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Historia 58495 — capítulo 16
Scarlett y Jonathan se quedaron mirando durante unos segundos. Ella se perdía en la mirada del vampiro, mientras él soñaba despierto.
Su pelo, parecía frágil con el viento, su boca, parecía mucho más gruesa por el brillo de labios, su respiración, entre cortada por la cercanía del chico a el cuerpo de la chica.
Scarlett giró la cabeza y notó como la sangre se posaba en sus mejillas.
-¿Quieres que te lleve a casa?- La pregunta hizo que Scarlett se sobresaltase. Aquel chico, con cuerpo de modelo y sonrisa de ángel, le preguntaba si la podía llevar a casa. Cualquiera hubiera dicho que si.
-No- dijo ella. Jonathan se sorprendió.- Mi hermano y Daisy seguro que me están esperando.
La pareja caminó hasta las escaleras, donde minutos antes estaban los amigos de Scarlett, ahora sólo había profesores y alumnos rezagados. Ninguno de ellos era uno de los amigos de la chica.
-Creo que tendré que llevarte a casa-dijo Jonathan. Luego sonrió, con esa sonrisa de las que hace que las chicas se derritan.
Adam estaba nervioso, incluso le costaba conducir. Cada pocos segundos Hannah le mandaba una sonrisa pícara, Adam se ruborizaba. Tenía a una chica despampanante en el asiento de al lado. Tenía a una diosa rubia en el asiento contiguo.
Hannah no estaba nerviosa, para nada, sólo un poco ruborizada. Adam era guapo, demasiado, era su tipo de chico ideal. Alto, espalda ancha, pelo corto y ojos azul grisáceo. Era el tipo de chico de toda chica. Cada pocos segundos se miraban, a él le costaba conducir.
-Por aquí- dijo la chica. Adam giró a la derecha y vieron toda una calle de casas blancas y grandes. Todas parecían iguales, pero siempre había algo que las diferenciaba; el color de la madera de las ventanas, el color de la pintura de las paredes, etc.- Mi casa es la de la esquina.
La casa de la esquina, la más grande, era de un color blanco roto. Tenía ventanas de aluminio y un pequeño jardín con un banco.
-Tu casa es enorme.- Adam estaba alucinando. Hannah rió. La chica salió del coche y se paró justo delante de la puerta del conductor. Adam tenía la ventanilla abierta, y su cara se quedó a centímetros de la de la chica. Ella se mordió el labio, ahora si estaba nerviosa.
Fred paró el coche justo delante de la puerta de la casa de Daisy. Ella bajó del coche y se despidió de Fred con la mano, él hizo un movimiento de cabeza y condujo de vuelta a su casa. Daisy entró en la casa, desierta como casi siempre, y subió las escaleras hasta su habitación. Dejó la maleta en una silla y encendió el ordenador.
Hace unos días, en su blog, había escrito algo sobre que las diferentes muertes que habían sucedido en la ciudad se debían a los vampiros. Era algo poco creíble, pero cuando se encontraban los cuerpos de las personas, nunca tenían una gota de sangre. Además, no existía ningún animal capaz de hacer eso.
Pensó en Logan. En su pelo negro y largo. En sus ojos marrones. En su piel morena.
Cogió el móvil y volvió a marcar el número de su amigo.
Diego oyó sonar el móvil del humano. Esa tal Daisy parecía no poder vivir sin él. Cogió el móvil y colgó sin ni siquiera hablar con ella. Diego buscó en la lista de llamadas perdidas. Habían muchos nombres, e incluso en número de la policía. Dos de los nombres eran los que más se repetían. "Daisy" y "Scarlett".
El vampiro buscó entre las imágenes del móvil, unas cuantas fueron hechas en una piscina, otras en una casa, etc. Diego se interesó por una de las fotos. En ella salían el humano, con dos chicas. Una de ellas, era una chica gótica con el pelo rubio oscuro y maquillaje negro; tenía los ojos morados, por las lentillas. Ella era bajita y guapa.
A la otra chica ya la conocía, era la chica pelirroja de Jonathan.
Su arma de destrucción masiva contra el vampiro rubio.
Diego dejó el móvil en una mesilla. Se acercó al humano, ahora dormido, y le quitó la bolsa de la cara. También le quitó el pañuelo que envolvía su boca, y las cuerdas que le ataban las manos y las piernas.
Logan se despertó. Intentó gritar, pero no pudo. La mano de Diego se posó en su cabeza. Logan gimió.