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Historia 58713 — capítulo 5
No llegaron a tiempo pero yo sabía que no habría habido diferencia de llegar antes los médicos.
No; la pequeña Ana habría muerto de igual forma.
Y así al menos ella no se había ido sola; estaba alegre, triste y furiosa a una misma vez.
Alegre por que había hecho feliz a Ana en su partida, triste porque ella no había vivido y no viviría para ver el futuro y furiosa por no poder hacer nada para evitar esas muertes injustas.
Apenas había llorado su muerte.
Ni si quiera sabía que estaba haciendo en su funeral, no sabía por qué su familia me había pedido que fuese y no sabía por qué en esos momentos tenía a Clara entre mis brazos llorando contra mi pecho mientras todos se acercaban a dar el último adiós a Ana.
Cerré los ojos y tome aíre, alzándome con esfuerzo de la silla de ruedas para sorpresa de todos los presentes, incluida Clara que entre sollozos trato de que volviera a sentarme.
Yo fije mis ojos en ella dulcemente y acaricie su cabello.
-Está bien Clara, yo siempre he podido andar por mí misma, ahora vayamos juntas y despidamos a la pequeña- susurre en su oído haciendo que ella me mirase fijamente, se alzase del suelo donde había estado arrodillada hasta el momento y asintiese.
-Gracias- murmuro mientras pasaba una mano sobre mis hombros ayudándome a caminar hasta donde estaba el ataúd a punto de ser cerrado.
Vi como su labio inferior temblaba ante la visión del tranquilo rostro de la que había sido una alegre niña de quince años y cerré mis ojos un instante antes de sonreír dulcemente.
-Ella no habría querido que llorásemos de dolor… ella quería que llorásemos de alegría y sonriésemos por ella, por que ahora está en paz, así que sonriamos para ella, digámosle adiós con una sonrisa para que descanse sabiendo que todos los que ama estarán bien- dije suavemente provocando suaves sollozos en la madre y la abuela de la niña que junto con sus tíos eran la única familia que parecía tener.
-Con una sonrisa, Ana, sonreímos para ti- murmuro su madre sonriendo a pesar de las lagrimas que recorrían su rostro.
-Tomaré ese trabajo Ana, le daré una oportunidad a Héctor y traeré a este mundo el hermano que siempre deseaste tener, te prometo que voy a ser feliz mi niña- murmuro cerrando ella misma la tapa de la ataúd.
Yo asentí suavemente y permití aunque sorprendida que la mujer se lanzase a mis brazos y se desahogara.
Donde quiera que estés se que estas sonriendo, dije para mí misma, sonriendo dulcemente al cielo donde las volutas de luz en las que se había convertido Ana relucieron antes de desaparecer del todo, llevándose consigo el rumor de la risa feliz de una muchacha que aunque no conocería la vida esta vez. Iba a regresar y vería el futuro con unos nuevos ojos.
……………………….
El observaba por la ventana como de costumbre mirando fijamente la casa de enfrente donde hacía poco había visto volver a aquella misteriosa muchacha y de la que en esos momentos salían los dos hombres de la familia.
Observo incrédulamente como ella los despedía alegremente con una mano.
No sabía cómo se atrevían a dejarla sola después de aquello que había presenciado el sin duda no lo haría.
Aunque claro, desde que estaba muerto no llevaba muy bien eso del tiempo que pasaba por lo que no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado desde que ella volvió, pero aun así le parecía algo irresponsable por parte de ellos.
La observo con detenimiento.
Ambos hombres se habían ido ya, pero ella seguía allí en el recibidor de entrada con parte de su rostro oculto por el cabello, parecía estar sumida en lo profundo de sus pensamientos, sin embargo un segundo después alzo su mirada y los ojos de ambos se encontraron haciendo que el saltase hacía atrás y se escondiera tras las viejas cortinas de la ventana, sobresaltado.
¿Acaso ella lo había visto?
¿Era aquello de verdad posible?
Simplemente no podía creerlo; no era posible que aquella chica lo viese así de simple.
Y sin embargo el lo había sentido con total claridad.
Ella había escrutado en su mirada.
Era demasiada casualidad que hubiese fijado sus ojos de esa forma justamente donde estaban los suyos como si mirase a los ojos de otra persona escrutadoramente.
Pero no era posible, se repitió riñéndose a si mismo por haberse apartado de esa forma de la ventana.
El era un fantasma y nadie lo podía ver, se dijo a si mismo mientras volvía a la ventana y se asomaba precavidamente ganándose otra tanda de riñas de sí mismo.
Eres un fantasma no tienes que asomarte precavidamente, nadie te ve, se dijo observando como en el exterior estaba amaneciendo.
En verdad se le daba mal llevar el tiempo pensó sin sorprenderse demasiado por el cambio de escenario mientras observaba el lugar donde ella había estado sin embargo algo hizo que dejase eso de lado y se girase sobre si mismo indignado.
Alguien había entrado en su casa.
Frunció se ceño y atravesó el suelo dejándose caer justo en la sala donde contemplo algo sorprendido la melena blanca que tenía justo frente a él.
Sin embargo el no quería a nadie en su casa y la palabra nadie la incluía a ella.
Por lo que cuando ella se acerco con curiosidad a uno de los bultos tapados con sabanas y lo desprendió de esta mostrando un espejo, él se posiciono justo tras ella, permitiendo que su reflejo quedara claramente reflejado en el.
Sin embargo ella no se volvió alarmada tal y como había esperado.
Simplemente observo su reflejo por unos instantes, pensativamente, antes de girarse y mirarlo directamente a los ojos dedicándole una dulce sonrisa que lo dejo estático.
-Hola, ¿Cómo te llamas?- pregunto haciendo que saliese de su atontamiento y el pánico se apoderase de él, desapareciendo de la sala y buscando refugio en su habitación.
-¡Espera! No quiero hacerte daño, solo quiero hablar contigo- llamo ella haciéndolo estremecer.
Ella lo llamo unas cuantas veces más y luego guardo silencio.
-Está bien yo no te voy a obligar a hablar si no quieres- dijo suavemente.
El permaneció callado e instantes después sintió su presencia abandonar la casa, se asomo precavidamente a la ventana, y la miro mientras ella empezaba a alzar sus manos para trepar por el muro de la mansión.
Ella parecía realmente fatigada y su respiración se veía agitada.
E inmediatamente se sintió culpable por ello.
-Lo siento- murmuro observando sorprendido como ella se detenía quedando estática por un momento y luego girándose, alzando su vista hacía la ventana en la que estaba el.
Lo miro divertida y le dedico una amplia sonrisa que decía claramente:
`` No pasa nada´´
-¿Volverás?- murmuro, observando como ella ampliaba su sonrisa y asentía, antes de dirigirse lentamente hacía la ventana de la cocina que había usado para entrar pero él se la cerro antes de que la tocara y se apareció al otro lado de la ventana señalando con su mano en dirección a la puerta la cual abrió para ella impidiendo así que hiciese otro esfuerzo más.
Ella lo contemplo unos instantes, y luego se dirigió hacia la puerta traspasándola y observando como él la cerraba tras de sí y descorría una vieja silla para ella que la acepto con una leve sonrisa.
-Yo soy Azahar- se presento suavemente mientras normalizaba su fatigada respiración
El la observo pensativamente durante unos instantes y luego le respondió la sonrisa sin poder evitarlo.
Aquella extraña sensación.
Era como cuando Lea lo hacía sonreír pero mil veces más fuerte y le estaba llenando de calidez, como si el volviera a estar vivo.
-Yo soy Lavi- contesto observándola con atención grabándola en su mente a fuego ahora que la tenía cerca.
-Encantada de conocerte, Lavi- contesto ella observándolo durante unos instante sin inmutarse por su intensa mirada recorriéndola, hasta que minutos después empezó a observar a su alrededor con curiosidad.
-Perdona si antes te sobresalte no era mi intención- comento ella volviendo a centrar su atención en el, que salió de su atontamiento y negó con la cabeza posando su mano en el cabello de ella y acariciándolo sin saber exactamente como.
-No importa… fui un poco estúpido- contesto sonriendo levemente.
Ella sonrió divertida y para sorpresa de él acerco su mano hasta su rostro y la poso en el haciendo que se quedase estático.
Ella lo estaba tocando.
Y podía sentirlo; podía sentir el calor que desprendía su mano contra su mejilla.
Dejo escapar todo aquel aire que en realidad no necesitaba, y la miro fijamente, completamente chocado mientras ella le sonreía dulcemente.
-Yo puedo ver, yo puedo escuchar, yo puedo tocar- le susurro suavemente.
-Lavi…. ¿Por qué estás aquí? No eres el tipo de espíritu que suele quedar estancado- murmuro con suave delicadeza.
El cerró los ojos y desapareció quedando solo en su habitación, sintiendo como el calor desaparecía de él lentamente.
-En otra ocasión, ahora ve a descansar- murmuro escuchando con claridad como ella suspira suavemente y salía de la casa.
Se asomo a la ventana y la observo cruzar la calle hacía su propia casa, hasta que llego a la puerta de esta y la abrió, sentándose en la silla de ruedas que al parecer había dejado en el recibidor antes de dirigirle una mirada a él y sonreírle ampliamente.
El cerró los ojosa la misma vez que ella cerraba la puerta de su casa y un segundo después se encontró en aquel lugar que tantos escalofríos le daba.
Justo frente a la tumba de su padre donde también reposaba su cuerpo.
Escuchando retumbar sus palabras dentro de él una y otra vez.
``Yo puedo ver, yo puedo escuchar, yo puedo tocar´´
Quizá aun había una chispa de esperanza pensó esbozando una sincera sonrisa y desapareciendo del lugar.