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Historia 58713 — capítulo 6

Desde aquel momento ella iba todos los días a visitarlo.

No hablaban mucho.

Sin embargo el agradecía la compañía y aquellos breves roces que le hacían recordar cómo era la vida.

La observo llegar con una sonrisa, y abrió la puerta para ella, que entro y paso con familiaridad alzándole una mano a modo de saludo mientras pasaba a la sala y se sentaba sobre la vieja alfombra con la espalda apoyada en la pared.

Saco un cuaderno de la mochila que últimamente traía con ella y lo abrió mientras tomaba un lápiz del recogido de su cabello, el cual cayo libre sobre sus hombros sin que ella le prestara atención alguna.

-¿Por qué tienes el cabello blanco?- pregunto, picado por la curiosidad, haciendo que ella alzase su mirada de lo que estaba haciendo para mirarlo.

Ella no estaba sorprendida de que se hubiese decidido a hablarle, o al menos no lo parecía pues simplemente le sonrió.

-Dicen que es un desorden genético- explico encogiéndose levemente hombros mientras él la observaba pensativo.

-Yo no creo que sea un desorden genético- comento observándola.

Ella le sonrió divertida y cerró su cuaderno dejándolo a un lado mientras le observaba pensativamente.

-Eso es porque eres un chico muy inteligente- comento sonriendo levemente mientras se colocaba un mechón de cabello tras la oreja.

-¿Por qué lo tienes blanco?- pregunto de nuevo observando su pensativa y distante mirada.

-Es una vieja historia que ha pasado de generación en generación entre las mujeres de nuestra familia- comento ella alzando su vista al techo.

-Me encanta las historias- comento el sentándose en el suelo frente a ella con cara de niño ilusionado.

Ella río entre dientes y fijo su vista en la lámpara de cristal que pendía del techo, observando sus tristes y opacados destellos mientras buscaba una forma de empezar aquella vieja historia.

-Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo había una joven mujer que más que nada en el mundo deseaba tener hijos, sin embargo, por algún motivo ella era incapaz de concebir y por la tanto de cumplir su deseo.

-Por ello, una noche en la que su marido dormía profundamente salió de su casa y camino en noche profunda, sin luna en los cielos, solo con las estrellas como guía se interno en lo profundo del bosque. Cantando sus penas al viento, buscando que llegasen a los oídos del cielo y este escuchase sus suplicas y se apiadase de ella.

-Así la mujer camino y camino por el bosque, hasta que perdió el rumbo y se abandono a su suerte aun rogando al cielo por el deseo de ser madre.

-Fue entonces casi sin darse cuenta, que la mujer cayo dormida.

El la miro fijamente, esperando ansioso que continuase hablando, pero ella parecía sumida en lo profundo de sus pensamientos pues su ceño se frunció levemente y sacudió la cabeza antes de mirarlo y sonreírle avergonzada.

-Perdona me distraje- murmuro ella antes de volver a su reflexiva expresión de antes esa vez observando un indeterminado punto frente a ella.

-Cuando ella despertó se encontró en las orillas de un calmado lago que reflejaba con fuerza la luz de las estrellas, y justo en mitad de aquellas calmadas aguas, había una columna blanca como la nieve, labrada delicadamente con antiguas y desconocidas inscripciones.

-La mujer observo aquello, arrodillada con la cabeza sobre el agua, y empezó a llorar amargamente. Dejando que sus lágrimas se unieran a las aguas del lago.

-Entonces llamado por el dolor de la joven mujer, una figura de aterciopeladas alas se acerco a ella, la tomo por los hombros y la alzo hasta ponerla en píe. Antes de limpiarle con delicadeza las lagrimas que surcaban sus mejillas y empañaban sus ojos.

-Aquel ser le sonrió con dulzura posando una mano en su vientre y otra en su frente ``concederé tu deseo mujer´´, le dijo suavemente, antes de hacer que cayera dormida nuevamente- murmuro ella antes de detenerse y fijar sus ojos en los de él.

-Ella no era estéril, era su marido el que no podía tener hijos- comento el observando como ella asentía levemente.

-Aquel ser la tomo mientras ella yacía dormida, y después la llevo a su casa, dejándola en la cama junto a su marido antes si quiera de que este notara su ausencia.

-Y cumplió su promesa, ella había quedado embaraza y tubo una saludable niña, sin embargo alguien vio lo que aquel ser hizo.

-Una bruja cuyo amor recaía en aquel misterioso ser, y que despechada se dejo dominar por la ira, lanzando una mortal maldición sobre la recién nacida criatura. Sin embargo su maldición no funciono como ella deseaba, pues a la vez que ella la maldecía aquel ser que era su padre la bendecía.

-Y como consecuencia de aquella maldición el cabello de la niña se torno blanco- termino el por ella haciéndola sonreír levemente.

-Así es, los cabellos de la niña y los de todas y cada una de sus descendientes, en realidad solo es una vieja historia, mi abuela por ejemplo decía que aquel ser había sido un ángel y mi bisabuela decía que la madre de la niña era una bruja blanca y que por ello el ángel se intereso en ella, es probable que haya alguna verdad en esta vieja historia pero también hay mucha fantasía añadida de generación en generación- comento encogiéndose levemente de hombros.

-A mí me parece una historia fascinante, quizá aquella mujer si era una especie de bruja y por eso puedes verme- comento pensativamente.

-Es posible- admitió ella observando divertida su pensativa y fascinada expresión.

-Te gustan las historias- dijo divertida haciendo que él la mirase con una gran sonrisa en el rostro.

-Me gusta la historia, sobre todo aquella que esta oculta- contesto haciendo que ella sonriera de medio lado.

-Tengo muchas historias antiguas- comento haciéndolo mirarla emocionado.

Lo cierto es que el hecho de poder volver a disfrutar de una historia aunque fuese otra persona la que se la tuviera que contar por que no podía leer le había fascinado.

Lo había hecho sentir verdaderamente bien.

-Te contaré todas las que quieras- dijo ella sonriendo ampliamente de forma que el devolvió la sonrisa y se preparo para más.

Y los días pasaron uno tras otro, entre historias, risas y animadas charlas.

El sentía el calor volver a su interior y cuando miraba su reflejo podía ver que sus ojos habían recobrado la alegría perdida.

Casi parecían vivos.

Sin embargo no lo estaban y el destino se lo recordaría de la forma más cruel.