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Hubo un tiempo... ¿recuerdas? — capítulo 5
Ninguno de los dos era consciente del paso del tiempo.
¿Horas, días, meses, años?
Sólo había monotonía.
Estaban desorientados, sus mentes divagaban entre los sueños y la realidad.
Alice flotaba en las nubes la mayor parte del día. No sabía que estaba en un hospital, que los Curanderos estaban a cargo de ella y su marido, y que su suegra y su hijo iban a visitarlos una vez por semana. Ella sólo veía a una anciana que no conocía y un chico que sí, se le hacía vagamente familiar, pese a que no sabía de dónde. Tenía la cara redonda y sus ojos siempre estaban tristes cuando la miraba.
—¿Sabes quién soy?—le murmuró él de pronto.
No, no lo sé. ¿Quién eres?
Abrió la boca para preguntarle, pero salieron de ella únicamente unos balbuceos ininteligibles.
En la cama de al lado, un hombre estaba sentado. La anciana lo sostenía de la mano mientras la preguntaba "¿Qué tal estás, Frank, hijo mío?", sin obtener respuesta más que un vago asentimiento de cabeza.
—Voy a casarme con Hannah mañana. No podrán estar ahí, pero… les traeré fotografías…—El joven sonaba compungido. Acto seguido, le dio un rápido abrazo afectuoso.
—Vamos, Neville. Se hará tarde para el ensayo de la boda.—le avisó su abuela.
Le obedeció. Abrazó al hombre que reposaba junto a la anciana de la misma forma y caminó hacia la salida, no sin antes dirigirles otra mirada melancólica.
Neville.
"—Pero será talentoso. Y sino, nos hará sentir orgullosos de todas formas."
Neville. Mi bebé.
—Neville.—susurró.
Ya se habían ido. No la escucharon.
Fue un instante de cordura. Todos los recuerdos se agolparon en su cabeza abruptamente, como un ciego que recupera la vista de golpe, aturdiéndose con las miles de imágenes que llegaban a su retina en cuestión de segundos.
"—Te quiero, Alice."
Los labios de Frank sobre los suyos, sus caricias. Abrazándola, protegiéndola. Su niño en brazos.
—Frank…—musitó. Él la miró sin mostrar ningún vestigio de reconocerla— Hubo un tiempo… ¿recuerdas?
Un tiempo en que fueron felices, en que fueron dos jóvenes llenos de sueños por cumplir. Con una vida por delante.
¿Qué pasó con todos esos años? ¿Cómo es que su bebé creció tan rápido?
—¿Recuerdas?—insistió.
No, no lo recordaba. Frank ladeó la cabeza, mirando la blanca pared que estaba a espaldas de ella, abstraído.
Y ella tampoco lo hizo pocos minutos después. Sus ojos se desenfocaron y nuevamente se perdió en la bruma.
Lo último que recordaba era a ese chico ya crecido que los visitaba con frecuencia. Y aunque estaba incapacitada para evocar más que eso, los recuerdos de la vida feliz que tuvo estaban allí, perdidos en algún sector de su memoria.
Aunque no lo supiera.