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Historia 59593 — capítulo 2

Draco salió de aquel espectáculo con más dinero del que se creyó capaz de reunir. Con una sonrisa suave, ladeó la cabeza hacia su asistente. Colocó en su mano, el pago correspondiente. Alzó la cabeza y miró el cielo raso. Una vez más, tenían que cambiar de locación. Si alguien descubría que se trataba de su propia magia, podría resultar un problema. Inspiró y mágicamente empacó sus pertenencias. Con una sonrisa suave, se dijo que sus trucos iban a ser tan sorprendentes; que el dinero llovería en sus manos. Se bañaría con el, de ser posible. Superaría todos los cánones vistos hasta ese entonces. ¿Quién lograría que un gran mago revelara sus trucos? Al menos estaba protegido por ese dicho. Un gran mago jamás revela su secreto. Detestaba tener que ser el bufón de los muggles, pero de algo tenía que vivir. Sonrió una vez más, arrastrando su pesado baúl, por las calles londinenses. Otro lugar para presentarse. Cualquier ciudad servía. Una pequeña para variar y empezar. De todas formas, tampoco quería una gran fama global. Aún eso le asustaba. Quedarse como pequeño empresario estaba bien. Quería superar esos cánones sí, pero no quería ser visto tampoco y vendido como el gran mago de todos los tiempos. Sí, se estaba contradiciendo a sí mismo. ¡Necio miedo que le hacía decir y pensar tonterías! Inspiró suavemente. Un taxi se detuvo junto a él y luego de pagar sin pedir el cambio, aquel hombre lo llevaría a donde él qusiese. Mientras meditaba en ello, una joven pensaba igual que él. Tenía que escapar, no podía ser descubierta ni vista por nadie. No comprendía desde cuando la magia estaba tan mal vista, pero ningún muggle debía enterarse de ello. Así tuviera que negar sus raíces. — ¿Está segura de lo que hace? — Sí, muy segura de todo ello. Si tenemos que vivir exiliados, al menos tenemos que hacer las cosas bien. Un alto hombre, miraba a Hermione Granger mientras ella se levantaba de un viejo sofá en una oscura y fría pensión. Aquel hombre estaba descalzo y su camisa reposaba sobre su pecho, sucia y arrugada. Severus Snape, estaba plantado frente a ella. La situación no podía empeorar más, porque sería un cliché. Una vez derrotado Lord Voldemort, la utopía buscada llegó hasta sus dominios. El mundo jamás vio tal paz, pero de pronto todo cambió. Los magos intentaron hacerse y dejarse ver por muggles y ante esa idea estúpida, surgieron las medidas aprehensivas en contra de todo aquel que tuviese magia. Los toques de queda y muchos magos presos, era lo favorito del presidente y primer ministro muggle. Pese a saber que los magos podían escapar. Se les amarró y ató, contra su voluntad. Se les vigilaba constantemente. Ahora, existía una fuerza. Algo llamado resistencia.