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Historia 58713 — capítulo 4

Ahora su pasatiempo se había convertido en observar a aquella muchacha atravesando incluso los muros con la mirada.

No es como si tuviera nada mejor que hacer además le intrigaba.

Sobre todo por el hecho de que en un par de ocasiones ella lo había mirada directo a los ojos.

En aquellas ocasiones casi podía llegar a creer que aquella joven lo estaba viendo pero eso simplemente no era posible por lo que había dejado aquella absurda idea.

El había observado bastante impresionado como el resto de jóvenes del barrio la daban de lado en casi todo excepto unas pocas ocasiones en las que alguno iba y se sentaban junto a ella en el jardín y hablaban alegremente.

No entendía como se atrevían a tratarla de esa forma.

Aquella muchacha era el ser mal dulce y bueno que jamás había visto.

Ya había perdido la cuenta de la veces que la había visto a ayudar a alguien sin esperar nada a cambio o como cuidaba el jardín de la mansión y los animales a los que acogía.

Además ella rezumaba simpatía por todos los poros de su ser.

Simplemente no lo entendía.

El nunca habría dejado de lado a una persona así cuando estaba vivo.

Es más seguramente habrían sido grandes amigos.

Le encantaba aquella mirada inocente e ingenua, ella parecía algo así como una niña pequeña en el cuerpo de una mujer y sin embargo había ocasiones en las que dejaba ver una madurez y una profundidad extraordinarias.

El habría deseado poder conocerla cuando aún estaba vivo.

Pero obviamente eso no era posible; suspiro suavemente y fijo su vista en la habitación de ella.

Que para su felicidad estaba justamente frente a la suya y la observo mientras permitía que el que parecía ser su padre le cepillase el largo y blanco cabello.

La observo con más intensidad que de costumbre.

Había algo extraño en ella parecía estar débil y su energía se mecía en torno a ella en ademanes protectoramente inquietos.

Y entonces ocurrió nada más ponerse ella de píe su mano se fue sobre su corazón y un segundo después se había derrumbado en los brazos de su padre que grito fuertemente mientras le inyectaba algo en el brazo.

El observo la escena con pesar preguntándose si aquella joven iba a morir y observando como el hombre pelirrojo entraba en la habitación con el teléfono en la oreja.

El pudo ver con infinita tristeza como la ambulancia se la llevaba junto con su padre seguida de aquella deslumbrante energía blanca palpitando como desesperada.

Desesperada por vivir comprendió con tristeza.

…………………………

Observe como mi tío hablaba con los médicos y seguidamente me dedicaba una amplia sonrisa que decía con toda claridad ``victoria´´ antes de que los medico se aceran a mi dándome el visto bueno para dejar el hospital.

Suspire suavemente.

No me gustaba nada estar en el hospital me resultaba agobiante.

Ni que decir tiene que el sitió estaba lleno en su mayoría de sentimientos de profunda tristeza y dolor excepto la zona de maternidad.

Esa zona me gustaba aunque la verdad no podía entender como las mujeres venían a dar a luz a un sitió tan desagradable como lo era un hospital; es decir yo sabía que ellas no veían a los fantasmas que a veces se quedaban deambulando por allí y que tampoco sentían el pesado ambiente en el lugar pero aun así se me hacía incomprensible.

-Me debes una- comento mi tío acercándose a la cama llevando consigo una silla de ruedas que yo mire un tanto disgustada a pesar de mi rostro inexpresivo para después observar la severa mirada en los ojos de él.

-Lo podemos solucionar con un pastel de manzana- conteste extendiendo mis brazos hacía el que sonrió ampliamente mientras me alzaba en brazos y me sentaba con cuidado en la silla.

-Está bien pero quiero doble ración- contesto cual niño pequeño haciéndome sonreír levemente mientras salíamos del hospital y yo observaba el cielo pensativamente.

Cerré los ojos disfrutando de la suave brisa que traía el anochecer mientras mi tío silbaba animadamente y echaba descaradas miradas a las jóvenes enfermeras en prácticas que se marchaban ya a sus casas las cuales no sabían si gritarle ofendidas o caer rendidas a sus píes.

Sonreí de medio lado; así era mi tío.

El adoraba a todo el género femenino sin excepción alguna; lo que para mi desgracia me incluía en la lista de adoración.

Aun recordaba cuando de pequeña él me traía esos vestidos antiguos y me hacía ponérmelos para poder pintarme, fotografiarme y esculpirme.

Si, se podía decir que mi tío podía ser realmente agobiante si eres del género femenino.

Aunque la verdad cualquier mujer con ojos en la cara se lo quedaría mirando aunque solo fuera por un segundo porque a pesar de su prominente defecto él era un hombre apuesto por decir poco.

Su piel era casi tan pálida como la mía y sus facciones aunque claramente masculinas eran igual de marcadas y luego estaba su cabello de un ardiente rojo caoba normalmente cayendo sobre sus hombros sin orden ni concierto.

Y eso por no hablar de sus ojos de un profundo azul cielo que hacía que cualquiera se lo quedase mirando.

El era un hombre realmente apuesto y eso en momentos como este era molesto pensé abriendo un ojo y observando al grupo de desvergonzadas jóvenes que nos rodeaba.

-¡Qué dulce!- exclamo una de ellas fijando su vista en mi y sonriendo de forma terriblemente sospechosa.

Yo enarque una ceja y sentí que se me subían los colores.

¡Por todos los cielos yo no bateaba para ese lado! ¡Maldito tío adora mujeres sácame de aquí! pensé espantada por la mirada de la mujer y sus nada sanos pensamientos.

Haber, yo respetaba a los homosexuales, aquella era su decisión y el amor no entendía de sexo, edad, religión o color pero aquello era demasiado para mí.

Quizá estaba un poco sensible después de estar un mes en el hospital expuesta a todas aquellas energías y muertes pero fuera por lo que fuese no podía aguantarlo ni un segundo más.

-¿Es tu hermanita?- pregunto una joven enfermera a la que reconocí rápidamente.

Ella había sido muy amable conmigo; era un joven que hacía poco había entrado al hospital y cuidaba a los niños enfermos de cáncer a los que yo había estado visitando en mis pequeños escapes de la zona privada y de mi habitación.

Ella era realmente buena; y adoraba a todos y cada uno de esos niños.

-Es mi tío- conteste yo antes de que mi tío se atreviera a decir que sí.

-Clara, ¿puedo pedirte un favor?- pregunte haciendo que ella me mirase sorprendida y luego asintiese con una amplia sonrisa en el rostro mientras mi tío parpadeaba estupefacto ante lo que estaba viendo.

-Tú me llevarías a ver a Ana una vez más antes de irme, le prometí que me despediría- comente ignorando a mi tío que se había quedado con cara de bobo.

-Claro que si Az- contesto ella animadamente usando el pequeño sobrenombre que los niños me habían puesto.

Yo sonreí sin poder evitarlo y alce mi vista hacía mi tío.

-¿Vienes con nosotras o te vas a casa?- pregunte inocentemente consciente de que lo que estaba haciendo no estaba técnicamente bien, pero bueno mi tío necesitaba una mujer que le hiciera posar los píes en la tierra y yo no iba a estar siempre para hacerlo, además Clara era hermosa, dulce y bondadosa.

Ellos estaban hechos el uno para el otro yo podía verlo en sus corazones además de en el sonrojo de Clara y la cara de estúpido de mi tío.

-Os acompaño- contesto al fin tras unos minutos de tonto silencio y miradas de ``amor a primera vista´´

Yo sonreí para mí, mientras mi tío empujaba mi silla de ruedas y Clara camina a su lado un tanto cohibida.

-¿Eres artista?- pregunto tímidamente cuando él le comento sobre los cuadros que hacía de mí y yo miraba para otro lado avergonzada.

-Así es, tengo unas cuantas tiendas y exposiciones por todo el mundo, Azahar es verdaderamente famosa- dijo riendo entre dientes cuando la sangre se agolpo en mis mejillas y alce mi vista para fulminarlo con la mirada.

-¿Y de quien es la culpa demonio pelirrojo?- resople haciendo que Clara nos mirase divertida.

-¿Demonio pelirrojo?- pregunto ella, curiosa, haciendo que las mejillas de mi tío rivalizasen con su propio cabello.

-Azahar- suplico con ojos de cachorrito y juntando sus manos.

-Así lo llamaba la abuela, ella le decía mi pequeño demonio pelirrojo, el es muy travieso incluso ahora- comente ignorando su suplica y haciendo que Clara riese suavemente dejando a mi tío embobado mirándola.

-Aunque es un buena persona y un maravillo tío… dejando de lado por supuesto su adoración por usarme de modelo- dije añadiendo lo último para que el quitara su emocionada mirada de mi.

-¡Az!- saludaron los niños interrumpiendo lo que sea que mi tío iba a decir.

-¿Ya te vas?- pregunto el más pequeño con su ceño levemente fruncido.

-Si pero no es preocupéis os llamare todo los días- dije guiñándoles un ojo mientras hacía avanzar la silla de ruedas por mi misma dejando así a Clara y a mi tío solos en un rincón, de forma estratégica, mientras los niños me acompañaban a la habitación de Ana.

Contuve las ganas de echarme a llorar mientras avanzábamos.

Aquellos niños hacían que algo dentro de mí llorase y gritase al cielo furioso por el cruel destino impuesto a aquellos que verdaderamente merecían vivir, como aquellos pequeños niños que enfrentaban la enfermedad y la muerte con una enorme sonrisa en su rostro que jamás desaparecía.

Y yo sabía cuántos de ellos iban a morir próximamente.

También sabía que todos y cada de los niños que en ese momento me seguían riendo y jugando entre sí estaban destinados ya, a la muerte prematura.

Les sonreí a los pequeños cuando llegamos hasta aquella puerta.

-Id con el doctor pequeños- susurre haciendo que ellos me mirasen con los ojos muy abiertos y segundos después todos salieran corriendo cadauno a velocidad distinta según sus fuerzas.

Yo suspire apenada; ya había sabido que eso iba a ocurrir.

Entre en la habitación dejando que la puerta se cerrase tras de mí y maniobre con la silla de ruedas hasta quedar justo al lado derecho de la cama.

Ana apenas tenía quince años y en ella yo había visto mi propia sombra.

-Az… has venido- susurro dejando caer una lágrima de felicidad y de miedo por lo desconocido que ahora la llamaba y la esperaba.

-Te lo prometí- susurre yo, observando cómo las lágrimas se deslizaban por sus mejillas amargamente.

-No me dejes sola… no quiero estar sola- murmuro haciendo que rápidamente me alzase de la silla de ruedas y me sentase en el borde de su cama, tomando su mano entre las mías.

-No te dejaré, Ana- susurre posando mi frente sobre la de ella que clavo sus ojos castaños en los míos y una sonrisa se abrió paso en sus labios.

Yo se la devolví, consciente de las lágrimas de dolor que bajaban por mis mejillas y las de felicidad y paz que surcaban las de ella mientras miraba en lo profundo de mis ojos, como si en ellos viese algo que la colmara de paz y seguridad.

-Eres un ángel- me murmuro - el ángel que me trae mi luz- dijo suavemente dejando ir su último suspiro mientras con su mano libre acariciaba mi rostro y las maquinas a las que estaba conectada empezaban a pitar furiosamente.

Observe sus ojos cerrarse y su rostro llenarse de paz.

Y solo entonces permití que mis ojos se cerrasen y las lágrimas corriesen libres del todo en suaves gemidos de dolor.

-Dulces sueños pequeña Ana- murmure alzando mi vista con ojos llorosos ante el brillante espíritu que me sonreía felizmente antes de desaparecer en miles de pequeñas chispas blancas.