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Bajo llave — capítulo 19
*--HHPG--***Me quedé a un lado del profesor Snape, mientras escuchaba su argumento. Mi hijo era un pequeño bebé. ¿Qué mal podía hacerle a la humanidad? Sobretodo con algo que no estaba comprobado. Sobretodo con algo que no podíamos demostrar a ciencia cierta. Harry no podría ganarme. no podría ser entonces, aquel mártir de mi pequeño hijo. El ministro me miraba con detalle. ¿Qué culpa podía tener mi hijo de todo? — No vemos fallo a su favor, sr. Potter. Desgraciadamente, el niño es un infante y nosotros no podemos incluso, quitarle la vida por el bien del resto. No soporté la carga emocional a la que esa respuesta me vio sometida y sollocé, cubriéndome la boca con la mano. Harry no había tenido suerte y mi bebé estaba a salvo. Mi hijo, mi precioso hijo estaba una vez más... Con vida. Sonreí y miré a Remus, que me miró de forma imperceptible. Harry no comentó algo al respecto y yo sostuve a mi hijo, con mucha felicidad. Ese día nada lo cambiaría. Harry pasó a un lado de Snape y el hombre, lo miró con curiosidad. Podría haber dicho que eso era lo que esperaba... Y sin embargo, Harry continuaba sorprendiéndolo en sobremanera. Sonreí dulcemente, mirando la pequeña cara de mi hijo, entre mis cabellos. Estaba al tanto de la situación, no dejaba de mirar a su alrededor. La deliberación había sido rápida pese a que habían algunos, quienes estaban de acuerdo con Harry. Suspiré suavemente y miré a mi alrededor. Todo era sonrisas. Esa noche, la celebración no se hizo esperar. La señora Weasley había preparado una cena especial y en cuanto me vio cruzar la puerta hacia la casa, parecía que había estado aguantando la respiración. Nos miró con una sonrisa. Besó nuestras frentes y además, nos susurró palabras de aliento. Sirius también parecía feliz de que en el ministerio, aún hubiesen cabezas pensantes. Y sin embargo... Sin embargo yo, no dejaba de pensar que Harry tenía que cambiar. Que tenía que volver a ser el mismo de antes. Tenía que ser el hombre del que yo me había enamorado. ¿Por qué no podía tener todo lo que ansiaba para ser feliz? Siempre había algo que dañaba lo que tanto anhelaba. Pero tenía que dejar de pensar en ello. Tenía que estar feliz, mi hijo estaba a salvo. Aún recordaba las palabras del ministerio de magia y retumbaban en mi cabeza como campanas. Todo tenía sentido ahora. "No permitiremos una matanza injustificada". No querían dañar su reputación y Harry no podría conseguirlo. De todas formas, el fallo a favor era lo que apreciaba de ello. Que el ministerio hiciera aquello que quisiera. Por mi parte, mientras no tocaran a mi hijo todo estaba bien. Sonreí y lo coloqué en su cuna. Parecía que deseaba dormir, que estaba exhausto. Ambos lo estábamos. Con una sonrisa, lo contemplé desde la cama. Quería cenar, pero en verdad no podía ni pensar en comida. Tenía que dormir un poco. Y eso fue lo que ocurrió. Me había quedado dormida y sin enterarme del resto del mundo. Supe que Ginny había abierto la puerta y que quizá, había sido quién me había arropado mientras dormía. Escuché una suave respiración sobre mi frente. De resto, todo fue lo mismo. Sueños y más sueños. No quería despertar de algo que se me había vuelto realidad. Una utopía. Pero tuve que hacerlo, cuando sentí apetito. Ladee la cabeza hacia mi hijo y parecía que también tenía apetito. Nos levantamos y caminamos cuidadosamente hacia la cocina. La mayoría de nuestros amigos, estaban dormidos. Excepto el profesor Snape que montaba guardia. Le sonreí y él me miró sin decirme algo. Solo se detuvo en la cocina, como yo y tomó un poco de agua. Senté al pequeño entre mis piernas, mientras tomaba un poco del puré de patatas y lo acercaba hasta su boca. No tenía dientes aún, pero le encantaba. Parecía que la comida de la señora Weasley, era especial. No solo para nosotros, por supuesto. Mientras comía, yo comía junto a él. Era pequeño y no se me dificultaba hacer ambas cosas. Hubiese querido criar a mi hijo, junto a su padre. Pero las circunstancias no estaban dadas para ello. Mientras cenábamos, alcé la cabeza para mirar a Snape. Nos miraba en silencio, mientras yo limpiaba la boca del pequeñito. — ¿Hay algo que le moleste, profesor Snape? — Fue muy sencillo— me comentó y yo inspiré. Sí quizá, pero lo prefería sencillo a que continuara la tortura en la que nos habíamos sumido. — Pero al menos, resultó como esperábamos. Sin embargo, no dejo de pensar que no será la última vez que nos veremos. No lo podía negar. Pronto Harry y yo nos veríamos. Nuevamente tendríamos que quitarnos el velo del silencio y hablar. Pero no estaba segura si me sentía preparada para enfrentarlo. Mientras observaba a Snape, escuché un quejido y miré que mi hijo golpeaba la mesa con las manos. Reí. Estaba hambriento y yo no le prestaba atención en lo más mínimo. — Lo siento, discúlpame. Continuemos comiendo, sí. Comiendo. Tienes mucha hambre y yo estoy conversando con el profesor Snape. El hombre regresó al salón, continuaba leyendo. Yo terminé de cenar y caminé hasta detenerme al pie de la escalera. Sí, había sido muy fácil. Pero estaba bien. Necesitaba que de vez en cuando, me ocurrieran cosas fáciles. Inspire y me preparé para regresar a la cama con el pequeño Lisander. Mientras subíamos, Ron estaba en la puerta de su habitación. Al vernos, sonrió y se inclinó para besar la frente de mi hijo. Sonreí y caminé hasta la habitación. Ginny estaba dormida aún. — Listo. Ya comimos y podemos dormir mejor— susurré y lo miré ahogar un bostezo— Mmm, sí. Te encanta dormir. ¿De dónde habrás aprendido eso? Quizá de tu tía Ginny que no hace otra cosa que dormir. ¿La has visto? No aprendas malas mañas. Sonreí y lo coloqué a mi lado. No quería dormir en la cuna. Me acomodé en la cama, junto a él y esperé hasta que se quedara dormido. No dejaba de moverse y yo no quería aplastarlo. Quería que tuviera un buen descanso. Luego de que se durmió, me dormí yo. No quería enterarme de nada más. Sueño. Eso era lo que tenía. Y deseos de ver un mejor mañana.