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Bajo llave — capítulo 2

--HHPG--** Sentí calor de repente y supuse que el embarazo comenzaba a afectarme, junto a la mala alimentación. Desde ese entonces, solo alcancé a comer un par de frutas y verduras. Me sentía un poco desganada y sin fuerzas suficientes como para ejecutar algún hechizo. Por supuesto, mi magia se la transmitía a mi bebé. A lo último que quedaba de él y de mí. Lo último con lo que podía contar, aunque estuviera maldito. Aunque dentro de él, yaciera la semilla de la sangre rancia. Aunque dentro de él, yaciera un futuro peligroso. No estaba en sus blancas manos. Era nuestra culpa. Aún así, iba a morir por deseo de su padre. Para prevenir, fue lo último que me dijo antes de dejarme aquí. Sola y encerrándome como último recurso. Ladeo la cabeza y descubro un par de viejos juguetes de la infancia ya perdida, de quién fue mi amor y ahora era motivo de mi temor. Me inclino cuidadosamente, mi vientre poca movilidad me deja y la habitación es un poco pequeña para los dos. Me retuerzo, cuando la luz del sol da con unas desvencijadas persianas, ya roídas por las polillas. Es hora de un nuevo amanecer, de un nuevo conteo en el tiempo que va marcando ya, el paso de las horas de nuestra sentenciada vida. Ansío respirar el aire puro del parque, donde él y yo solíamos conversar. Tiempos aquellos, que ya son una epifanía en lo más profundo de mis sueños de soledad. Aún puedo sentir su cálida mano sobre mi hombro, diciéndome que soy todo para él. Por él, dejé a mi mejor amigo y seguí su sueño. En él confié y ahora es tan frío como el vidrio que separa mi húmedo rostro en lágrimas, de la libertad. Miro con mucho detalle, las hojas que caen. Dormiré en los laureles, pronto. Desapareceré de la faz de la tierra, aunque suene muy dramático. Él va a dejarme ir, enceguecido por el final de una guerra que cree, comenzó. Pero no, no es su culpa ni la será. Tener un hijo, jamás será su culpa directamente. Nadie tiene culpa de tener un hijo. Eso es un milagro, algo que se debería apreciar. El delicado hilo de la vida, que trae nuevas esperanzas. Pero él está seguro, él sabe que destruir, traerá la construcción. Me temo ya, que nada ni nadie podrá sacarle esa idea de la cabeza. Porque ya no es quién solía ser, ni mucho menos está con los que solía estar. Solo él, contra el mundo y sus enemigos. Yo aquí, esperándolo. Esperando volver al hombre del cuál me enamoré y del que no queda ni un solo rastro. — ¿Estás seguro de que es aquí, Severus? — Ya te dije mil veces que es en este lugar, Lupin. Deja de preguntármelo y mantén tu boca cerrada. — De acuerdo, solo quería enterarme de... Mira, el vidrio está roto. Escucho voces, tal vez deliro de forma fugaz. Miro a mi alrededor y con un suspiro, trato de meter mi cabeza a través del único vidrio roto que encuentro en ese pequeño cuarto. Al apoyarme para mirar, mis manos se encajan en aquellos vidrios rotos y pronto, siento el pinchazo que me hace pensar que estoy viva. Que comienzo a sangrar antes de tiempo. Despierto luego de unos instantes y suelto un gemido de dolor. Me contengo una palma con los dedos de la otra mano, pero la sangre sigue saliendo. Se infectará, seguramente lo hará. Bueno al menos puedo morir de algo, así de forma exagerada. — ¡Hermione! ¿Hermione, eres tú?— escucho la voz de Lupin y casi me golpeo con el alfeizar de aquella ventana. Miro a mi alrededor, pero sigo sin verlo. — Eh... sí, eso creo. ¿Quién eres tú? ¿Remus? — Sí. Hemos venido a sacarte, pero el vidrio. Apártate, que Severus y yo vamos a romperlo. ¿Snape? Es entonces, cuando miro dos escobas paradas allí. Frente a mí. Lupin sostiene su varita y señala los trozos de vidrio restantes.  — ¡Bombarda! Retrocedí lo más que pude y me cubrí el rostro con las manos. Los vidrios volaron en todas direcciones y luego del polvo y los escombros, alcé mi cabeza para mirar. Eran ellos y admiraban el lugar en el que estaba recluida. — Esto es un cliché— dijo Snape, mirando cuidadosamente mientras ponía sus pies dentro, para ayudarme.— como Potter estuvo encerrado en un lugar pequeño, oscuro y mohoso, pretende hacerle lo mismo al resto. ¿Desde cuándo le preocupaba eso? ¿Desde cuándo le preocupaba yo? Extiende su mano, para ayudarme a subir a través de la ventana y yo titubeo. ¿Y si Harry...? Me mira con severidad e insiste. Tengo que ser fuerte. Tomé su mano y ambos cruzamos la ventana, con un poco de dificultad. Estoy ahora en la escoba de Remus, sosteniéndome, abrazándolo por la cadera. La primera vez que abrazo a alguien en meses. — Prepárate, será un viaje largo. ¿Estás lista? Supongo que sí— su rostro y expresión, me da a entender que no comprende a Harry. Ni lo que ha cambiado. Volamos por los cielos rasos, por las copas de los árboles y el ruido de la agitada ciudad que con la tarde, va trayendo la noche y las hermosas luces. Un espectáculo que tenía tiempo sin vislumbrar con mis propios ojos. Solo en sombras brillantes, en la pared de aquel recóndito hábitat en el que él me había sumido. Al llegar, me siento exhausta y somnolienta. Me duele la cabeza y con un suspiro lento que da Remus, comenzamos a aterrizar. Severus es el primero en bajar y admirar el lugar, como si buscara espías. Ladeo la cabeza hacia él y puedo observar su brillante mirada. Detesta estar en el lugar en el que estamos. El cuartel de la orden. Al bajarme, acaricio el vientre de Lupin, mientras me suelto. Él me sonríe a medias y baja las manos para intentar ayudarme. Siente algo húmedo entre ellas y me mira con curiosidad, luego a su túnica. Estaba manchada de sangre. — Hermione... ¿Qué te sucedió? Severus dirige su atención hacia mí y hacia mis manos. Yo sonrío suavemente y niego con la cabeza, de forma pausada y algo intranquila. Mis nervios están rotos, imaginándome el rostro de Harry al saber que me he marchado. — Me corté con los vidrios rotos de la habitación. — ¿Y por qué no lo dijiste? — Solo quería sentir por última vez, Remus— le digo, mientras él con su varita, cura mis heridas palmas y comenzamos la travesía hacia la enorme casa que se erige frente a nosotros, de forma silenciosa y secreta.