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Hubo un tiempo... ¿recuerdas? — capítulo 1

Primero que nada, no se trata de una historia como las que acostumbro hacer. El hecho de que se trate de Frank y Alice revela precisamente que no es una historia "rosa"... pero ellos se merecen su propio fic y más. Es de drama/tragedia, aunque también tenga su tinte romántico.Como dice en la portada, son cinco drabbles con citas de Lord Byron (poeta del siglo XVIII), publicados de una sola vez por mi comodidad xDY siempre, digo gracias por tomarse la molestia de leer y comentar. Enjoy :)**—¡TORPE! ¡ERES UN TORPE, FRANK LONGBOTTOM! Eran contadas las ocasiones en que Alice realmente se enfurecía. Y esta era una de ellas. El chico parció encogerse, agachando la cabeza y con las manos en los bolsillos, enrojeciendo a cada palabra que profería su compañera de curso. —Fue un accidente…—comenzó a excusarse. No era bueno en Pociones. De hecho, apestaba. Estaba seguro de que era genético: nadie en su familia aprobaba con facilidad esa asignatura. Su torpeza no ayudaba, y lo comprobó hacía media hora cuando se tropezó con el caldero en las manos, volcando su contenido en los pies de Alice. ¿Cómo se pudo haber imaginado que sus piernas se volverían como de gelatina y caería al suelo de esa forma? Intentó ayudarla, claro, pero sólo se ganó más y más insultos. Estaban en la enfermería, pues la rubia debía pasar la noche allí hasta que le pasara el efecto. Echa una furia, cerró las cortinas de la cama de un tirón, invitándolo a irse. Al día siguiente, sin embargo, se sorprendió al encontrarlo sentado en una silla a su lado. Al parecer había pasado la noche allí, dormitando en una posición de lo más incómoda. Se levantó -por suerte, el efecto de la poción pasó, tal como pronosticó la enfermera cuando la revisó el día anterior- y se acercó para despertarlo, zarandeándolo ligeramente. —Discúlpame.—musitó en cuanto lo vio abrir los ojos, claramente arrepentida por la forma en que lo trató esa noche. —No, discúlpame tú—Frank suspiró en tanto se ponía de pie, medio adolorido—. Siempre hago desastres. Alice rió. No por nada era su amigo; era tan sincero como ella. —Bleh—Hizo un gesto desdeñoso con la mano, despreocupada—. No importa. De todos modos esa poción estaba mal hecha. Íbamos a reprobar… otra vez. Somos un asco. —Cierto. Somos un asco. Se sonrieron. A sus dieciséis años, y a pesar del tiempo, seguían conservando esa amistad que forjaron desde que comenzaron el colegio. Sin embargo, algo había cambiado. Quizás eran sus hormonas, esa maldita adolescencia que alborotaba a todos, pero cuando se sonreían sentían una adrenalina que les estremecía todo el cuerpo. Leve, sutil. Intenso. —Te quiero.—dijo él de pronto. Nuevamente se había puesto rojo, todavía abochornado por lo sucedido. —Yo también.—respondió Alice con un susurro. Otra vez miradas cómplices. Entre charlas, bromas, deberes por realizar, el amor había surgido. Ambos lo sospechaban, pero apenas alcanzaban a advertir cuánto se querían en realidad.