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Soñando con Nargles. — capítulo 4

Capítulo IV: Mariposas

-¿Loco? No, no estás loco Neville.- aseguró Ginny extrañada, ante la pregunta. Miró a su amigo con cierta desconfianza, como sí quisiera adivinar que ocultaba el muchacho tras esa cara redonda e inocente.- Bueno, no lo estabas ayer. ¿Pasa algo?

El sonido de la voz de Ginny hizo despertar a Neville de su ensañamiento, y darse cuenta de que estaba pensado en voz alta. Sacudió la cabeza distraídamente, esforzándose por despertar a la realidad. Ni siquiera sabía, pero se encontraba desayunando en el Gran Comedor. Un enorme, pero intacto, plato de cereal con leche estaba puesto frente a él, además de un vaso lleno de jugo de calabaza. Cerca de él, Ron Weasley tenía el rostro verde, y aparentaba estar a punto de vomitar, mientras su comida seguía igual de intacta que la de Neville. Una fugaz pero triste sonrisa cruzó el rostro de Neville al imaginar que estaba igual o más nervioso que un jugador de Quidditch.

Cuando se giró a mirar a Ginny, se encontró con sus enormes ojos cafés mirandólo extrañamente. Neville carraspeó, nervioso y bajo la mirada.

-No, nada.- murmuro, entre dientes.- Solo…no dormí bien.

Neville no era bueno mintiendo, y lo peor es que lo sabía a la perfección. Sus palabras sonaron falsas y titubeantes, y sus ojos no se atrevieron a mirar el rostro de Ginny. Podía imaginarla haciéndole su mueca de: "Algo te pasa y no me quieres decir, ¿Por qué no confías en mí?" Casi esperaba oír el regaño, lleno de dureza y palabras fuertes, técnica que Neville sospechaba que Ginny había adoptado de su madre. Pero solo escuchó, afortunadamente, un suspirito de decepción por parte de Ginny y una hueco y cortante "Mmm". Suspiró aliviado, a su vez.

Realmente, no había podido dormir ni un segundo en la noche. Ron había estado a punto de asesinarlo. Ambos estaban nerviosos. Ron por su primer partido de Quidditch, y Neville porque… no captaba aún que lo hacía sentir así.

Se pasó distraídamente una mano por el estomago, que gruñía, pero no por hambre. Neville sentía que sí comía algo vomitaría. Y no quería, simplemente no quería estropear ese día. No sabía porque, o no quería saberlo.

Sus ojos buscaron como automatizados una figura. A Neville le parecía que era como sí sus ojos hubieran sido creados para buscar ese figura. Apenas se descubrió pensando en ello, y se sonrojó. Se había sonrojado muchas veces últimamente, a pesar de que eran tiempos fríos, sin esperanzas. Todos parecían vivir en un estado de desanimo.

Sus ojos, encontraron a esa figura que buscaban, y encajaron como dos piezas de rompecabezas: destinadas a estar juntas, hechas para unirse al otro. Neville no fue capaz de mantener la mirada sobre esos ojos claros, azules y soñadores, por lo que, como se había acostumbrado a hacer, bajo la mirada. No vio, como la estrafalaria rubia lo saludaba tímidamente con la mano, con una radiante sonrisa.

Luna, al no recibir respuesta a su saludo, bajo la mirada, y se fue con un airetriste y hermoso, como el de una mariposa muerta, a desayunar a la mesa de Ravenclaw. Se sentó sola en un rincón, y con manos temblorosas se sirvió su desayuno: un plato de cereal, y un vaso de jugo de calabaza.

Estaba enamorada.

Podía sentirlo. Lo había sabido apenas se había enamorado, y aceptarlo no le había tardado más de un segundo. Era tremendamente lógico que estuviera enamorada. Jamás había estado tan segura de una cosa, ni siquiera de que los Nargles existieran. Amor, lo llamaba cuando tenía la cabeza pegada en la almohada, y dormía con una sonrisa. Una sonrisa de amor, decía Luna.

Ginny, lo sabía, y la había felicitado por escoger tan buen chico. Neville, con su dulzura e inocencia, sería la pareja perfecta para la soñadora y linda Lovegood, había dicho Ginny.

-¿Crees que me quiera?- había preguntado Luna, con tranquilidad. No se cohibía al hablar de sus miedos y esperanzas.

-¡Por supuesto! Sí siempre te está mirando. No hay otra opción.- corroboró Ginny, emocionada. Una gran sonrisa sincera en su rostro reflejaba la emoción que sentía por su amiga.

Luna río, con dulzura, antes de mencionar con voz tranquila, como sí hablará del clima.

-Quiero casarme con él.

Ginny abrió los ojos como platos, y no dijo nada. Quizás ella hubiera deseado quedarse callada ante semejante locura, pero Luna no tardó en volverse hacia ella y preguntarle su opinión.

-¿Crees que quiera casarse conmigo?

-Eh, bueno. Creo que es un poco apresurado hablar de matrimonio.- improvisó Ginny, un poco incómoda.- Pero sé que él te quiere.

Ginny fue a buscarla a la mesa de Ravenclaw, acompañada en silencio por Neville, quién no dejaba de mirar al suelo.

-¡Hola Luna!- saludó Ginny.- ¿Lista?

Luna miró su plato de cereal, no le había dado ni un bocado.

-Lista.- respondió con una sonrisa, poniendo sus ojos firmemente puestos en el muchacho.- Hola Neville.

Neville se sobresaltó y miró a Luna con nerviosismo. Aún así, se dibujo una enorme sonrisa en su cara redonda.

-Ho…hola Luna.- respondió en un susurro.

Guardaron un incómodo silencio entre los tres. Ginny, poniéndose las manos sobre la cintura, decidió ser valiente y romper la inesperada tensión.

-Bien, chicos.- dijo con un suspiro.- Iré con el equipo a los vestidores. Los dejo.

-Suerte, Ginny.- agregó Luna.

-Suerte.- repitió a su vez Neville.

Ginny puso los ojos en blanco. Se obligó a cruzar cerca de Neville para murmurarle rápidamente al oído:

-¡No lo eches a perder, idiota! ¡Háblale de Herbología o lo que quieras pero no te quedes callado!

Antes de que Neville pudiera abrir la boca para responder, Ginny ya se había ido, dejándolo solo con una expectante Luna. Neville tenía la sensación de que Luna esperaba algo por parte de él, pero no tenía ni idea de que. Fue víctima de un ataque de nervios, dónde su cerebro le pedía que hiciera o dijera algo, pero ninguno de sus músculos respondía a las órdenes del cerebro.

-Eh…- murmuro.- Creo que…que…

-¿Nos vamos?- preguntó Luna con una confiada sonrisa. Neville suspiró aliviado, y asintió lentamente, echándose a andar detrás de Luna.

Salieron juntos del Gran Comedor, abarrotado aún de gente, y anduvieron un largo rato por los pasillos. Neville no sabía que decir, y no se dio cuenta de que Luna caminaba a su lado,casi rozándole la mano al moverse.

"Tómale la mano." Ordenó una vocecilla valiente en la cabeza de Neville. El cuerpo se le contrajo inmediatamente, como negándose a aceptar semejante orden. "¡No, no lo hagas! Mejor di algo… ¡di algo!" Decidió a la desesperada, hacer caso del frío consejo de Ginny.

-Eh… ¿te gustan las plantas?

  • Son muy interesantes.- repuso Luna, tranquila.- Algunas tienen unas propiedades increíbles. Me sorprende como las apariencias de las plantas pueden engañar fácilmente. Una vez, cuando era niña, vi un hongo azul con puntos morados. Era muy bonito.- aseguró.- Pero mi padre dijo que estaba envenenado.

-¡Cla…claro! Debió haber sido un Bethongus. ¿Lo viste en un bosque de coníferos?- respondió Neville, sintiendo una repentina confianza.

-Si.- dijo Luna, entre divertida y asombrada.- Había muchos por ahí. Fue en una de las investigaciones de mi padre, y yo decidí acompañarlo.

-La profesora Sprout dice que esos hongos pueden remover caries si son usados con cuidado.

-¿Caries? -preguntó Luna, extrañada. Frunció el ceño curiosamente, y chasqueó la lengua.- Pero esos son causados por los duendes, y ellos son los únicos que pueden quitarlas.

Neville se río ante semejante locura. Ya habían llegado al campo de Quidditch, sin haberse dado cuenta. Una voz socarrona les llegó por atrás, canturreando algo que no podían entender. El campo no estaba llenó totalmente, pero la poca multitud que empezaba a llenar los asientos hacía vítores y gritos de emoción sin parar. La alegría parecía haber brotado súbitamente, en los hace poco tiempo triste alumnos de Hogwarts.

Buscaron asientos libres en la masa de Gryffindor, escarlata y dorada, mientras seguían hablando de plantas, hongos y frutos. Encontraron unos vacíos, alejados de la demás multitud. Impulsivamente, ambos habían decidido sentarse ahí. La voz socarrona se volvió a escuchar, discreta, pero acompañada de una enorme carcajada.

-¡Lunática y Longbottom!

Neville se ruborizó, y miró avergonzado a Luna. Pero ella lo miraba radiante, con una sonrisa, que al poco tiempo fue traspasada al rostro de Neville.

El juego comenzó, y aunque tenían lugares excelentes, ni Neville ni Luna pusieron suficiente atención en el juego. Ambos estaban entretenidos hablando de Herbología, un tema que afortunadamente fue de interés para ambos.

Luna se sentía en las nubes hablando con Neville, y a cada momento en que veía sus tímidos gestos lo quería más. "Me casaré con él" se aseguró a sí misma, cada vez más segura, de estar haciendo la mejor decisión de su vida.

El juego termino con la victoria inminente de Gryffindor, donde una oleada de alegría y felicidad fue explosiva. Los Gryffindors avisaron sobre el festejo que se realizaría en la Sala Común, mientras una avalancha de abrazos y felicitaciones caía sobre el equipo.

Neville miraba al campo con orgullo, y sentía el pecho inflado por la victoria. Un golpecito tierno y pequeño sobre su hombro lo hizo volverse hacia Luna, quién con expresión traviesa, le preguntó murmurándole al oído:

-¿Alguna vez has besado a una chica?

Neville se atragantó con la pregunta, y se sonrojó inmediatamente. Esa pregunta, le causaba gran nerviosismo. Pues no, nunca había besado a una chica, y sabía que a los chicos de su edad eso les parecía extremadamente raro. Se preguntó cómo reaccionaría Luna con la respuesta, y estuvo a punto de mentirle.

-Eh… n…no.

-Yo tampoco he besado a ningún chico.- repuso Luna, como sí nada. Neville no dijo nada más, increíblemente, se hallaba extrañamente nervioso. De nuevo, tenía la sensación de que Luna esperaba algo de su parte.

-¿Crees que soy bonita?- interrumpió de nuevo Luna. Neville la miró detenidamente, pues tenía la respuesta en la punta de la lengua. Se sorprendió a sí mismo con la rapidez que respondió.

-S...Si eres bonita.- se ruborizó aún más. Su redonda cara parecía un tomate.

-Gracias. Pues tú eres muy guapo.

-Eh…gracias.

Se vieron sumidos en otro silencio incómodo, mientras los festejos en el campo seguían, interminables.

-¿Nos vamos a casar, verdad?

Neville no respondió en un principio. La respuesta la sabía, un "Sí" feliz gritaba por dentro. Pero, no se sintió capaz de decir nada. Su cabeza no entendía que sucedía. No entendía el porqué de las preguntas de Luna. ¿Sería una broma acaso? ¿Por qué la hermosa Luna le haría esas preguntas a él, el torpe Neville?

Aún así, rojo como tomate, aspiró una fuerte bocanada de aire, y abrió la temblorosa boca para hablar.

-Claro que sí.- repuso, con decisión. Luna sonrió encantadoramente, y cerró los ojos. Esto extraño a Neville, quién se quedó quieto, mirándola.

-¿No me vas a besar?- preguntó Luna, esperanzada, aún con los ojos cerrados.

Neville se sobresaltó, y se quedó paralizado. Jamás había besado a una chica. ¿Cómo se suponía que debía hacerlo? Los nervios fueron totales, y vulgarmente paralizantes. Se sintió estúpido y cobarde, pero nada de eso lo hizo moverse. Quería besarla, sí. La quería. A esa soñadora con ideas locas, que todos llamaban Lunática.

-Bien, yo lo haré.- dijo Luna, abriendo los enormes ojos azules. Dicho esto, se acercó lentamente a Neville, acortando totalmente la distancia que los separaba, hasta juntar sus labios en un beso. Ambos cerraron los ojos al mismo tiempo.

Eran como uno solo, como sí cada uno estuviera creado, cuidado y detallado completamente para ser perfecto para el otro. Como sí estuvieran destinados a ser felices, complementándose el uno al otro, amándose de una manera diferente y al mismo tiempo, tiernamente ligada.

Las mariposas en el estomago, volaron, triunfantes, riendo por el logro. Unir a dos personas que estaban destinadas, a enamorarse en algún momento de su vida. Y ese momento era ahora.

Luna, festejaba sentirse amada. Amada por aquél chico que con sonrisas y miradas, sonrojos y risas la había enamorado irrevocablemente. Tímido y tierno, con esa inocencia única, esa torpeza que la hacía tanto reír.

Neville, por primera vez, sentía que alguien podía corresponder al amor que él podía dar. Estaban, hechos para estar juntos, se dijo a sí mismo. Se dejo llevar en un mar de ilusiones, dónde se veía casado con Luna, viviendo felices por siempre. Estaba enamorado, debía admitir.

No había pasado ni un par de segundos, cuando separarnos sus rostros unos centímetros. Ni uno ni otro dijo nada, solo se miraron a los ojos, diciéndose todo aquello que palabras no podrían decir.

¡Hola de nuevooo!

¡Estoy, muy, muy, muy, muy, muuuuy feliz de volverlos a ver! Sé que la historia estuvo bastante abandonada últimamente, y les pido una disculpa. Como algunos quizás ya sabrán, mi computador tuvo un paro cardiaco. Afortunadamente, con mucha ayuda y esfuerzo, logró volver a la vida, y con ello, llegué yo.

Bien, espero que les haya gustado este penúltimo capítulo de este mini-fic. Hace tiempo que no me sentía tan inspirada para escribir, como ahora. Quizás tiene que ver mi alejamiento con la computadora, o por el hecho de que este capítulo fue el climax- por así decirlo- de la historia.

Les doy las gracias -y mis palabras no serán suficientes para agradecerles- por ser tan pacientes y seguir aquí, leyendo estás locuras que espero les lleguen a gustar.

¡Nos vemos en la próxima! ¡Gracias!