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Historia 58713 — capítulo 3
Sin duda aquello tenía sus ventajas a fin de cuentas ahora su casa era famosa en el vecindario.
``la casa embrujada´´
La llamaba la gente pues nadie se atrevía a entrar y los pocos valientes que se atrevían a entrar….
Bueno él se aseguraba de que jamás volviesen a hacerlo.
Sonrió de medio lado; él quería que encontrasen su cuerpo pero a la vez no queríaa nadie allí.
Contradictorio pero cierto.
El no podía salir de la mansión excepto para ir donde estaba su cuerpo y aquello era algo que no le agradaba pues estar allí delante de la tumba de su padre donde ahora también descansaba su cuerpo le producía escalofríos y una profunda angustia.
Por ello había dejado de ir y había permanecido allí.
En la casa casi siempre apostado cual estatua en la ventana de su habitación del segundo piso recordando como de lejos había podido ver el velatorio y el entierro de Lea.
Quizá por haber sido correctamente tratada ella se había ido.
Pero el estaba agradecido y feliz por ello porque no habría querido por nada que Lea tuviese que quedarse allí estancada.
No, estaba bien así pensó con tristeza.
Miro su reflejo en el cristal observando sus ojos desde hacía tanto tiempo llenos de tristeza y suspiro suavemente antes de clavar con curiosidad su vista en la casa de enfrente normalmente vacía.
El recordaba que cuando él vivía esa casa era consideraba la casa encantada sin embargo ahora sabía que no había nada encantado en ella mas allá de sus chirriantes contra ventanas.
Observo a los dos hombres que hacían indicaciones al hombre del camión de mudanzas.
Uno de ellos de cabello pelirrojo un tanto más oscuro que el suyo y ojos azules el cual se había bajado de una moto y el otro de ojos azules y cabello castaño claro.
Ambos de facciones parecidas y alturas similares se notaba a la legua que eran hermanos aun si él no fuese un fantasma y no viera la energía que emanaban los seres vivos lo habría sabido enseguida.
Sin embargo no fueron ellos los que captaron la atención de sus ojos sino una clara energía de un color tan blanco que lo cegaba como la nieve recién caída golpeada por la luz del sol.
Sin embargo enseguida se le pasó y pudo contemplar al ser que la emanaba.
Era una muchacha.
Que no parecía pasar de los quince años pero que dada la energía que la rodeaba debía tener unos diecisiete más o menos.
De piel pálida y delicadas facciones que bien podrían haber pasado por modelas en una muñeca de porcelana sin embargo lo que de verdad atrajo su atención fue su cabello.
Blanco inmaculado como la energía que rodeaba a la muchacha estaba recogido en un medio recogido que había visto en Lea un millón de veces tiempo a atrás cuando eran niños y obviamente estaban vivos.
El la observo más atentamente y entonces lo vio.
Aquella energía que emanaba la joven era pura tanto que él no podía creer que pudiese existir un ser humano que la poseyera sin embargo también era triste.
Profundamente triste.
Y aquello fue más que suficiente para que el considerase a aquella joven interesante.
………………………………………….
Observaba nuestra nueva casa con indiferencia; era grande para mi gusto pero perfecta para el gusto del que la había escogido.
En otras palabras para el gusto de mi tío Marín que disfrutaba escogiendo enormes mansiones en vez de casas normales aunque dada su personalidad nos preocuparíamos si algún día escogiera una casa de menos de ciento ochenta metros cuadrados.
Suspire levemente, mi tío jamás aprendería la lección.
¿Acaso no sabía ya que aquellas enormes mansiones antiguas solían venir con viejos inquilinos incluidos?
-Azahar- llamo suavemente mi padre haciendo que desviase la atención de nuestra nueva enorme mansión sin inquilinos no deseados; al menos a primera vista.
-Si padre- conteste mirándole inquisitivamente.
El sonrió divertido ante mi mirada y se acerco posando una mano sobre mi cabello y revolviéndolo cariñosamente.
-¿Qué te parece? Aun podemos cambiar de idea e ir a la siguiente- comento mirando la casa con cierta sospecha en su mirada.
-No, esta vez no hay problema aunque algo me dice que nos va a costar un poco arreglar todos sus desperfectos y mantenerla limpiar- conteste divertida con solo imaginar la escena.
Si mi tío se enteraba de que lo estaba imaginando vestido con un uniforme de criada, un plumero en una mano y una fregona en la otra se escandalizaría eso y que posiblemente dejaría sordo a medio vecindario del grito que soltaría.
-Si en eso tienes razón pero esta vez cierta persona no se librara de ayudar- dijo aumentando el volumen de su voz para que mi tío lo oyese perfectamente bien.
Observe como mi tío quedaba tieso por un momento para posteriormente hacerse el sueco; mi padre lo miro con los ojos entrecerrados y sonrió malévolamente.
-Ve explorando el lugar azahar yo tengo unos asuntos que arreglar con tu tío- comento aun con esa siniestra sonrisa en el rostro.
Yo sonreí nerviosamente observando cómo algunos vecinos se quedaban mirando la siniestra expresión de mi padre y a mí por mis peculiares tonalidades por lo que me decante por aceptar la sugerencia de mi padre y salí pies en polvorosa al interior del recinto en el que se encontraba la mansión encontrando refugio tras los altos muros de piedra que la rodeaban.
Suspire aliviada de poder librarme de miradas ajenas y me senté contra el muro observando la parte trasera de la mansión que tenía delante.
Ni si quiera entrando por la parte trasera nos habíamos librado de los espectadores indeseados.
No me gustaba nada que me mirasen fijamente me hacía sentir incomoda sobretodo dado el hecho de que las miradas de aquellas personas me transmitían sus intenciones, sus sueños, sus anhelos mas ocultos tanto que ni ellos mismo sabían de su existencia.
Podían llamarme de muchas formas distintas.
Una médium, una bruja, una psíquica había muchas formas de decirlo.
El caso era que podía ver más allá de la superficie de las cosas y podía ver, tocar y escuchar.
Me estremecí.
El poder ser tocada, vista y oída eso era lo que de verdad daba miedo.
Yo no tenía la cuenta de con cuantos fantasmas me había topado en mis casi dieciocho años de vida, ni tenía la cuenta de cuantas veces había resultado mal parada por ello.
Sin embargo si tenía la cuenta de todos y cada uno de los fantasmas a los que había ayudado.
Era una sensación extraña y cálida que se expandía por tu cuerpo.
Casi como si te estuvieran diciendo:
`` Gracias por todo nos veremos pronto en un lugar mejor ´´
Cerré mis ojos y alce el rostro al cielo dejando que los rayos de sol calentasen mi piel dándome la agradable sensación de paz que pocas veces lograba sentir.
Aquel lugar estaba tan en paz.
Después de todo quizá pudiera encontrar mi hogar en aquella enorme mansión pensé dejando que una leve sonrisa surcase mi rostro mientras escuchaba los lejanos gritos de mi padre y mi tío.
Seguramente ya estaban dentro de la casa peleando por quien escogía el mejor dormitorio o algo por el estilo.
Abrí los ojos.
Me sentía observada una sensación nada nueva para mí pero que fue más que suficiente para que me alzase de donde me había sentado y usando los adornos del muro me izase hasta la cima de este fijando mis ojos en la mansión de enfrente cuyo segundo piso sobresalía por encima de los muros de piedra que la rodeaban.
Era por lo menos el doble de grande que la nuestra por lo que no debía estar a la venta dado que de haberlo estado mi tío la habría elegido sin dudarlo dos veces.
Y su inquilino no habría estado muy contento.
Le observe intensamente haciéndole saber que lo estaba viendo con total claridad sin embargo el no pareció darse por aludido.
Parecía muy concentrado observándome.
Y era el fantasma mas colorido que había visto en toda mi vida.
Yo podía verle con total claridad el era hermoso y muy joven; nunca me había topado con un fantasma que se viera tan joven.
El debía tener más o menos mi edad cuando murió.
Parpadee observando aquellos cabellos rojos caoba un tanto más claros que los de mi tío caer fantasmalmente revueltos sobre sus hombros y los ojos de un verde intenso.
Pero había algo que opacaba la belleza de aquellos ojos.
La tristeza; una profunda y aguda tristeza que yo conocía bien.
Aquella tristeza era la tristeza de un alma encadenada al mundo de los vivos por largos años sola consigo misma.
Cerré los ojos y suspire con tristeza.
Aquella alma sentía una profundad soledad que difícilmente podría disolverse hasta el día en que fuera liberada de su condena y pudiera descansar en paz.
-¿Qué se supone que haces allá arriba?- pregunto mi tío severamente haciendo que yo me volviera a mirarle y sonriese levemente.
-¿admirando las vistas?- dije inocentemente haciendo que el frunciese mucho el ceño.
-Azahar- dijo severamente.
Yo suspire levemente y le dedique una última mirada a aquel espíritu que en esa ocasión pareció consciente de que lo estaba viendo tan bien como él a mi antes de mirar hacía mi tío y dejarme caer a sus brazos extendidos.
-Sabes que hacer esas cosas no es bueno para ti hace apenas unas semanas que saliste del hospital así que compórtate o haré que te vuelvan a ingresar- me riño suavemente mientras posaba mis píes en el suelo lentamente.
Yo guarde silencio y eche a andar hacía la casa haciendo como si él no existiera.
Quizá fuese un comportamiento un poco infantil pero yo no necesitaba que él me recordara lo débil que era y lo delicado de mi situación.
Aquellos casi dieciocho años de vida me habían bastado para saber cual era esta.
Nadie sabía que enfermedad era la que padecía lo único que habían descubierto es que tarde o temprano ella acabaría con mi vida.
Seguramente más temprano que tarde.
Por mucho que mi padre y mi tío se esforzaran por muchos médicos que visitásemos, por muchas pruebas que me hicieran la muerte seguía bailando el vals en torno a mí esperando el momento para llevarme con ella.
Yo lo había aceptado, solo deseaba vivir lo que me quedase de vida como quisiera hacerlo.
Quería poder subir a los árboles, bailar, ir a la universidad, ser una chica normal por una vez aunque supusiera abandonar antes el mundo; porque a fin de cuentas de que me servía estar unos cuantos años más viva si no los vivía.
Mi padre lo había aceptado.
¿Por qué él no podía hacerlo?
Yo les amaba a ambos y daría lo que fuera por poder seguir viviendo por darles esa felicidad de verme crecer, enamorarme, tener hijos.
Daría cualquier cosa por poder tener aquello y que ellos pudiesen verlo.
Pero los tres sabíamos que por mucho que lo deseáramos no sería posible; había pasado lo mismo con mi madre.
Solo que ella había tenido unos cuantos años más que yo y no había presentado signo de aquella enfermedad durante su juventud.
Ella misma lo había dicho.
No hay cura, no opción; todas y cada una de las mujeres de esta familia.
Nosotras no estamos hechas para este cruel mundo.
Pero yo no creía que el mundo fuese el lugar cruel y malvado que ella creía que era cuando hablaba de él.
Yo aun creía en el mundo y en los seres que lo habitaban.
Estaba convencida de que aprenderían de sus errores y que aquel mundo era el lugar más maravillo para vivir pero yo no iba a poder ver aquel cambio en el mundo porque para esos entonces yo ya no estaría viva.
Me estremecí de tristeza.
Cuanto deseaba poder vivir, cuanto lo deseaba pensé derrumbándome en los rápidos brazos de mi tío.