Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Volver a empezar · de

Volver a empezar — capítulo 4

Era muy difícil saber que pasaba por la cabeza de Draco y Hermione en aquel momento. El salón del apartamento de Pansy se había quedado completamente mudo, y el único que parecía no comprender nada de lo que estaba sucediendo era Nott, que desviaba la mirada de unos a otros completamente confundido. Al fin su voz fue la primera en romper aquel súbito y desconcertante silencio.

—¿Qué diablos está pasando aquí?

—El mundo es un pañuelo Nott, es la abogada de la acusación del caso Crabbe —contestó Draco de malos humos sin apartar su gris mirada de Hermione.

—Pero si es la compañera de Pansy… —balbuceó Nott más confundido ahora que antes.

—Yo no lo sabía, no tenía ni la más remota idea —comentó Pansy volviendo a sentarse en su silla.

—Supongo que ya no estoy invitada a unirme a vosotros.

La voz de Hermione sonó cortante y algo insolente, y aquella actitud exasperó al joven rubio que se había dado la vuelta para no tener que mirarla. Pansy dudó un momento si mantener su invitación o no. Pero ella siempre había hecho lo que deseaba sin importarle los deseos de los demás; además, Draco no era precisamente alguien a quien se le debiese tener consideración puesto que él nunca la tenía con nadie, ni siquiera con los que consideraba sus amigos.

—Si tienes hambre aquí tienes tu sitio.

Los ojos de Draco perforaron a Pansy que evitó mirarlo porque sabía exactamente que era lo que pasaba por su mente.

—Tengo hambre.

Sonó a desafío y no solo le pareció a Draco sino que Nott y Pansy intercambiaron una mirada de complicidad para dar a saber al otro que aquello era en toda regla, una provocación de la joven casi desconocida hacia su amigo. Lentamente Hermione dejó su bolso y su maletín sobre uno de los sillones del salón y fue a sentarse en el único sitio que quedaba libre en la mesa, y que resulto que se encontraba justamente al lado de Draco. Pero Nott, en un gesto de amistad y sabiendo de la indisposición que Hermione causaba en Malfoy, se levantó con rapidez de la suya junto a Pansy y se sentó en el sitio libre que iba a ser ocupado por la joven abogada. Hermione, agradeció en el fondo de su alma que aquel joven le hubiese librado de sentarse al lado de su ahora mayor enemigo, y de esa forma fue a ocupar el lugar que quedaba frente al rubio de rostro afilado.

—Para que esta cena esté dentro de unos límites de civismo, creo que seria esencial que ninguno de nosotros hablase de trabajo.

Nott asintió enérgicamente a la propuesta de su novia, Hermione movió la cabeza levemente dando de esa forma su conformidad a lo expuesto por Pansy, pero Draco ni siquiera movió uno solo de sus músculos faciales, tener sentada a Hermione delante de su nariz le revolvía las tripas. Aquella mujer le recordaba, una y otra vez, que a manos de ella sufriría la mayor de sus derrotas y por tanto una gran humillación, y ese hecho ya conseguía que la odiase desde lo más profundo de sus entrañas.

—Bien, todos de acuerdo, cenemos entonces en paz.

Parece ser que durante la cena la propuesta de Pansy se llevó a cabo por todos. Nadie habló sobre trabajo, ni casos por resolver, ni de Crabbe, y los temas que acompañaron a la comida fueron más bien triviales. Nott comentó sobre el inestable clima de Londres, Pansy conversó sobre lo hermosa que era la ciudad cuando llegaba navidad y la forma tan elegante en que se adornaban los establecimientos mas distinguidos. Hermione por su parte explicó que había vivido en Ottery y que después de terminar su carrera creyó oportuno forjarse como abogado en una gran ciudad y no en el pueblo en donde no tendría las mismas oportunidades. En ningún momento nombró a Ron, ni a su vida en común con él, ni tampoco les habló de su trágica muerte. Aquello era algo tan íntimo y doloroso que no podía compartirlo con gente aun desconocida para ella. Draco fue el único que no dijo una sola palabra durante toda la cena, solo engullía la comida con desdén y chasqueaba la lengua de vez en cuando, como si todo lo dicho en aquella mesa le aburriese o lo considerase banal. La sola presencia de su máxima competidora frente a él le hervía la sangre, sobre todo porque llegaba a pensar que aquella mujer, a la que solo había visto una vez en su vida, parecía analizarlo. Tal vez lo estudiaba para así tener algo más con lo que aplastarlo cuando llegase el día de juicio. Levantó la mirada y pudo ver como ella charlaba animadamente con Pansy sobre bolsos y zapatos; allí, delante de sus propias narices estaba sentada la persona que le causaría la mayor de sus humillaciones, y él tenía que compartir mesa con ella. No lo soportó más, y con brusquedad apartó la silla y se puso en pie, haciendo temblar la mesa y volcando la copa de vino de Nott.

—Me voy, tengo mejores sitios donde estar… y mejor compañía.

Hermione lo fulminó con la mirada, sabía que aquella frase iba dirigida a ella, Draco no se achantó y le desafió clavando sus grises ojos en ella. Hermione sintió un escalofrío recorrer su espalda, un frío extraño que le heló el corazón. Los ojos de aquel hombre eran el espejo de un alma vacía. Fue ella la que desvió la mirada porque se sintió incomoda, y entonces oyó a Pansy decir.

—Draco, ¿por qué eres tan grosero?

—¿Crees que lo soy? —vociferó. Pansy agitó la cabeza con energía de arriba abajo logrando enfurecerlo aun mas—. No quiero estar cerca de ella, ¿te recuerdo lo que esta mujer significa para mí?

Hermione frunció el ceño y de un salto se puso en pie colocando las palmas de las manos sobre la mesa.

—Acéptalo Malfoy, este caso es tan simple que hasta un niño de tres años conseguiría ganarlo. Aunque me impidas hablar con tu cliente no podrás evitar que finalmente pierdas.

El joven no contesto solo hundió en ella una vez más su fría mirada, bufo con sorna, y agarrando su chaqueta se dirigió a la puerta de salida del apartamento.

—Disculpadme un momento —rogó Pansy.

Y siguió a su rubio amigo logrando alcanzarlo cuando éste ya estaba frente al ascensor.

—Prometimos ser civilizados.

—Lo fui —escupió Draco sin girarse hacia su amiga.

—No, no lo has sido. No has hablado en toda la noche y de repente te vas, sin terminar de cenar… ¿Eso es comportarse civilizadamente? —le reprendió Pansy, mas molesta aun por tener que discutir con el cogote de Draco.

—Me has traicionado Pansy, la invitaste a cenar con nosotros.

—Es mi compañera de piso —se defendió.

En ese instante Draco se giró hacia ella y sus grises ojos se habían vuelto tan rojos como el fuego.

—Pues, échala —le exigió.

—No voy a hacer eso.

—Entonces no pienso poner un pie en tu casa mientras ella siga aquí.

Pansy tragó saliva con mucha dificultad tratando de mantener firme su decisión. Aquel joven era terco como una mula, y no le importaba usar el chantaje emocional con ella o con cualquiera siempre que consiguiese su objetivo. Pansy adoraba a Draco, a pesar de ser un engreído insufrible, era su amigo y había aprendido a quererlo con todos sus defectos, porque apenas veía en él virtudes. Eran para ella importantes sus visitas, aunque solo se sentase en el sofá cinco minutos y después de maldecir un par de veces se marchase sin despedirse. Y sabía que ella era igual de importante para él, porque era la única capaz de hacerlo recapacitar cuando las cosas se le iban de las manos. Pero si había algo que no soportaba era que le impusiese su voluntad, sin razón alguna, únicamente porque era un tipo malcriado, caprichoso y arrogante. Ella también fue así, alguna vez, cuando no sabía lo que era sufrir; pero ya no, ya no era como él, los tropiezos en la vida la habían cambiado, y Draco no conseguía entender eso.

—Muy bien, haz lo que quieras, es tu decisión, pero no pienso echar a Hermione simplemente porque tú lo quieras.

Draco apretó con fuerza la mandíbula y elevó tembloroso el labio superior mientras miraba con rabia a su amiga. Luego se giró cuando el ascensor llegó, y sin mediar palabra, entró en él. Su espalda fue lo último que Pansy vio antes de desaparecer tras las puertas metálicas. Suspiró con rabia y pesar, le dolía tremendamente la terquedad de Draco, pero no estaba dispuesta a ceder. Así que con el corazón golpeando con violencia su pecho, regresó junto a su novio y su compañera de piso.

—¿Se ha ido? —inquirió Nott nada mas verla aparecer.

Pansy apenas podía hablar así que simplemente se limitó a asentir con la cabeza, tratando de controlar sus emociones.

—Siento haber creado este malestar, creo que lo mejor es que me busque otro lugar donde vivir mientras esté en Londres…

—No, de eso nada Hermione, él volverá —explicó Pansy y sus ojos se humedecieron levemente—. Es un imbécil, siempre lo ha sido. Trata de imponer su voluntad a todo el mundo y yo no estoy dispuesta a seguir siendo su marioneta. Me cansé, estoy harta de ser siempre yo la que doy todo y Draco…, él nunca da nada a cambio de nada. Disculpadme, se me fueron las ganas de cenar.

Hermione y Nott dieron un brinco sobre sus asientos sobresaltados por el enorme portazo que Pansy propinó al cerrar la puerta de su habitación. Los dos jóvenes se miraron, la situación era realmente embarazosa para ambos. Hermione sentía que el malestar de su compañera de piso era culpa suya, y Nott intuyó que volvería a quedarse solo una noche mas. Apretó con furia los labios y resopló con tal intensidad que no pudo evitar volver a llamar la atención de Hermione.

—¿Te encuentras bien?

Por un momento Hermione pensó que el joven comenzaría a gritar, pero de repente su gesto austero desapareció y soltó una risotada. Sus claros ojos se clavaron en ella y dijo.

—Debería estar acostumbrado a esto, a ser lo último en su vida, pero no logro hacerlo. Hasta tú que acabas de llegar pareces ser más importante para ella que yo.

—No…, no lo creo —musitó Hermione sin comprender nada.

—Puedo asegurarte que sí, pero no es tu culpa. Es simplemente que nunca lograré que Pansy esté lo suficientemente enamorada de mí como para que yo sea lo único en lo que piense —se puso en pie y agarrando uno de los platos semi vacíos que se encontraban en la mesa, añadió taciturno—. Creo que recogeré todo esto y me iré, no tengo nada más que hacer aquí.

Dicho y hecho, después de colocar en el lavavajillas todos los platos y vasos ayudado por Hermione y sin intercambiar ni una sola palabra con ella, Nott se marchó del apartamento con el mismo aspecto desolado que había mostrado después de lo sucedido. Hermione se quedo sola, en medio del salón, apenas eran las diez y media de la noche, y no tenía sueño. Pensó que era un buen momento para leer algo que no tuviese que ver con el dichoso caso de Crabbe y relajarse, desde que había llegado a Londres no conseguía hacerlo. Apagó la luz del salón, y caminó con parsimonia hasta su habitación, pero al pasar frente a la puerta del dormitorio de Pansy le pareció oír sollozos. Ella no solía meter su nariz en los asuntos de nadie y menos aun si acababa de conocer a la persona en cuestión, pero intuía que era parte responsable de aquellos gimoteos, y para asegurarse pegó la oreja a la puerta del dormitorio de su compañera. Eran tal claros que no tuvo dudas de que Pansy lloraba. Ahora no sabía como actuar, por una parte su lado sensato le decía que no se inmiscuyera en problemas ajenos, sin embargo un pequeño trocito poco juicioso que se alojaba en alguna parte de su cuerpo, le gritaba que empujase la puerta y tratase de averiguar que era lo que preocupaba a aquella mujer, y buscar así la forma de consolarla. Ella nunca hacía caso a su parte irracional, a pesar de ello, en ese momento esa parte gritaba mas fuerte que la otra, y finalmente con mucha delicadeza, Hermione empujó la puerta y susurró.

—Pansy, ¿te encuentras bien?

—Estoy bien —contestó entrecortadamente.

—Si necesitas que hablemos, yo…

—No necesito nada, estoy bien, gracias. Buenas noches, Hermione.

La voz seca de Pansy hizo desistir a la joven de su decisión de ayudarla. Así que tras un breve y casi inaudible despedida, Hermione cerró la puerta del dormitorio tan delicadamente como la había abierto y se dirigió hacia la suya. Seguía sin ser mala idea eso de leer un poco, así que agarró un libro que había traído de Ottery y después de acomodarse en la cama, empezó a leer:

Capítulo primero

Es una verdad universalmente reconocida que a todo hombre soltero que posee una fortuna le hace falta una esposa…

Estaba enfadado y decepcionado pero sobre todo lleno de rabia, hacia todo y hacia todos. Subido en su deportivo negro, Draco daba vueltas por la ciudad sin rumbo fijo. Deseaba escapar y ni siquiera sabía adonde. Su casa, tan grande y lujosa últimamente le parecía una cárcel. Siempre que se encontraba allí, sentía como le faltaba el oxigeno y terminaba huyendo hacia cualquier otro lugar donde poder respirar. Pensó en visitar a Daphne, ella siempre sabía como despejarle la mente de los problemas, pero ya había tenido desafortunados encuentros con dos mujeres en un solo día y no deseaba un tercero. Ni por asomo barajó la posibilidad de acercarse a Astoria, su joven y caprichosa prometida era la última persona en esa ciudad que conseguiría ponerlo de mejor humor. Fue entonces, cuando después de algún tiempo, Draco echó de menos a alguien. Blaise Zabini sabría que decirle en aquel momento; él sacaría de su nevera de última generación un par de cervezas de importación bien frías, y beberían hasta quedar sin consciencia pero completamente desahogados. Draco lanzó un suspiro desde lo mas profundo de sus entrañas, Blaise era lo que necesitaba, pero a saber donde demonios estaba. Frenó bruscamente, debía ser la segunda vez que pasaba frente a la puerta de aquel local que solía frecuentar. Buena música, buena bebida y mejores mujeres, de esas que no piden explicaciones, ni las dan, siempre que haya un buen fajo de billetes de por medio. El lugar donde comenzó su dolor de cabeza, el sitio donde trabajaba Eliza White.

Sí, era cierto que había sido cliente asiduo de aquel lugar, y también era verdad que conoció a la víctima de Crabbe. Aunque le gustaba estar rodeado de mujeres, Draco no era de aquellos hombres que pagaban para conseguir los favores de una chica. Eso era denigrante para su orgullo, y él no necesitaba comprar lo que le era fácil adquirir. Aun así le gustaba pasar algunos de sus ratos libres en lugares como aquellos; a esas chicas le importaban un pimiento su vida, no eran como su madre, su novia o su amante, que solían acribillarlo a preguntas y a reproches, ellas solo se limitaban a complacerlo. Entró en el burdel, y como era de esperar estaba lleno. Saludó con desgana a un par de conocidos y se sentó en su reservado de siempre. Una joven de cabello rubio oscuro y lleno de bucles se acercó a él, y puso sobre la mesa su bebida favorita, luego se retiró sin que Draco levantase la vista para mirarla. Se sentía mal, y probablemente emborracharse no lo haría encontrarse mejor, pero en ese instante no conocía una opción mejor. Si había algo que no podía soportar era estar enfadado con Pansy, sin embargo esta vez se había pasado de la raya; invitar a Hermione a compartir su mesa había sido demasiado, y no pensaba pasar por el aro. Desde el maldito día en que su amiga decidió ser mejor persona, Pansy estaba cada día más insoportable y notaba como poco a poco iba alejándose de él. Apretó con rabia los párpados, cerrando por completos sus impasibles ojos mientras degustaba un buen sorbo del frío whisky escocés, que aromatizaba el vaso que tenía entre las manos.

—¿Hoy no quieres compañía femenina Draco?

Malfoy abrió los ojos pudiendo ver quien era el que formulaba aquella pregunta.

—¿Qué haces aquí? Te dije que no asomases tu nariz por este lugar.

—No puedo dejar el vicio tan rápido. En realidad, rondaba la puerta y te vi entrar ¿Cómo está Crabbe?

Malfoy se echó a un lado para dejar sitio al recién llegado, que se sentó junto a él.

—Resignado, supongo. No hay muchas esperanzas de que todo salga como esperamos Goyle¬ —expuso Draco mientras miraba absorto los hielos que flotaban dentro de su vaso.

—Debí haberme quedado con él aquella noche, probablemente no habría cometido aquella insensatez —chasqueó los dedos para llamar la atención de la rubia camarera.

La joven dio un respingo y corrió hacia el reservado de donde la llamaban.

—Quiero lo mismo que toma él —ordenó Goyle señalando hacia el vaso que Draco aun tenía entre las manos.

—No le traigas nada —exhortó Draco mirando por primera vez desde su llegada hacia la muchacha, que se puso rígida como un palo. El rubio dejó de clavar su fría mirada en ella y se dirigió hacia su amigo, diciendo—: Te dije que no deberías estar aquí, así que márchate. Debes guardar tu credibilidad como el distinguido doctor en medicina que todos suponen que eres. Me haces falta siendo una persona intachable Goyle, y no un maldito degenerado, así que desaparece de una vez.

Sin atreverse a contradecir a su amigo, Gregory Goyle se puso en pie y tras echar una mirada de desprecio a la joven camarera, añadió.

—Ya sabes donde encontrarme si me necesitas Draco.

Malfoy hizo un gesto de beneplácito con la cabeza y observó cómo, tras propinarle un leve empujón a la muchacha con sus brazos de gorila haciéndola tambalear, abandonaba al fin el local. Draco resopló con fuerza por la nariz, la aparición de Goyle no había contribuido a mejorar su mal humor.

—Imbécil —farfulló, y al elevar la vista una vez más, vio que la camarera aun permanecía de pie en el reservado con el rostro muy pálido y los ojos abiertos como platos. Draco entrecerró los suyos, aquella chica comenzaba a ser muy molesta—. ¿Y tú que diablos quieres?

Fue tan cruel el tono despectivo que uso al realizar la pregunta, que la joven palideció aun mas, abrió levemente la boca para decir algo, pero no consiguió que ningún sonido saliese de su garganta. Draco perdió la paciencia y espetó con más desprecio que antes.

—¡Lárgate!

No hizo falta que lo repitiese porque en un abrir y cerrar de ojos, la muchacha había desaparecido volviendo a quedar solo en el reservado. Miró una vez más su vaso de licor y supo que esa noche no saldría sobrio de aquel lugar.

Había leído durante tanto rato que sentía un agudo dolor en los ojos. Cerró al fin el libro notando como los párpados se le cerraban involuntariamente. Tenía sueño, y era hora de dormir. Hermione puso el libro sobre la mesita de noche y apagó la luz, acurrucándose entre las sábanas dispuesta a pasar una noche de descanso y así poder estar a cien por cien al día siguiente. Era una agradable sensación adormecerse lentamente, tratando de dejar la mente en blanco. Sus párpados se cerraron completamente rindiéndose al fin a lo inevitable. Aquella noche no fue la mejor de todas, tal vez la tensión vivida durante su visita a la cárcel y luego mientras cenaba junto a Malfoy, la habían alterado de tal forma que tuvo pesadillas durante toda la noche. En todas ellas aparecía ese rubio desteñido y Ron, también él estuvo presente en todo momento. Fue un sueño extraño que apenas podía recordar, pero que deseaba no tener que volver a soñar nunca más. Soñolienta, la joven abogada se levantó dando traspiés y se dirigió a la cocina donde ya olía a café recién hecho. Pansy estaba sentada con una taza de humeante líquido oscuro entre sus manos, nada mas ver a su compañera le sonrió levemente dándole los buenos días.

—Buenos días Pansy, ¿Cómo estás?

Era una pregunta más bien de cortesía porque Hermione podía observar como su joven compañera de piso estaba muy pálida y ojerosa. Parecía absorta, y sus ojos enrojecidos aun estaban llorosos. Pansy se encogió de hombros y musitó con un casi inaudible hilo de voz.

—He tenido días mejores.

—Siento que por mi culpa tú y tu amigo Malfoy hayáis discutido…

—No es tu culpa, es él y su forma de ver las cosas, debería estar acostumbrada.

Hermione decidió no tocar mas el tema porque pudo ver como una sombra de tristeza volvía a cubrir el rostro de Pansy. Se acercó a la cafetera y llenó de café su pulcra taza, luego puso un par de rebanadas de pan a tostar, y en poco tiempo ya las degustaba junto a su ausente compañera. Hasta el crujir de las tostadas al masticarlas parecía aumentado de volumen ante aquel sepulcral silencio. Hermione comenzó a sentirse algo incómoda, y por ello, se apuró con el desayuno para marcharse de aquel apartamento cuanto antes. De repente Pansy rompió su mutismo con una pregunta que formuló con apatía.

—Nott se marchó enseguida ¿verdad?

Hermione tragó de un golpe el trozo de tostada que se había introducido en la boca logrando que las esquinas sin masticar del pan le arañase levemente la garganta.

—Apenas unos minutos después de que entrases en tu habitación. Me dio la sensación de que estaba muy abatido cuando se fue.

—Ni siquiera me despedí de él, ¿qué te dijo? —los ojos oscuros de Pansy se clavaron en el rostro aun adormecido de su compañera.

Hermione dudó si recitarle las palabras exactas que Nott había pronunciado la noche anterior antes de abandonar el apartamento.

—Creo que esto no es asunto mío, además, estaba muy afectado y uno dice cosas en caliente que luego cuando todo se enfría en realidad no se piens…

—¿Qué dijo? —insistió sin dejarla acabar la frase.

Hermione resopló y luego añadió sabiendo que era imposible escabullirse de aquella pregunta.

—Dijo que yo, una recién llegada a la que apenas conoces, soy para ti más importante que él. Lo siento es un poco embarazoso…

Pansy cerró los ojos con fuerza mientras depositaba su taza de café sobre la mesa.

—Soy la persona mas estúpida del mundo —murmuró. Seguidamente elevó la mirada hacia su compañera de piso, y añadió—: No es fácil para mí y supongo que para Theo tampoco ¿Sabes lo que significa, lo terrible que es, amar con locura a una persona y que ésta te abandone un buen día, cuando menos lo esperas y cuando más lo necesitas?

Hermione sintió como le daba un vuelco el corazón, quiso hablar pero notó como le faltaba el aire, por suerte Pansy prosiguió sin darle opción a contestar.

—Conocí a Blaise en la universidad, y no tuve dudas de que era el hombre de mi vida. Poco tiempo después nos fuimos a vivir juntos y todo fue maravilloso. Jamás he amado a nadie como lo amé a él. Hace un par de años, una mañana, sentí que faltaba en mi cama. No le di importancia, a veces salía a hacer ejercicio muy temprano, cuando apenas había luz natural en la ciudad, y regresaba después para desayunar conmigo. Pero ese día fue diferente, porque nunca volvió, ni a desayunar, ni almorzar, ni a dormir. Encontré una nota que decía: "No dudes que te amo, pero debo marcharme, algún día lo entenderás". Aun no ha llegado ese día. Pasaron los meses, los años y nunca hemos vuelto a saber de él, ni siquiera Draco que era su mejor amigo ha tenido noticias suyas. Nott siempre estuvo ahí, consolándome, apoyándome, animándome a seguir a delante y pensé que si tenía que retomar mi vida con alguien, él era el indicado. Aun lo pienso, pero sé que no soy capaz de sentir por Nott lo que una vez sentí por Blaise, y él lo nota, lo percibe y yo no se como ocultarlo para no hacerle daño. Antes apenas tenía escrúpulos con nadie, era una chica caprichosa y mostraba desinterés por todo. Pero sufrir de la forma en que lo he estado haciendo me ha valido para saber que hay que sacar lo bueno de la vida, tratar de convivir con los demás y esperar a que el destino se apiade de uno y le regale de vez en cuando algo por lo que sonreír. Yo sé que mi sonrisa es Theo, pero aun no conseguido olvidar a Blaise. No puedes entender lo difícil que es resignarse a no poder estar junto a la persona a la que se ama.

—Sí, lo entiendo; te comprendo mejor de lo que crees.

La escueta frase de Hermione dejó muda a Pansy que entrecerró los ojos confundida. La joven abogada pensó que ya era hora de volver a hablar de él.

—Yo lo conocí en el colegio, su nombre era Ron y tenía once años, y ni por asomo pensé que iba a ser el hombre de mi vida. Tuvo que pasar muchos años y muchas cosas entre nosotros para darme cuenta de que iba a ser así. Pero la vida a veces se empeña en arrebatarte tus sueños y un día, sin avisar, sin pensarlo, Ron me dejó para siempre y no pude hacer nada para evitar que eso sucediese.

—Oh, vaya… no podía imaginar que hubieses vivido una experiencia parecida a la mía —comentó Pansy tratando de sonreír pero sin mucho éxito—. Entonces entenderás que si pongo todo mi esfuerzo en enamorarme de Nott y de pronto, un buen día igual que Blaise se fue, regresa… Oh dios mío, ¿Qué podría hacer entonces? No quiero que Theo sufra y no puedo asegurarte que sabiendo a Blaise de vuelta no fuese corriendo a reencontrarme con él ¿Qué harías tú, Hermione, si Ron igual que se fue de tu vida volviese a ella, cuando ya has encontrado alguien con quien compartirla que no es él?

Cerró los ojos, y su cuerpo tembló un instante. Aun sujetaba la taza vacía en una de sus manos, Hermione notó un fuerte y agudo dolor en el pecho, como si el corazón se le resquebrajase en varios pedazos. Abrió sus castaños ojos y una leve humedad brotó de ellos y resbaló bordeando su nariz hasta perderse entre sus labios. Suspiró, y dijo con voz queda y la cabeza dándole vueltas.

—Para mi desgracia yo jamás tendría que elegir entre el hombre que se fue y el que tal vez esté por llegar, porque el que se fue lo hizo dejando este mundo para siempre —Pansy se llevó una mano a la boca, espantada, comprendiendo el sufrimiento de Hermione, y su consternación aumentó cuando escuchó lo que su compañera confesó a continuación—. Ron falleció en un accidente de tráfico hace poco más de un año durante unas vacaciones en Escocia. Era mi marido…

No pudo seguir hablando, un nudo enorme taponó su garganta y el dolor dentro de su pecho aumentó desmesuradamente. Las lágrimas ya eran incontroladas mientras se aferraba con una mano a la encimera de la cocina para no desfallecer. Pansy dejó su taza de café sobre la mesa y corrió hacia Hermione sujetándola por un brazo para evitar que diese con sus huesos en el suelo. Hermione le sonrió levemente con los ojos llorosos, trató de recomponerse un poco y después de enjugarse las lágrimas, prosiguió hablando con un hilo de temblorosa voz:

—Supimos que el suicida que provocó el accidente se despeñó por un puente y terminó hundido en las frías aguas de un río cercano. Consiguieron sacar su cuerpo sin vida, fui a su funeral solo para asegurarme que había recibido su merecido. Me marché de Ottery porque no soporto tener a Ron tan cerca y no poder verlo, tocarlo, o sentirlo. No me basta llevar flores a su tumba cada mes, necesito pasar página, saber que nunca se irá de mi corazón pero que puedo seguir sin él, que puedo ser capaz de volver a empezar.

—Eres una mujer valiente Hermione, y creo que tienes razón. Es mejor dejar de mirar al pasado para poder ver bien el futuro —Pansy sonrió ampliamente—. Theo es mi futuro.

Hermione le devolvió la sonrisa, comenzaba a encontrarse un poco mejor y por ello Pansy dejó de sostenerla.

—¡Uf! Menuda terapia. Cuando Millicent se fue pensé que no encontraría a nadie con quien compartir confidencias, es irónico que precisamente seas tú, la mayor enemiga de Draco, la persona que me haya aclarado las ideas —rió, contagiando a Hermione con su risa.

—Nunca le digas nada de esto, o jamás recuperaras su amistad. Aunque tal vez salgas ganando si eso sucede —observó Hermione, mientras llenaba por fin su taza de humeante y aromático café.

—Ignoraré tu último comentario, aun quiero llevarme bien contigo.

Ambas rieron, Pansy volcó un poco mas de café en su taza medio vacía y disfrutaron juntas de aquel desayuno que había estado lleno de confidencias, unas revelaciones que marcarían la buena relación que ambas mujeres llevarían a partir de aquel día.

Fue como si le golpeasen la cabeza con un mazo pero en realidad solo se trataba de los nudillos de la asistenta sobre la puerta de su habitación.

—Disculpe señorito Draco, su padre me ha enviado para informarle que le espera en el comedor para el desayuno.

Lo dijo muy suavemente mientras descorría las cortinas para que entrase por los ventanales la tenue luz del sol. Pero para Draco, aquella asistenta anciana e insufrible, parecía hablar a través de un megáfono muy cerca de su oído, y los débiles rayos de luz pegaban contra sus párpados cerrados como si fuesen focos de más de un millón de voltios. Se revolvió en su cama igual que si se tratase de una serpiente, consiguiendo que las sabanas que le cubrían se enredasen en su cuerpo semi desnudo. Gruñó, farfulló algún insulto dedicado íntegramente a la madura mujer que se había atrevido a despertarlo, y agarrando con fuerza uno de los almohadones se cubrió la cabeza con él para tratar de amortiguar todos esos sonidos que lo estaban torturando. Sin embargo, sus minutos en aquella mullida cama estaban contados, porque como bien había escuchado su padre urgía de su presencia en el gran comedor de la mansión. Así que se desperezó estirándose igual que un chicle y puso ambos pies sobre la moqueta negra que cubría el suelo de su dormitorio. Se duchó tan rápido que lo hizo con agua fría para no peder ni un segundo y así no enfurecer a su progenitor, y tras enfundarse en un sobrio traje de chaqueta, Draco regaló al fin su presencia a sus padres y a su tía que acababan de comenzar a degustar el variado desayuno. Todo en aquel lugar era frío, austero, y falto de color. Las paredes estaban revestidas de madera de nogal y el suelo lucía un hermoso pero lúgubre mármol negro, tapado en parte por una alfombra enorme y bien elaborada. La mesa, desmesuradamente larga, debía ser muy antigua por lo recargado del tallado de sus patas. Alrededor de ella se disponía numerosas sillas igualmente adornadas con enrevesados labrados sobre noble madera de ébano. Pesados cortinajes cubrían los amplios ventanales impidiendo disfrutar del hermoso y suntuoso jardín que rodeaba la casa. Tapices y cuadros de antepasados de los Malfoy y los Black ocupaban los espacios pertenecientes a las paredes, que estaban revestidas de un decorativo y algo envejecido papel. No era un ambiente muy acogedor, pero aquel era el único hogar que Draco había conocido. Entró soñoliento y haciendo esfuerzos para que no se le escapase ningún bostezo. Su madre le sonrió levemente, su tía Bellatrix lo miró con sus negros e intimidantes ojos —incluso a él conseguía ponerle la piel de gallina aquella oscura mujer—, y su padre leía las últimas noticias en uno de los periódicos mas prestigiosos de la ciudad, que cada mañana uno de los sirvientes colocaba junto a su desayuno.

—Buenos días —saludó el joven consiguiendo que únicamente su madre le devolviese el saludo.

Acostumbrado a sentirse ignorado, Draco no le dio importancia a la falta de efusividad de su familia ante su presencia. Ocupó su lugar justo a la derecha de su padre y dejó que uno de sus sirvientes le llenase la taza de café. Aquel líquido le vendría muy bien para aclarar su atolondramiento. La noche anterior había cumplido su cometido, emborracharse, pero ahora pagaba las consecuencias de su voluntaria embriaguez. Su tía, la infame Bellatrix Lastrange, se ocupó de recordárselo.

—A buenas horas llegaste anoche, o mejor dicho, esta mañana… ¿Es así como pretendes ganar tu caso?

Draco la fulminó con la mirada, consiguiendo con ello que su tía le sonriese con esacervado cinismo. Lucius Malfoy carraspeó levemente, y sin levantar la vista del periódico, añadió.

—Tu tía tiene razón Draco, no debes perder concentración en lo que estás haciendo. Deja tus necias borracheras para el momento en que Vincent Crabbe esté en la calle, libre de todos los cargos.

—Sabes que eso es prácticamente imposible…

—Nada es imposible para un Malfoy. Grábate a fuego eso en tu estúpido cerebro… —dejó de leer un instante para escrutar a su único hijo con la mirada, y luego añadió de forma despectiva—. Nunca serás como nosotros si sigues pensando de esa forma. Hay que tener madera de ganador Draco, y tú no la tienes.

El joven Malfoy decidió no replicar a aquella provocación, y en lugar de eso llenó su boca con un buen sorbo de aquel café, que no se había molestado de endulzar y estaba tan amargo como la hiel que comenzaba a subir por su esófago; sobre todo, después de escuchar aquellas envenenadas palabras de su padre. Narcisa notando la tensión entre su marido y su hijo, decidió cambiar de tema, pero ese giro también incluía reproches para Draco.

—Astoria estuvo esperándote anoche hasta muy tarde, hijo. No deberías descuidarla tanto, no es conveniente agotar su paciencia. Debes salvaguardar ese compromiso como sea, sabes que es muy ventajoso para nosotros. Prométeme que irás hoy a verla.

El muchacho tampoco dijo nada esta vez, y un leve movimiento de cabeza confirmando su promesa fue suficiente respuesta para su madre. Draco pensó que esta vez le dejarían desayunar con tranquilidad, pero se equivocaba.

—¿Qué tal te fue ayer con el abogado que llevará la acusación de Crabbe?

El trozo de tostada que estaba tragando se quedó a medio camino entre su garganta y su esófago, y tuvo que toser un par de veces para ayudarla a bajar. Después, habló con voz ronca.

—Es una chica.

—¿Una mujer? Oh vaya, esto se pone interesante, sobrino —Bellatrix dejó escapar una sonora carcajada—. Humillado por una mujer, tengo que ver eso.

Narcisa reprendió a su hermana con una severa mirada. Sin embargo, eso, lejos de amedrentarla, la divirtió mucho más.

—Espero que no sea de ese modo. Hombre o mujer, el caso es el mismo, y tu único objetivo debe ser ganarlo a toda costa —sentenció Lucius regresando a su lectura.

—Lo haré —afirmó Draco aparentando confianza en sí mismo.

Bellatrix soltó una irónica risita que molestó al muchacho sobremanera. Así que sin terminar su tostada, se levantó de la silla y se alejó del comedor de los Malfoy a pasos agigantados.

El aire fresco de la mañana sobre su rostro era lo único que conseguía despejarle la mente. Agradeció infinitamente haberse dejado convencer por aquel vendedor de coches, y de ese modo haber comprado su sofisticado y lujoso deportivo negro con la opción de que pudiese ser descapotable. El cielo de Londres comenzaba a mostrase de un azul claro, salpicado por algunas nubecillas blancas que no contenían agua. Por lo tanto, ese día no llovería y eso era un tesoro para los habitantes de aquella húmeda ciudad. Dudó hacia adonde dirigirse; lo mas razonable era visitar a Astoria y cumplir de eso modo la promesa hecha a su madre, sin embargo no le apetecía. Supo donde quería estar, donde necesitaba ir, y procurando no pensar en ello para no arrepentirse en el trayecto, puso rumbo hacia aquel lugar.

Hermione repasaba una y otra vez los mismos párrafos del dossier de Crabbe, y por más que trataba de no darle importancia a lo que en él se describía, no podía dejar de pensar que algo fallaba. Ningún rastro de Crabbe dentro de aquella joven, cuando a todas luces el médico forense había dictaminado que hubo agresión sexual. Por más que martirizaba a su cerebro exprimiéndolo sin piedad, ninguna idea satisfactoria le venía a la cabeza, y poco después decidió que era hora de descansar. Intuía que aquel fleco en la investigación policial, iba a ser la baza principal para Malfoy y su terco afán por ganar ese caso. Echó todo su cuerpo hacia atrás, dejando la espalda reposar por completo sobre el respaldo del sillón de su despacho y cerró los ojos; después de las confidencias y los recuerdos que había compartido con Pansy aquella mañana, y que aun levantaban ampollas en su alma, Hermione notaba una pequeña punzada dolorosa en las sienes. Se levantó con parsimonia para buscar dentro de su bolso, que colgaba del perchero, un analgésico que le paliase un poco la molestia. Cuando, de repente, Ernie entró en su despacho con una mueca en el rostro de resignación.

—No hay forma de contactar con él.

—Eso es imposible.

—Créeme Hermione, llevamos desde ayer tratando de localiza a ese tal Goyle, pero ni sus enfermeras, ni sus compañeros del hospital parecen querer colaborar con nosotros; y no hablemos de su consulta privada o su casa, esos dos lugares parecen búnkeres perfectamente custodiados.

Hermione llenó un vaso de plástico con agua de un botellín que siempre tenía sobre su mesa, y con un sorbo introdujo la píldora en su estómago. Luego se giró hacia su compañero añadiendo:

—Entonces, querido Ernie, ha llegado la hora de demostrar lo buenos actores que podemos llegar a ser.

Ernie mostró una expresión de contrariedad en el rostro, pero en cuanto entendió a qué se refería Hermione, mudo aquel gesto cambiándolo por una enorme sonrisa.

—¿Qué haces aquí?, dijiste que no volverías a poner un pie en mi casa —le recordó Pansy cuando vio los grises ojos de Draco frente a ella.

—Digo muchas cosas al día y de la mitad ni me acuerdo al llegar a la noche… ¿Me dejas entrar?

Por supuesto que lo dejaría entrar, pero le reconcomía los nervios por dentro el hecho de que él creyese que todo en la vida era tan fácil. Esta vez no iba a ceder con tanta rapidez. Se apoyó en el borde de la puerta, y dijo, usando un tono serio para que no quedasen dudas de que estaba muy molesta con su proceder del día anterior.

—Discúlpate.

Draco mudó el poco color que mostraba su pálida piel ¿Había oído bien?

—¿Cómo? —inquirió incrédulo.

—Discúlpate como es debido, Draco Malfoy, y dejaré la puerta abierta —repitió ella con firmeza.

El joven pestañeó un par de veces; sí, había escuchado perfectamente. Pansy debía haber perdido el juicio si pensaba que le pediría perdón por su actitud, él jamás daba disculpas a nadie, ni siquiera a ella, y mucho menos lo haría por ser como es.

—Olvídalo, sabes que no voy a hacer eso…

De repente Pansy desapareció tras un golpe estruendoso, y ante sus ojos solo había ya un gran tablón de madera con un picaporte dorado en el centro. Le había cerrado la puerta en sus propias narices. Chirrió los dientes con rabia y con menos delicadeza que la vez anterior, golpeó la puerta con los nudillos. La voz de su amiga se oyó gritar desde el otro lado.

—¡Lárgate, Draco!

—¡No seas estúpida, ábreme la puerta! —insistió él golpeando nuevamente con mas fuerza.

—¡Discúlpate!

Odiaba a las mujeres tercas, con carácter y poco manejables, y precisamente era amigo de una de ellas. Pansy no estaba dispuesta a ceder, no pensaba dejarlo pasar, aquello era el colmo. Draco caminó un poco de un lado a otro pasando por delante de la puerta de Pansy, cerrada a cal y canto. La joven lo observaba aparecer y desaparecer por el mirador, y esperaba pacientemente que una lucecita de remordimientos y de conciencia se encendiese en su amigo, y lo hiciera capaz de comportarse como una persona con sentimientos. No era tan difícil pedir perdón. Pero para Draco aquello era inconcebible, ni siquiera sabía como hacerlo, debía decirle: "Discúlpame, Pansy, me porté como un energúmeno"… o, "Siento enormemente haberme comportado como lo hice", o tal vez, simplemente largarse y seguir en sus trece de no pisar el apartamento de su amiga hasta que Granger no saliese de allí. Se detuvo frente a la puerta, Pansy lo observó con los ojos muy abiertos. Parecía hablar solo, y de hecho lo hacía. Trataba de sopesar si valía la pena traicionarse a sí mismo. Entonces, elevó la mirada y vio la puerta cerrada, y se sintió vacío. Necesitaba a Pansy, la necesitaba porque era su amiga, su confidente, la única que parecía entenderlo, y que a la vez podía reprenderlo sin que él se enfadase. Aquel apartamento era el único lugar del mundo donde se sentía realmente bien, a gusto y querido. Tocó una vez más con los nudillos sobre la madera, y esta vez la puerta se entornó un poco. Pansy asomó uno de sus oscuros ojos por la abertura, y esperó.

—Tú ganas, te pido… disculpas, por ser un cerdo, ¿De acuerdo?... ahora perdóname de una maldita vez y déjame entrar.

Pansy trató de sofocar la risa que le producía ver ceder a su orgulloso y engreído amigo, y lentamente abrió la puerta, pudiendo comprobar como la figura esbelta de Draco pasaba delante de ella.

—Me alegro que hayas vuelto, a pesar de que ella sigua aquí —susurró.

Draco clavó sus imperturbables ojos en su amiga, y simplemente ladeó una sonrisa.

Allí se encontraba sosegado, y tal vez esa Granger lograra ganar el caso que supondría la mayor humillación de su carrera, pero no conseguiría alejarlo del único lugar donde su frío corazón conseguía llenarse de un inusual, necesario, y agradable calor.

Una vez mas, hola. Espero de corazón que os haya gustado el capítulo y gracias por seguir ahí, tanto a los que comentais como a los que aun no os habéis decidio a hacerlo. Nos vemos, espero que pronto. Besos, María.