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Historia 58713 — capítulo 2
Dejo escapar un suspiro de entre sus fantasmales labios mientras observaba su reflejo en la ventana; había muchas personas que creían que los fantasmas no podían ver su reflejo por ser eso mismo ``fantasmas´´.
Sin embargo era algo que en realidad podían hacer perfectamente, también podía mover objetos, abrir puertas y respirar.
Aunque para algunas cosas hacía falta algo de experiencia por ejemplo en eso de abrir las puertas aunque claro el tenía bastante de eso.
No por nada llevaba muerto catorce años.
Cerró los ojos el recordaba aquel día a la perfección después de todo había sido su dieciocho cumpleaños.
Estaba deprimido por que su abuelo no se había aparecido aun siendo el día de su cumpleaños y eso se notaba bastante a pesar de los esfuerzos de su dulce novia Lea.
-Vamos Lavi sonríe- le pidió suavemente haciendo que el alzase su vista hacía ella y la mirase.
-No tengo ganas- dijo sinceramente haciendo que ella frunciese levemente su ceño para después acariciar su cabello con una dulce sonrisa en su rostro.
-Vamos Lavi seguro que te abuelo viene mañana, seguramente el avión salió con retraso o le hicieron quedarse un poco mas así que anímate tu sabes que él jamás olvidaría tu cumpleaños eres su única familia y te quiere más que al mundo entero- expreso Lea ampliando aun mas aquella dulce sonrisa.
El la miro intensamente, debía darle crédito a fin de cuentas siempre conseguía hacerlo sonreír pensó devolviéndole la sonrisa.
Ellos habían estado celebrando hasta tarde, viendo películas, hablando y riendo.
Hasta las tres de la madrugada.
En ese momento llamaron a la puerta y ambos se miraron sorprendidos preguntándose quién podría ser a aquellas horas.
Fue entonces cuando la misma idea surco sus mentes y el sonrió ampliamente.
Seguramente era su abuelo que se había dejado las llaves antes de salir de viaje y por lo tanto solo podía entrar en la casa si él le abría.
-Vamos a ver quién es- dijo Lea sonriéndole dulcemente.
El asintió y ambos bajaron a la sala, ella quedo en el borde de las escaleras y lo observo dirigirse hacia la puerta un tanto inquieta cosa que lo sorprendió bastante.
Ella difícilmente se inquietaba, solía ser una chica tranquila, dulce y hermosa.
Con su largo cabello negro cayendo en cascada por su espalda y sus ojos de una extraña tonalidad violeta, ella era la mujer más hermosa que había visto nunca.
Le sonrió tranquilizadoramente sin percatarse de la suplicante mirada de ella que de repente no deseaba por nada del mundo que abriese la puerta.
Error fatal el no ver el miedo en su mirar.
Abrió la puerta y antes de que si quiera se diese cuenta alguien lo había empujado violentamente hacía el interior dejándolo tirado en el suelo mientras entraba y cerraba la puerta tras de sí.
El trato de alzarse pero antes de poder si quiera medio incorporarse aquel tipo moreno se lanzo sobre él y empezó a golpearlo sin darle tiempo alguno para reaccionar soltando un golpe tras otro mientras Lea gritaba espantada y se lanzaba hacia delante lámpara en mano.
-¡déjale!- grito echa una verdadera furia dispuesta a darle de lamparazos al hombre sin embargo antes de que pudiese si quiera acercarse con la lámpara el hombre salto hacia delante y la abofeteo mientras le arrancaba la lámpara de las manos.
El grito furioso con aquel tipo por haberla tocado y se alzo de un saltó dispuesto a lanzarse sobre él.
-¡no te atrevas a tocarla!- grito solo para ver como el hombre se llevaba la mano al bolsillo y un segundo después sacaba algo que le helo la sangre en las venas nada más verlo.
Una pistola.
Ni si quiera tuvo tiempo de parpadear cuando el hombre disparo en su dirección y la bala atravesó certeramente su pecho haciendo que se desplomase.
-¡Lavi! grito Lea espantada tratando de llegar hasta él solo para toparse con los ojos de aquel tipo que se había girado a la velocidad del rayo y había apuntado y disparado hacía la cabeza de ella que grito espantada y solo tuvo tiempo de clavar su mirada en el con lagrimas corriendo por sus mejillas libremente.
El grito de dolor y observo caer el cuerpo inerte de ella antes de que todo se tornase la más profunda oscuridad.
Cuando despertó se alzo del suelo estaba en la sala pero había algo que estaba mal en todo aquello él podía sentirlo; se dirigió a la puerta y la abrió encontrándose la casa envuelta con cinta policial y dos inspectores de policía justo frente a la puerta hablando entre ellos nerviosamente.
Se acerco para preguntarles que había pasado y entonces se quedo estático en el sitió.
Contemplando el cuerpo inerte de Lea en una camilla con aquel disparado perturbando su hermoso rostro y los rastros de las lagrimas aun en sus ahora frías e incoloras mejillas y entonces entendió que estaba mal.
Su cuerpo no estaba allí.
El enseguida había descubierto donde estaba su cuerpo; quizá fuese alguna especie de instinto fantasmal pero apenas unos días después de que iniciara la investigación policial él se había aparecido en el lugar y había observado con fijeza la tumba de su padre.
Allí justo en el mismo cementerio en el que habían enterrado a Lea estaba también enterrado su cuerpo.
En la misma tumba que su padre:
Fran Atenm.
Catorce años hacía de aquello y aun recordaba como desesperado había tratado de comunicarse con su hundido abuelo o con alguno de los policías para decirles donde estaba su cuerpo sin embargo todo había sido en vano.
Nadie lo había oído, nadie lo había visto; de nada había servido.
El había llorado, gritado. Se había desgañitado cual niño pequeño pero había dado igual él seguía allí y apenas seis meses después el había visto como el jefe de policía le daba la noticia a su abuelo de que el caso se tenía que cerrar por falta de pruebas.
Y así él había contemplado sumido en un profundo dolor como su abuelo cerraba la casa y la abandonaba a su suerte con el encadenado en su interior.