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¡Auxilio, que alguien haga algo con Rosie! No la aguanto — capítulo 2
Esa mañana, Ya Rose hacía de las suyas. Un verdero desastre. Con una varita en mano, Hermione limpiaba el desorden en el baño. Había estado tomando su maquillaje y se había puesto a jugar con el. Sabía ya de por sí, dónde estaban sus cosas. Esa mañana iba a ser larga y tediosa. — Rose, papá está durmiendo y no tienes por qué despertarlo. Rose insistía en entrar en la habitación de su padre. Brincaba en la cama con una sonrisa, mientras Ron trataba de entender qué le había golpeado. Era su hija, que estaba muy feliz. Brincaba en la cama y parecía que ya se había recuperado de su miedo a caminar. Luego por supuesto de que Hermione la cargara todo el bendito día, porque no quería poner su pierna herida en el suelo. Resultaba insoportable a veces, pese a ser una niñita de cuatro años. Pero así eran los niños, decía la señora Weasley con una sonrisa amable. Pero ella no sabía de lo que estaba hablando. La miró, mientras Ron sostenía su mano y ella lo arrastraba fuera de la cama. Quería mostrarle algo. Ella sonrió y lo miró, mientras él bostezaba y se rascaba la cabeza con una mano. Miró lo que ella sostenía entre sus pequeñas manos. — ¿Ese no es el collar de perlas que le regalé a tu madre? — Mi ¿qué? — Se parece al tuyo, Hermione. Ella lo miró con sorpresa. Caminó directamente hacia Rose y tomó el collar de perlas que sostenía y apretaba. Casi hasta romperlo. — ¿De dónde lo sacaste? — Mamá, ¡ajita ajita! — Debió ser de tu joyero. — ajita ajita mea. Hermione negó con la cabeza y ladeó la misma hacia el joyero que podía ver desde donde estaba parada en el salón. ¿Cómo se había subido hasta allí y simplemente lo había tomado? Tenía que haber hecho algo más. En cuanto entró en la habitación; supo qué más había hecho. Había aretes y pulseras por todos lados. Ella sonreía mientras miraba un anillo en el suelo y trataba de tomarlo. Aunque Ron la levantó a tiempo y lo evitó. — Dios mío. Mis cosas. — Tranquila. Haré el desayuno, mientras tú recoges tus prendas. Hermione. Sí, mejor era mantenerla alejada de todo eso. Sin duda ya no tenía sentido; el colocar las cosas en lugares altos, para que ella no pudiera alcanzarlos. Porque era imperativo encontrar una solución diferente, antes de que su hija continuase tomando sus pertenencias y esparciéndolas por todo el lugar. Pero tenía que pensar en el qué hacer para detenerla. Y en el como... cuestión bastante complicada. Rose era muy hábil. — Rose. Eso no se come con huevos. — Y allí vamos de nuevo— dijo Hermione, abandonando la habitación y mirándose en el reflejo de la ventana de su salón. Siempre era un día complicado y largo; pero así era su pequeña hija Rose Weasley Granger. Todo un tsunami.