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Historia 57779 — capítulo 2

Edmundo se sienta frente a el ordenador, saca el par de DVDs entregados por la seguridad de las estaciones del metro, tenia que revisarlos cuidadosamente, en cuanto encendió el monitor ve el mensaje, la unidad de crímenes cibernéticos había puesto una alarma de internet para cuando The Reaper subiera un nuevo mensaje, dirigió el cursor y dio click en el enlace.

La pagina se abrió de inmediato, se veía un cuarto oscuro completamente, sin ventanas, lo poco que se alcanzaba a distinguir de las paredes era que estaban recién pintadas de negro, pero lucían sucias y resquebrajadas, no se veían ventanas, un sótano quizá, pero no podrían asegurarlo.

No se distinguía nada, parecía que no había nada, ni nadie, pero en un momento en el centro de la oscuridad de la pantalla algo empezó a moverse. Se movía de una forma terrorífica, como un animal convulsionando, hasta que se estiro por completo revelando su figura.

Era un hombre alto vestido como la muerte,incluso levanto una hoz, a The Reaper le gusta la teatralidad, la atención, ya había cometido varios asesinatos pero comenzó a subir videos burlándose de la policía para hacerse famoso, todos esperan que por eso mismo termine cayendo

-Jajajajajaja_ la risa resuena distorsionada por un aparato escondido en la mascara de The Reaper, una mascara negra con dos círculos blancos a la altura de los ojos, la risa hace que la sangre de Edmundo hierva de ira al ver a ese asesino pavoneándose, burlarse de la policía_ Dejen de seguirme policías, jamás me atraparan, nadie puede oponerse a mi, soy una fuerza natural, soy aquel que decide sobre el fin de la vida, soy quien hunde la cuchilla, soy el fin del ser, soy The Reaper.

Un video editado apareció, se veían tomas cerradas de una mano clavando el cuchillo en los cuerpos, Edmundo puso toda su atención en ver el macabro espectáculo, tal como lo pensaba el video no era el de las nueve victimas de ese día, sino de las quince victimas de su anterior ataque en una cafetería.

La imagen se volvió negra y un mensaje comenzó a aparecer escrito con letras rojas, los nombres de las victimas del asesino, la lista era realmente grande, fueron apareciendo nombre tras nombre, Edmundo las revisaba cada vez, seguro que The Reaper les daba una pista entre esos nombres, pero no sabia que.

-¡Maldición!_ Edmundo dio un golpe en el escritorio y se puso en pie, camino deprisa a la unidad de crímenes cibernéticos, en cuanto entro pregunto_ ¿Lo encontraron?

El silencio de los que ahí estaban le dio la respuesta, pero él era un hombre recio, no se conformaba con señas que él claramente ya había interpretado, necesitaba las palabras, fue Miranda quien se puso en pie y le dio el informe.

-Lo siento Edmundo, utiliza un servidor fantasma que desaparece un segundo después de que sube el video, es imposible de rastrear.

Edmundo asintió, dio vuelta y salió del lugar sin decir nada, camino a su escritorio y empezó a revisar los videos de vigilancia de las estaciones del metro, reviso cuidadosamente los videos, veía una y otra vez cualquier sombra, cualquier persona que subiera con una mochila, cualquier indicio, pero no encontraba nada, fumaba cigarro tras cigarro sin despegar los ojos de la pantalla.

Le parecía que no había nada realmente anormal, todos estaban dentro de la normal anormalidad de la gran ciudad, en el video en una estación subían las nueve personas al vagón, en el video de la otra estación se veía como los encontraban, nada más. Era cierto que el asesino podía pasar de un vagón a otro, pero aun así no podía ver nada, ni nadie que le indicase que ahí estuviera The Reaper.

Cuando levanto la vista totalmente frustrado vio a Sam que comía rosquillas tranquilamente, en ese momento Edmundo hubiera podido darle un puñetazo a su compañero para desahogar su tensión pero no lo hizo.

-¿No hay nada?_ dijo el obeso hombre ofreciéndole unas rosquillas a pesar de que no había visto que Edmundo alguna vez comiera siquiera un dulce.

-No, no hay nada, es tarde, deberías ira casa, Melanie te debe estar esperando.

-¿Ir a casa? Ya fui y volví, son las nueve de la mañana ¿No me digas que no has dormido?

-No, no, solo bromeaba_ mintió Edmundo quien no se había dado cuenta de que habían pasado tantas horas, no había notado cuando todos se habían ido, solo noto cuanto tiempo había pasado cuando vio todas las colillas de cigarro que había en el suelo y las varias cajetillas vacías, disimuladamente intento limpiar un poco.

Abrió el cajón donde guardaba un paquete de cigarros, vio que solo le quedaba una cajetilla que de inmediato introdujo a su bolsillo, debía comprar otro paquete, se puso en pie para ir al centro comercial, quizá comer algo y el aire fresco también le sentaría bien. Cuando se dirigía a la puerta fue interceptado por Alberto un joven que trabajaba de ayudante en la morgue.

-Disculpe_ le dijo algo temeroso de aquel hombre que todos respetaban, la fama de Edmundo era innegable, todos en la fuerza sabían quien era él, algunos le decían a su espalda Sherlock Holmes por su indudable capacidad deductiva, pero su pasado nadie lo conocía, físicamente era alto, de complexión delgada pero de físico trabajado en el gimnasio, a pesar de su adicción al tabaco se mantenía en forma, algunas canas asomaban por su negra cabellera a pesar de ser joven, esas eran marcas de una vida privada que nadie conocía, Alberto al sentirse atravesado por esa mirada serena y enérgica a la vez se sintió abrumado, al final hablo de prisa_ Marian lo quiere ver.

Una vez que lo dijo dio vuelta y salió de ahí, Edmundo suspiro pensando que el aire fresco tendría que esperar, pero sobre todo lamentando el no poder ir a comprar cigarros.

Entro a la fría morgue, el olor lo hizo hacer un gesto, nadie lo sabia pero él odiaba ese lugar, vio una fila de camillas con cuerpo que seguramente acababan de ser abierto y vueltos a cerrar, por un segundo vio el cuerpo de una mujer y recordó algo que amenazo con causarle un escalofrió.

-¿Qué se te ofrece?_ pregunto al ver a Marian, su mano descendió a su bolsillo en busca de un cigarro para relajarse.

-Ni lo pienses, aquí no puedes fumar.

-Lo siento. Dime que sucede.

-He estado pensando, sabemos que debe haber una forma para que el asesino inmovilice a las victimas, pero la pregunta era ¿Cómo? Así que hoy viendo en la televisión el futbol_ Marian solía contar siempre como había llegado a una conclusión y Edmundo lo sabia, y también sabia que si le decía algo como "Al punto" tan solo se retrasaría mas, así que la dejo hablar_ era un partido especialmente aburrido, no se como fue que lo termine de ver, pero al ver un jugador correr a toda velocidad recordé el Epox.

-¿Epox? ¿La droga que usan los deportistas?

-No que el asesino, sabes no me gusta decirle The Reaper, siento que es… bueno a lo que iba, no es que el asesino use epoxi para adormecer a sus victimas, sino que recordé que el epox se metaboliza y desaparece del cuerpo rápidamente del sistema rápidamente, es una droga indetectable y por ende un dolor en el trasero de los del Antidoping, el asesino debe usar una droga que se metabolice igual de rápido, pero no puede ser inyectado he revisado todos los cuerpos, debe ser un gas, quiero volver a el vagón y tomar muestras de aire.

Edmundo asintió, de todas las personas que había en la comisaria con quien mas hablaba posiblemente era con Marian, incluso más que con Sam que era su compañero.

-¿Es todo?

-No, claro que no, estuve investigando si existía un gas que hiciera algo así, hay varios, pero creo que deberías ver esto.

Marian lo guio al ordenador, en el monitor estaba el nombre de una farmacéutica Medical Heaterpre, ahí hablaban sobre un neuro inhibidor, una especie de anestésico que separaba las señales del cerebro cuerpo,adormecía el cuerpo pero el sujeto se mantendría consciente, podría mover los ojos, e incluso hablar.

-Creyeron que esta seria la nueva anestesia, que sustituirá a todas las demás_ explico Marian_ pero en las primeras pruebas notaron el gran problema, el gas funcionaba pero el cerebro aun registraba las sensaciones del cuerpo, incluso los magnificaba, haciendo que pequeños contactos fueran como dolor… bueno y en el perfil de el asesino se ve que es sádico, debe de querer que sus victimas sufran, esto seria perfecto.

-Muy buen trabajo Marian_ la felicito Edmundo con una pequeña palmadita_ ¿Me das la dirección de la farmacéutica?

-¿No vas a preguntar si la busque?

-Se que lo hiciste._ Marian saco un papel con la dirección de su bata y Edmundo salió del lugar aprisa.

-Sam, vámonos_ le dijo Edmundo al regordete hombre que casi se echa el café encima al levantarse y terminar la ultima rosquilla, corrió para alcanzar a Ed quien ya salía a la calle hacia el estacionamiento donde subieron al auto de el, un Shelby 67, una belleza de auto que él mismo había reconstruido.

-¿A dónde vamos?_ pregunto Sam algo agitado por la pequeña carrera

-A la farmacia_ Edmundo manejo por las calles hasta llegar frente a un inmenso edificio

-¿Aquí compras tus aspirinas?_ pregunto Sam ahora queriendo ser gracioso, sus chistes nunca hacían reír a Edmundo, de hecho rara vez lo veía reír.

-Queremos ver al director_ dijo Ed a la recepcionista con gras soltura.

-¿Quién lo busca?

-Somos policías_ dijo mostrando su placa_ es un asunto de rutina, una consulta.

Mentir es un arte, pocos pueden hacerlo con verdadera credibilidad cuando acaban de inventar la mentira, Edmundo lo hacia con gran naturalidad, secretamente a veces mentía solo por diversión y veía como la gente lo creía todo totalmente.

-Permítame_ la recepcionista llamo a la secretaria y esta paso el recado al director de la compañía quien acepto recibirlos.

Los dos subieron por el ascensor, el cual se detenía constantemente a subir y bajar hombres vestidos con batas blancas.

-¿Cuáles de estos estarán haciendo monstruos tan feos como Frankstein?

  • El doctor era Víctor Frankstein no el monstruo, él de hecho no tenía nombre, es un error común pero no aceptable, es como quienes asocian a Igor con el libro.

Sam se quedo pensando "¿Entonces de donde salió Igor?" pero no pudo preguntar por que el ascensor llego al ultimo piso, caminaron hasta el fondo a la que debía ser la presidencia, ahí una mujer rubia con unas largas piernas enmarcadas por una minifalda azul les dio la bienvenida.

-En un segundo los anuncio_ Edmundo de una rápida mirada analizo el lugar, a un lado había una puerta, seguro era una pequeña oficina donde estaba la verdadera secretaria pues la rubia mujer parecía no saber operar el conmutador y en la pantalla de la computadora se veía un juego de solitario que estaba por perder, el escritorio era mas para impresionar que para trabajar, al fin la mujer pudo llamar y con una sonrisa les dijo que pasaran.