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Bajo llave — capítulo 18

*--HHPG--***Desperté ansiosa ese día y no supe por qué; sino hasta que miré el reloj junto a la cómoda de Ginny. Era ya la hora. La hora de aquel día que no podríamos detener. La hora de aquel día donde mi hijo tendría que pagar un alto precio, por llevar un gran peso sobre sus hombros. El peso de ser un "horrcrux" sin comprobar siquiera. Me devastaba de solo imaginarlo. Y odiaba a Harry por hacernos sufrir semejante destino. Lisander despertó con mucha felicidad. Como siempre. Nos entretuvimos mirándolo, mientras jugaba con mis cabellos. Era un pequeño bebé, que tenía un enorme peso sobre sus hombros. Una enorme culpa que no tenía sentido físico. Solo era una paranoia de su padre. Solo era una mentira a la que aspiraba someternos para justificarse. Para justificar que no había destruido al mal. No por incompetente ni nada de eso. Sino porque mi hijo tenía toda la culpa. Luego de vestir al pequeño, bajamos las escaleras hacia la cocina. Era hora del desayuno, más sin embargo yo no tenía apetito. ¿Y cómo comer si se acercaba la hora y quedaba cada vez menos? ¿Cómo comer si mi hijo pronto sería enjuiciado como si se tratara del peor criminal; jamás visto? Pero Lisander sí tenía apetito. Más que yo. Preparé su biberón y con una sonrisa, miré como Tonks se ofrecía para dárselo. Le cedí a mi hijo y ella lo alimentaba, muy feliz. Le encantaba mirarlo. Me parecía que Lupin tendría problemas. Quizá ella le pediría que ambos tuviesen un hijo juntos. Así...eso supuse. Y me quedé sola, junto a la mesa de la cocina. Suspirando en silencio. Preguntándome si Harry percibía lo mismo que yo. Preguntándome si percibía que todo esto era un esfuerzo inútil. Si al menos; sentía un poco de remordimiento por mi hijo. No podía ser tan mezquino. ¿O sí? Antes de levantarme, la señora Weasley me interceptó y me miró con un suspiro nervioso. Con un gesto de aprehensión. — Cariño, tienes que comer algo— me dijo— si no... ¿cómo obtendrás las fuerzas que necesitas para afrontar esta difícil situación? Me pregunté si en cuanto ingiriese un bocado; la comida me transformaría en una súper heroína. Una súper mujer que me permitiera luchar contra todas estas desgracias que estaban colapsando mi vida. No. La comida no haría nada semejante. Creía que vomitaría todo cuanto pusiera en mi boca. No podía siquiera pensar en eso. Negué con la cabeza y la señora Weasley inspiró, apuntando a la cocina con su varita. Muy pronto, un par de sandwiches se habían guardado en una vieja maleta. Junto a las cosas del bebé. — Por si acaso, cariño. Me sentí desfallecer, de pronto. Todos estábamos listos. Snape estaba detrás de mí, mirándome. Lupin estaba a un lado, sosteniendo la valija. El resto... El resto se quedaba. — Buena suerte, Hermione— me dijeron Ron y Ginny, casi sin planificarlo. Juntos. Se miraron y sonrieron. Yo sonreí con ellos y suspiré. Me pregunté una vez más, si Harry iba a continuar o si se arrepentiría en el último minuto. Mientras yo pensaba en eso, Harry pensaba igual. Daba vueltas alrededor del salón y miraba en dirección a la habitación donde me había mantenido bajo llave. Quizá y solo quizá, él no se sentía bien consigo mismo al hacer aquello. Quizá y solo quizá; sentía que se equivocaba y que necesitaba pensarlo con detalle. Analizar la situación. Después de todo; era su hijo también. Ladee mi cabeza para mirar al resto de la familia Weasley que se quedaba. íbamos: Ojoloco Moody, Remus Lupin, Severus Snape, el señor Arthur y yo. Además del pequeño, claro. Estábamos listos. Más no preparados mentalmente. O solo yo. En este caso. Al abordar el auto, me dije que sería una de las cosas que más odiaría en mi vida. Apartando el hecho de que Harry comenzaba a convertirse, gradualmente, en el objeto de mi odio puro. En el objeto de mi aberración en pensamientos. Aunque fuese el hombre con el que me casé y al que amé. Ya sentía que eso no tenía sentido. No tenía sentido llevar un anillo de bodas, sin una boda que llevar junto a él. Inspiré y miré mi mano. Hacía tanto ya que no lo usaba, que de tenerlo...no lo reconocería nunca. Creería que era una pieza de joyería barata. Se detuvieron en la entrada del ministerio y miraron a su alrededor. Yo fui la última en bajarme, mientras ellos analizaban el perímetro. Se veía algo gracioso. Como si yo fuese la ministra de magia o algo parecido. Nos detuvimos junto al ascensor y dictamos el piso al que queríamos ir. Como un rayo, pronto estuvimos allí. Muchas personas entrando y saliendo por las chimeneas. Muchas más; a pie. En cuanto entramos, de inmediato nos miraron. Lisander estaba nervioso, inquieto. Parecía presentir lo que se avecinaba. Parecía sentir que estábamos en peligro. Y de pronto, Harry hizo acto de aparición. Entró por otro corredor y nos miró en silencio. La hora del juicio; estaba por comenzar. — Todos...tomen asiento.— dijo el que creía, era el ministro. No podía ver. Había mucha luz. Harry se detuvo a pocos metros de nosotros y suspirando, ladeó la cabeza hacia el pequeño. Yo traté de no mirarlo, pero era imposible no hacer el contacto visual. Nos miramos por un par de minutos y luego Snape, nos distrajo. Se detuvo a mi lado y eso, hizo que Lisander captara mi atención. Lo miraba, mientras intentaba entender sus alrededores. Severus solía causar ese efecto en Lisander. Le causaba curiosidad y podía pasar horas mirándolo. Sin siquiera despegarle la vista. Tonks también le causaba esa impresión de vez en cuando. Todo anunciaba que no teníamos nada que hacer; más que permitir que Snape, Moody e incluso Remus, nos defendieran de Harry y sus argumentos. O del resto. Creo que en ello no tenía inconvenientes. El miedo no me permitía pensar en nada más. Sentía que quizá fallaría y entonces... Lo perdería para siempre. Perdería a mi hijo, para siempre. — Concéntrese, Granger— me dijo Snape; como si me leyera la mente. Me centré en mi objetivo. En no permitir que Harry me lo arrebatara de mis manos. En no permitir que continuara con sus absurdas ideas.