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¡Ginny, eres mía! — capítulo 9
Hermione ese día, había estado propensa a discutir hasta de el estado del clima. Por más que Harry intentaba unirlos, se le hacía muy complicado pensar en cómo. ¡No se callaba ni dejaba de quejarse! Estaba comenzando a desesperarse. En cuanto pudo, fingió que leía un complicado recetario de pociones y que necesitaba silencio. Con eso, Hermione dejó de hablar y se centró en su propia lectura. Nunca ansió tanto esos minutos de silencio, como en ese momento. Fueron tan preciados, que cuando Ginny entró en la sala común para romper el hielo, comenzó a sentir dolor de cabeza. Nuevamente. No necesitaba más ruido, pero Ginny no se molestó en hablarle precisamente. Traía un pergamino escrito, que él abrió bajo la mesa. "Tengo todo preparado, para esta noche. Tú encárgate de traerlos y yo del resto" Se preguntó si debía reaccionar de forma temblorosa, para mostrarle que le temía a veces a sus propios planes. Ginny sonrió suavemente y Hermione en ese momento; había alzado la cabeza y los miró de forma sospechosa. Ginny fingió haber hecho un chiste sobre su hermano y eso, contentó a Hermione. En cuanto se hubo levantado, para buscar pergaminos y plumas para sus resúmenes, Ginny le susurró el plan a Harry. — Esta noche, a las nueve. Ya hablé con algunos prefectos. No preguntes cómo, pero ellos nos permitieron merodear. Ellos inventarán una excusa breve, pero firme. — ¿Qué cosa, Ginny? — Que estamos enfermos y vamos...venimos, a la enfermería. No tenía sentido, pero si Minerva se creía eso...y Promfey también... Estaba bien. Supuso. Inspiró en silencio y ladeó la cabeza hacia Hermione, que caminaba hacia ellos. Se separaron de inmediato y fingieron intentar comprender la lectura intrincada que Harry, tenía que hacer. Ya que había sacado otro cero en la clase de pociones. Se sentía como un deja vu. Vivirlo dos veces. Y peor aún, reprobar dos veces. Era una idea bastante deprimente. Pero si de pronto hacía la poción como se debía (porque ya la había visto antes), seguramente Snape habría muerto de un infarto o aún peor... le habría desnudado en clase, para verificar que no tuviera algún as bajo la manga. Como su libro del príncipe mestizo. Que bastante útil había sido, solo que le había pertenecido a él. Mientras pensaba, Ron lo sacó de sus pensamientos. Era hora de entrenar y casi lo olvidaba. Hermione miró con desdén; su resumen de cuatro líneas y Harry se encogió de hombros. Ya tendría tiempo para hacer ese trabajo. Mientras caminaban, Harry se preguntó, cómo convencería a su amigo de ir a una cena a ciegas. Donde de hecho, se encontraría a Hermione. ¿Cómo podría pedírselo? No tenía sentido físico y apenas brotara de su boca, encontraría un "no" por respuesta. Quizá necesitaba poner a su cabeza en juego, antes de dormirse en la espera. Y quedarse de dieciseis, para siempre. Inspiró, concentrándose en su juego. En verdad, si se descuidaba, podía ser golpeado por una bludger. Se dijo que pensaría en eso, en cuanto se bajara de la escoba. Si seguía así, saldría lastimado en todo. Aunque si hacía lo mismo que con su trabajo, podía defraudar a Ginny. ¡Vaya...era malo en verdad, dejar las cosas a última hora! — Oye, Ron— dijo, mientras esquivaba una blugder. Bajando la cabeza.— necesito que me acompañes esta noche; a un lugar. ¿A cuál? — ¿Para qué?— gritó Ron en el aro y él, se preguntó... qué estupidéz tenía que decir, para que funcionara. Las palabras mágicas. — Malfoy. — Cuenta conmigo. Lo atraparemos. Harry se dijo que Malfoy solucionaba muchas cosas en su vida. Luego de bajar hacia el estadio, miró que Ron no tenía ni intenciones de quitarse el uniforme y lucir presentable. Hermione podría irse, de solo notar aquello. Inspiró una vez más y antes de que saliera de los vestidores, lo devolvió a ellos. Tenía que cambiarse. Aunque Ron seguía sin comprender; qué le ocurría o por qué se encontraba tan estresado. Pero si se lo comentaba...seguramente iba a matarlo. O quizá... Sí, claro. Como si fuera a agradecer, una cita con Hermione. ¿Por qué siempre en vez de resolver las cosas, las empeoraba mucho más de lo normal? Así era el gran Harry Potter. Y se imaginaba esa noche, con los platos de la cena... en la cabeza. Él sería el centro de mesa, mientras comía de su propio cabello. Esperaba que Ginny; no hubiese hecho spaguetti. No quería terminar con trozos de albóndigas, en la camisa y en otras partes no especificadas. Porque Hermione; era bastante peligrosa. Cuando quería serlo. Luego de que casi le gritara, que tenía que bañarse, Ron accedió a dejar de lucir como si hubiese corrido un largo maratón. Mientras esperaba por las noticias del plan de acción de Harry, se preguntó por qué le pedía que usara su mejor ropa. ¿Es que iban a coquetear con Draco? Se negó varias veces, pero luego de que Harry le dijera que se perdería la acción, tuvo que acceder. No tenía más alternativa, si quería divertise. Además, nadie lo vería. Y Hermione no estaría allí para reírse de él, tampoco. Estaba bien. No tenía por qué sentirse presionado. Quizá a Harry le gustaba verse presentable. ¿Qué estaba diciendo? — ¿Para qué quieres que use esto, Harry?— le dijo, mientras se miraba en el espejo. Harry dudó. No tenía nada en mente. — Porque... quizá conozcamos chicas. Eres muy popular, ahora que eres el guardameta del equipo. Y a ellas les gusta eso. La buena presencia. — Pues creo que ya Lavander me ha echado el ojo y no se ve nada mal. Ya él lo sabía. No la pasaría bien con Brown. Nada, pero nada bien.