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¡Ginny, eres mía! — capítulo 4
Camino a Hogwarts, no podía ser más intrincado. Nadie sabía nada sobre su vida futura y seguramente si lo comentaba, lo iban a creer una Sybill cualquiera. Una adivinadora cualquiera. No. Mejor era no explicar nada. ¿Quizá? Ginny reía, mientras Ron estaba a la defensiva y trataba de defenderse de un embarazoso acontecimiento. Hermione leía el profeta con mucho detenimiento, sin decir nada y sin alzar la cabeza del periódico. Suspiró cuando moría por explicar lo que había visto y lo que eran, pero no sabía cómo hacerlo o qué palabras debía utilizar. Sintió miedo de pronto, cuando imaginó que tenía que reconstruir su vida una vez más. ¿Y si el destino prefería que él no hiciera nada al respecto? ¿Le cambiaba los patrones y entonces, Ginny no se convertía en su esposa? Pero... ¿por qué? ¿Qué le había hecho a la vida, que lo trataba tan mal? ¿Es que acaso había cometido alguna torpeza? Sí, que Albus se golpeara la cabeza cuando trataba de caminar en aquella aula de Hogwarts. Pero eso no había sido intencional. Ante su mirada nerviosa, Ginny se dio la vuelta para mirarlo y preguntarle si algo le pasaba. ¿Cómo explicárselo? — En realidad— comenzó, sin tener idea de lo que tenía que decir— sí hay algo que me preocupa. En cuanto dijo eso, Ron fue el primero en saltar con un comentario que ya se esperaba. Lo miró con un gesto nervioso que él ya conocía muy bien. — ¿Soñaste con "ya tú sabes quién"? ¿Qué viste? — No. No se trata de eso, Ron. Es algo más complicado y no sé si podrán creerme en cuanto lo mencione— dijo, rascándose la parte posterior de la cabeza y con una sonrisa suave. Ginny le apremió a continuar y lo miró con curiosidad. Comenzó a explicar la vida que tenían. Que Ginny y él, tenían dos hijos y estaban casados. Que Hermione y Ron, tenían una hija que se llamaba Rose y vivían muy felices. Al oír aquello, Hermione bajó el periódico. Estaba sonrojada y evitó por todos los medios, mirar a Ron al rostro. En cambio él, se echó a reír a mandíbula batiente. — ¿Yo? ¿Hermione? Esto tiene que ser una broma. Un sueño. Sí, precisamente eso. Estabas soñando y seguro te caíste de la cama, ante esa idea. — ¿Harry? ¿Tú y yo estábamos casados?— dijo Ginny con una vocecilla y él se dio una palmada en la frente con la mano. Al poco tiempo, Hermione y Ron ya estaban discutiendo. ¡Iba a enloquecer si seguía oyéndolos! No sabía a quién mirar ni mucho menos, a quién darle la razón. Los dos discutían acaloradamente. — ¿Cómo que yo no podría ser madre? ¿Tú como sabes eso? Ron simplemente se rió en su cara y Hermione había enrollado el periódico en silencio. Con una sonrisa macabra en sus labios, simplemente le dio en la cabeza. Lo más fuerte que pudo. Ron soltó un quejido y se sobó la misma. Enfurecido. No se hablaron en todo el trayecto. ¿Cómo podían pensar en casarse, si ni siquiera se soportaban dos minutos? No dejaban de quejarse de cualquier cosa que tuviera que ver con el otro y si alguno hablaba, se burlaban de lo que decía. ¿Cómo se habían amado entonces? Necesitaba entender eso. Descubrirlo. Claro, como si la solución fuese a llegarle del cielo. ¿Por qué esperaba eso? Porque repentinamente, su vida cambió sin preguntarle. Entonces seguramente un día, iba a amanecer como el hijo de Snape y su padrino, iba a ser Voldemort. Muy posible y mejor se callaba, para que no se hiciera realidad. Al bajarse del tren, las cosas no mejoraban. Creía haber superado esa etapa y volver a vivirla, se convertía en un martirio para él. Ya estaba en el suelo... porque Malfoy lo había pateado y estaba pidiendo que alguien lo rescatara. Tonks le hacía ese pequeño favor. No quería alterar los acontecimientos de su vida. Supuso que tenía que vivirla, tal cuál había sido antes. Y que lo patearan dos veces, ya era lo suficientemente malo. Al igual que oír los comentarios insidiosos de Snape. — Y aquí viene él, haciéndose profesor de defensa contra las artes oscuras. Eso había pasado y aunque todos parecían sorprendidos, él ya se sabía la historia y cómo iba a terminar. No sabía si ver morir a Dumbledore nuevamente, iba a ser fácil. Pese a que ya supiera los motivos del asunto. Comenzaba a preocuparse por todo ese tiempo que necesitaba para volver al futuro que tenía y no sentir el golpe del paso del tiempo. ¿Podía envejecer más de la cuenta? ¿Y si moría? ¿Y si todo salía mal? Estaba comenzando a alterarse en sumo grado. Ginny caminó hacia él, con una mirada cargada de preocupación. Su peor temor se había vuelto realidad. Snape era el profesor de defensa contra las artes oscuras. Eso era malo. Aunque no para él, ya se sabía el cuento. En cuanto regresaron a las habitaciones, Ron no dejaba de despotricar en su contra y Hermione lo notaba muy callado. Se preguntó si se sentía bien, que no había dicho nada en su contra. Snape había sido el hombre más valiente que había conocido. Aunque no estuviera de acuerdo con su personalidad. Comenzaba a sentir que no necesitaba discutir tanto con él. Aunque si quería mantener la historia al pie de la letra... tenía que hacerlo. Y muy bien. Que no generara ninguna sospecha de que estaba loco. O más loco de lo que ya lo creían algunos. Tenía que trabajar bien en su plan. Ron dejó de quejarse y se acostó a dormir. Él se quedó en el salón, mirando a Ginny que hablaba con Hermione, antes de irse juntas por las escaleras. ¿Cómo iba a conquistarla nuevamente? A pesar de que Dean Thomas estaba en medio de ambos para ese tiempo. No sabía si tendría hígado para ver eso dos veces. O siquiera para verlo. Cualquiera servía. Tenía que armarse de valor y comenzar su plan, para enamorarla. Podía alterar eso, seguramente. ¿Qué podría salir mal? Solo un poco de amor. Eso no le hacía nada mal a nadie. La vida no podía cobrarle eso, luego de lo que le había quitado. Aunque cierta parte de sí le decía que hacer el amor con ella nuevamente, para tener hijos, sonaba muy tentador.