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Historia 58713 — capítulo 14

Bueno este es el último de los capítulos que tenía ya escritos de ángel blanco, por lo que lamentablemente ahora me tardare más en actualizar sobretodo por el hecho de que, (cara de espanto), mis vacaciones concluyen en escasos días. (Gime lastimeramente), gracia a todos por leer, añadir a favoritos y sobretodo por comentar; me ayuda mucho el saber vuestras opiniones y puntos de vista además de que me motiva y escribo aun mas rápido (preguntadle a mi teclado… al pobre le sale humo tras leer vuestros coment).

Besos y cuidaos mucho.


Ambos guardábamos silencio, incluso Lavi, al que realidad nadie podía escuchar en aquel lugar. Alce levemente mi vista del libro que tenía entre mis manos y le observe, podría sentir su nostalgia y su tristeza incluso a veinte kilómetros de distancia.

Y eso era peligroso, sobre todo con ese ladrón de almas rodando aun por la ciudad, entorne levemente los ojos llamando silenciosamente su atención hasta que volvió en si.

-¿Por qué? - cuestiono el claramente confuso - ¿Por qué una orden creada para liberarnos de nuestras cadenas se comporta de forma tan destructiva?

No le respondí a aquello simplemente suspire y me puse en píe tomando todos los libros que iba a necesitar y cargándolos en dirección al mostrador; el me siguió un tanto rezagado, consciente de que no era un buen sitio para andar hablando aparentemente con el aire. Coloque los libros sobre el mostrador, ante el sorprendido bibliotecaria que inspecciono mi rostro pensado exactamente igual que muchos otros.

``Demasiado joven´´

Resople silenciosamente ante aquello y le ofrecí mi carnet especial para los libros de la zona privada que había tomado. El contemplo el carnet con clara sorpresa pero no dijo nada, simplemente se limito a meter el número de carnet en su ordenador y asentir levemente antes de devolvérmelo.

Yo lo tome de entre sus manos y guarde los libros cuidadosamente en mi bolsa antes de cerrarla y echarla a mi espalda; saliendo sin tan siquiera dedicarle otra mirada al bibliotecario.

-Era el quien tenia que ocuparse de que no me colase en la zona privada, solo que entonces era ayudante, me pregunto si el anterior bibliotecario se ha jubilado - comento Lavi mientras ambos caminábamos por las calles rumbo a la parada de autobús mas cercana.

-No, el anterior bibliotecario no se jubilo, sigue en la zona privada, deberías haberlo notado Lavi - conteste haciendo que abriese mucho los ojos.

-Pero debe tener ya mas de noventa años, no puede seguir trabajando, eso es un abuso - contesto haciendo que yo frunciese mis labios.

-Lavi, el esta muerto - dije suavemente, ignorando la mirada que me dedico una chica cuando pasamos junto a ella.

Oh si, estaba acostumbrada a esa mirada de ``esta loca´´, por lo que ya no le prestaba atención ninguna por muy grosera y persistente que llegase a ser.

-Muerto - susurro con tristeza, haciendo que me girase a mirarle mientras me sentaba en el banco de la parada del autobús a esperar.

-Lamento ser tan directa… me acostumbraron desde muy pequeña - murmure avergonzada de haberlo hecho entristecer aun más.

El se encogió de hombros y sacudió la cabeza suavemente antes de sentarse a mi lado, solo que en vez de dejarse caer en la banca se quedo flotando en el aire con una pierna cruzada sobre la otra en una pose habitual en el, seguramente una que usaba mucho en vida.

Suspire mientras ponía varios mechones de mi pelo tras mi oreja para que no cayeran sobre mis ojos mientras le observaba.

-La historia de la orden, la historia de una mentira - murmure atrayendo su atención nuevamente hacía mí.

-¿La historia de una mentira? - me cuestiono en apenas un murmullo, yo asentí levemente mientras mis ojos se fijaban en el numero del autobús que llegaba y me ponía en píe.

Aquel era nuestro autobús, el que nos llevaría al lugar que quería mostrarle a Lavi. El comienzo, el nacimiento de una gran mentira.

Subí al autobús y le pague al conductor dirigiéndome justo a los asientos finales a pesar de que solo tres de todos los asientos estaban cogidos. No mire a lo ocupantes de los asientos, no lo necesitaba para saber que dos de ellos eran inofensivos, de los muchos humanos que pasaban ante las cosas sobrenaturales sin si quiera sentirlas.

Sin embargo el tercero era más preocupante, podía sentir el poder fluir en el pausadamente, no solo tenía un don sino que había sido entrenado para usarlo.

Cruce mí mirada con el que se tenso perceptiblemente. Un miembro de la orden, debería haberlo supuesto, aquella ciudad parecía tener más espíritus en pena que personas vivas; torcí mis labios imperceptiblemente y lo pase de largo sentándome al final mientras aquel joven nos contemplaba a Lavi y a mí sucesivamente.

Yo no era muy difícil de reconocer y dudaba que la orden simplemente hubiese decidido dejarme de lado. Seguramente yo era el mayor peligro existente para ella, dejarme en paz no podía entrar en sus planes y eso era fácil de deducir dado lo rápido que ese chico me había reconocido; fije de nuevo mis ojos en el, atravesándolo si piedad alguna bajo la escrutadora mirada de Lavi que nos observaba a ambos con curiosidad.

-Es un protector, de la orden - le susurre para que entendiese, haciendo que se tensara visiblemente y las energías rojizas que lo envolvían girasen en torno a el en un ademan irritado mientras le dirigía una feroz mirada al chico que se apretó contra el asiento aterrado.

-Déjalo, no merece la pena, el no se atreverá contra mí, es solo un nuevo recluta. Seguramente un aprendiz durante el tiempo que yo estuve en la orden - comente encogiéndome levemente de hombros.

Sin embargo Lavi no se relajo, al menos no de verdad, pues aunque su apariencia parecía despreocupada sus felinos ojos verdes no habían perdido aquel brillo feroz y se posicionaba protectoramente junto a mí, envolviéndome con su cálida energía.

No le tome más importancia y lo deje hacer mientras desviaba mis ojos hacía la ventana observando el exterior.

Aquel chico no me preocupaba en lo más mínimo, pues aunque avisaría a la orden de haberme visto los lideres eran lo suficientemente inteligentes como para mantenerse quietos. Sobre todo cuando el chico les hablase de Lavi, que por varias razones era a primera vista toda un alma guardián.

Acople mi silencio a la respiración fantasmal de el, usándola como punto de referencia mientras cerraba los ojos y dejaba vagar mi mente lejos del lugar, extendiéndola en la distancia hasta abarcar toda la ciudad y sus afueras.

-Si das un solo paso más te fulmino - advirtió Lavi haciendo que mi mente dejase de lado la minuciosa inspección que hacía de los territorios y volviese al autobús.

-No se lo impediré, así que yo de ti le haría caso - indique en voz baja, mirando al chico parado a apenas dos pasos de nosotros, con Lavi ante el de brazos cruzados. Dando una apariencia salvaje que en verdad aterraría a cualquier miembro de la orden.

El chico retrocedió y volvió a su asiento, sin embargo no nos perdió de vista ni a Lavi ni a mi en todo el trayecto. Le escrute un tanto inquieta internamente por la persistencia del muchacho, algo estaba mal en aquel chico, lo podía notar.

O era más bien al contrario, lo que me indicaba que algo andaba mal era precisamente lo que no podía notar, aquello que no podía sentir.

Aquel niño no era más poderoso ni mas hábil que yo, sin embargo desde el choque inicial no había vuelto a poder sentir nada emanar de el. Ni tan si quiera la emociones y pensamientos más básicos que todo teníamos inconscientemente; y eso era simplemente imposible, incluso las piedras emitían más que el en esos momentos.

-Lavi, vamos a tener problemas - susurre alzándome del asiento en el mismo instante que el autobús se detenía de golpe.

-Pero que… - mascullo Lavi sorprendido por el repentino parón y horrorizado al ver como tanto el conductor como los otros dos pasajeros caían al suelo.

No lo dude, ni si quiera tuve tiempo para ello, simplemente extendí mi mano hacia la ventana del autobús que exploto en pedazos y salte por ella, arrastrando a Lavi mentalmente para que no se quedase atrás.

El soltó un gemido de impresión. Seguramente al sentir el tirón de mi fuerza mental arrastrándolo, pero aun así segundos después lo tenía corriendo junto a mi a toda velocidad.

Ni mire atrás, era innecesario, pero cuando el golpe llego lo contrarreste deteniendo su mano con la mía antes de girar sobre mí misma y derribarlo de una potente patada a la que inculque todo mi peso. Lavi hizo una mueca al ver como el chico salía despedido hasta estrellarse a más de cincuenta metros de distancia de nosotros, estampándose contra el autobús violentamente y dejando una enorme abolladura en el mientras caía al suelo de rodillas, sacudiendo la cabeza para despejarse del golpe.

-¿Pero como se levanta después de eso? - pregunto Lavi con la voz cargada de la más pura impresión mientras yo permanecía impasible.

-Ese chico a recibido golpes más fuertes durante su entrenamiento en la orden, mi patada no es nada comparada con ellos - conteste girando en redondo antes de que el chico se alzase y echando a correr a lo mas que daban mis piernas mientras Lavi me seguía, vigilando constantemente la retaguardia.

-Esto… Az, ¿es normal que ese chico corra más que un coche en marcha?, es más, ¿es normal que tú lo hagas? - interrogo claramente inquieto.

-Traspasando los limites de lo físico, de lo real y de lo llamado imposible, somos entrenados para ello. Obligados a traspasar una y otra vez nuestro máximo tanto físico como mental, nosotros Lavi, hemos superado al resto de humanos y hazme caso… no quieres que ese de ahí atrás y yo nos lleguemos a pelear cara a cara así que corre - inste acelerando aun más mi ritmo.

No por nada había sido la más rápida de la orden desde mi más tierna infancia, sin embargo estaba en desventaja, lo sabía. Yo era una protectora de almas, no había sido entrenada para el combate, al menos no como lo había sido aquel chico; por que ese chico era nada menos que un destructor.

Y yo no podía competir con el, ni en resistencia, ni mucho menos en combate. Pero mi poder era superior al suyo, el debía ser consciente que de haberlo querido podría haberle destrozado por dentro nada más subir a aquel autobús.

Algo estaba muy mal en todo aquello. No podía ser otra cosa que una trampa, una trampa especialmente diseñada para mi, o tal vez simplemente destinada a capturar traidores a al orden; no podía estar segura de ello y tampoco lo deseaba simplemente debía librarme de aquello.

Cerré los ojos, deteniendo el golpe que iba directo a mí estomago y saltando por encima del otro destructor que había pretendido cortarme el paso.

Golpee su espalda en mitad del salto, dándome impulso y haciéndolo salir despedido contra su compañero que lo esquivo sin problemas. Abrí los ojos, había actuado justo como esperaba que lo hiciera y gracias a eso ahora sabía con quien me estaba enfrentando.

-Así que el prodigio de los destructores quiere hacer mas méritos antes los superiores - comente no sin cierta sorna escuchando tras de mí el resoplido de el.

-Solo cumplo con mi trabajo, y si de paso puedo ser quien termine con tu sucia vida de traidora lo hare - contesto con su voz impregnada en un desprecio y un odio tan profundos que dolían.

-¿En serio crees que puedes contra mí? Eres demasiado arrogante - indique saltando justo en el instante en que la hoja de uno de sus cuchillos trataba de alcanzarme.

Aquel muchacho iba muy en serio al parecer, pero no me preocupaba, me detuve derrapando sobre el camino de tierra y arrancando varias plantas y rocas en mi camino. El me imito, quedando en posición de ataque, evitando el mirar algo que no fuesen mis píes.

-No te servirá de nada el esquivar mirarme, puedo romperte por dentro aun así - susurre con aparente indiferencia haciendo que alzase sus ojos azules hasta los míos sin temor alguno y cargado de odio.

-¿Quién es la arrogante? Traidora- siseo haciendo que una sonrisa inocente aflorase en mis labios mientras le observaba.

-Me limito a señalar un hecho real, sin embargo, pareces empeñarte en subestimarme - conteste encogiéndome levemente mientras de un sutil movimiento desenvainaba los dos largos cuchillos que siempre llevaba ocultos entre las ropas.

-No quiero saber de donde los has sacado - murmuro Lavi haciendo que el destructor alzase su vista sorprendido.

Yo sin embargo no lo hice, sabía bien que Lavi estaba envuelto en la más pura energía y que en esos momentos el parecía salir de mí. Elevado varios metros tras de mi y solo con su parte superior visible.

Una amplia sonrisa empezó a formarse en mi rostro mientras dejaba fluir mi energía, provocando que las pupilas del chico se dilatasen y tuviera que echarse varios pasos hacia atrás. Observando helado como mi energía blanca se elevaba en el aire mezclándose con la ardiente energía de Lavi hasta formar lo que sin control alguno seria un pandemónium de la más pura energía.

Y a pesar de que había querido evitarlo, la lucha comenzó, el era físicamente más fuerte que yo y mis golpes solo lo dejaban momentáneamente aturdido mientras que esquivaba las cortadas con mis cuchillos.

Me agache esquivando los suyos y dirigí los míos hacía sus piernas produciendo dos superficiales cortadas por las que el no profirió sonido alguno mientras yo saltaba hacía atrás.

Parando su contraataque y dedicándole una amarga sonrisa, ambos sabíamos que acababa de perder ante mí. Aun así el no lo admitiría hasta la mismísima muerte y yo no estaba dispuesta a matarlo.

-¡Liberación! - deje escapar de entre mis labios haciendo que las cortadas de sus piernas inmediatamente comenzasen a brillar, atacadas por la energía impregnada en los cuchillos.

Pero el no cayo, resistió el envite de la energía y se lanzo sobre mí a toda velocidad haciendo que a duras penas lograse esquivarlo haciéndome a un lado gracias a Lavi.

Gruñí desde mi garganta, el había mejorado muchísimo desde la última que lo había visto, aquello sería difícil y peligroso. Aunque la presencia de Lavi me daba cierta ventaja, aquella era una pelea perdida de antemano, mi única opción era noquearlo con mis poderes.

Pero su rápida sucesión de ataques no ayudaba demasiado. Lance mis cuchillos contra el suelo y salte por encima de el apoyando mis manos sobre sus hombros.

Aquel era el momento, solté la energía a través de mis manos y un grito agónico escapo de sus labios mientras los cuchillos caían al suelo y se sujetaba la cabeza con ambas manos hasta caer de rodillas. Yo me aparte sin dejar de emitir mi energía contra el hasta que de un suave movimiento de mi mano se termino de derrumbar completamente inconsciente.