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Bajo llave — capítulo 20
*--HHPG--***El amanecer fue un momento renovado. Algo llamó mi atención. Algo brincaba en su cuna y gritaba. Me desperté inmediatamente al escucharlo y con una sonrisa, lágrimas en mis ojos, no pude creer lo que estaba sucediendo. Mi hijo brincaba en la cuna, diciendo mamá. Lo podía oír claramente y eso me llenó de alegría. Caminé hasta detenerme junto a él y levantarlo entre mis brazos. Decía mamá y estaba tan feliz de poder oírlo. De ser yo quien pudiera escucharlo. Era afortunada. Una mujer completa, por haber tenido el regalo más preciado. Un hijo. Caminé con él, bajando las escaleras a prisa. Pasé junto a Moody, cuyo ojo mágico me siguió hasta la cocina. Snape y el resto, estaba reunido allí. Severus no decía nada. El resto charlaba tranquilamente. Me detuve sin aliento en el marco de la puerta y con una enorme sonrisa, lo comenté a los cuatro vientos. — ¡Lisander dijo mamá! Y para mi fortuna, continuó diciéndolo. Eso me recordaba lo importante que era todo mi esfuerzo. Mis lágrimas, mi sufrimiento y la sangre que luego tuviera que derramar. Para ver su pequeña carita, con dos dedos en su boca y sus primeras palabras. "Mamá". — Mamá ¡Ma má! Mamama... Era tan divertido escucharlo. Parecía que su nueva palabra, le causaba emoción. Mientras lo decía y lo decía. Snape estaba a su lado y aún mirándolo, seguía diciéndolo. — No, Lisander. Snape no es tu mamá— Tonks agregó con jocosidad y Severus junto a mí, la miró con un gesto asesino. — Me temo le dirá: "mamá" a todo, Tonks— dije y Snape me dio la razón, cuando Lisander resbalaba de mis brazos y se estiraba en dirección a Snape. Algo en Severus le parecía atractivo. Lo coloqué en el sofá y lo miré. Se detuvo junto a Snape y había colocado su mano sobre uno de sus muslos. Palmeaba su muslo, felizmente. Por supuesto que Snape no se movería, aunque eso le resultara extraño. Desde donde estaba, Lisander podía caerse. — ¿No hablarás con Harry, Hermione? Recordaba las primeras palabras de Harry. Recordaba sus "te amo", perfectamente. Y entonces, aprendió nuevas palabras. Aprendió a odiarme. Aprendió a anteponer al mundo, antes que a mí y a su hijo. Pero suponía que así tenían que ser los héroes. Quería seguir creyendo que él me amaba y lo hacía por verme feliz. Quitando el agravante de asesinar a mi hijo. — No creo que lo haga, Tonks. Y dudo que sea yo, lo que Harry Potter quiera ver en este momento. Severus carraspeó y yo giré mi rostro para encararlo. Suspiraba e introduciendo una mano en su bolsillo, con la dificultad de significar que tenía un niño, jugando en uno de sus muslos, sustrajo un sobre. Tenía fecha de ese día y hora de la mañana. — Una lechuza la trajo, muy temprano. No necesito explicarle quién puede ser ¿o sí? Negué con la cabeza, ante el trago amargo que siempre significaba abrir una de sus cartas. Sonreí ausente, al leer el encabezado. "Hermione Granger". Ya no era Hermione Potter, ya no era nada de ese hombre. "Quiero que sepas, que cometes un grave error". ¿Cómo podía, dejando vivir a mi hijo? — El gran error lo cometes tú, al hacernos esto. Tomé a Lisander entre mis brazos y caminé hasta la cocina. Pero como fuese, jamás llegué totalmente. Me detuve en la entrada y algo húmedo, caía en la frente de mi hijo. Mis lágrimas. Me recosté de lo primero que encontré, sin darme la vuelta ni encarar a nadie. No podía. No tenía el valor de darme la vuelta y volver a ver esa carta sobre la mesa. Esperándome. Tentándome a regresa a esa casa, a buscar las llaves que me encerraron y asesinarlo a golpes. Pero yo no sería como él. — ¿Hermione? ¿Estás bien?— Nymphadora se había detenido tras de mí y trataba de entender por qué me había detenido. Mientras insistía, Snape se había levantado del sofá y negaba con la cabeza. Había tomado su brazo y le pedía "amablemente", que se alejara de mí. Para cuando tuve idea de mí, Remus estaba sentado en un banquillo de la cocina y me miraba. Alcé la cabeza y me sequé las lágrimas con una de mis muñecas, mientras sostenía a Lisander con el otro brazo. — Ven, Hermione. Ven y hablemos de esto. Lo último que recordaba, era que había terminado abrazada a Remus, mientras sollozaba y no soportaba el dolor dentro de mi alma. Y como si mi pequeño bebé pudiera entenderme, solo decía mamá una y otra vez. — Veo que Lisander aprendió una nueva palabra. O su primera palabra. Sí. Aquella que tenía que usar, para honrarme a mí y todo lo que por él haría y había hecho. Nunca me rendiría hasta verlo feliz. Hasta verlo siendo un hombre. Venciendo a su propio padre. — ¿Cómo se dice, Lisander?— dije, moviendo la boca y haciendo sonidos inarticulados. Él me miró y me imitó. — Ma má. No le iba a enseñar a decir papá. Harry no merecía ese calificativo. Que se ganara ese derecho. Para mí, el tema estaba muerto en: Mamá, tías y tíos. Incluso abuelos y demás. Hermanos tal vez. Nada de papá. O al menos, no uno como Harry Potter. Remus sonrió, mientras Lisander estaba entretenido con un par de galletas de jengibre, sobre la mesa. Pero eran demasiado duras para su boca con las encías ardidas y a punto de generar dientes. Las mantenía en su boca, lamiéndolas, degustando el poco sabor que podía sacarle a las galletas de Remus. — Creo que a él le gustan más que a mí. Que se las quede. — Bueno, ya las ha marcado como suyas... Era sin duda, una de esas tardes donde todo podría resultar divertido y gracioso, de no recordar que Harry Potter había hecho acto de presencia en una carta y que había dicho semejantes estupideces en un par de oraciones. Se notaba que no había analizado bien el asunto. Desde hacía muchos días y meses. No estaba preparado para ser un hombre de familia. Resultaba hasta ser deprimente el haber pensado que él, tenía algo de bueno. Por dios ¿qué le había visto? ¿Amor sincero e incondicional? Nada de eso parecía capaz de cumplirse o ser cercano a la realidad. Se sentía como una tonta por haberse enamorado de él. Y sin embargo, estaba agradecida con el pequeño Lisander. Y la verdad... Él con ella. Lo había reconocido. Había dicho: "Mamá"