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Historia 58713 — capítulo 7

Sabía que Lavi me estaba observando fijamente, pero estaba acostumbrada a que hiciese eso cuando se metía en sus pensamientos, por lo que simplemente le ignore y seguí haciendo suaves trazos en mi cuaderno.

Entrecerré los ojos.

En verdad comprendía que aquello no estaba bien.

Yo debería estar tratando de ayudarlo; yo quería ayudarlo. Romper esas cadenas que lo ataban a la casa y al mundo de los vivos sin embargo al mismo tiempo una parte de mi no lo deseaba.

Esa parte lloraba de dolor solo con pensar en perderlo.

Pero yo tenía que hacerlo.

Lo había pospuesto mucho desde aquel primer día; yo solo había querido que él se adaptase a mí, que confiara lo suficiente para responder mi pregunta y de esa forma contestarme aquella incógnita primordial si quería liberarlo.

¿Pero sería capaz de formularla de nuevo?

Me sentía malvada por estar posponiendo aquello solo por mis sentimientos encontrados.

El no merecía sufrir más tiempo de condena por una estúpida indecisa que no tenía más amigos que él.

Un fantasma atado a la vida.

Cerré los ojos del todo molesta conmigo misma por la marea que había en mi interior, sobre todo cada vez que pensaba en lo que debía hacer.

En lo que ya debería haber empezado a hacer.

Es decir, hacía mucho que Lavi confiaba en mí lo suficiente como para decirme por que seguía atado a la vida, aun en muerte.

Porque en verdad él no era del tipo de almas que quedaban estancadas.

No.

El era la clase de hombre que no temía el camino que tenía delante aunque lo condujese por sendas desconocidas jamás antes vistas.

Por ello yo no comprendía que hacía el aquí.

El no debería estar penando atado a la vida; a aquella vieja mansión abandonada a su suerte.

No, él debería haber seguido adelante con el mismo aplomo y valentía que yo podía ver en su interior.

Sin duda él era la persona a la que mejor podía traspasar con mis poderes.

Me era tan sencillo llegar hasta lo más profundo de su ser, que solía evitar mirarlo a los ojos mientras él me miraba a mí y aislaba mi mente todo lo posible rechazando aquel contacto tan intimo.

-Estas preocupada por algo- afirmo el, sacándome del torrente de pensamientos que me había estado arrastrando para volver a la realidad.

En aquella mansión, sentada sobre la vieja alfombra con la espalda apoyada en la pared, el lápiz entre mis dedos y el cuaderno sobre mis rodillas.

-¿Preocupada?- cuestione casi para mí misma mientras sonreía breve y tristemente.

-Si, siempre que algo te está preocupando pierdes la mirada de esa forma- contesto haciéndome ampliar mi triste sonrisa y bajar la vista a lo que había estado dibujando.

Como todo desde la primera vez que le vi desde el muro de mi propia casa, tenía que ver con él.

Porque desde que vi aquel colorido espíritu me atrajo como un imán.

El estaba triste porque estaba condenado a la vida en muerte; encadenado fuertemente a aquella casa sin poder avanzar hacia delante como de seguro anhelaba su corazón.

Sin embargo.

El me había parecido más vivo que cualquier humano frente a mí.

Con esa vibrante energía rojiza en torno a él y sus ojos esmeraldas brillando vivazmente a pesar de la tristeza, yo misma sabía que por un instante lo había tomado por vivo.

Por un joven que me estaba observando.

-Az sabes que puedes contarme lo que sea- comento el - yo te apoyare- aseguro haciendo que yo bajase aun más la vista permitiendo que mis cabellos ocultasen la mayor parte de mi rostro.

Consciente de cuan preocupado estaba el.

-Lavi… yo lo siento tanto… perdóname- susurre sin poder evitar que las lágrimas rodasen por mis mejillas una tras otra, haciendo que el se alármese, y rápidamente se arrodillase frente a mi asustado.

-¿Az?, ¿dime que te pasa? ¿te duele algo? ¿Por qué te disculpas? Tu no me has hecho nada malo más bien es el contrarió- dijo atropelladamente consiguiendo que yo alzase mi vista y fijase mis ojos en los suyos.

-Yo debería estar ayudándote…. Debería haber roto las cadenas que te mantienen aquí… pero en lugar de eso te retengo egoístamente… soy una mala persona Lavi no me merezco tu amistad- murmure entre ahogados sollozos, dejando que mis cabellos ocultasen de nuevo mi rostro mientras las lagrimas seguían fluyendo y esperaba su reacción.

Pero yo no me había esperado aquello.

No me había esperado que me tomase por la barbilla de esa forma tan suave y dulce; y que sonriese de aquella forma mientras limpiaba mis lágrimas con dulzura y cariño.

Apartando mis blancos cabellos y pasando sus fantasmales dedos entre ellos con suavidad.

-Azahar es el nombre perfecto para ti, eres tan inmaculada e inocente como esas flores- susurro haciendo que quedase estática en el sitió, mientras el posaba un beso en mi mejilla y sonría ampliamente.

-En ningún momento me has retenido aquí, yo podría haber sacado ese tema en cualquier momento si en verdad lo deseara, tu sabes que no habría esperado a que tu lo hicieras, en realidad el egoísta aquí soy yo, por hacerte sufrir de esa forma- dijo suavemente, sonriendo aun de aquella manera mientras yo lo observaba y por una vez desde que empezamos a vernos cada día, fije mis ojos en los suyos directamente, sin cortar aquel extraño contacto ni que el hiciera nada por evitarlo.

Y yo sabía que lo sentía.

Todos los fantasmas lo sentían cuando yo escrutaba en ellos.

El no había dicho nada simplemente porque estaba feliz de no estar solo como antes y esa felicidad lo había opacado todo.

-Lo lamento Az, lo cierto es que perdí el rumbo, estoy feliz porque no estoy solo y eso es gracias a ti, pero en ningún momento me pare a pensar que tu pudieras liberarme, ni si quiera pensé en liberarme y mientras yo estaba tan feliz tú te comías en dudas por dentro, siento haberte hecho daño- murmuro antes de romper el contacto visual y sentarse con las piernas cruzadas justo delante de mí.

Ambos guardamos silencio.

Pero no uno de esos silencios tensos que cuanto más tiempo pasaba mas enturbiaban el aire.

No.

Aquel era un silencio natural y cómodo para ambos.

Puse medianamente en orden mi mente y encerré aquella marea de sentimientos que desataba la parte de mí que tanto deseaba con todas sus fuerzas retener a Lavi antes sonreírle.

El me devolvió la sonrisa como hechizado, y luego señalo una zona del suelo cerca del recibidor.

Yo la mire un instante y luego me alce llegando hasta ella en un par de pasos.

Mirándola fijamente, haciéndome estremecer.

Allí; había sido justamente allí donde había perdido su vida.

Me deje caer de rodillas y mi mano se poso temblorosa en aquella vieja mancha del suelo de madera.

Era sangre, yo sabía que era sangre.

Sabía que era su sangre.

La sangre de mí querido Lavi, que ya no corría por sus venas, porque le habían quitado la vida.

Parpadee una sola vez antes de que las cruentas imágenes se disparasen ante mis ojos, como una película de horror pasada a cámara rápida, presencie la muerte de Lavi y la de otra joven que seguramente fuese en aquellos entonces su novia.

Entonces las imágenes se cortaron y me encontré rodeaba por sus fantasmales brazos.

¿Cuándo había empezado a llorar de esa forma?

No tenía la menor idea, pero no me importaba lo mas mínimo, simplemente me deje caer contra lo que para cualquier otra persona habría sido aire, pero que para mí era su pecho.

El sólido pecho de un hombre.

Un hombre muerto, pero un hombre a fin de cuentas.

El me consoló y yo perdí la noción del tiempo estando entre sus brazos; se suponía que él estaba muerto.

Eran muchos los que pensaban que los fantasmas trasmitían frío.

Que ellos no respiraban y que de ninguna forma podía palpitar un corazón en su pecho si estaban muertos.

Se suponía que ellos no tenían corazón.

Pero yo sabía que no era así.

Era cierto que la mayoría de los fantasmas transmitían una a veces muy desagradable sensación de frío.

Que en personas sensibles solía transmitir, angustia, dolor, soledad, nostalgia y melancolía.

Pero yo había conocido a otros.

Otros que transmitían una cálida tibieza que te llenaba por dentro de paz y te impulsaba a seguir viviendo.

Pero nunca lo había experimentado a aquel nivel.

Era como si con Lavi todas las reglas que había conocido hasta el momento se rompiesen.

El era la excepción de la regla.

Yo había sentido la respiración de otros fantasmas ya fuesen cálidos o fríos y era tenue, etérea como venida de algún lejano lugar invisible, incluso para mis ojos que todo lo parecían ver.

Pero la de él.

La de él era distinta; completamente distinta.

Era más cálida, más fuerte, más vital, más cercana.

Su respiración parecía viva, la dulce respiración de alguien cuya cálida sangre aun corre por sus venas.

Y el palpitar de su corazón normalmente tan lejano, tenue y pausado.

Yo podía oírlo palpitar con fuerza en su pecho, como si en verdad estuviese ahí, transportando la sangre a todo el cuerpo de él.

Pero no tenía cuerpo físico.

El no tenía un corazón físico, el era un fantasma.

Yo podía tocarlo y él podía tocarme.

Siempre había sido así, yo podía tocar y ser tocada, pero dudaba que alguna vez hubiese sido a aquel nivel que había alcanzado justo en esos instantes con Lavi.

Porque siempre que yo había tocado o sido tocada por un alma.

Yo sabía que era lo que me estaba tocando, y lo que yo estaba tocando, yo estaba completamente segura de estar ante un fantasma atado a la tierra ya fuese ese espíritu benigno o maligno.

Pero Lavi me desconcertaba, yo ya no sabía decir si él estaba vivo o estaba muerto.

Deje rodar una última lágrima cargada de confusión por mi mejilla y me obligue a misma a calmarme.

-Ella cayo allí- murmure apartándome lentamente de él pero sin alejarme mucho del protector calor que desprendía, mientras mi mirada señalaba el punto justo donde cayó el cuerpo muerto de aquella joven.

El asintió levemente y me siguió cuando yo me acerque y me arrodille frente al lugar acercando mi mano en busca de los recuerdos que ella hubiese dejado marcados en aquel lugar donde acabo su existencia como Lea.

Pero no llegue a tocarlo si quiera.

Me giré en redondo poniéndome en píe y colocándome delante de Lavi protectoramente mientras mis ojos miraban furibundos al hombre cuyo rostro se escondía tras la capucha de una ancha sudadera.

-Lavi vete- ordene haciendo que él me mirase incrédulo.

-Pero…-

-Lavi el te ve perfectamente, en un ladrón de almas y los ladrones de almas devoran a sus presas- susurre mirando desafiante al hombre frente a mi, mientras Lavi se mordía su fantasmal labio, indeciso.

-Pero te puede hacer daño- musito haciendo que yo sonriese de medio lado.

-No; el no puede hacerme daño, ahora vete- le ordene, haciendo que él me mirase fijamente por un instante y una mirada compartida me dijese el único lugar al que podía el ir.

El lugar donde me esperaría y el tiempo que lo haría.

Diciéndome con total claridad que si tardaba más de eso vendría a buscarme sin importarle nada antes de desaparecer.

-Esa alma me pertenece muchacha,no te interpongas en mi camino- siseo el hombre haciendo que yo enarcase una ceja.

-Lo siento inmundo y depravado ser comedor de almas humanas pero aquí quien llega antes gana, el está bajo mi protección y lo librare de las cadenas que lo atan a este mundo antes de que tú puedas buscar la forma de cazarlo- conteste fríamente antes de pasar por su lado como si nada.

-No volverás a entrar en esta casa o te las veras conmigo caníbal- murmure al pasar a su lado alejándome de allí furibunda, pero lo suficiente cuerda como para procurar esquivarlo y que no me siguiese.

Aquel lugar era el único sitió seguro para Lavi en caso de que yo no pudiese proteger la casa de aquel tipo, así que por nada debía este enterarse de cual era ese lugar.

Cerré mis ojos.

Ya no había dudas; incluso aquella parte de mí que deseaba retener a Lavi con ella se había callado y cedía sumisamente ante el peligro que este corría.

No había otra forma de salvarle de aquel ser que había puesto su punto de mira en el.

Lavi debía quedar liberado de sus cadenas y avanzar.