos bolsos no tienen mucha capacidad) y salgo disparada hacia la discoteca donde va a ser la fiesta. Una de las más populares de la ciudad, y teniendo en cuenta que es viernes noche, está a rebosar, así que me cuesta un rato encontrar a mi grupo. Cuando por fin doy con ellos, me resigno a pasar la noche como siempre, entre copas y bailes con este o con aquel. Al menos hasta que aparezca el admirador misterioso, al que no hago más que buscar con la mirada. Por otra parte, no sé a quién buscar, pero supongo que tengo fe ciega en que cuando lo vea lo reconoceré. Supongo que la gente que me rodea se debe de dar cuenta de que tengo la cabeza en otra parte, porque más de una persona me pregunta si me pasa algo. Evidentemente, les digo que estoy perfectamente normal. No es cuestión de alarmarlos y de que si al final aparece él, tengamos a un montón de cotillas espiando sin disimulo. Pero el caso es que mi preocupación no tiene sentido, porque no ha dado señales de vida aún. Pasa el tiempo y sigue sin aparecer, y yo me estoy empezando a hartar de esperarle como una idiota. Así que al final, y puede que el despecho tenga bastante que ver, acabo en un rincón apartado del local besándome con elchico que daba la fiesta. Sé que es una idiotez y que me había dicho a mí misma que iba a dejar de ser una zorra solo porque eso es lo que parece normal. Pero después de estar toda la noche esperando, después de estar un montón de días acumulando ilusiones, y verlas ahora todas rotas, me apetecía hacer alguna idiotez sin pensar. Digo yo, si tan bien se supone que me conoce, ¿por qué me hace esto? ¿Por qué no se presenta, dando al traste con todo? Parece que es pecado ilusionarse… ¡le odio! Noto que estoy al borde de las lágrimas, así que dejo plantado al chico, cojo mis cosas y salgo corriendo. Los malditos tacones me hacen daño, así que me los quito y corro descalza, casi sin notar las heridas que me estoy haciendo en los pies. Sé que mi comportamiento va a dar mucho que hablar. Eso no es lo que ahora me importa. Ya en la seguridad de mi habitación doy rienda suelta a mis sentimientos, y sigo así un buen rato hasta que me doy cuenta de que no merece la pena llorar por un tío, por muy fantástico que este pareciera. Ya más tranquila, empiezo a sacar las cosas de mi bolso cuando algo que no estaba allí antes hace que me dé un vuelco el corazón:

*"*Mi adorada y traicionera Ángela, al parecer fui demasiado inocente al creer que tendrías algo de fe en mí. No pude llegar a la fiesta cuando me hubiera gustado, y cuando lo hice fue para verte en brazos de un niñato…Lo siento. Perdóname por haberte hecho esperar, porque sé que probablemente creíste que no iría. Perdóname por romper tus ilusiones. Perdóname por no saber de ti lo suficiente como para pensar que me esperarías. La culpa es mía…Tranquila, prometo que no volverás a saber de mí. No te causaré más pesares. Olvídame tú, aunque yo no pueda…Se despide para siempre el que, a pesar de todo, te seguiría siempre ofreciendo los restos de su corazón."

Un "¡No!" se escapa de mis labios. Ahora sé que pensar que le odiaba era una mentira. No quiero que deje de escribirme, no quiero dejar de sobresaltarme al recibir una nota suya. Sobre todo, no quiero perderle, aunque nunca le he tenido. Aunque sea ya tarde, debo aceptar que en lo profundo de mi ser soy tan suya como su corazón dice ser mío. Y todo por unas simples notas...