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Cambiemos esposas — capítulo 24
Aquella noche, Ron se quedó despierto. Sufría de insomnio, desde que Gabrielle había padecido un aborto espontáneo. En cuanto mirara a Sirius a los ojos, solo lo golpearía. Y si Hermione decidía tener hijos. No se le despegaría ni para ir al baño. Mientras estaba sentado mirándola, ella había abierto sus ojos y ladeado la cabeza hacia el sofá de visitas. No le despegaba la vista, como un enorme búho. — Severus, duerme un poco. — No. Ya tendré tiempo de dormir, luego. Por ahora, quiero que te quedes allí y no te muevas. Continúa durmiendo.— dijo, mientras se levantaba y caminaba hacia ella, colocando una mano sobre su cabeza. Ella asintió en silencio y comenzó a cerrar sus ojos con suavidad. Comenzaba a dormirse, mientras él calmaba sus ansias. Pero no las suyas propias. Remus no pasaba muy bien, aquel momento. Ginny Weasley se desnudaba frente a él y jamás creyó ver algo igual. Era una mujer hemorsa; pero no quería tener que acostarse con ella. No para comprobarlo. Se negó varias veces, intentó excusarse, pero ya Ginny aspiraba a conseguirlo. Y no iba a detenerse. Se dijo que estaba en problemas y pidió disculpas a Tonks y su matrimonio, durante la media hora en que Ginny esperaba por verle quitarse algo. Ya estaba completamente desnuda; sentada en la cama. Lo miraba con aburrimiento crónico. ¿Es que Harry tenía alguna enfermedad, que no quería enseñar? ¿O era que su amigo, no estaba funcionando como debiera? Cualquier cosa esa noche; podía pasar y en verdad, no le causaba ninguna extrañeza. Desde que habían llegado, Harry no era el mismo. — Vamos, mi amor— dijo, levantándose y caminando hacia él. Moviendo las caderas de forma lasciva.— Solo por esta noche entonces. Pero quiero un poco de acción. Bien, a mantener al personaje. Poco a poco, la ropa había comenzado a caer. Instintivamente, Remus bajó la vista. Sí, Harry estaba bien. Un cuerpo normal y... ¿por qué estaba pensando en eso? Miró con mayor atención, la sonrisa de Ginny. — Te gusta cuando no tengo nada puesto ¿no es así? ¿Qué? ¿Tan obvio era? — ¡Ven a la cama!— dijo, tomando uno de sus brazos. Remus siquiera dijo algo y ya estaba en la cama, entre nudos de piel y sábanas. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que ya estaba en el momento crucial del acto. Que estaba penetrando piel y todo eso, que tenía que...como fuera. Con una sonrisa, Ginny lo miraba. Que estuviera nervioso, era un buen aditamento para esa noche. Resultaba muy placentero. Movimientos desenfrenados, tensos. Resultaba muy bien. Bastante. — Harry... eres tan bueno en esto, maldición. Sí, muy bueno. Punto para su equipo. El de Harry y su alma metida en su cuerpo. No contestó y continuó con su tarea. Si se desconcentraba, todo podría terminar mal. Además, pese a que estaba haciéndolo con la esposa de su casi ahijado, no se sentía tan mal. Al menos no en las hormonas, respuestas corporales y todo lo demás. Moralmente... Por supuesto que se sentía mal. El momento cumbre avanzaba y él también. Resultaba difícil, pensar en contenerse. Se dijo a sí mismo, que tenía que lucirse. Que tenía que conseguirlo. Se acababa su tiempo. Era un momento para... — ¡Oh, Nymphadora! Meter la pata.