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Historia 58754 — capítulo 1

Sirius Black consideraba a Remus Lupin como a uno de sus mejores amigos.

No le importaban las diferencias entre sus personalidades tan antagónicas,aunque hermanadas siempre del lado de las fuerzas de la luz.

Lo veía padecer cada vez con menos entereza las secuelas de esa transformación atroz que con  cada luna de plata lo despersonalizaba,despojándolo de su condición de hombre gentil,para volverlo una bestia.

La poción de Belby,que Severus Snape le preparara como experto,y que tan solo lograba moderar la voracidad de ese lobo ahijado de una maldición,ya no era suficiente.

Sí le hubiese bastado de haber seguido solo,dentro de esa misma vida rutinaria que había cultivado desde su graduación.

Y él,como profesor de defensa contra las artes oscuras,irónicamente no podía hacer frente a las mayores tinieblas que lo ensombrecían.

Porque Remus se había enamorado sin remedio,y Sirius,aunque no hubiese escuchado de su boca tal confesión,sabía perfectamente quien era la mujer que había hecho que creciera en él el deseo desesperado de curar esa licantropía que lo esclavizaba.

Sirius sabía de la dama por la cual su amigo ansiaba la libertad de esas garras que lo oprimían bajo el amparo maligno de la luna llena que reinaba en el cielo.

Sabía de ella porque se trataba de su propia sangre.La hija de su prima Andrómeda.

La bella,la rebelde,la princesa del cambio y los colores de la primavera.

Aquella que contemplaba a Remus con sus ojos profundos,esperando que él le dijera lo que se leía en su mirada de oro de penas y ternura en iguales proporciones.

La musa de los mil rostros,que aunque detestara su nombre,a él le sonaba como música preciosa de castillos de leyenda.

Nymphadora o Tonks;no le importaba el título.

Solo se dedicaba a amarla en silencio,callado al igual que ella en una misma falta de valor para expresarse mutuamente lo que sentían.

A Sirius de cierto modo le dolía esa distancia.Que dos de sus seres más amados permanecieran lejanos por las inseguridades y los miedos.

Pensaba en él mismo.

En su soledad.

En los doce años de encierro injusto donde ni siquiera un solo rostro de las tantas mujeres que habían pasado por sus sábanas,hubiera podido hacerle más llevadero ese infierno de hielo,humedad y demencia.

Él sí tenía al amor tal vez como asignatura pendiente.Estaba algo cansado ya de merodear y de entrelazar vínculos de poco valor que se diluyeran con el alba y que el efecto del whiski terminara de desdibujar.

-¿Cuándo le vas a hablar Remus?

-No puedo Sirius.Condenarla sería muy injusto.Primero tendría que sanarme.

-Sabes que no se puede.Confórmate con la poción.Con ella te controlas;te vuelves inofensivo.La chica te ama,y te entiende...

Remus hizo una pausa.

-Me hablaron de una mujer.Una bruja.Vive del otro lado del bosque prohibido.

-¿Una pocionista?

-Tal vez.Es una hechiera,y cuentan aquí en Hogsmeade que pudo curar cosas peores que mi problema.Que hasta rescató personas que ya estaban condenadas a morir.

-Una curandera...quizás una farsante...

-Una esperanza para mí,Sirius.¿Qué puedo perder?

-Tiempo.

-Yo solo te informo que voy a ir a verla.No te pido que estés de acuerdo ni que me acompañes.

-Pero claro que te voy a acompañar.Lograste generarme intriga.Sea quien sea tengo que ver que hace esa "iluminada".

-No te burles Sirius.Tu no padeces lo que yo.

-No,pero tengo recuerdos.Casi me quedo sin alma allá en la tumba.No creas Remus;la angustia y la soledad también duelen.

Remus se quedó callado.Faltaba bastante para que cayera la tarde y debía emprender su travesía hacia los dominios de esa esperanza como el último de sus recursos.

-Vamos juntos.Como siempre amigo.Solo espero que la decepción no te deje peor de lo que ya estás.

-Imposible.-dijo Remus con una certeza que salía desde su más profunda esencia.

Al cabo de un tiempo de camino y silencios contrapuestos,el paisaje,menos sórdido con la luz del día,les devolvió una construcción rústica que guardaba a la dueña de aquel enigma de tan acreditada fama.

Antes que ambos viajeros se anunciaran siquiera,una bella mujer de cabello largo cobrizo y piel blanca como una porcelana,los enfrentó impactada por la avidez de respuestas que llevaban en sus ojos.

-Merodeadores...dos leyendas vivientes...-les dijo con una suave sonrisa haciéndoles señas para que ingresaran a esa artesanal porción de su mundo que olía a flores de lavanda y menta.

Un precioso y sencillo vestido celeste cielo largo y entallado en la cintura,atesoraba con simpleza la armonía generosa de sus formas.

-¿La luna llena,verdad?.Siéntate Remus Lupin.-dijo mientras Sirius se perdía en el dibujo de su cuerpo,que adornaba la escena como un detalle sutil.

-Dime la verdad...

-Itzel.

-Dime Itzel.Si hay cura para mi desgracia.

-No voy a mentirte Remus.Los seres de luz no podemos ni debemos faltar a la verdad.Yo podría mejorar la poción que ya te bebes.Hacerla una delicia;pero solo lograría aumentar tu mansedumbre.No te evitaría los cambios que tanto te duelen.

Sirius,parado junto a la puerta,asintió contrariado pensando en que ya se lo había advertido,pero con su mirada gris furtiva,situada en aquella dama de modales de princesa,que con toda dulzura parecía haber hecho pedazos las últimas ilusiones de su amigo.

-Perdona Itzel entonces.-dijo Remus poniéndose de pie.

-Espera.Hay una cura.Pero una cura interior.

-No entiendo.

-Las maldiciones Remus,son la obra del odio.Quien te las profiere,pretende hacerte partícipe de ese odio.Hacerte daño.Pero sabes...contigo no pudieron.Si veo en tus ojos una gran nobleza.

-Que se me va con la luna.Sí pudieron Itzel.

-No Remus.Esa es una circunstancia.Una pequeña parte de tu vida que no debería ensombrecer el resto que a juzgar por lo que leo en tu corazón-dijo poniéndole la mano sobre su pecho-podría ser una hermosa experiencia.Porque el amor te puede sanar.Abre todas las puertas.Tiene todas las llaves.Su sabiduría decodifica hasta los propios enigmas de la muerte.Esa es tu cura.Tu salvación.Solo déjalo manifestarse,y no lo condenes al silencio.

Parecía que la mismísima creación se había detenido ante las palabras de aquella preciosa mujer que se expresaba como un ángel.

-Despierta a tu amor Remus...-le dijo sonriéndole mientras a Sirius lo invadía una inexplicable belleza interior,como esa calidez que por tantos años le había faltado en Azkabán.

Después de todo,haber acompañado a Remus no había sido perder el tiempo si había podido contactar con una esencia tan elevada,muy diferente a aquellas chiquillas del colegio que ya ni siquiera eran memoria,o a sus aventuras pasajeras de noche y callejón.

-Y dime Itzel...-le sonrió encandilado por toda esa magia que a ella parecía sobrarle.-Ese amor que mencionas...¿cura otras dolencias como soledades y lágrimas por viejas traiciones...experiencias que lastiman?

-Sí,si te lo propones.Y en cuanto a tu problema Remus,puedo suavizar tu poción para que te sea dulce...pero como te dije...no tienes otra salida más que hallar dentro de tí la fuerza luminosa que acalle a tu otro ser.-le dijo mientas le tomaba ambas manos y él sentía a través de ella una energía que viajaba por su cuerpo haciéndolo experimentar un placer delicado y reconfortante.

-¿Y tu sabes del amor que mencionas?.-la interrogó de nuevo Sirius subyugado ante tanta dulzura.

-Yo lo conservo dentro de mí.Y lo doy a quien realmente lo necesita.Porque nunca se agota.Ahí está la verdadera magia.

Sirius la miró como solo él sabía.Olvidado en ese segundo de la soledad y las malas memorias de horrendos dementores.

Había acompañado a Remus en busca de una sanación,y de alguna manera,se había sanado él,aunque fuera por un corto tiempo,hasta que regresara inevitablemente su pasado.

Quiso ponerle un nombre a esa mezcla de sensaciones que lo habían invadido de luz y bienestar.

Solo uno se le quedó grabado como sello.

Itzel.