Soñando con Nargles. — capítulo 5
Capítulo V: Valor
Cuando sus miradas se cruzaron aquella mañana, ambos se sonrojaron y se quedaron prendados en los ojos del otro, pero ninguno de los dos dijo palabra alguna. Luna tuvo la involuntaria decisión de detenerse, esperando alguna palabra por parte del chico, pero Neville siguió su camino, como si nada. Como si no hubiera visto a la chica rubia que se detenía para escuchar un saludo de su parte.
Luna bajó la cabeza, deprimida. ¿Había hecho algo mal? Pero…si ayer había sido su primera cita…y su primer beso. ¿Podía haberlo arruinado tan pronto? Quizás…quizás había tardado mucho en decirle lo que sentía…quizás había sido demasiado tímida… ¿Había en serio algo mal en ella? Y si no lo había, ¿por qué Neville la ignoraba como si fuera mugre?
Unos pasos más allá, Neville golpeó su frente con fuerza, dejándose una marca roja sobre la piel. Maldijo entre dientes, frunció el ceño, y cruzó los brazos sobre el pecho. Esto le ocasionó, que metros más allá, cuando la túnica se le atoro con la punta filosa de una rodilla perteneciente a una armadura, no pudiera detener y amortiguar la dolorosa caída con las manos. Con un estrepitoso y vergonzoso ruido, cayó al suelo llamando la atención de cualquier paseante a su alrededor.
En el suelo, rojo desde la cabeza hasta los pies y rodeado de risas y burlas, maldijo ser tan bobo. No sabía qué hacer con Luna. ¿Debería actuar diferente con ella ahora que…ahora que eran algo más que amigos? Pero…no eran novios. Entonces, ¿no había motivo para actuar diferente? ¿Debería de darle un trato más especial? Respiró profundamente, se quedaba sin ideas. No entendía a las mujeres. No había habido otra mujer en su vida además de su abuela… ¿cómo sabría entonces como tratar a una chica?
La cabeza de Luna iba perdida en algún lugar dónde nunca había estado. La lógica femenina y las dudas amorosas sobrecargaban su cabeza dejándola cada vez más confundida. No entendía que había hecho mal. No sabía si realmente había hecho algo mal.
Pero, ¿quién podría ayudarla? Quizás debería armarse de valor e ir a hablar con Neville personalmente. Preguntarle al chico qué que nargles le sucedía, y cuestionarle su extraña actitud. ¿Acaso no la quería?
Se sentía extraña, curiosamente pesada y molesta. Nunca se sentía molesta, incluso cuando le escondían sus zapatos en lugares que a ninguna persona se le ocurrirían jamás. Las cosas parecían volverse más complicadas ahora.
Quizás Neville no la había visto…sí, quizás fuera eso. Deseo pensar que era eso. Ojalá y lo fuera.
-¿Neville? ¿Estás bien?
La voz de Hermione sonó extrañamente reconfortante. Fue como una cálida cobija en la fría nevada. Neville levantó la cabeza, y sus ojos se iluminaron al verla de pie frente a él, con una mochila repleta de libros y un par de pergaminos en los brazos. Lo observaba con una mirada preocupada, que a Neville le recordó a su abuela. Había en los ojos castaños de Hermione, un brillo maternal que le trajo a Neville a la memoria, el rostro redondo y dulce de su madre, que aunque tenía los ojos ausentes y era silenciosa como un fantasma, seguía siendo la mejor madre del mundo.
Tuvo una extraña sensación en el estomago al recordar a su madre. Abrió suavemente los labios para responder a la chica, pero de su boca solo salió un extraño gemido involuntario. Se sintió avergonzado, y se puso rojo como tomate.
Hermione lo observó unos segundos antes de suspirar profundamente y dejarse caer a su lado. El lago estaba quieto, y de vez en cuando un pequeño airecito alteraba su superficie, causando unas ondas delicadas y casi invisibles sobre el agua, que desaparecían rápidamente. La ligera brisa agitaba las ramas de los árboles, provocando un melodioso sonido de las hojas chocando unas contra otras. Sonaba relajante, y por un instante, Neville se sintió lejos de todo.
-¿Qué sucede?- preguntó tranquilamente Hermione. Neville bajó la mirada, y tartamudeó algo que Hermione, por el rostro que hizo, no logró entender.- Es sobre Luna, ¿no?
Neville se sobresaltó. Levantó la cabeza rojo como tomate, y miró con los ojos abiertos hasta su punto máximo a Hermione, que seguía manteniendo esa mirada preocupada y maternal, más su tranquilizante seriedad. Hermione arqueó las cejas, y Neville supo que no había manera de ocultarlo. Lo sabía.
-¿Cómo…cómo supiste?- murmuro, aún más rojo. Ella puso los ojos en blanco, como si fuera lo más obvio del mundo que el romance secreto de Neville no era secreto.
-¡Por Dios! Todo el mundo lo sabe, Neville.- repuso como si nada, un tanto estresada. Neville palideció al instante, quedando enmudecido por unos segundos. Hermione volvió a poner los ojos en blanco.- Por todo el mundo me refiero a Ginny y a mí, Neville.
El chico suspiró relajado, y guardó silencio. Cerró los ojos ligeramente, entre párpados veía la luz del sol sobre el horizonte azul y claro, reflejándose en el lago. Por un momento disfruto de no decir nada, y limitarse a escuchar el sonido de las hojas moverse. Le agradó tener la mente hueca, sin pensar en nada.
-¿La quieres?- preguntó Hermione después de un rato. Neville, no titubeó en responder.
-Sí.
-Entonces, ¿qué esperas para demostrárselo?
Era la misma pregunta que él se hacía. No podía responder a Hermione si ni siquiera él sabía la respuesta. La quería, pero su poca experiencia en el amor le hacía preguntarse si realmente la quería. Pensaba en ella día y noche, mariposas volaban en su estomago al recordar el sonido de su risa, y le parecía el ser más bello y simpático del mundo.
-Luna te adora, Neville. Pero siendo el chico, tú debes ser quién tenga la valentía de dar el primer paso. Esto no es sencillo, lo sé, pero sí la quieres, debes poner de tu parte, o su relación no funcionará. El amor es algo más complicado que salir juntos y tomarse de la mano.- explicó rápidamente Hermione, con su voz de sabelotodo. Neville no respondió, ni siquiera pudo levantar la vista para mirarla. Se sentía extrañamente avergonzado.- Piénsalo, Neville.- murmuro Hermione, levantándose.Neville escuchó sus pasos alejarse.
Cuando hubo estado seguro de que Hermione se había ido, y no había nadie que pudiera verlo, escondió al cabeza entre sus rodillas y se echó a llorar, sin razón alguna. Simplemente, deseaba descargar todo lo que sentía en frías lágrimas que caían por sus mejillas, mientras trataba de organizar su mente.
No debía llorar. Su realidad estaba bien definida: él era un cobarde. Había sido Luna quién había dado no solo el primer paso, sino que todos. Luna era la valiente. Y él, Neville Longbottom, era un cobarde. Era un miedoso que siempre era la víctima de todo, siempre lloraba y se escondía. Pero a veces trataba de ser valiente, como entrando en el Ejército de Dumbledore y tratando de enfrentar a Malfoy, pero no funcionada. Porque solamente "trataba" de hacerlo, y sus intentos terminaban en cruelos y vergonzosos fracasos. ¿Cómo defendería a Luna si no podía defenderse a si mismo? ¿Cómo la protegería sí él era quién necesitaba protección?
Se sintió débil y humillado, cuando se levantó para volver a clases. Sentía como si todos los ojos estuvieran pegados a su espalda, y como si todos lo señalaran con desdén mientras murmuraban lo cobarde que era. Luna no merecía algo así. No merecía a un cobarde que ni siquiera tenía la valentía para decirle "hola".
Ginny se aproximó corriendo al verla buscar algo debajo de las sillas del salón de Transformaciones. Con un suspiro, le pregunto con voz cansada:
-¿Otra vez?
Luna asintió en silencio, mientras seguía buscando. Se agachó con lentitud, examinó el suelo, y al no encontrar sus zapatos, siguió andando descalza entre los pasillos del aula, con Ginny pisándole los talones.
-¿Quién fue esta vez?- preguntó Ginny, con un gesto amenazante. Luna se encogió de los hombros en silencio. Ginny la contempló sin decir nada por unos instantes, dándose cuenta inmediatamente de que algo malo sucedía. Corrió hacia Luna, y le puso cariñosamente un brazo sobre los hombros, mientras le murmuraba al oído palabras que esperaba que lograrán alegrar a la chica.- ¡Oh, vamos, Luna! ¡No estés así! Verás que todo estará bien… Dime, cuéntame que te hizo ese chico…- repuso Ginny, dando un empujoncito a Luna para obligarla a sentarse sobre una de las sillas. Luna se dejaba llevar como si fuera una muñeca de trapo, manejable y sin vida. Sus ojos parecían estar en otro lugar, lejano y triste, y su ceño fruncido demostraba preocupación. -Verás que todo está bien… Así son los chicos.- insistió Ginny, frunciendo el ceño también.- Él te quiere. Pero tiene miedo a arruinarlo todo. No es que sea un chico con mucha suerte…en realidad, está salado. Pero te quiere. -Luna no respondió nada al principio, pero luego se volvió con una extraña sonrisa hacia Luna y se puso de pie de un salto. Los cabellos se le alborotaron durante un segundo en el aire. Sus ojos azules brillaban.
Luna perdió el miedo en ese momento. Había sentido una extraña presión en el pecho desde que Neville la había ignorado. Parecía que esa presión había desaparecido con las sencillas y pocas palabras de la pelirroja. Luna salió del extraño e incomprensible oscuro estado abismal en el que había estado el resto del día. Todo estaría bien, después de todo.
Todo estaría bien porque quería a Neville. Le tenía mucho cariño, y sería, de alguna manera u otra, paciente y solidaria. Volvería a empezar. Ya quería contarle a su padre que estaba enamorada de un chico increíble que se convertiría en su esposo. Quería presentar a Neville a su madre, y jurar frente a la tumba de esta que Neville era un buen chico, que era el chico que amaba. Por fin quería gritar al mundo que lo quería. Y que estaría con él por toda su vida.
Ginny le devolvió la sonrisa con alegría. Le dio unas palmeadas cariñosas en la espalda, y murmuro algo que sonó parecido a: "Sigamos buscando tus zapatos". Pero en ese preciso momento, la puerta del aula se abrió, y por ella entro un chico corriendo rápidamente. Aunque su cara solo se veía como un borrón deforme, ambas chicas lo identificaron inmediatamente. Neville, con su cabello alborotado y despeinado, su rostro redondo pálido y de un tono verdoso, y su respiración ruidosa y superficial, entro estrepitosamente al salón.
Parecía estar asustado por algo, e incluso unas gotas de sudor resbalaron por su frente. Luna creyó que el chico había corrido algún maratón perseguido por un mounstro horroroso, por el aspecto que tenía. Neville se quedó paralizado apenas las vio. Puso sus ojos sobre Luna, pero quitó la mirada de su rostro como si le quemará mirarla. Bajo la vista al suelo, y murmuro con voz apenas audible:
-Em… hola.
-¡Hola Neville!- respondió inmediatamente Ginny. Pareció sentirse azorada, incluso incómoda. Sus ojos no paraban de mirar a Luna y a Neville alternadamente.
-Hola, Neville.- dijo Luna, tranquilamente. El chico levantó la vista tímidamente y la saludó con una seca cabezada y una extraña sonrisa que se evaporo fugazmente.
-Iré con…Harry. ¡Nos vemos chicos!- dijo Ginny, reaccionando de pronto. Salió como un rayo del aula, sin dar a los chicos oportunidad de que se despidieron o si quiera pudieran pronunciar alguna palabra.
El silencio cayó sobre ellos apenas la puerta se cerró con un ruido sordo. Ambos se miraron por un tiempo que pareció una eternidad.
Cuando Luna vio los ojos de Neville, vio lo mismo que había visto días atrás. Inocencia, pureza, miedo e indecisión. Siempre estaban esos ojos sumidos en una tela de temor. Siempre habría miedo en su mirada. Pero aquél día, en los ojos de Neville, apareció algo más. Eran sus mismos ojos, pero algo había cambiado. Se volvían más viejos, maduros y determinantes.
Cuando Neville vio a los ojos de Luna, vio esos ojos azules, profundos, soñadores e inocentes; supo que él aún no estaba listo. Aún no era un hombre que aquella chica necesitaba. Neville tenía que volverse valiente, y aprender a proteger a los que amaba. Mientras tanto… mientras no fuera capaz de cuidar de ella… no estaba listo.
La miró a los ojos tratando de trasmitirle todo lo que sentía. Veía en los ojos de la chica una gran comprensión y una enorme tristeza. Pero Luna parecía entenderlo todo sin necesidad de hablar. Él parecía entenderla a ella sin necesidad de usar palabras. Aún así, rompiendo el silencio bruscamente, Neville aspiró una profunda bocanada de aire, y suspiró.
-Luna… lo siento.- fueron sus únicas palabras. Luna lo traspasó con sus ojos azules por un momento que le pareció larguísimo. Se sentía descubierto, como sí la chica pudiera leer sus pensamientos y descubrir sus mentiras y secretos.
Luego, sorpresivamente, se le echó a los brazos. Neville, sorprendido, correspondió al cariñoso gesto, y puso sus manos alrededor de Luna, sin saber muy bien cómo hacerlo. Pero antes de que pudiera preguntarse cómo debía de abrazar a una chica, Luna se separo de él con firmeza.
-Te esperaré.- le advirtió con decisión. Sus palabras sonaron como un juramento irrompible. Supo que esa promesa jamás se la llevaría el viento ni se borraría con el tiempo. Neville asintió. Por eso le gustaba Luna. Por ser única.
-Seré mejor cuando volvamos a estar juntos.- respondió tímidamente. Pero su voz sonó con fuerza y valor al pronunciar la siguiente frase.- Porque lo estaremos.
Luna sonrió orgullosa, y Neville respondió a su sonrisa. Ahora tenía un motivo por el cual hacerse valiente. Más que eso, tenía un motivo por el cual creer en la magia. Y aún más, tenía un motivo por el cual vivir. Y ese motivo, se llamaba "Luna".
¡Hola!
Y este es el final de una historia más. Cada historia necesita de un final, y creo que es el momento de terminar está. Estoy muy feliz por haber escrito está historia. Sé que no es ni la mejor historia que hay o habrá, pero de alguna manera, a mi me gustó. No mucho, pero sí. Y espero que a ustedes les haya gustado también. Les doy las gracias por su apoyo, su paciencia y su seguimiento a lo largo de todo esto. Les doy especialmente las gracias a aquellos que esperaron a que llegará un nuevo capítulo- a pesar de que me tardará millones de días- y tuvieran la amabilidad de comentar. Muchas gracias a los que leyeron esto.
Me despido, pero no será por mucho tiempo. En este mismo instante estoy pensando en nuevas historias, que si ustedes gustan, podrán leer y hacerme muy, muy feliz.
¡Mil gracias y hasta pronto!
Atte.
Silencio13