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Historia 58713 — capítulo 8

Fui a pié al cementerio, dando gracias al cielo de que mi tío ahora prácticamente viviese en el hospital, para ser más específicos en el área de los niños enfermos de cáncer.

Sonreí levemente.

Al parecer no era tan mala celestina, dado que mi tío había caído en redondo ante Clara y ambos parecían auténticamente felices desde que mi desvergonzado tío adora mujeres le pidiese salir.

Además desde que estaban juntos ya solo tenía ojos para mí y para ella.

Y por suerte para mi ese trabajo que había aceptado en el hospital lo alejaba de la casa y de mi.

Suspire levemente; si mi padre o él se enteraban de que yo había ido a píe hasta el cementerio se enfadarían mucho.

Ni que decir tiene que el cementerio quedaba a apenas un kilometro de casa, pero claro solo hacía unos meses que había salido del hospital después de ese ataque y debería estar tomando las cosas con calma.

Aspire aire lentamente.

Bien; el pensar en esas cosas había aplacado mi furia contra a aquel ser depravado y caníbal que había dejado atrás hacía bastante.

Me detuve un instante frente a aquel pequeño puesto ambulante instalado justo frente al cementerio.

Y no pude evitarlo me acerque.

La anciana que lo regentaba me sonrió mientras yo contemplaba los ramos de flores.

Lo primero que llamo mi atención fue un ramo de Lilas.

Después fije mi mirada en un ramo de lirios y posteriormente en unos de clavales rojos.

La anciana parpadeo sorprendida.

-Muchacha….- susurro haciendo que alzase mis ojos hasta los suyos y la mujer contuviese su respiración.

Está bien, aquello me había pasado algunas veces antes, no pasaba nada pensé dedicándole una leve sonrisa.

-Sabes es una extraña sucesión de flores- comento la mujer saliendo de su impresión inicial y sonriéndome mientras yo observaba con interés como ella señalaba sucesivamente las flores que yo había mirado en el orden que en lo había hecho.

-En el lenguaje de las flores las Lilas significan primer amor - explico señalándolas con una dulce sonrisa en sus ancianos labios - luego están los lirios blancos, cuyo significado es inocencia, y por último el clavel rojo que significa amor puro- explico haciendo que yo parpadease y las volviese a mirar.

-Usted lee en las flores- murmure observando la energía en torno a la mujer que relumbraba de un suave tono verde en torno a ella.

-Un poco- admitió suavemente.

-¿Qué has leído anciana?- pregunte educadamente haciendo que ella sonriese.

Yo sabía que había estado esperando mi pregunta y ella sabía que yo lo sabía pues aunque sus poderes eran débiles, la mujer me había sentido con claridad mientras la escrutaba discretamente.

-He leído a una joven muerta, el primer amor de alguien, después he leído la inocencia es decir a usted señorita y después he leído a un hombre, un hombre joven de cabellos de fuego y ojos de esmeralda, el representa el amor puro- contesto esquivando hábilmente decir cuánto del pasado, del presente y del futuro había vislumbrado.

Yo sonreír divertida ante aquello; ambas sabíamos que si yo deseaba saber que era aquello que había visto solo tendría que mirar en su interior sin embargo no lo hice, simplemente le sonreí dulce y sinceramente.

-Dime anciana, ¿crees que habrá un final feliz para una historia de principio infeliz?- pregunte mientras le señalaba los tres ramos de flores y ella los arreglaba para entregármelos mientras yo le pagaba.

Ella sonrió y me paso las flores mientras sus ojos de un suave azul celeste se elevaban al cielo.

-Si este mundo que tanto amamos merece de verdad vivir, entonces historias como esta de triste principio concluirán con una sonrisa en el rostro de sus protagonistas- contesto la mujer.

-Anciana- susurre observándola con tristeza.

-He vivido mucho, crecí feliz, conocí el amor, tuve hijos, mis nietos abrieron sus ojos para mi, perdí a mi amor, y ellos viven su vida como debe ser, dedique mucho tiempo a los demás y me siento completa, cuando acabe yo sé que no me detendré a mirar atrás- murmuro haciendo que una sonrisa surcase mi rostro.

-Me alegro, me alegro de verdad- le dije antes de empezar a alejarme para entrar en el cementerio.

-Y anciana, gracias por mirar hacia adelante conmigo- susurre consciente de que mi susurro llegaría hasta sus oídos por que no solo se lo había dicho con los labios sino también con el corazón.

-De nada- la escuche contestar mientras atravesaba las puertas del cementerio y me encaminaba lentamente hacía la resplandeciente figura que era Lavi.

No me extrañaba que hubiese atraído a aquel ladrón de almas; él era un espíritu muy poderoso.

Un espíritu demasiado vivo para ser el alma de un humano.

Rebosaba energía como ningún alma que yo hubiese visto jamás y no es como si hubiese visto pocas.

El se giró hacia mí y yo sin poder evitarlo le dedique una dulce sonrisa haciendo que él me la devolviera; camine un poco más rápido y me detuve justo ante la tumba que él había estado mirando.

FranAtenm.

Mire aquel nombre sorprendida y me agache hasta quedar arrodillada frente a la tumba que limpie con mimo.

Aquella tumba era la tumba de alguien cuyo nombre y apellidos yo recordaba bien pues salía muchas veces en el diario de mi madre.

-La tumba de mi padre… donde también descansa mi cuerpo- murmuro Lavi sacándome de mi atontamiento.

Alce mi vista hacía su rostro que contemplaba con fijeza y clara tristeza aquella tumba.

Yo tomé los claveles de mis piernas quite los rastrojos viejos del jarrón de piedra que había junto a la tumba, lo limpie con suavidad y las deposite allí, quitándoles el papel que las envolvía.

Las mire un momento antes de ponerme en píe y dirigirme hacía la fuente de agua que había junto al muro del cementerio.

Tome la jarra que seguramente habían dejado allí algunos de los encargados de mantener en buenas condiciones el cementerio, y la llene de agua antes de volver junto a Lavi que me observaba curioso.

Ignore su mirada y rellene el jarrón de piedra donde había dejado los claveles hasta la mitad antes de ponerme nuevamente en píe.

-Esa tumba de allí… ¿es la de ella?- pregunte señalándole con mi mirada una tumba que parecía estar hecha de algún tipo de piedra morada.

-Si, es la tumba de Lea, sus ojos eran del mismo color- dijo observándola.

-Ven conmigo- pedí suavemente, haciendo que él algo confuso me siguiera hasta ella y la contemplase con clara añoranza y ternura.

-Ella era muy especial- susurro mientras me observaba limpiarla y depositar en uno de los jarrones de piedra que la rodeaban, el ramo de Lilas.

-Sabes, ella tenía solo un hermano, él fue quien la crío, la quería más que a sí mismo y era muy protector con ella sin embargo cuando yo me presente y le dije que deseaba ser el su novio formal no se opuso solo me sonrió, me tomo por los hombros y me dijo `` ahora tu también la protegerás´´ pero yo falle- susurro él con tristeza.

-No había nada que pudieras hacer, Lavi y no me mires con esa cara yo he visto en primera persona lo que tú, no hubo nada que hacer incluso si no hubieses abierto esa puerta ese tipo habría entrado- murmure en silenciosa respuesta mientras le echaba agua a las flores recién puestas y las otras que reposaban en los tres jarrones y que pronto empezarían a marchitase.

Aunque obviamente eran frescas; quizá de unos días atrás pensé observándolas mientras pasaba los dedos sobre las letras de lapida.

`` Aquí yace Lea, hermana, amiga y amada novia que por el amor que proceso y le procesamos viva siempre en nuestro corazones hasta el día en nos reunamos todos otra vez´´

Leí aquella inscripción con una leve sonrisa sin embargo el hombre que había tras de mí y al cual Lavi miraba fijamente con la culpabilidad escrita en sus ojos verdes me hizo alzar la vista.

Era sin duda el hermano de Lea.

Tenía el mismo cabello negro y las mismas facciones, además de que sus ojos estaban tintados de un suave violeta.

-Disculpe señor- murmure antes de ponerme en píe, sonreír levemente, y alejarme de allí con su vista clavada en mi espalda mientras me dirigía a otra zona del cementerio hasta que al fin deje de sentir sus ojos en mi espalda y llegue hasta la tumba de Ana.

-¿Y esta tumba?- pregunto Lavi, agachándose a mi lado mientras yo depositaba las flores en ella repitiendo la misma acción que con las anteriores tumbas.

-Es de una querida amiga que se fue hace poco- conteste terminando de arreglar las flores y poniéndome en píe.

-¿Qué es un ladrón de almas?- pregunto el haciendo que me detuviese en seco y mis ojos se clavaran intensamente en los suyos.

Hasta que me convenció; entonces me senté de espaldas a la tumba de Ana y suspire quedamente.

-Un ladrón de almas es lo contrarió a mí, una protectora de almas- empecé a explicar valiéndome de los conceptos más básicos que mi madre me había enseñado y dejado escritos en sus diarios.

-Los protectores de almas somos aquellos que podemos ver, oír o sentir a las almas, en mi caso como ya sabes serían todas a la vez con añadido extra-

-¿Tocarnos? ¿solo tú puedes tocarnos?- pregunto el haciendo que yo enarcase las cejas sorprendida por su interrupción.

El jamás me interrumpía cuando le estaba contando algo sobre todo si era el quien había pedido que le contara ese algo.

-Si así es ni mi madre ni ninguna de sus antecesoras por lo que se, podían tocar o ser tocadas, así que no tengo muchas referencias sobre eso y tampoco he conocido a otros protectores de almas que puedan hacerlo- conteste encogiéndome levemente de hombros.

-¿Protectores de almas y ladrones de almas? Si pudiera creo que mi piel estaría de gallina- comento riendo entre dientes mientras se sentaba a mi lado amigablemente.

-Los protectores de almas somos aquellos que tratamos de ayudar a las almas penadas a escapar de su condena y avanzar- explique mirando hacia el vacio pensativamente.

-Y nos protegéis de los ladrones de almas- comento el sonriendo divertido.

-Hacemos más que eso hay una parte de nosotros…. En realidad debería decir de ellos dado que yo rechace formar parte de la orden y solo soy protectora de nombre.... una parte de ellos que persigue y mata a los ladrones de almas, normalmente de estar yo en la orden ya habría informado sobre el ladrón de almas y ellos se habrían hecho cargo de mantenerlo al margen de nosotros- conteste suavemente.

-Pero como no lo estas estamos solos en esto, ¿Por qué estabas tan segura de que no te haría daño?- pregunto él claramente disgustado al recordar esa parte.

-Los ladrones de almas nunca harían daño a alguien como yo, seguramente si tu no fueses un alma tan poderosa él no se habría acercado sabiendo que estaba yo allí, es una especie de respeto, algo así como lo que hacen los animales al respetar el territorio de otro- conteste haciendo que el frunciese el ceño.

-Como depredadores…. Lo que no he entendido es lo de alguien como tu- expreso dudoso.

-Me refería a los protectores de almas que lo somos solo de nombre, aquellos que dejamos esa antigua orden y salimos por nuestra cuenta, somos pocos pero poderosos, además de que mientras no se metan donde no los llaman y nos dejen en paz con nuestro asuntos nosotros los dejamos a ellos- murmure distraídamente.

-¿Ellos son malos?- pregunto Lavi haciéndome volver en mi y mirarlo con los ojos entornados.

-¿A quienes te refieres?- pregunte haciendo que frunciese el ceño.

Yo sonreí de medio lado ante su torva expresión y acaricie el suave mármol de la tumba de Ana con cariño.

-No lo sé, supongo que eso también tendrás que explicármelo- contesto al fin haciendo que mi sonrisa se ampliase claramente divertida.

-Te gusta la historia oculta ¿cierto Lavi?- comente haciendo que él me mirase intensamente.

-Si- admitió el, un tanto renuente.

-Bien Lavi, porque ahora estas metido de lleno en la historia oculta solo que aquí nosotros formamos parte activa de esa historia- conteste mostrando una sonrisa que pretendía ser irónica pero como todas las que le dirigía a el termino por ser dulce.